BRAULIO GÓMEZ FORTES
Todo para el pueblo pero sin el pueblo. Así se podría resumir el espíritu ilustrado que alimenta la mayoría de las iniciativas 2.0 impulsadas recientemente que tratan de mejorar la calidad de la democracia a través de la aplicación de las nuevas tecnologías pero que no tienen en cuenta la exclusión tecnológica que siguen sufriendo en la actualidad los ciudadanos con menos recursos socioeconómicos. Es paradójico que casi todas las propuestas coincidan en el objetivo de incrementar el protagonismo de los ciudadanos en la vida pública en detrimento de los estigmatizados políticos y las instituciones tradicionales de la democracia representativa. Pero en cambio no trasciende que ninguno de estos proyectos desarrolle soluciones imaginativas para evitar la exclusión digital que sufren todavía los colectivos más vulnerables. En el siguiente gráfico se puede ver un ejemplo de ese desigual uso de las tecnologías con fines políticos con datos del pasado mes de Octubre.
Gráfico: Porcentaje de ciudadanos que usan todos los días internet para buscar información política
Elaboración propia a partir del Barómetro del CIS de Octubre. CIS3001
La mayor parte de las herramientas democráticas on-line están enfocadas al aumento de la participación de los ciudadanos en la vida política y a la construcción de espacios de cristal 2.0 suministrando miles de ventanas para que los ciudadanos puedan controlar mejor a los políticos y hacer con ello más transparentes las instituciones democráticas. Una artillería de plataformas políticas online están siendo armadas para vigilar a los gobernantes y ayudar a los ciudadanos a identificar rápidamente las malas prácticas políticas. Estas iniciativas refuerzan sin duda el poder de los ciudadanos frente a las instituciones representativas. Un buen resumen de espacios de incidencia política se puede ver aquí y de innovaciones tecnológicas aplicadas a la creación de herramientas participativas aquí.
Mientras los mecanismos de participación estén enfocados a influir en la acción política y a incrementar la transparencia del sistema no estará en juego ningún choque de legitimidades. El problema aparece en el salto de la influencia política a la toma de decisiones. Como no nos representan los gobernantes que no cumplen con sus programas electorales, que legislan de espaldas a los intereses de la mayoría de la ciudadanía, que han perdido su soberanía frente a los intereses de los mercados y no asumen ninguna responsabilidad política por sus actos, parece conveniente y oportuno el desarrollo de ideas creativas para abrir el proceso de la toma de decisiones a la ciudadanía entre elección y elección. Con este ánimo y buena voluntad, Equo y Compromis con la colaboración de Agora Voting desarrollaron recientemente una herramienta 2.0 para que los ciudadanos pudieran participar directamente en una votación parlamentaria sobre la nueva Ley de Transparencia. “Se acabó el votar cada cuatro años, tu votarás en vez de Baldoví (el diputado valenciano de Equo/Compromis). Ayúdanos a hacer historia, consigamos que el pueblo recupere el poder sobre los principales órganos de gobierno del estado”, pedían los impulsores de la iniciativa. Quizás es un exceso llamar pueblo a los que se podían enterar de esta iniciativa (mirada rápida al gráfico de este post). Y quizás también habría que pensar si no es más democrática la decisión que podría tomar el diputado legitimado por los 85721 votos que recibió en las elecciones, un 40% procedente de obreros cualificados y sin cualificar que los 2261 que votaron finalmente en la iniciativa y de los que nos imaginamos, porque no hay datos, su status socioeconómico. La profunda desigualdad digital impide poder valorar positivamente estas herramientas participativas online orientadas a la toma de decisiones. Si el demos 2.0 es más excluyente y genera más desigualdades que el cuerpo electoral tradicional, no vamos bien encaminados.
A mi juicio el mayor esfuerzo que habría que hacer sería el encaminado a disminuir el enorme abismo digital que separa a los ciudadanos megainformados, conectadísimos a todas las redes y medios de acción política digital de los ciudadanos que siguen consumiendo la información política a través de la televisión generalista y que no se pueden quedar fuera del proceso de participación abierto desde plataformas políticas 2.0. De ser así, estaríamos construyendo una democracia basada en guetos tecnológicos privilegiados muy poco representativa.
Creo que alguna de las iniciativas en marcha haría bien en tratar de emular las Misiones Pedágogicas de la Segunda República y replicar en versión 2.0 la iniciativa de La Barraca de García Lorca para acercar todas las nuevas herramientas de participación y acción política a los ciudadanos de los márgenes, a los más desfavorecidos, a los más mayores para que su voz no se quede fuera en esta transformación de la relación entre representados y representantes que ofrecen las nuevas tecnologías. Solo así podremos seguir mejorando nuestra democracia sin dejarnos al pueblo por el camino.
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Hay 2 Comentarios
LA PRECARIEDAD SE DISPARA: EL 40% DE LOS CONTRATOS DURA YA MENOS DE UN MES: http://marat-asaltarloscielos.blogspot.com.es/2013/12/la-precariedad-se-dispara-el-40-de-los.html
Publicado por: Marat | 12/12/2013 9:08:14
Buenas tardes
Interesante artículo. Difícil, pero no imposible, la tarea de disminuir la brecha digital que separa a los ciudadanos.
Aquí un comentario: de la misma forma que en la institución del jurado no participa todo el pueblo en la votación del juicio penal, ¿es necesario que participen todos los ciudadanos en la votación online?, ¿es posible seleccionar una muestra representativa y proveer a esta muestra representativa los medios informáticos necesarios para el debate y la votación mientras dura el proceso? Serían más, bastantes más, que en un jurado popular, pero menos que el total de la población en edad de votar.
Publicado por: Daniel Perelló | 11/12/2013 17:31:32