MIGUEL CAÍNZOS Y CARMEN VOCES
Con una tasa de desempleo del 26% y unas perspectivas de creación de empleo poco halagüeñas en el corto y medio plazo, es razonable preguntarse cuál puede ser el impacto del paro en el ciclo de elecciones que se abre con las europeas del próximo mes de mayo y que continuará con las municipales, autonómicas y generales que tendrán lugar en 2015.
En realidad, esto implica hacerse dos preguntas distintas: ¿Votarán los parados de manera distinta a como lo harían si tuviesen trabajo? ¿En qué medida las percepciones y evaluaciones de los electores sobre el desempleo como problema nacional afectarán a su voto, incluso si ellos no lo sufren personalmente?
Aquí nos interesa la primera cuestión, la del voto de los propios parados, cuya relevancia se pone de manifiesto si recordamos que, en estos momentos, hay en España alrededor de cuatro millones y medio de ciudadanos con derecho a sufragio que se encuentran en situación de desempleo.
Probablemente, el mejor modo de prever qué puede ocurrir en las próximas citas electorales es examinar la experiencia previa. En un estudio reciente publicado en el último número de Zoom Político que será publicado el viernes 21 de marzo en la página de la Fundación Alternativas, hemos analizado la conducta de voto de los parados españoles para comprobar si realmente se comportan de manera diferente a los ocupados. Lo hicimos abarcando un amplio período temporal que incluye todas las elecciones celebradas en España desde 1979. Esto nos permite comprobar no solo si hay una pauta de voto distintiva de los parados, sino también si esa pauta es estable a lo largo del tiempo o varía entre momentos de bonanza y de crisis económica. Además, contemplamos varias hipótesis diferentes sobre la forma que, en principio, podría adoptar la relación entre experiencia de paro y voto.
Nuestros resultados muestran que, en realidad, a lo largo de la experiencia democrática española, estar en paro no ha modificado el sentido del voto. Las preferencias electorales de los parados son indistinguibles de las de los ocupados. No han mostrado una especial propensión a usar su voto para castigar al partido gobernante o a apoyar a un partido determinado porque tuviese reputación de ser más competente o promover políticas más eficaces contra el desempleo. Esto es así tanto si se examina el comportamiento de los desempleados tomándolos en conjunto, dando por supuesta su homogeneidad, como si se tiene en cuenta la posibilidad de que haya diferencias en su conducta relacionadas con su posición ideológica. La única excepción significativa se produjo en 1986, cuando los parados de izquierdas votaron al partido gobernante (el PSOE) en menor medida que los ocupados de la misma orientación ideológica. Según nuestros análisis, desde entonces la experiencia de desempleo no ha afectado a cuál es el partido elegido por los parados de izquierdas ni por los de derechas, ni por los ideológicamente afines al partido gobernante ni por los alejados de él.
Sin embargo, estar en paro tiene una consecuencia importante: aumenta la probabilidad de abstenerse. En siete de las diez elecciones generales celebradas desde 1979 (todas salvo las que tuvieron lugar entre 1993 y 2000), los parados se han abstenido más que los ocupados. Esta reducción de la participación ha oscilado entre seis y doce puntos porcentuales; en las últimas elecciones generales, las de 2011, fue de unos ocho puntos.
En resumen, podemos concluir que en España estar en paro no cambia el partido al que se vota, pero disminuye la probabilidad de votar a algún partido.
¿Por qué ocurre esto? La explicación podría radicar en un hecho bien establecido en la investigación sobre los efectos psicosociales del desempleo. El paro promueve el desinterés por el ámbito público, la rebaja de las expectativas, la disminución de las perspectivas de cambio y, en definitiva, el fatalismo. En términos políticos, esto puede significar que los parados sienten que el sistema político en su conjunto (no un determinado gobierno, o este o aquel partido) es insensible o incapaz de dar respuesta a sus problemas más acuciantes, lo cual, lógicamente, hará que la opción de utilizar el voto para castigar al gobierno o para buscar una solución política a aquellos problemas sea poco atractiva. De ahí la mayor probabilidad de abstenerse.
Volviendo a nuestra pregunta inicial, nuestros resultados acerca de la experiencia de tres décadas de elecciones lleva a esperar que, en las próximas citas electorales, los parados participarán en menor medida que los ocupados, pero sus votos se distribuirán entre los distintos partidos de manera muy semejante.
Por supuesto, esto no agota el posible impacto electoral de la existencia de una alta tasa de paro. Tanto si les afecta personalmente como si no, los electores tienen una aguda percepción de la magnitud de este problema y hay buenas razones para pensar que los juicios que hagan acerca de quién es responsable del mismo pueden influir poderosamente en su voto. Pero esta es una cuestión que merece tratamiento aparte.
Miguel Caínzos es profesor titular de Sociología de la Universidad de Santiago de Compostela.
Carmen Voces es doctora en Psicología y profesora e la UNED.
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Hay 3 Comentarios
Estar en paro es culpa del sistema que ya no es capaz de de aprovechar todo el potencial de las fuerzas productivas y también es culpa de los partidos que defiende este sistema en su modelo mas bárbaro. Y por lo tanto estar en el paro no es una vergüenza para el que lo sufre sino para quien lo crea.. Pero estar parado es culpa nuestra porque si no somos capaces de movernos, de exigir nuestros derechos, de organizarnos, de elaborar nuestras propias reivindicaciones y aunar en tornos a ellas a las fuerzas sociales. Si solo el 50% de los que están en el paro se moviesen en este sentido, de seguro que habría soluciones.
Publicado por: Julio | 28/03/2014 13:27:30
Por lo que yo conozco, los parados no suelen votar porque están convencidos de que todo es una mentira y da igual. Y tienen razón. A la casta le sale casi gratis.
Publicado por: Jose | 19/03/2014 18:36:24
Los parados necesitan un paradigma que les solucione el problema que tienen,a saber,la falta de empleo,¿como se crea este?aprovechando TODAS las ventajas comparativas que el gobernante pueda usar,un ejemplo de ello,aunque el desarrollo posterior fue el peor que podia haberse dado,fue la alemania nacionalsocialista,otro ejemplo ,por ahora,es el ecuador de Correa,que esta usando,con mucha inteligencia,la mayor parte de las ventajas comparativas que tenia a su disposicion,y que si no cae en el totalitarismo ,como parece,ouede llegar a ser uno de los grandes gobiernos del siglo 21,eso si cuando se vislumbre el final del recalentamiento hay que ver la forma de transparentarlo.
Publicado por: Juan Gomez | 19/03/2014 17:35:41