La peligrosa jugada de Rusia en Crimea

Por: | 03 de marzo de 2014

JAVIER MORALES

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El despliegue de tropas rusas en la península de Crimea, fuera de su base de Sebastopol, está siendo retransmitido por los medios y las redes sociales a la misma velocidad con la que se extienden la confusión y la incertidumbre, cuando no la mera propaganda. No faltan los comentaristas de distinto signo que dan por seguro un escenario de guerra abierta, en el que podría incluso implicarse la OTAN; otros recuperan con cierta nostalgia el paradigma de la Guerra Fría, recordando las intervenciones soviéticas en Hungría y Checoslovaquia; y muchos aprovechan los últimos sucesos para trazar una línea de continuidad entre aquel Imperio Ruso a la conquista de nuevos territorios y esta Rusia no tan nueva del siglo XXI. Vayamos por partes.

Queda fuera de toda duda la ilegalidad de los recientes movimientos de Moscú: el acuerdo por el que Ucrania cede a Rusia el uso de la base naval, a cambio de un alquiler, establece que la presencia de tropas fuera de ese recinto debe estar autorizada por el gobierno de Kiev. El argumento utilizado por el Kremlin de que se encuentran allí a petición del gobierno de Crimea no se sostiene: la constitución de esta República Autónoma no le otorga competencias en política exterior o defensa, que residen en el Estado ucraniano. Por otra parte, también es cuestionable la legitimidad de ese mismo gobierno, llegado al poder tras la ocupación del parlamento regional por una milicia prorrusa que forzó la destitución del anterior ejecutivo. Rusia ha violado, por tanto, la soberanía e integridad territorial de Ucrania y deben exigírsele responsabilidades por ello.

Sin embargo, este relato no explica los motivos de Putin para actuar de esta forma: se nos presenta a un líder de comportamiento irracional, además de éticamente reprobable. Aceptando que pretendiera anexionarse Crimea, y quizás el este de Ucrania, ¿qué beneficios obtendría? Una agresión sin provocación alguna a un Estado soberano convertiría a Rusia no en un imperio temido y respetado, sino en un paria marginado por las potencias más poderosas. Quedaría relegada a su patio trasero de Asia Central (donde está en claro retroceso frente a China) y al sostenimiento de aliados tan poco respetables como Bielorrusia, Osetia del Sur o Abjasia, a los que se añadiría una colonia ex-ucraniana. Por si fuera poco, también acabaría perdiendo a la UE como su principal socio comercial; hundiendo así su propia economía, dependiente de las exportaciones de gas a Europa. 

El precedente de la guerra con Georgia, tras la cual Rusia amparó la independencia de dos regiones separatistas, es difícilmente aplicable. En 2008, la imprudente decisión de Tbilisi de recuperar Osetia del Sur con las armas fue aprovechada por Moscú para responder con una “intervención humanitaria” (copiando el argumento de la OTAN en Kosovo), justificada según ellos por el peligro para sus tropas en la zona y para los civiles surosetios. Tanto en ese caso como en el de Abjasia, se trataba de territorios que de facto ya estaban fuera del control del gobierno central y habían desarrollado instituciones cuasi-estatales. Nada de esto sucede en Ucrania, donde las regiones del este y sur no han sido atacadas, ni existe un historial reciente de lucha armada por la independencia. Rusia no aparecería ahora como un vecino oportunista que utiliza un conflicto interno para su propio beneficio; sino como un invasor, causante directo de una posterior guerra civil y partición del país.

Supongamos entonces que la amenaza de uso de la fuerza por el Kremlin tuviera objetivos más limitados que la anexión. Podría pretender arrebatar el control de esas regiones a Kiev, convirtiéndolas en un protectorado bajo un gobierno afín a Moscú, aunque sin integrarlas en el Estado ruso. Si así fuera, Putin habría logrado el mismo fin sin necesidad de intervención alguna: esperando, simplemente, a que el nuevo gobierno nacionalista ucraniano alentase con sus decisiones (como era probable) el resentimiento de la población del este y sur del país, donde ya estaban surgiendo demandas de mayor autonomía e incluso independencia del resto de Ucrania. Una intervención armada para acelerar esta tendencia no compensaría los enormes riesgos, incluyendo el de perder apoyos entre los ucranianos rusoparlantes contrarios a una guerra.

La única estrategia beneficiosa para los intereses de Rusia sería utilizar este despliegue militar como ultimátum para forzar concesiones políticas de Kiev, presentando una amenaza creíble pero evitando a toda costa tener que hacerla realidad (salvo que el ejército ucraniano atacase primero). Esto parece coincidir con el desarrollo de los acontecimientos, con un avance gradual desde los movimientos de soldados “sin identificar” hasta la autorización del parlamento ruso para utilizar sus tropas en el país vecino, pero sin atacar de momento a los ucranianos. Putin espera sin duda que Occidente fuerce a Kiev a negociar con él, convenciendo a las nuevas autoridades de que hay que evitar una guerra a toda costa. Una jugada ciertamente arriesgada, ya que cualquier incidente armado sobre el terreno podría dar al traste con estos planes, arrastrando a los dos países a un enfrentamiento inevitable.

Irónicamente, las demandas políticas que plantea Moscú coinciden con el acuerdo alcanzado en su día con la mediación de varios ministros europeos: un gobierno de unidad nacional en el que participara tanto la oposición ucraniana como el Partido de las Regiones del presidente, mayoritario en el parlamento y entre la población rusoparlante, hasta unas elecciones anticipadas. Acuerdo incumplido al día siguiente de su firma cuando, aprovechando la huida de Yanukovich de la capital, los opositores le destituyeron formando un nuevo gabinete que incluye también al partido xenófobo Libertad y a los ultraderechistas que lideraron la lucha callejera, pero no al Partido de las Regiones. Al aceptar la presencia en el gobierno de estos radicales (por muy minoritarios que sean), la UE ha ignorado el temor que despiertan en el este y sur del país; y que explica el apoyo al despliegue de Rusia en Crimea entre la población local, en su mayoría rusa.

¿Hasta dónde está dispuesto a llegar Putin? Aunque sus objetivos sean limitados, Rusia ha desencadenado con la irresponsabilidad de sus acciones una crisis de consecuencias imprevisibles, que puede escapar fácilmente al control de cualquiera de las partes. La única salida para Europa, en cualquier caso, es combinar la prudencia en nuestras reacciones (evitando ceder ante quienes imprudentemente claman por una nueva Guerra Fría) con medidas sancionadoras que disuadan a Moscú de continuar avanzando en su estrategia unilateral; pero manteniendo abierta la puerta a una resolución dialogada del conflicto que es, a día de hoy, el único escenario aceptable.

 Javier Morales es profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Europea. 

Hay 12 Comentarios

y eres profesor en la europea? impartirás doctrina de cojones.

ya está bien de periodistas manipuladores.
Ni que sean de izquierda ni derecha. En el articulo ni se menciona como se ha llegado hasta aquí, y que legitimidad tiene el actual gobierno ucraniano.
Esto es un asunto que deben dirimir los ucranianos, y ni lo que ha hecho la UE, ni lo que hace Rusia debería aceptarse-

mueve a risa la impotencia propiamente dicha de los Eurócratas.
Si el sr Obama le toca el trasero a Putin, éste reacciona.
En Ucrania no hay demócratas; son todos oligarcas enriquecidos con los despojos del comunismo.
Las ucranianas de a pie sólo aspiran a prostituirse en la "democrática UE".
Rusia vio cómo de manera provocadora, la Otan absorbió países q debían permanecer neutrales.
Obviamente para Rusia es 1 cuestión de vida o muerte.
Y se ve bien quién es la víctima ante la prepotencia de Greenpeace sólo contra plataformas rusas y la infame campaña contra los JJOO.
¡Cuánto se extraña un De Gaulle, un Eden, pero hasta un simple Felipe!

José, eso son lo que se llama "estados-tapón", primeras líneas de Defensa entre dos potencias regionales. Es posible que Crimea y la región del Donbas formen dos estados-tapón. Si las dos partes no llegan a un acuerdo para el retorno del Presidente legítimo de Ucrania, Yanukovich, a Kiev, éste terminará siendo el Presidente de Ucrania Occidental. En Ucrania Occidental y en Ucrania Oriental habrá Elecciones, pero se realizarán por separado. Serán dos países distintos. A largo plazo es probable que tanto Abjasia, como Osetia del Norte, Crimea y Donbas pasen a ser sujetos de la Federación Rusa, pero eso tardará en materializarse.

supongo que Rusia pretende otra Abjasia: http://losmundosdehachero.blogspot.com.es/2011/11/viaje-abjasia.html , otra Osetia del Sur, otra Transnistria: http://losmundosdehachero.blogspot.com.es/2011/11/viaje-transnistria-de-moldavia-al-rio.html?q=moldavia o incluso se planeará otra Crimea en la Gagauzia: http://www.losmundosdehachero.com/viaje-gagauzia-los-turcos-procedentes-de-bulgaria-en-la-ex-republica-sovietica-de-moldavia/ países inviables que nadie reconoce, aparte de Rusia, y que suponen un esfuerzo enorme de Moscú por mantener sus dominios

Enrique. si, libero Auschwitz, pero no se olvido de violar a las presas aquel dia. Incluidas las prisioneras rusas. marruecos tambien tendra un dia ganas de liberar a su minoria en España, empezando por Melilla. Todo vendra.

Que mania tiene la gente de justificar cualquier burrada actual con hechos del pasado, o incluso fronteras "historicas". Concentremonos en l presente; 10.000 personas manifestandose en Donets, una ciudad de mas de un millon de habitantes no dice mucho a favor de la opcion rusa. Exagerar las diferencias entre este y oeste olvida que los rusohablantes se sienten ucranianos, anque diferentes a los del oeste; se exagera la historia y las diferencias y se le hace el juego a Rusia. Y en Europa podemos seguir jugando a este juego en mas lugares. Veamos China que piensa de las ciudades siberianas donde ya son mayoria los chinos.

Rusia liberó Auschwitz, no América ni Israel.

Es de suponer que estas serian las mismas recomendaciones para tratar con Alemania en el año 1938 cuando manejo a su antojo a sus minorias externas. Si Hitler hubiera empezado la guerra en el 44 tal como prometio a sus generales, ahora viviriamos en otro mundo.No hemos aprendido nada. El derecho internacional pasado por la piedra de los hechos consumados y todo el sistema adaptandose al fuerte. Despues vendra Estonia y Letonia, y despues...

Ya está bien de tanta manipulación informativa porque dais vergüenza.

La manipulación en relación con los Juevos Olímpicos de Invierno con una constante propaganda negativa fue vomitiva, pero promover la violencia en las frontera orientales de Europa y encima echar la culpa a quien solo utilizó una negociación hábil para que aceptaran su oferta de asociación (Rusia) es simplemente criminal.
La UE desprecia sus principios democráticos promoviendo la violencia y buscando el enfrentamiento civil y militar. No se la reconoce con ese odio desmedido e irracional. Esa UE agresiva, despótica y criminal va en contra de sus principios fundadores.

Crimea nunca fue parte de Ucrania, fue un regalo del ucranio Nikita Krushev cuando era presidente de la URSS. De hecho fue un territorio robado a Rusia. O sea, Nikita se valió de su poder político para hacer lo que hizo. El actual desaguisado en la relación entre Rusia y Ucrania es culpa de la ultra-derecha y de una Unión Europea que pretende extender sus fronteras hacia el este, incluso con amenazas de meter a Ucrania en la OTAN. Creen que Rusia es un monigote político y lo que se están buscando es una III Guerra Mundial con consecuencias catastróficas para todos, sin vencedores ni vencidos.

Recordemos que quien ha utilizado la violencia ha sido la UE, en contra de sus principios, apoyando un Golpe de Estado contra el Gobierno elegido democráticamente por todos los ucranianos.

Promover un Golpe de Estado por el hecho de que el Presidente aceptara la oferta económica de Rusia, la que en ningún caso habría utilizado la fuerza militar, es algo despreciable.

La UE arremete contra sus propios principios y el resultado es una reacción lógica de la Federación Rusa para defender sus intereses.

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