La gran crisis económica terminó de romper la confianza de los ciudadanos en las instituciones políticas al mismo tiempo que incrementó el deseo de los ciudadanos de participar activamente en el espacio público. Los ciudadanos críticos y los jóvenes más preparados de la historia dejaron de estar desmovilizados. Desde el 15 de Mayo de 2011 no sirven los análisis que situaban al ciudadano español en un estado narcótico, resignado y sin ganas de poner la más mínima resistencia a las decisiones que iban tomando sucesivamente los gobiernos del Partido Popular y del PSOE. Los ciudadanos movilizados quieren participar en el debate político, reflexionar, deliberar y formalizar propuestas viables para regenerar la política y, sobre todo, para decidir sobre su futuro. La ciudadanía exige participar más en la toma de decisiones políticas, que se abran espacios de participación entre elecciones y que se acabe el monopolio de los partidos sobre la representación de sus intereses. Sus intenciones políticas desde el 15M se orientan al aumento de su presencia en el puente de mando a través del incremento de agujeros institucionales donde puedan aportar sus debates, sus propuestas y sus reflexiones. Esta es la explosión política que prendió con el nacimiento del movimiento de los indignados y que ha continuado activa a través de diferentes mareas, luchas colectivas y finalmente nuevos partidos.
Las ganas de decidir sobre su futuro que comparten todas las nuevas movilizaciones no pueden ser ocultadas ni bajo la constitución ni bajo el miedo. Si analizamos las consultas populares que se han venido demandando en territorio español desde el 15 de Mayo de 2011 es posible encontrar argumentos sólidos y defendibles tanto en una posición como en la contraria. La sensatez y el sentido común, más allá de la demagogia y la polarización superficial, no es difícil de encontrar entre los defensores de la independencia de Cataluña así como entre los catalanes que prefieren seguir vinculados de alguna manera al estado español. Lo mismo ocurre en el País Vasco aunque eventualmente no esté en el foco del debate. También podría haberse defendido de forma razonable la reforma de la Constitución que perpetraron en un mes el PSOE y el PP en Agosto de 2011 para atender a exigencias externas a la soberanía nacional. Y, también por supuesto, lo contrario. Ahora corre con fuerza otra vez el debate sobre la forma de Estado. Para mi es irrelevante hablar en estos momentos de las ventajas y de los costes asociados a monarquías y repúblicas parlamentarias. Ese no es el debate que lleva agitando España desde el 15M. Lo que se necesita es que esos argumentos vuelen de casa en casa y de pueblo en pueblo durante una campaña electoral en la que los ciudadanos no solo se informen convenientemente si no que sientan que se les está pidiendo una opinión que será tenida en cuenta. Hay hambre de un gran referéndum para decidir algo importante. Como los responsables políticos de calmar ese hambre sigan bajando la persiana para que no les moleste el ruido de la calle en breve formaran parte de las instituciones representativas de la nada.
La necesidad de celebrar un referéndum sobre la forma de Estado no solo responde a los sentimientos y pasiones callejeras o a las reclamaciones de todos los partidos situados a la izquierda del PSOE, incluida la propia izquierda del PSOE. Los expertos, no confundir con los tertulianos de la televisión pública o los creadores de opinión del grupo Prisa, también apuestan con claridad por la celebración de un referéndum para que los ciudadanos puedan decidir si quieren que España siga siendo un Reino. Y no hablo de los expertos en general. Hablo de una muestra representativa de 520 profesores, investigadores y profesionales del campo de la ciencia política y la sociología y en menor medida del derecho y la economía que cada año son consultados dentro del Informe de la Democracia 2014 de la Fundación Alternativas para medir la calidad de la democracia española. En la encuesta, desarrollada en Noviembre de 2013 y a la que finalmente contestaron 142 expertos, el 65% se muestra partidario de la convocatoria de un referéndum para que los ciudadanos españoles decidan la forma de Estado.
Fuente: Informe sobre la Democracia en España 2014
* Braulio Gómez es investigador de Ciencia Política en la Universidad de Deusto y director del Regional Manifiesto Project. Coautor del libro La Calidad de la Democracia en España (Ariel 2011).
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Hay 2 Comentarios
Vale! moriremos cuerdos, así terminaba el quijote, no?.
(entiéndase morir como: ir a la plaza sin banderillas, de frente, informados, en las mismas condiciones, con el mismo grado de libertad y sobre todo con las mismas "ganas de decidir sobre cosas importantes".
Pd: Formulen la pregunta...
Publicado por: salporlaventana | 25/06/2014 14:31:37
Como no va a haber referendum, ese ánimo participativo se irá engordando y se dejará ver en todo su esplendor con las elecciones autonómicas, donde los cambios, y ojalá así sea, que presenciaremos sí se podrán considerar una auténtica segunda transición, ésta en forma de voluntad ciudadana real y directa.
http://casaquerida.com/2014/06/24/pasen-y-agredan/
Publicado por: Tinejo | 25/06/2014 9:46:23