Desde que Podemos se convirtió en la nueva sensación política al hacerse con cinco escaños en el Parlamento Europeo, asistimos a un debate entre sus partidarios y sus detractores, un debate que tiene como epicentro el programa de la formación y que es, por tanto, estéril. Hablar del programa de Podemos es mirar el dedo para no ver la luna. El éxito de estos politólogos reconvertidos en políticos es la constatación de que comunicar es vencer.
Más allá de lo que nos parezcan sus propuestas, que la indignación haya dado el salto a las instituciones tiene varias lecturas positivas. Podemos bebe del malestar que llenó las plazas hace no tanto tiempo. Pero, a diferencia de aquel 15M de abrazos terapéuticos y sentadas pacíficas, Pablo Iglesias entendió que la influencia en política pasa por levantarse y organizarse. Que protestar a la orilla del sistema no marca la agenda de los partidos y que solo dentro de los cauces de participación convencionales uno puede desafiar lo establecido. Lo expresó muy bien Juan Carlos Monedero cuando dijo que el 15M había sido “radicalmente democrático, pero radicalmente inoperativo”. En este sentido, puede decirse que Podemos es la antítesis de los primeros acampados.
Incluso para quienes se definen en sus antípodas ideológicos, la irrupción de los de Pablo Iglesias en las instituciones es una buena noticia, tal como indicó, sin demasiada fortuna, Pedro Arriola, sociólogo de cabecera en Génova: mejor que el descontento “se exprese con votos y no con piedras”.
Pero, al canalizar por cauces normativos esa indignación hasta ahora nebulosa, Podemos ha firmado la sentencia de muerte de la pureza axiomática y su romántica escenificación. Y esto también es una buena noticia. Estar en las instituciones obliga a los otrora voceros de escraches y porteadores de pancartas a sentarse a la mesa con quienes han sido blanco de sus dardos. Los condena a la negociación y al entendimiento, a renunciar a posturas maximalistas en beneficio del avance posibilista. En definitiva: a la moderación.
Y la moderación suele ser directamente proporcional a la ocupación de espacios electorales amplios, como el radicalismo lo es a la marginalidad parlamentaria. He aquí el dilema de Podemos: instalarse en la intransigencia de las esencias y conservar sus bases o ser punto de encuentro de una izquierda moderada, a riesgo de que la formación implosione. Crecer políticamente pasa inexorablemente por un discurso mesurado y desprovisto de diatribas bolivarianas, pero también comporta el peligro del desencanto y la rebelión interna. La amenaza de Podemos es morir de éxito. Pablo Iglesias tendrá que hacer equilibrismo de la ambición política para que las premisas de satisfacer a las bases y satisfacer a una porción amplia de ciudadanos no sean excluyentes.
En todo este asunto el PSOE desempeña un papel relevante. Si los socialistas perseveran en la deriva de autodestrucción que siguen desde hace años, por primera vez podríamos encontrarnos un Congreso sin alternativa socialdemócrata de gobierno. Esta es una mala noticia. La estabilidad parlamentaria depende en buena medida de la existencia de dos grandes opciones de centro-izquierda y centro-derecha. Si el PSOE insiste en soslayar sus obligaciones de renovación, es posible que el partido continúe degradándose hasta dejar un inmenso agujero negro en el espectro político. Este escenario daría a Podemos la oportunidad de gravitar hacia el gran vacío dejado por los socialistas, donde los caladeros de votos son mucho más abundantes que en la izquierda más escorada.
La otra posibilidad es que el PSOE, como el Ave Fénix (o como el Partito Democratico italiano, por emplear un símil mundano), renazca de sus cenizas y vuelva a dar la batalla por la presidencia. En este caso, Podemos podría tratar de consolidarse como la tercera fuerza política, a costa de una Izquierda Unida que sería la gran damnificada. La nueva formación puede presentarse como la versión mejorada de IU: con un discurso fresco y desenfadado, libre del polvo que cubre los eslóganes de Cayo Lara; y una imagen joven, alejada de esa casta de dinosaurios que es el PCE. Sobre un hipotético pacto entre el partido de Lara y el de Pablo Iglesias, haremos bien en ser escépticos en el medio plazo. Los de Iglesias afrontarían cualquier eventual negociación desde una posición de fuerza, dado el empuje que le atribuyen los sondeos. No parece que el impetuoso arrojo de Podemos pueda encontrar concilio ni acomodo entre los sables de la vieja y enrocada guardia comunista.
Pero, para acometer tan ambiciosas empresas, Errejón, Monedero, Iglesias y compañía han de superar un trance complicado y que ya ha comenzado a provocar fisuras internas: la impostergable tarea de construir un partido político, la articulación de un movimiento que solo una vez organizado estará en condiciones de apuntar a metas elevadas. Los círculos asamblearios y la facultad de Políticas de Somosaguas no son suficientes para fabricar una maquinaria electoral competitiva. Podemos debe tejer una red de representantes con la centralización y la jerarquía necesarias para ser un partido político ordenado y gestionable. Y esto entra en conflicto con su discurso virginal. Pablo Iglesias tendrá que dar una nueva muestra de arte retórica y mano izquierda para sortear sus propias contradicciones.
Por otro lado, no debemos perder de vista que el éxito de Podemos se ha dado en el contexto de unos comicios europeos, cuyos resultados no son extrapolables a unas elecciones generales. Las generales serán otra cosa. En contra de lo que muchos se han apresurado a proclamar, el bipartidismo no ha muerto (quizá haya devenido en monopartidismo). La mayoría de los votos que perdieron PP y PSOE el 25M se fue a la abstención. Es probable que buena parte de esa abstención se movilice de cara a unas elecciones generales, sobre todo el voto conservador, más fiel que el progresista, y especialmente si los medios de izquierdas juegan a anunciar la venida de un nuevo Frente Popular.
Parte de la explicación al éxito de Podemos está en su capacidad para movilizar al electorado más desafecto y apático. Buena parte de quienes optaron en las urnas por la nueva formación no habían votado anteriormente. Y muchos eran jóvenes. Que Pablo Iglesias haya conseguido atraerlos hacia la participación es otra buena noticia. Si los jóvenes empiezan a votar, los grandes partidos no tendrán más remedio que elaborar discursos y propuestas para ellos; que atender sus demandas y sus problemas, lo cual redundaría, a la postre, en beneficio de la sociedad como conjunto.
El terremoto Podemos ha venido a sacudir a los anquilosados partidos tradicionales. Ha recogido un descontento que, a pesar de estar muy extendido, hasta ahora no se había plasmado netamente en las urnas. Ha hecho de la indignación parte de la agenda política. Ha conseguido en cuatro meses lo que el 15M no logró en años de acampadas y movilizaciones. Y lo ha hecho desde las instituciones. Porque, al fin y al cabo, nunca se ha tratado de otra cosa que eso: las instituciones.
* Aurora Nacarino-Bravo es doctoranda en Ciencias Políticas en la Fundación Ortega y Gasset.
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Hay 4 Comentarios
Creo que es pronto,en el tiempo y en el nuevo redimensionamiento ,social para aventurar futuribles plasmaciones polticas y electorales.Esta abierto todo,porque los tiempos son nuevos.
Personalmente no aventurarria ese "desinfle" deseado,por algunos ,sobre todo por la derecha.
Publicado por: Jose sanchez martinez | 19/06/2014 15:06:03
Un artículo excelente, pero que olvida lo que muestra el discurso de la casta de Podemos (el eurodiputado Iglesias, Monedero y otros): su inmensa capacidad para no decir lo que de verdad se piensa, eludir temas escabrosos y actuar como el Zellig de Woody Allen, adecuándose a lo que convenga. Y que se prepare la autora: ha pasado a ser enemiga de los líderes carismáticos. La van a poner a caldo.
Publicado por: Luis | 19/06/2014 11:24:17
La periodista va por asuntos ya muy trillados que constantemente repiten unos y otros. La realidad es que el PSOE, ha sido bombardeado durante años con mentiras, insultos, infamias, bajezas y un largo etcétera. Desde que Aznar empezó con su indecente ascusación sobre la tristemente acción terrorista de Madrid, hasta los abucheos en la Castellana y las osadías de aquellos que exigen democracia para poder insultar y faltar al Presidente el Gobierno, parece que todo debe estar permitido. No señores del PP, ustedes por sus ansias de poder han sembrado la cizaña y ahí están los resultados: apatía general y descontento a todos los niveles. Por contra ustedes se pavonean de qué? todo va mejor dicen ustedes pero la realidad es que la miseria aumenta y con ella la desesperación de los desfavorecidos. En Podemos creí, pero ya no. Hoy en día los resentidos son mayoría y poco ze puede hacer con ellos, por mucho que lo digan o escriban profesores muy titulados.
Publicado por: Pablo Antón | 18/06/2014 15:59:46
Se habla de los 3.7 millones cobrados por Podemos a lo largo de 10 años provenientes de Venezuela, muy bien se puede estar o no de acuerdo, pero: ¿Saben cuanto paga España en un solo día por el petróleo que viene de Venezuela? ¿Saben cuanto armamento ha vendido España a Venezuela a lo largo de estos años? ¿Quién financia a quién? ¿El gobierno venezolano no usa esas armas, españolas, contra las protestas en su país? Se puede estar o no de acuerdo con las propuestas de Iglesias, pero la vara de medir en los medios de comunicación deja mucho que desear.
Publicado por: yoni | 18/06/2014 15:09:42