Oriente Medio al borde del precipicio

Por: | 05 de julio de 2014

Images-1JOSÉ ENRIQUE DE AYALA

La invasión de Irak por EEUU y Reino Unido en la primavera de 2003, y - sobre todo - la política que los ocupantes impusieron, tras la caída de Saddam Hussein, de desmontaje brutal del Estado baazista y todas sus instituciones, relegando a la minoría suní al ostracismo político y la marginación, en lugar de buscar una reconstrucción integradora, están sin duda en el origen de la severa crisis que está viviendo Irak actualmente, a la que tampoco es ajeno el gobierno sectario de Nuri Al Maliki, primer ministro desde 2006, ni por supuesto el crecimiento de las organizaciones yihadistas suníes en el país, potenciadas por el rechazo a la ocupación y la llegada de combatientes extranjeros.

La organización que nació en 2004 como Al Qaeda en Mesopotamia y se transformó en 2006 en el Estado Islámico de Irak, y en 2013 – a raíz de su intervención en la guerra civil siria - en Estado Islámico de Irak y Levante (EIIL), se ha convertido en la mayor amenaza para el régimen de Bachar Al Assad en Siria, y especialmente para el gobierno chií de Bagdad, y para la unidad de Irak. La ofensiva lanzada en este país a partir de enero de este año con el control de Faluya y Ramadi, que culminó en junio con la toma de Mosul y Tikrit, permitió al EIIL controlar (sin continuidad)  una amplia zona que abarca desde la provincia de Alepo en Siria, hasta la de Diyala en Irak, una extensión de aproximadamente cinco veces la del Líbano. Con su cambio de nombre, el 29 de junio, por el de Estado Islámico (EI) y la proclamación de un califato, con su principal dirigente, Abu Bakr Al-Baghdadi, como califa de todos los creyentes con el nombre de Ibrahim, la organización mostró su voluntad de liderar la lucha global yihadista y su vocación de extenderse a todo el mundo musulmán.

La pretensión de establecer un califato por parte del EI, es sin duda un paso más dentro de la retórica yihadista, demasiado ambicioso y prematuro  para la realidad militar y territorial de la organización, y parece más bien dirigida a intentar ganar la supremacía sobre Al Qaeda, con cuya disciplina rompió en 2013, y sobre su sucursal en Siria, Al Nusra, con la que ha tenido fuertes enfrentamientos militares pero que parece plegarse ahora a la superioridad del EI, al que ya se han unido algunas de sus facciones.

Estas tres organizaciones yihadistas suníes – aún enfrentadas entre ellas – son hijas ideológicas y políticas del wahabismo saudí que las ha financiado y nutrido de voluntarios, por más que el gobierno de Riad rechace cualquier apoyo oficial e incluso tome ahora medidas militares ante el peligroso avance del EI hacia sus fronteras. Por su parte, Irán apoya al gobierno chií de Bagdad, e indirectamente a Bachar Al Assad en Siria, a través de Hezbollah. Se trata por tanto de un episodio más del histórico enfrentamiento entre suníes y chiíes, en el que se juega  de forma indirecta la preeminencia en la región de Arabia Saudí o Irán.

Las posibilidades que tiene el recién instituido califato de prosperar y de obtener el apoyo de algún país árabe o musulmán, o incluso la adhesión de otras organizaciones yihadistas – como la propia Al Qaeda – es prácticamente nula, y su futuro parece harto problemático. Pero las consecuencias de su actividad militar - y criminal - serán desastrosas, especialmente para la estabilidad  y la unidad de Irak, que puede estallar en pedazos. En la situación actual, no parece posible que el EI sea capaz de tomar Bagdad, ni los lugares santos chiíes de Kerbala y Nayaf, lo que por otra parte provocaría probablemente la intervención de Irán, y con ella una grave escalada del conflicto. Pero tampoco parece que el ejército iraquí, desmoralizado como se  vio en el abandono de Mosul, esté en condiciones de recuperar, sin ayuda externa,  todo el territorio en manos de la organización yihadista, lo que producirá una división de hecho del país durante mucho tiempo. Mientras tanto, aprovechando la debilidad de Bagdad, el Gobierno Regional del Kurdistán se propone convocar un referéndum de independencia, otra amenaza que de llegar a término introduciría un nuevo factor de inestabilidad, pues aunque parece que Turquía aceptaría por primera vez un Estado kurdo (que trataría de mantener bajo su influencia), Siria e Irán, que tienen poblaciones de esta etnia, se verían sin duda afectadas. Eso sin contar con el problema de Kirkuk, con importantes yacimientos de petróleo, que ha sido ocupada por los peshmergas kurdos aprovechando la retirada del ejército iraquí, pero que teóricamente no pertenece al Kurdistán.

En Siria, el reforzamiento del EI y la posible cooperación futura con Al Nusra, puede contrarrestar los relativos éxitos militares de Bashar Al Assad en 2013, y dar lugar a una prolongación sin horizonte de la guerra civil que dura ya tres años, o a una larga división de hecho del país, y extender el conflicto al vecino Líbano. Con todo, la línea roja para Israel – y por ende para EEUU – estaría en Jordania, cuya caída en manos del yihadismo radical, desencadenaría un conflicto generalizado de consecuencias imprevisibles. Por el momento, las milicias del EI han ocupado el puesto fronterizo de Tarbil, entre Jordania e Irak, y en la ciudad jordana de Maan se han producido incidentes y revueltas por parte de facciones radicales simpatizantes del EI.

En definitiva, un verdadero polvorín, que amenaza con extenderse e incendiar toda la región, castigada ya durante décadas por conflictos y violencia, y podría llegar a provocar una gran guerra, en la que se viesen involucrados Irán, Arabia Saudí, probablemente Israel, e incluso Turquía que – no lo olvidemos – pertenece a la OTAN. La primera consecuencia de la situación actual es la disminución de la producción de petróleo (que ya está sucediendo en Irak), y la correspondiente subida de precio, que afectará gravemente a la economía mundial en un momento en el que algunos países - como los europeos - están en período de recuperación. Pero, sobre todo, se trata de seres humanos: destrucción, dolor, violación de los derechos humanos, muerte. Se calcula que hay cerca de tres millones de refugiados sirios que han huido del país, de los cuales una tercera parte en Líbano, donde se está produciendo una crisis humanitaria sin precedentes. Solo en el mes de junio hubo en Irak 2.417 muertos (1.531 civiles) y 2.300 heridos (1.700 civiles), según la misión de Naciones Unidas en el país (UNAMI).

El mundo no puede permanecer impasible ante esta masacre y el riesgo de que se extienda gravemente. Es necesario reaccionar, y hacerlo pronto. En primer lugar, a través del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, con medidas que permitan controlar el suministro de armas y dinero, y que podrían llegar hasta el envío de una fuerza de pacificación para separar a los contendientes.

En lo que respecta a Irak, es imprescindible que el Parlamento de Bagdad, reunido el 1 de julio por primera vez tras las elecciones de abril, llegue a un acuerdo para elegir un gobierno de unidad nacional, que integre a suníes y kurdos, reclamado insistentemente desde fuera y dentro del país, pero al que se opone  el primer ministro Al Maliki, vencedor de las elecciones, aunque sin mayoría absoluta. Solo con la colaboración de amplias capas de la población suní, algunas de cuyas facciones rechazan la deriva prepotente del EI, se podría intentar reconducir la situación.

Además, a un nivel más general, es preciso sentar en una mesa a todos los actores relevantes dentro de la región – incluidos los yihadistas que acepten el diálogo – y de fuera de ella - EEUU, UE, Rusia -, pero sobre todo a Arabia Saudí y a Irán, los países de referencia de suníes y chiíes, para reconstruir el futuro de esta inestable y peligrosa zona. Un acuerdo de largo alcance entre estas dos potencias regionales, por difícil que parezca, sería la única forma de garantizar una estabilidad duradera y avanzar en el camino hacia una paz, que hoy por hoy, parece bastante improbable.

*José Enrique de Ayala es miembro del Consejo de Asuntos Europeos de la Fundación Alternativas.

Hay 3 Comentarios

¿QUIEN VA A SENTAR A QUE MESA Y A QUIEN?
MIENTRAS TANTO LA SITUACIÓN EN PALESTINA SIGUE EMPONZOÑADA DANDO COMBUSTIBLE A LOS INCENDIARIOS....Y NI SE MENCIONA.
¿QUÉ PASA?
HAY TEMAS INTOCABLES..AL MENOS LO PARECE

Párrafo 1: "invasión de Irak...origen de la severa crisis..." Párrafo 4::" Se trata de un episodio más del severo enfrentamiento...."
¿Hay que matizar 1 o que completar 3? Está muy bien reconocer el horrible papel de EEUU en la destrucción del estado de Irak, pero no aprovechemos para echarle toda la culpa. Cuyo origen es mucho más antiguo: Sykes -Picot, Sunies-Chiies-Kurdos, tribus...

Las guerras de religión son un verdadero desastre humanitario. En el pasado europeo fue entre católicos y protestantes (luteranos, calvinistas) que estuvieron a punto de destrozar a Europa, y en el presente, en el Oriente Medio, entre sunies y chiitas. En fin, que tanto Jesús como Mahoma deben estar hartos de tanta criminalidad en nombre del poder divino. Alucina que en este siglo XXI existan "creyentes" que confundan lo divino con lo demoníaco.

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