Ucrania: soluciones urgentes para un conflicto complejo

Por: | 18 de julio de 2014

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JAVIER MORALES

Tras el derribo del vuelo MH17 de Malaysia Airlines, probablemente por un misil disparado erróneamente por los separatistas (quienes lo habrían confundido con un avión militar ucraniano, a los que ya han destruido en anteriores ocasiones), la guerra en el este de Ucrania ha vuelto a la primera línea de la actualidad. ¿En qué situación nos encontramos?

Las milicias prorrusas han sufrido duros reveses en las últimas semanas, como la reconquista de las localidades de Sloviansk y Kramatorsk por tropas gubernamentales; ahora los rebeldes se concentran en Donetsk y Lugansk, capitales de las regiones del mismo nombre. Con esta ofensiva, denominada oficialmente “operación antiterrorista” (ATO), Kiev afirma estar defendiendo su integridad territorial frente a una invasión encubierta por parte de Rusia; la cual querría desestabilizar el país vecino para dificultar su aproximación a la UE y la OTAN. Pero desgraciadamente, aunque la ATO lograse sus objetivos inmediatos, los problemas de fondo están muy lejos de resolverse.

El gran obstáculo para comprender el conflicto es la propaganda difundida por cada bando, ante la que cualquier observador imparcial debería adoptar un sano escepticismo, evitando el discurso binario que (omitiendo todo matiz o contexto) nos fuerza a elegir entre estar “con la víctima” o “con el agresor”. En Ucrania se está librando también una guerra informativa, tan intensa como el propio enfrentamiento bélico, en la que los gobiernos ucraniano y ruso (más sus respectivos aliados) defienden sin escrúpulos sus intereses tratando de atraerse a la opinión pública internacional. 

Para Rusia, estaríamos ante un “genocidio” impulsado por la “junta fascista” de Kiev contra los ucranianos rusoparlantes, los cuales se habrían organizado espontáneamente para defenderse; una excusa idéntica a la que utilizaron al invadir y anexionarse Crimea para “proteger a la población local”. Tal peligro era, por supuesto, inexistente: no se había lanzado al ejército ucraniano contra esa península, como tampoco se envió a las regiones orientales antes de que surgieran las milicias separatistas. Este relato omite además la colaboración de Moscú con los rebeldes, proporcionando armas o permitiendo el tránsito de combatientes desde su territorio.

Sin embargo, Putin tampoco está siguiendo el mismo guión de Crimea: ahora parece actuar mediante intermediarios en lugar de enviar a su propio ejército (pese a las acusaciones ucranianas en este sentido), aunque seguramente sí cuente con agentes de inteligencia entre los milicianos. En el caso del vuelo comercial derribado, no está claro si el misil se encontraba entre las armas suministradas por Rusia o fue obtenido de una base ucraniana capturada. Lo que sí parece evidente es que los separatistas tienen importantes carencias en otros aspectos: no han sabido identificar un avión de pasajeros, ni cuentan con militares profesionales (al menos, no los suficientes) que eviten estos errores. Tampoco sería lógico que hubieran disparado intencionadamente, lo cual no les proporcionaría ninguna ventaja militar y sí una grave derrota mediática. 

Rusia ha salido igualmente perjudicada por su apoyo a las milicias, cada vez más insostenible para su imagen; sin contar el efecto de las sanciones económicas. Pero ¿qué intereses vitales hicieron que Moscú se implicara en el conflicto? Todo hace pensar que no está buscando una nueva conquista territorial, sino sostener a los rebeldes durante el tiempo suficiente para utilizarlos como carta negociadora frente al presidente Poroshenko, forzando un acuerdo que preserve su influencia sobre el este de Ucrania y congelando indefinidamente su posible ingreso en la OTAN. Es muy significativo que hasta ahora Putin no haya reconocido la independencia de las “repúblicas populares” de Donetsk y Lugansk, ni planteado su posible incorporación a la Federación Rusa; una cautela debida también a que sus habitantes no son mayoritariamente rusos étnicos (como ocurría en Crimea), sino ucranianos rusohablantes. El Kremlin ha manipulado para sus propios fines a la insurgencia, pero sin asumir por completo la causa separatista. 

Si no se trata realmente de tropas invasoras, sino de una amalgama de combatientes locales y extranjeros apoyados desde el exterior, es porque previamente existía un caldo de cultivo favorable para generar un conflicto armado: el cambio político revolucionario que se produjo en febrero, con la toma del poder en Kiev por los partidos opositores tras la huida de Yanukovich, en un contexto de violencia callejera. El triunfo del Maidán generó un clima de hostilidad en las regiones orientales (sin ambiciones separatistas hasta entonces), permitiendo que parte de la población local se sumara a las insurrecciones alentadas por Moscú. Fue precisamente ese apoyo a la insurgencia de quienes no reconocían al nuevo gobierno lo que frustró los primeros intentos de reconquista, impedidos por ciudadanos desarmados que cerraban el paso al ejército. A pesar de ello, Poroshenko ha optado por una escalada militar para derrotar cuanto antes a los rebeldes e impedir una congelación indefinida del conflicto; incluso al precio de causar víctimas civiles.

Esta estrategia no solamente no ha contribuido a la reconciliación nacional, sino que ha agravado la brecha dentro de la propia sociedad. La guerra ha permitido posponer cualquier diálogo serio sobre el modelo de Estado, con el argumento de que una Ucrania federal sería más vulnerable a la influencia rusa; ignorando que sin una reforma constitucional que conceda autonomía a las regiones del este (cuyos gobernadores son ahora nombrados por Kiev) será muy difícil cualquier encaje sólido de estos territorios en el Estado ucraniano. Tampoco parece acertado insistir en la mitificación del Maidán y sus “héroes”, cuya legitimidad no es reconocida por una parte de la población; o no haber desarmado a las “autodefensas” paramilitares (incluyendo grupos de ultraderecha) que participaron en aquellos combates. De hecho, se está fomentando su integración en los batallones de voluntarios que se envían a luchar en el este, contribuyendo así a la propaganda del Kremlin sobre una “agresión fascista”. 

Con respecto a los líderes prorrusos, además de su posible responsabilidad por el derribo del avión de Malaysia Airlines, sus métodos mafiosos (que incluyen el secuestro de periodistas o disidentes) están probablemente socavando el apoyo inicial de los habitantes de Donetsk y Lugansk, hastiados de unos combates que se prolongan ya demasiado tiempo. Acosados por la ofensiva gubernamental, su mayor esperanza hasta ahora era un giro del Kremlin hacia una intervención abierta, que preservara al menos el statu quo sobre el terreno; una opción que tras la tragedia del MH17 parece menos factible por su excesivo coste político, incluso para un líder poco temeroso de las represalias como Putin. La situación se ha vuelto más favorable para las fuerzas ucranianas; si bien sus tácticas indiscriminadas (como losbombardeos sobre zonas pobladas) tampoco están contribuyendo, precisamente, a ganar los “corazones y mentes” de los ciudadanos del este.

El mayor peligro de estos sucesivos errores es que, aún en el caso de que la insurgencia sea finalmente derrotada y Rusia detenga su injerencia en los asuntos internos de Ucrania, se perpetúe la fractura de una sociedad cada vez más polarizada en torno a dos conceptos excluyentes de la nación. La única alternativa para una verdadera resolución del conflicto es construir una identidad cívica basada en la igualdad de derechos y el reparto del poder, donde todas las sensibilidades (incluso las de aquellos ucranianos pacíficos que se sienten parte de una civilización cultural rusa) puedan tener cabida.

 * Javier Morales es Coordinador de Rusia y Eurasia en la Fundación Alternativas y profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Europea.

 

 

 

Hay 3 Comentarios

acertado comentario, diagnóstico y tratamiento. El problema es que el enfermo se nos está pudriendo ya y sigue fumando.
La escalada de hostilidades y de víctimas está generando una espiral de odio que afecta a miembros de una misma familia, en buena medida gracias a la propaganda de ambos bandos en contra de los otros. Estamos balcanizando Ucrania.

Estoy completamente de acuerdo que "cualquier observador imparcial debería adoptar un sano escepticismo". Por eso me choca que el análisis parta de una premisa probable pero no confirmada y no se analicen otras, como podría ser la búsqueda por parte de Kiev de una intervención extranjera, ya que transcurren los meses y los éxitos de la ATO no son tan rotundos como planteas. De hecho esta semana había sido un desastre con la pérdida de 2 aviones y sus tropas cercadas en el aeropuerto de Lugansk.
Empieza a ser dificil explicar tantos muertos, entre la población civil del este y entre los soldados reclutados obligatoriamente y fatalmente equipados.

Por otro lado, en esa imparcialidad me llama la atención la ausencia de menciones del apoyo de la UE, EEUU y la OTAN a la ATO del gobierno, con bomardeos civiles incluidos.
Así como la mención a los intereses económicos y geoestratégicos que hay detrás.

Precisamente los intereses económicos y sus consecuencias para el este industrial, son uno de los factores que explican la insurgencia (¿porqué descartar que hay vida inteligente en el Donbass y todos son sujetos manipulables?).
Explicaciones que recorren la pirámide social, desde el minero y operario metalurgico que ve un futuro de desempleo, al oligarca que ve un futuro sin sus jugosos beneficios.

La polarización de la sociedad no sólo se limita al este, y como muestra las serias dificultades que Kiev está teniendo para desalojar el Maidan, con el nuevo fiscal general amenazando con desalojarlo por la fuerza.
A todo esto la situación económica sigue en caída libre lo que podría ocasionar nuevas revueltas.

Buen artículo. Una solución pragmática basada en la realidad social de Ucrania, y no una imposición social y militar como la que busca el régimen golpista de Kiev o Torreblanca. Guste o no, el último Presidente elegido por todos los ucranianos fue Viktor Yanukovych, y los nacionalistas occidentales no quisieron esperar al resultado de las Elecciones Presidenciales previstas para el año 2015 y promovieron un Golpe de Estado con apoyo norteamericano atentando contra los deseos e intereses de millones de ucranianos más próximos cultural y socialmente a Rusia que a Polonia (ortodoxos bajo Patriarca de Moscú, rusófonos) Lo cierto es que la oferta económica de Rusia, con un préstamo de $ 15.000 millones y rebaja del precio de la energía, fue bastante mejor que la ofrecida por la UE, y Yanukovych la acepto en base exclusivamente a los intereses económicos de Ucrania. Vladimir Putin utilizó los Fondos de reserva para hacer una oferta convincente.

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