¡Vivir para ver! Cuando se avivó el debate en España sobre la renta básica universal (RBU), yo esperaba que habría críticas de todo tipo a todo lo ancho del espectro ideológico. Es normal. La renta básica es una propuesta bastante compleja, con ganadores y perdedores, y que implica grandes cambios en la estructura social. Pero pensé que la idea iba a recibir una mirada indulgente, por no decir simpatizante, por parte de algunos economistas liberales. Por supuesto, a dichos economistas tal vez no les gustaría el hecho de que la renta básica es redistributiva, pero por lo menos reconocerían que busca sus objetivos redistributivos sin aumentar demasiado la presencia del Estado en la economía.
¡Cuán equivocado estaba! Lo que hemos visto en los últimos meses ha sido una andanada de economistas liberales que insisten en que la RBU aumenta el peso del Estado hasta niveles no vistos desde los tiempos de Brezhnev. Primero fue José Ramón Rallo y ahora se suma el influyente blog colectivo Nada es Gratis que publica una pieza en este sentido bajo el seudónimo de Abraham Zacuto. Resulta que cuando se miran de cerca los cálculos que vienen de aquella orilla se encuentra un error contable básico. Veamos.
Voy a basarme en las cifras de Zacuto. En el punto en el que me concentraré, su análisis es muy similar al de Rallo. Zacuto comienza por calcular el costo de un programa de RBU que le ofrezca a cada ciudadano un ingreso equivalente al 60% del nivel del pobreza (unos 8.114 euros anuales). El cálculo más conservador de Zacuto es aquel que restringe la RBU a mayores de 18 años. Sobre esa base, Zacuto multiplica la asignación de RBU por la cantidad de personas mayores de 18 años y le da una suma cercana al 30% del PIB español. Esa es la piedra angular sobre la que se construyen todos los demás cálculos. Después vienen ajustes que reducen un poco ese monto, pero lo que importa para nuestros efectos es que el punto de partida es, otra vez, un aumento de los impuestos equivalente al 30% del PIB. Pero esta cifra es errónea por una razón muy sencilla: en la práctica, a la mayoría de los ciudadanos no se les enviaría la famosa asignación porque su ingreso ya está por encima de los 8.114 euros.
Para entender el error, pensemos primero en un programa que no tiene nada que ver con la RBU. Supongamos que yo propongo garantizarle a cada español el derecho a un escáner cerebral. Alguien con menos luces intelectuales que Abraham Zacuto podría pensar que el costo de mi propuesta es el precio individual del escáner multiplicado por la población española. Pero sería un cálculo ridículo. En realidad, la inmensa mayoría de los españoles no necesitan nunca un escáner cerebral. Supongamos que este incompetente economista es también el encargado de decidir la política tributaria de modo que, basado en su cálculo erróneo, eleva el recaudo fiscal hasta el nivel necesario para costear un escáner cerebral para cada español. Pero al final del ejercicio se encuentra con que solo un porcentaje muy reducido terminó necesitando el dichoso escáner. Como se trata de un ejemplo fantasioso, estamos en libertad de imaginar que este economista reconoce su error y procede a la medida obvia, reembolsar a los españoles la suma recaudada que no se utilizó. Por supuesto que este economista hipotético debería perder su puesto de recaudador, y posiblemente su título de economista, pero al fin de cuentas, una vez subsanada la chapuza inicial, ¿cuánto aumentó el recaudo tributario como proporción de la economía? Pues el costo de los escáner que sí se practicaron. El costo de las demás pruebas simplemente dio una cabriola fiscal: pasó de manos privadas a manos del Estado y luego de regreso a sus dueños originales, pero en realidad no aumentó el peso del Estado en la economía.
Estoy seguro de que Zacuto no hubiera cometido este error. Pero sí lo comete a la hora de evaluar la RBU. Así como la mayoría de los españoles no necesita un escáner cerebral, la mayoría de los españoles gana más de 8.114 euros al año por lo que en la práctica el costo neto de la RBU no es 8.114 multiplicado por la población española sino las transferencias que sean necesarias para garantizar esos 8.114 euros a quienes no los reciben ya. Ese costo es muchísimo menor del 30% que postula Zacuto.
Hay varias formas de implementar la RBU y aunque los detalles de los cálculos cambien, la lógica sigue siendo la misma. Una modalidad, la que considera Zacuto, consiste en enviarle a cada ciudadano su cheque sí o sí. Recaudar esa suma costaría, según los cálculos de Zacuto un 30% del PIB. Puede que sí. Pero eso no quiere decir que la participación del Estado en la economía, aumente también en un 30% porque una porción muy alta de esos cheques van simplemente a reembolsar a los ciudadanos impuestos que ya pagaron, es decir, parte de esos cheques operan como una reducción de los impuestos, de la tajada de la economía que capta el Estado. ¿En cuánto se le reducen los impuestos a los ciudadanos que reciben el cheque? Depende de la fórmula. Es imposible saberlo a priori. Seguramente para muchos ciudadanos, aún después de dicha reducción, sus impuestos aumenten en el neto. Pero lo que importa en este momento es saber cuál es el impacto de la RBU sobre la participación del Estado en la economía. Y en eso es muy claro que, aunque la RBU recaudara el 30% del PIB, al final de cuentas su impacto estaría por debajo de dicho porcentaje. Para calcular el impacto correcto se necesita entrar en detalles y hacer simulaciones. El lector interesado puede encontrar un ejemplo en el análisis del grupo liderado por Daniel Raventós, uno de los más detallados que se han hecho sobre el tema en España y que, dicho sea de paso, llega a conclusiones muy distintas a las de Zacuto.
Otra modalidad, tal vez más simple y eficaz, sería simplemente administrar la RBU como una garantía. Es decir, los ciudadanos solo recibirían el cheque si su ingreso cae por debajo de los 8.114 euros y, además, recibirían solo la cantidad que les falta para llegar a dicho nivel. En este caso, el costo del programa sería exactamente el de los cheques girados. Pero sería un costo muy inferior al 30% del PIB. Es otra forma de administrar el mismo programa, con los mismos costos pero con un pequeño cambio en la modalidad. Personalmente a mí me gusta más esta modalidad, pero desde el punto de vista que nos importa aquí ambas son lo mismo.
Hay muchos más aspectos para discutir en el artículo de Zacuto. Podemos discutir acerca de las bondades de la redistribución, o del tamaño del efecto de incentivos y cosas de esas. Pero no podemos entrar a esas discusiones si no quitamos de en medio alarmismos innecesarios.
* Luis Fernando Medina es investigador del Instituto Carlos III-Juan March y colaborador del Laboratorio de la Fundación Alternativas.
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Hay 1 Comentarios
Es duro comprobar como el mundo ha cambiado tanto que ya no hay politicas fuera de los inversionistas...
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Publicado por: inverforex | 05/02/2015 15:31:15