OBSERVATORIO DE CULTURA Y COMUNICACIÓN
En el reciente Informe sobre el estado de la cultura, publicado por la Fundación Alternativas, dedicamos capítulo al análisis sobre las condiciones del empleo cultural, que hacemos extensivo al mercado digital. La situación es ciertamente crítica, pues el comportamiento del sector durante la crisis, muestra indicadores devastadores, como la discriminación por género, el alto nivel de precarización, la no incorporación de nuevas generaciones, la sobrecualificación y los salarios ínfimos…
En general, según los datos de la cuenta satélite de cultura y el anuario de estadísticas cultuales, los trabajadores culturales viven de unos ingresos por debajo de las expectativas de su alto nivel de formación y continúan toda su vida ejerciendo como pueden, debido a la dificultad para alcanzar las cuotas mínimas para su jubilación. La incorporación de nuevos trabajadores en el sector casi ha desaparecido, produciéndose en el último año un abandono importante de la generación más avanzada y aumentando significativamente, desde 2012, el peso en el conjunto del empleo del tramo de los ingresados en el sector durante los años ochenta.
Lo mismo ocurre con el sector empresarial. En 2012 contábamos con 110.619 empresas culturales, y en 2013 desaparecen más de 2.000 de ellas. Más de la mitad de esas empresas no tiene asalariados y en el transcurso de un año se han reducido en 3.337. Crecen levemente en el último año las compañías de entre uno y cinco empleados (32.963 en 2012 y 34.681 el pasado año), pero no se consolida ni una sola nueva gran empresa de nuestra industria en el sector (pasamos de contar con 28 compañías de más de 500 empleados a 27).
El mercado de empleo cultural y comunicativo está formado en su gran mayoría por cohortes de trabajadores con un alto grado de motivación, alta cualificación profesional, bajos salarios y empleos cada vez más precarios, sin protección sindical ni mecanismos de defensa de derechos colectivos. Sus promotores califican a sus trabajadores como colaboradores voluntarios, evitando el ofrecimiento de cualquiera de las garantías propias del trabajo decente. A ello añaden el argumento y los beneficios para su cuenta de resultados del trabajo gratuito, enmascarado tras la fórmula del conocimiento compartido y colaborativo.
El mercado digital es un campo de ensayo en que se prueban perfiles que han de convertirse en socialmente aceptables para la ciudadanía en el corto plazo, a la vista del creciente número de autoempleados y de microemprendedores. Con un creciente trabajo de aprendizaje no pagado, o abonado muy por debajo de los precios de mercado, parece reflejar cada vez más un precariado integral, que acepta casi disciplinadamente condiciones éticamente inaceptables de prolongación de tarea y jornadas que avergonzarían a cualquiera que defienda unas condiciones dignas de trabajo en cualquier sector. Un mercado que también certifica la discriminación de género y santifica la discontinuidad y deslocalización permanentes. Un trabajo sin perspectivas o previsiones de mejoras salariales, con ingresos que difícilmente permiten pensar en formar familias o tener un futuro estable a la vista.
Existe sin duda un potencial extraordinario en el mercado laboral digital que debemos aprovechar. Pero las preguntas respecto a su desarrollo y la experiencia ya conocida del mismo en las economías avanzadas, revelan cuán necesaria resulta una regulación adecuada de esta oportunidad de riqueza, para evitar que consolide en el futuro nuevas formas de explotación, empleo precario y empobrecimiento de un sector emergente, con valores y utilidades públicas nada desdeñables.
* II Informe sobre el estado de la cultura en España: La salida digital, disponible en la web de Fundación Alternativas.
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Carlos Maravall. Doctor en Macroeconomía y Finanzas Internacionales por la Universidad de Nueva York. Ha trabajado como asesor en Presidencia del Gobierno en temas financieros.
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Alfons Martinell. Director de la Cátedra Unesco en la Universidad de Girona y profesor titular en esa misma institución. Codirige el Laboratorio Iberoamericano de Investigación e Innovación en Cultura y Desarrollo.
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Hay 2 Comentarios
Conozco a personas que trabajan para la cultura y puedo decir que su trabajo se acerca más a lo que expone el comentarista en el blog a lo que ha comentado Israel.
Publicado por: alba | 23/02/2015 18:06:17
Quienes trabajan con la cultura recuerdan a los eunucos en un haren; nada pueden producir, todo lo han hecho otros. La falta de humildad destaca tanto como la inclinacion al pensamiento totalitario. Lo que lleva a preguntarse si la cultura no sera mas que un distintivo social, una vestidura, para marcar diferencias sobre la masa. La experiencia en sociedades totalitarias, especialmente Rusia, da a entender que la cultura se opone tanto a la masa como a su instrumentalizacion por las elites.
Publicado por: Israel | 23/02/2015 17:04:35