Elecciones en Haití: la oportunidad de reconstruir el país

Por: | 25 de agosto de 2015

VÍCTOR C. PASCUAL

 

2015 es un año clave para el futuro de Haití. En el breve lapso de cuatro meses, este pequeño país centroamericano, con 10,5 millones de habitantes, aspira a renovar todas sus estructuras políticas representativas, la Cámara de los Diputados y el Senado (agosto y octubre), la Presidencia del país y los 113 gobiernos municipales (en octubre y diciembre). Se trata de una fase histórica trascendental para los haitianos, que anhelan dirigir su mirada hacia un futuro mejor y borrar las huellas de su trágico pasado

El terremoto sufrido el 12 de enero de 2010 causó más de 250 mil muertos, dejando un país destrozado, sin infraestructuras ni suministros, sin Palacio presidencial, sumido en la más profunda pobreza y en la desesperanza. Desde entonces, y gracias a la asistencia internacional, Haití lucha por lograr su reconstrucción en todos los planos: social, político, económico, institucional, etc. Un primer hito de esta reconstrucción fue la celebración de elecciones presidenciales en 2011 que llevaron a la elección del ex cantante Michel Martelly como nuevo Presidente de la República.

Haiti1En estos cuatro años, la evolución política de Haití ha seguido apuntalada sobre cimientos endebles y acuerdos porosos, que han desembocado finalmente en este nuevo ciclo electoral, que la comunidad internacional desea que sirva para encauzar definitivamente a esta república por el camino de la estabilidad institucional y de la construcción democrática. El país afronta esta nueva etapa electoral con un panorama político fragmentado en numerosos partidos, entre los que sobresalen, el Partido “Respuesta Campesina” (PHTK), del actual presidente Martelly -que no puede optar a la reelección- encabezado por Jovenel Moïse; el histórico FANMI LAVALAS, fundado por el primer presidente elegido democráticamente, Jean Bertrand Aristide, y actualmente liderado por la candidata Maryse Narcisse; y el partido “Verdad”, del ex presidente René Préval, que tiene como candidato a la presidencia a Jackie Lumarque. 

La primera vuelta de las elecciones legislativas que se celebraron el pasado 9 de agosto contó con la observación electoral de la Unión Europea (UE) y de la Organización de Estados Americanos (OEA), cuyas misiones de observación -que gozan de la necesaria independencia y autonomía funcional- emitieron sendos informes preliminares inmediatamente después de la jornada de votación para evaluar el proceso electoral. En concreto, para la Misión de Observación de la UE, “a pesar de las dificultades evidentes y los incidentes de violencia que condenamos, Haití ha dado este 9 de agosto un paso esencial hacia una democracia más sólida”. Asimismo, la OEA concluyó que “a pesar de algunos incidentes de violencia, la mayoría de los centros de votación pudieron finalizar sus operaciones con normalidad” y caracterizó la celebración de estas elecciones como “un paso adelante de la democracia haitiana”.

Sin embargo, a pesar de la validación internacional, los episodios de violencia electoral -que, entre otras cuestiones, han motivado la descalificación de 16 candidatos-, la baja participación y las diversas irregularidades detectadas en la fase de tabulación y de recuento de votos han conducido al Consejo Electoral de Haití a ordenar la repetición de la votación en casi un quinto de las circunscripciones del país. En el resto, los resultados publicados recientemente por el organismo electoral no permiten aún extraer ninguna conclusión sobre las mayorías que puedan formarse en el nuevo Parlamento; sólo 8 de los 119 escaños de diputados en liza han sido ya adjudicados en esta primera vuelta. La 2ª vuelta tendrá lugar el 25 de octubre al mismo tiempo que la crucial elección presidencial. Por tanto, todo está aún por decidir en Haití.

En definitiva, el objetivo más importante de los procesos electorales que se celebran en Haití en 2015 radica en lograr la consolidación democrática e institucional, con la elección de un presidente legítimo, la refundación de sus instituciones representativas y el desarrollo de elecciones limpias y reconocidas internacionalmente. Un Haití relativamente estable en el plano político es la única vía para que el país pueda retomar su andadura hacia el desarrollo, hacia la superación de sus traumas y la consolidación de sus relaciones comerciales; un Haití comprometido con la democracia garantizará que los países de la comunidad internacional, entre los cuales, Estados Unidos, Canadá y los países que integran la UE, entre ellos España, sigan volcados en ayudar a Haití en su constante e inacabable combate contra la naturaleza y contra sí misma.

 

Víctor C. Pascual es profesor de Derecho Internacional Público en la Universidad Complutense de Madrid  

Hay 7 Comentarios

La corrupción en Haití tiene una escala y un descaro que en Argentina o incluso Paraguay serían considerados escandalosos.


Y no me vengan con los cuentos de hace 500 años, porque si es por hablar de los taínos también podríamos hacerlo de los celtíberos o los moriscos de Granada.


Los problemas actuales de Haití derivan de un estado extremadamente débil y sometido a la rapiña descarada y brutal de un grupito de familias mayoritariamente mulatas.


Provienen también de una debilidad extrema en el ámbito internacional, que convierte la oficina presidencial en un mero despacho de de decisiones tomadas en las embajadas de los grandes países "donantes" que en estos momentos tiene más de 10.000 soldados ocupando el país y que envían "ayuda humanitaria" a través de toneladas de alimentos que hunden la economía campesina, cuando perfectamente podrían comprar esos mismos alimentos en Haití.


Los problemas viene también de una infrraestructura que, en caso de existir, es decrépita porque todo el dinero del Banco Mundial enviado para construir carreteras o redes eléctricas es desviado a las cuentas bancarias de Martelly y de la oligarquía haitiana.


Y algo que los europeos no se dan cuenta: de que toda la "ayuda" (que es caridad, no ayuda) enviada a través de cientos o quizás miles de ONG lo único que hacen es socavar más aun la legitimidad del Estado haitiano, ya que lo desconectan de la que debería ser su principal función: proveer de servicios básicos a sus ciudadanos. A qué político haitiano le puede importar eso, cuando hay cientos de ONGs que entregan comida, enseñan a los niños o construyen pequeñas obras hidrálicas. Y además, esas ONGs no son inocentes, porque tienen agenda política y religiosa, ya que la mayoría son protestantes y combaten con fuerza los cultos autóctonos como el vudú (que no es magia negra como creen los ignorantes).


Además, es muy difícil que Haití pyueda tener una oportunidad en estas elecciones si por enésima vez se prohibió participar a Jean Bertrand Aristide, por lejos el líder más popular y carismático del país. Sin él las elecciones son paja molida. Ya le han hecho dos golpes de estado por intentar acabar con la oligarquía ladrona que se lleva todo a su bolsillo, pero ésta tiene aliados en EEUU y la UE y siempre se sale con la suya. La última vez estuvo exiliado casi 7 años en Sudáfrica, de donde EEUU le tenía prohibido salir.


¿Ésa es la democracia de la quie habla el señor Pascual, la posibilidad de elegir entre el ladrón n°1, el n°2 o el n°3? Porque el que no es oligarca y ladrón no puede participar en las elecciones: así es como funciona el país. Y si llega a aparecer uno distinto, entonces venga un nuevo golpe de Estado apoyado por EEUU y silenciado por toda la prensa mundial.

Para desgracia de lo haitianos su destino político no es diferente del resto de los países de habla hispana. Las economías de Venezuela y Argentina tambalean a causa de la macro-inflación que padecen. Brasil ha entrado en recesión y afronta múltiples casos de corrupción que debilitan a su presidenta. Se han conocido los casos escandalosos de candidatos a la presidencia de Argentina que han pagado a unos 20 mil paraguayos para que cruzaran la frontera y votaran en las pasadas eleccciones de las PASO y otras mil y una trampas más puestas en acción en las provincias mas míseras de Argentina que ocupan el Noreste y Noroeste de ese país .

¡Pobre Haiti¡ Tiene una historia terrible. Sus aborígenes taínos desaparecieron con la colonización francesa. Fueron sencillamente exterminados porque nunca admitieron la esclavitud, y por ello fueron reemplazados por esclavos procedentes de África. Los franceses, al igual que los españoles, a pesar del hermoso disfraz cristiano, fueron los causantes de esa desgracia histórica, que el pueblo haitiano aún no ha superado. Los esclavistas franceses cedieron su puesto a esclavistas africanos... o sea, de unos negros opresores de negros. Y el problema se agravó con la rivalidad socio-económica que mantiene aún con su vecina, la República Dominicana, Ambos estados han padecido terribles tiranías apoyadas por el imperio de Estados Unidos, que convirtió la Zona del Caribe en un verdadero coto de caza. Hace muchos años que conocí y mantuve amistad con un haitiano que había sido jefe de la Academia Militar de su país y que mas tarde se exilió. Era un gran hombre, incluida su esposa Janine, a los que nunca he olvidado. ¡Que Dios los tenga en la gloria¡

Hola. En este articulo del profesor Víctor Pascual hay un error en cuanto a la ubicación geográfica de Haití. La Rep. Dominicana y Haití, comparten la misma isla en el caribe.

Lo que necesita Haití no son más ONG ni miserables "ayudas al desarrollo" que básicamente coinsisten en enviar los sobrabtes de alimentos que no encuentran canbida enn el mercado nortemericano, y que arruinan a los agricultores haitianos.


Haití necesita un Estado fuerte, que tenga capacidad de controlar su territorio sin depender de tropas extranjeras. Necesita un programa de desarrollo de infraestructuras básicas, como electricidad, agua potable y pavimentación de carreteras (todos los fondos destinados a esos ítems se los ha robado Martelly). Necesita que la "ayuda" llegue directamente al Estado, no a través de miles de ONG que tiene agenda propia (muchas veces católica o evangélica) y que lo único que logran es debilitar más al Estado.


Las "soluciones" que entrehan los "donantes" son ridículas. Desde el golpe de estado del 2004 no se ha rehabilitado la red eléctrica, el que tras el terremoto del 2010 quedó más dañado aun; el sistema de regadío de la llanura del Artibonit, antaño exportadora de arroz, está arruinado y el país importa masivamente arroz (de EEUU, por supuesto), gracias a las "buenos consejos" del FMI que obligaron a liberalizar la economía a mediados de los '90. Para qué decir de las carreteras, porque cada vez que el BID o el BM aprueba fondos para su construcción el dinero acaba en las manos de la misma elite de siempre y no se construye ni un miserable kilómetro.


Desde España las cosas se ven muy lejanas. Desde Amérioca Latina no, y por eso no nos venden cuentos.

Y todo el dinero que mandó España qué? Al final se lo quedaron los salesianos y sus misiones pedófilas…

Hay algo que usted no menciona, y la verdad me parece muy sospechoso de su parte. O usted está mintiendo, o bien no sabe de qué esta hablando. Ya verá usted cómo responde a estas críticas, si es que se digna hacerlo.


Desde el golpe de Estado del 2004 contra el presidente democráticamente electo Jean Bertrand Aristide (apoyado por EEUU, la UE y buena parte de los países de América Latina), éste y su partido político "Fanmi Lavalas" han sido excluidos sistemáticamente de todas las elecciones. Tomando en cuenta el apoyo popular masivo con que cuenta Aristide, ello significa que ninguna de las elecciones anteriores han sido legítimas.


EEUU y la UE han presionado en reiteradas orportunidades a Haití para que impida la participación de "Fanmi Lavalas" en las eleciones y para que Aristide siga exiliado. EEUU llegó incluso a amenazar a Sudáfrica, país que acogió a Aristide en su exilio, de quitarle su puesto en el Consejo de Seguridad de la ONU si permitía que Aristide regresara a Haití antes de las "elecciones" del 2011.


En las elecciones haitianas de este año a Aristide nuevamente se le prohibió participar. La lista de candidatos al parlamento que presentó su partido fue "depurada", para no usar una palabra más fuerte. En otras palabras, nuevamente la oligarquía haitiana y el lobby norteamericano se aseguraron que gane quien gane esta elección, todo seguirá igual.


En otras palabras, esta eleción no tiene nada de democrática. Y eso en el contexto de un país invadido por decenas de miles de tropas extranjeras y en el cual las decisiones se toman no en el palacio de gobierno sino en las embajadas de los países "donantes" o que dirigen las "fuerzas de pacificación".


Mientras no se permita al pueblo haitina elegir libremente a sus dirigentes nada bueno se puede esperar. La legitimidad democrática del actual presidente es más que dudosa, y eso no cambiará con el nuevo presidente "electo".


Todos los actuales candidatos a la presidencia son miembros de la minoría mulata que durante dos siglos ha expoliado sistemáticamente al país de toda su riqueza de la amera más desvergonzada posible.


Lo que se juega en esta elección sólo es qué familia de la élite robará más. En un contexto de ocupación extranjera, el poder de decisión del ejecutivo haitiano es muy limitado y lo único que puede cambiar es hacia qué bolsillos se desviará el presupuesto de la nación.

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