Al Asad no es Hitler

Por: | 16 de octubre de 2015

 

VICENTE PALACIO (*)   

 

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En marzo pasado, el primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, comparaba al Presidente Bachar Al Asad  con Hitler y Sadam Husein. John Kerry, Secretario de Estado de EEUU, ya lo había hecho después de que en agosto de 2013 el régimen bombardeara con armas químicas el barrio de Ghuta, a las afueras de Damasco, aniquilando más de 1400 civiles. Puede que este tipo de actos reflejos le vengan a Al Asad de familia: de hecho, su padre, el patriarca Hafez, y su hermano, Rifaat, ya habían aplastado la rebelión de los Hermanos Musulmanes en la ciudad de Hama en 1982, llevándose por delante miles de combatientes. Treinta años más tarde aplicó el mismo modelo.

 

La historia nos muestra una y otra vez la celeridad con que estos cirujanos de hierro pasan a convertirse en villanos, lo fácil es que el gobernante déspota se convierta en asesino. El Daily Mail británico había captado en una foto de 2009 una cena privada de los matrimonios Kerry y Asad - asiduos londinenses - en lo que parece una conversación exquisita y cómplice. Una escena que hoy nos parece inquietante, y que el mandatario sirio había repetido, oficialmente o en la intimidad, con decenas de gobernantes occidentales, igual que en el pasado Sadam, Gadafi o Mubarak.

 

En entrevistas recientes, como en la exclusiva de la BBC, Bachar se muestra firme, sonriente a veces, incluso elegante. Por supuesto, Bachar es el último bastón contra el terrorismo yihadista y el Estado Islámico (ISIS) en Oriente Medio. Buenos modales, razonamientos en forma de elipsis, nada que ver con la retórica alocada de Sadam o Gadafi. Tanto que uno casi olvida su fenomenal récord como estadista: más de 300.000 muertos, una tercera parte de ellos civiles, decenas de miles de desaparecidos, y una dramática ola de doce millones de desplazados, cuatro de ellos fuera del territorio sirio, y el número va en aumento. 

 

La historia reciente también nos muestra que el imaginario occidental necesita siempre su nuevo Hitler para poder librar la gran batalla: alguien o algo realmente maligno, despiadado con su pueblo, destructor de libertades y derechos , expansionista y guerrero. Es verdad: hubo un momento en 2013 en que Obama estuvo dispuesto a intervenir militarmente, al fin y al cabo todo presidente norteamericano le ha sacado partido al hecho de tener un Gran Villano enfrente al que poder derrotar (distinto a Putin, con quien la guerra no es posible). Es un poco parte del espíritu nacional. Occidente vislumbraba poco a poco al nuevo Hitler contra el que combatir y a partir del cual instaurar un orden nuevo en la región: democrático, próspero, libre de “malas influencias”. Pero rusos y chinos impusieron su veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, y el fantasma pasó de largo. Se perdió el momento, porque luego apareció con mucha fuerza un tercer bando en discordia, otra réplica fatal de Hitler: ISIS. Para colmo, estaba claro que Al Asad no tenía ninguna intención de invadir a nadie, sino de salvar su propio pellejo.  Los expansionistas, en todo caso, eran los yihadistas; los amigos proxies como Hezbollah, estaban a la baja; incluso en Israel, como en una burbuja propia e inoperante, los Netanyahus le tenían cierta estima a ese enemigo del pasado, siempre tan predecible y constante. Más tarde, otros Hitler despiadados entraron en escena, esta vez los amigos saudíes, cometerían sus tropelías en Yemen.

 

Lo malo de toda esta historia es que Al-Asad no es Hitler, es sólo un pequeño hitler, con minúsculas: Oriente Medio está lleno de sus replicantes. No podemos colgarle esa etiqueta y destruirlo, más ahora que se ha regalado la iniciativa a Putin, y tanto Obama como el resto de líderes los occidentales lo saben. Las grandes potencias ya han iniciado el camino para tomar Damasco. Va a hacer falta mucha diplomacia y creatividad para al mismo tiempo derrotar a ISIS y cambiar el régimen sirio. Al Asad se ha librado hasta ahora de sentarse en el banquillo por crímenes de guerra y lesa humanidad, y si en el futuro tiene suerte y sirve de canje de otros intereses, incluso fuera del poder, no lo verá en vida. Las cartas se están barajando de nuevo en Washington, Moscú, Teherán, Ankara, Riyad, y tantos otros, y a ver qué pasa. Lo importante es que Al Asad se vaya, y abrir nueva página.

 

Hay que pensar, también los europeos, otra mecánica diferente, hay que mirar más lejos. En ese camino hacia la meta, plagado de espectros de Hitler, cualquier símil con la segunda guerra mundial seguramente no nos llevará a nada bueno. Sabemos cómo terminó en 1945 la carrera hacia Berlín de los aliados y los rusos, desde los frentes del Oeste y del Este, para derrotar al enemigo común. De allí salió un régimen nuevo, pero muy distinto a aquél de concordia y democracia que se esperaba. Lo llamaron la Guerra Fría, y dura hasta hoy. 

 

* Vicente Palacio es director adjunto de OPEX

Hay 5 Comentarios

Claro que Assad no es Hitler. Es un dictador que emplea métodos muy violentos para reprimir a su población, pero no es más dictador que Al Sisi en Egipto o que los monarcas del Gofo Pérsico.


La política exterior de la UE hacia Medio Oriente es esquizofrénica: por un lado, se le venden armas extremadamente sofisticadas a Egipto y se lo apuntala a través de la diplomacia para "contener" a los Hermanos Musulmanes, pero al mismo tiempo se le entregan armas a los yihadistas sirios de Ahrar el Sham y del Frente al Nusra (léase "rebeldes moderados" en la terminología de la prensa europea) para que combatan al régimen laico de Assad.


Se expresa preocupación ante el avance del islamismo radical y ante la oleada de refugiados que llegan desde Medio Oriente y el norte de África, pero al mismo tiempo de encargaron de destruir la dictadura de Gaddaffi en Libia, que servía como tapón de contención para impedir la llegada de migrantes a travbés del mediterráneo, y la reemplazan por una miriada de grupos islamistas que combaten entre sí y que se nutren del trafico de armas y de personas entre áfrica y europa.


La UE dice combatir al extremismo islamista, pero al mismo tiempo le entrega las más modernas armas al estado que financia y ampara todas las actividades terroristas en Medio Oriente: Arabia Saudita.


Los europeos no saben nada sobre Medio Oriente y, al igual que EEUU, se mueven como elefantes en cristalería. Su ignorancia y prepotencia está haciendo desaparecer los pocos regímenes laicos que quedan en la región, propiciando su rremplazo por barbudos extremistas financiados por Arabia Saudí y entrenados por la CIA y el Mossad.

Gadaffi era malo pero infinitamente mejor que los sátrapas de nuestras petromonarquías amigas.
Lo que vino después de derrocar a Gadaffi y de destruir el estado libio fue muchísimo peor de lo que había antes y lo están pagando muchos dentro y fuera de Libia.
Los que invadieron Irak, destruyeron su estado, arrasaron su patrimonio cultural e histórico, los que asesinaron a cientos de miles de iraquíes y dejaron como herencia la situación actual... se parecen bastante más a Htiler que Putin o Assad. Tienen la criminal costumbre de meterse en cuanta casa ajena les apetece, la destrozan, liquidan y ayudan a que otros liquiden a buena parte de los habitantes de la casa... y encima pretenden dar lecciones a los demás.
Si hubiera justicia en este triste mundo en el que nos está tocando vivir... Bush-Blair-Sarko y alguno más, debería estar ante la justicia respondiendo por los innumerables crímenes que han cometido y por haber dejado a buena parte del mundo convertida en un caos.
Lo que pasa es que... a ver quien encarcela al carcelero.

a los niños de Ghuta. Mas bien parece una prueba fabricada para poder intervenir en syria y derrocar el gobierno de el Assad. Algo debió salir mal en estos planes porque la intervención nunca se produjo.

Lo fácil no es que un déspota se convierta en asesino. Lo fácil es que un amigo se convierta en enemigo. Se de una prueba fabricada se puede acusar a alguien de asesino ¿que fueron entonces los presidentes que gasearon a la población de Vietnam con Napalm, o los que lanzaron bombas atómicas contra la población civil japonesa? estos las historia no los considera asesinos ni pequeños hitler's sino héroes.

La entrada en el bog "alternativas" El Assad no es Hitler. es poco honesta con los hechos. Un decálogo de malas intenciones.

Hitler solo hubo uno.

El Assad no es Hitler, pero ¿de que se le acusa exactamente?

Aquí se da por hecho que el Assad gaseó a la población de Ghuta a las afueras de Damasco. Para demostrar esta acusación los enemigos de el mandatario sirio aportan vídeos de Youtube muy contradictorios algunos son de fecha anteriores a la supuesta masacre. La cifra víctimas fluctúa según las fuentes, en cualquier caso nunca 1400 como se afirma aquí. En los vídeos que sirvieron de prueba no aparecen mujeres, casi todas las víctimas son niños, un agente tóxico muy particular. Los niños nunca están acompañados de sus padres o hermanos mayores, algo muy extraño que los niños anden solos por la calle en una zona de conflicto. Estadounidenses y británicos afirmaron en seguida que el agente tóxico fue gas sarín según sus análisis de muestra tomadas. Según la ONU se necesitan mas de 10 día para poder hacer cultivos en tejidos humanos para poder analizar las muestras. Algunos familiares de la región de Latakia (original del mandatario sirio), afirmaron reconocer a los niños de los vídeos como sus hijos, según ellos secuestrados por los yihadistas en la zona alaui...

Estas y otras son las grandes pruebas de la acusación contra el mandatario sirio. Pero ¿que interés tendría el Assad para gasear a su población, cunado se le había advertido que las armas químicas eran una "linea roja" que provocaría una intervención militar extranjera para "salvar al pueblo sirio" como, por cierto, se salvó al pueblo libio (sic), del dictador Gaddafi?. No parece que el Assad sea un tipo tan estúpido como para provocar a Occidente lanzando gas sarin la los niños de

La intolerancia, en todos los terrenos, es peor que la sífilis. Y la peor es la que se disfraza de ideología religiosa. El Oriente Medio está infectado de esa enfermedad mental. El problema no es Al Asad, el problema son los imperios económicos de Occidente que hace siglos controlan la riqueza del petróleo de esa región y que convierten en lacayos y dictadores a sus cómplices políticos.

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