Farsa electoral en Egipto

Por: | 25 de octubre de 2015

 

IGNACIO ÁLVAREZ-OSSORIO (*)

 

ABDEL

El presidente egipcio Al-Sisi (drcha), al lado del rey saudita Salman y el presidente yemenita Haidi, 

 

El pasado domingo se dio el pistoletazo de salida de las elecciones legislativas egipcias, cuya segunda fase se desarrollará a finales de noviembre. En juego están los 596 escaños del nuevo Parlamento que, con toda probabilidad, será copado por candidatos ‘independientes’. Según la nueva ley electoral, sólo una quinta parte de los diputados (120 en total) corresponderá a las diferentes coaliciones que se presentan a los comicios.

La apatía y el desinterés han presidido la campaña electoral y los egipcios son plenamente conscientes de que la Asamblea del Pueblo que saldrá de las urnas será una correa de transmisión de Abdel Fattah al-Sisi. En sus dos años de presidencia, Sisi ha cortado de raíz toda disidencia y ha restringido severamente las libertades públicas. Los Hermanos Musulmanes, el principal movimiento opositor, están completamente diezmados tras la brutal persecución de la que han sido objeto. Sus líderes languidecen en las prisiones tras haber sido condenados a la pena capital y sus simpatizantes esperan a que lleguen tiempos mejores para recuperar el terreno perdido.

Con la mayor parte de los opositores encarcelados o neutralizados, las elecciones ni serán libres ni tampoco competitivas. Posiblemente el porcentaje de abstención, que se prevé muy elevado, nos sirva para calibrar la credibilidad que la población egipcia otorga a estos comicios. Según fuentes oficiosas, la participación habría oscilado en esta primera fase entre el 10 % y el 15 %, lo que ha encendido todas las alarmas en el palacio presidencial de Ittihadiya, puesto que una escasa afluencia pondría en tela de juicio la legitimidad del nuevo Parlamento. Ante dicha eventualidad, el gobierno se apresuró a dar media jornada libre a los trabajadores públicos para tratar de atraerles a las urnas.

Estas elecciones suponen la última parada de la hoja de ruta fijada por Abdel Fattah al-Sisi tras el desalojo de los Hermanos Musulmanes del poder. La primera fue la aprobación de la nueva Constitución en enero de 2014 y la segunda la elección de Sisi como presidente en el mes de mayo de ese mismo año con casi un 97% de los votos a su favor. Ahora toca cerrar este círculo con la elección de un Parlamento, que en todo caso dispondrá de un escaso margen de maniobra y que, todo parece apuntar, se someterá dócilmente al poder ejecutivo. Al mismo tiempo, los comicios ponen fin a una situación anacrónica, ya que desde hace tres años el país funcionaba sin poder legislativo puesto que la Cámara fue disuelta por el Tribunal Constitucional en junio de 2012 y, desde entonces, Egipto ha sido gobernado a golpe de decreto presidencial.

Ante el boicot de buena parte de los partidos egipcios, la coalición oficialista ‘En Amor a Egipto’ tiene todas las papeletas para alzarse con la victoria. El hecho de que sea dirigida por el general Sameh Saif al-Yazal, un antiguo miembro de los servicios de inteligencia, da cuenta del grado de control que los militares ejercen sobre la transición egipcia. Esta curiosa alianza está compuesta, amén de por varias estrellas de la televisión y astros del balón, por hombres de negocios y destacadas figuras del régimen mubarakista que tratan de acomodarse a la nueva situación para congraciarse con los militares, los dueños del nuevo Egipto. El resto de coaliciones vienen a ser más de lo mismo y están dirigidas por los denominados ‘remanentes’ de la época de Mubarak, como es el caso del Frente Egipcio dirigido por el ex primer ministro Ahmed Shafiq. 

También concurre a las elecciones la plataforma salafista al-Nur, que respaldó el golpe militar y pretende ahora ser recompensada por ello. Su propósito es convertirse en la principal fuerza del islam político tras la ilegalización de los Hermanos Musulmanes. No obstante se quedará muy lejos del 25 % de los escaños que obtuvo en las elecciones de 2011, ya que Sisi no está excesivamente interesado en tener contrapesos que constriñan su labor de gobierno.

Durante sus dos años en el poder, Sisi ha aprovechado la lucha contra el terrorismo yihadista para afianzar su posición y eliminar a sus rivales. No sólo ha perseguido a los sectores islamistas, sino también a los artífices de la revolución de Tahrir, muchos de ellos condenados a elevadas penas de prisión. El mensaje que trata de vender al pueblo egipcio es que el fortalecimiento de la democracia no es una condición indispensable para el crecimiento económico. El desdoblamiento del canal de Suez, que pretende duplicar los ingresos gracias al nuevo tráfico generado, fue presentado a bombo y platillo como la panacea que resolverá todos los problemas de Egipto. La realidad es bien distinta, ya que los frutos de esta apuesta tardarán en llegar, si es que llegan algún día. Mientras tanto, la inaudita acumulación de poder en manos de Sisi podría tener el efecto contrario al deseado, puesto que le deja sin escudos de protección ante eventuales crisis futuras.

 

Ignacio Álvarez-Ossorio es profesor de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Alicante y coordinador de Oriente Medio y Magreb de la Fundación Alternativas

 

Hay 2 Comentarios

Me gustaría saber porqué mientras en Egipto es "aceptable" que una dictadura militar reprima ferozmente a la oposición islamista, en Siria, en cambio, esos mismos islamistas son los "buenos" que se llevan todos los aplausos de la prensa, junto con jugosos cheques sauditas y qataríes y toneladas de armas norteamericanas.


En un caso (Egipto) hay una dictadura laica que reprime ferozmente a la oposición y que mata, encarcela y tortura a los islamistas "moderados". En el otro(Siria), hay un gobierno que hace exactamente los mismo, pero en vez de recibir aplausos es el blanco de una campaña mediática sin precedentes.


Y no sólo eso: mientras en Egipto la dictadura militar recibe an almente más de 6.000 millones de dólares en ayuda militar norteamericana (armas que usa para reprimir a la oposición), en Siria son los yihadistas del Frente Al Nusra y de Ahrar el Sham (al que la prensa trata de presentar como grupo "moderado") los que reciben miles de millones de dólares en ayuda de Arabia Saudí, Qatar y Estados Unidos.


Y si queremos ampliar un poco la imagen de la hipocresía norteamericana, es cosa de enfocar el lente en Yemen, en donde EEUU y el propio Egipto (!!!!!) le entregan apoyo logístico, armas y financiamiento al Islah (rama local de los Hermanos Musulmanes), a Al Qaeda y al Estado Islámico para que combatan contra los huthis. ¿De dónde sino salen los aliados de los saudíes en la guerra yemení?


Medio Oriente completo está en llamas, y gran parte del conbustible para esa hoguera lo ponen EEUU, Israel y las monarquías medievales y retrógradas del Golfo Pérsico.


El día que comiencen a bombardear a los qataríes y a los sauditas todos aplaudiremos a rabiar.

Deseo que elecciónes a Egipto ceran muy buenos.

Publicar un comentario

Si tienes una cuenta en TypePad o TypeKey, por favor Inicia sesión.