Un Saturno de derechas

Por: | 21 de octubre de 2015

LUIS FERNANDO MEDINA SIERRA (*)

 

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John Boehner, en el centro de la imagen

 

 Seguramente fue cuando comenzaron a rodar las cabezas de los líderes de la Revolución Francesa que surgió el símil según el cual las revoluciones, al igual que el dios Saturno, devoran a sus hijos. Pero, a juzgar por lo visto en estos días en Estados Unidos, a veces Saturno resulta de derechas sin por eso perder la voracidad hacia su progenie.

 Siendo Estados Unidos un país presidencial, el liderazgo de la Cámara de Representantes lo lleva el llamado “portavoz” de la misma (Speaker). Es el único cargo de la Cámara que se halla estipulado por la Constitución, uno de los más importantes del país y, aunque esto sea más bien simbólico, el tercer cargo en la línea de sucesión a la presidencia. El portavoz es elegido por el partido mayoritario en la Cámara y se espera de él que sea el líder de dicha mayoría, jugando un papel decisivo a la hora de diseñar la agenda legislativa y la táctica para impulsarla.

 Hace pocos días el hasta entonces portavoz John Boehner anunció su renuncia en forma un tanto prematura. No se había aún asentado el polvo de la conmoción cuando Kevin Mc Carthy, a quien en su calidad de “Majority Leader” le hubiera correspondido en condiciones normales reemplazar a Boehner, retiró su nombre de la contienda dejando la elección abierta. Súbitamente el Partido Republicano parecía quedar acéfalo. Al momento de escribir estas líneas parece haber un consenso aún frágil que podría elevar al cargo de Speaker a Paul Ryan, quien fuera compañero de fórmula de Mitt Romney en la elección presidencial del 2012.

 ¿A qué se debe este caos? En parte a circunstancias fortuitas. Mc Carthy se autodestruyó cuando, en un rapto de indiscreción (o de honestidad, según se mire), reconoció que el principal motor de la investigación sobre los hechos de Benghazi (Libia) eran los réditos políticos de poder atacar a Hillary Clinton. Pero más allá de estos detalles, se advierte una profunda fractura estructural en el Partido Republicano.

 Por estos días se ha puesto en boga en la prensa norteamericana usar la clásica división entre “radicales” y “moderados” para entender este episodio. Esto induce a equívocos. En asuntos de fondo, el Partido Republicano se encuentra bastante unido. Todos sus miembros más importantes rechazan absolutamente la política económica y exterior de Obama, la reforma a la sanidad, la legalización del matrimonio homosexual y así sucesivamente. Tras más de dos décadas de deriva hacia la derecha, la revolución conservadora dentro del Partido Republicano ha sido tan exitosa que ya no quedan moderados en el sentido que ese término tenía hace unos años. El partido está resuelto a atacar no solo las reformas de Obama, sino también las estructuras del Estado del bienestar creadas en los años 60s e incluso, si el tiempo lo permite, repudiar totalmente el New Deal de los años 30.

 La división interna del partido es más un asunto de táctica que de estrategia o de metas. Lo que la prensa llama el sector moderado es más bien un sector bastante conservador que, sin embargo, está dispuesto a aceptar que el Partido Demócrata, debido a cambios en la demografía y la geografía electorales, se ha convertido en el “partido de la presidencia.” Mientras los demócratas controlen la Casa Blanca, esta facción prefiere negociar. En cambio, el “sector radical” prefiere tensar la cuerda al máximo; si se rompe, mejor.

 En términos concretos, la pugna gira en torno a una de las grandes invenciones de la civilización moderna: la deuda pública a perpetuidad. Como resultado de una serie de accidentes históricos que de otro modo no tendrían importancia, el proceso legislativo norteamericano tiene dos etapas en lo que se refiere al presupuesto. En una primera etapa, el Congreso aprueba los presupuestos del Estado, los usos y fuentes de los recursos. Pero luego, el cupo de endeudamiento del gobierno también se somete a votación en el Congreso. Esto genera una situación extraña en la que el Congreso en una ley de la república le da al gobierno la orden de acometer ciertos gastos y cobrar ciertos impuestos, pero luego puede decidir si acepta o no la deuda pública que resulte de cualquier diferencia entre ambos. Kant decía que quien quiere los fines, quiere también los medios pero el Congreso norteamericano parece no regirse por este principio.

 Durante mucho tiempo la solución a este problema era muy sencilla: ignorarlo. Cuando llegaba el momento de votar el cupo de endeudamiento del gobierno, se trataba de un mero trámite. Pero como resultado de los cambios dentro del Partido Republicano han llegado al Congreso nuevos sectores que no están dispuestos a jugar con las mismas reglas y que ahora insisten en utilizar el cupo de endeudamiento como herramienta para atacar a la Administración Obama.

 Se produce así uno de los espectáculos más curiosos de la política moderna. En la gran superpotencia capitalista del mundo existen sectores  conservadores que en su afán de defender el sistema están dispuestos a hacer estallar uno de los pilares del capitalismo moderno: la capacidad de los Estados Unidos de emitir deuda a perpetuidad. Los Bonos del Tesoro de Estados Unidos son la barra de iridio del sistema financiero mundial; son el activo de riesgo cero por excelencia. Hasta hace pocos años sugerir que el gobierno de Estados Unidos faltara a sus obligaciones hubiera sido considerado un acto sedicioso por parte de los partidos tradicionales y de los grandes intereses económicos, empezando por Wall Street. Pero ahora hay sectores de derecha que abiertamente amenazan con forzar esta situación.

 Irónicamente, fue el mismo John Boehner el que, tratando de aplacar a sus elementos más fanáticos, comenzó con este tipo de amenazas. Pero, como suele ocurrir, aquellos sectores, lejos de aplacarse, se han vuelto más asertivos. Ya antes habían logrado derrotar humillantemente a Eric Cantor, líder conservador como el que más pero que aún así no pudo evitar la arremetida del Tea Party. Ahora le correspondió el turno a Boehner y, aunque es prematuro hacer pronósticos, en estos días sí quedó claro que los extremistas de la Cámara no veían con buenos ojos a Paul Ryan, a pesar de que sus posiciones ideológicas coinciden casi plenamente con las de ellos.

 Curiosamente, Saturno esta vez resultó ser conservador y, más curioso aún, a pesar de ser el dios del tiempo, parece que se enreda con la noción de deuda a perpetuidad.

 

Luis Fernando Medina Sierra es doctor en Economía

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¿ Es eso una democracia?

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