La repetición electoral. Oportunidades y riesgos

Por: | 18 de mayo de 2016

JOSÉ MARÍA PÉREZ MEDINA (*)

 

Sorpa

La alianza Podemos-IU puede provocar una alteración en la correlación de fuerzas en el panorama político

A cuarenta días de las nuevas elecciones, es imposible calibrar las posibles ventajas o inconvenientes que éstas puedan tener para los distintos partidos. Últimamente se ha especulado sobre el posible voto-premio o voto-castigo a una u otra fuerza según la opinión pública percibiera o no su disponibilidad para negociar y alcanzar acuerdos en el largo periodo transcurrido desde entonces. Pero existe un antecedente directo, al cual se ha hecho escasa referencia, y que sirve para poner de relieve otros factores decisivos, tales como la participación electoral: la repetición de las elecciones a la Asamblea de Madrid en 2003, con una primera votación en mayo y una segunda en octubre, entre las que se produjo el episodio del lamentable y recordado Tamayazo.

Existen suficientes datos para afirmar que la mayoría absoluta del PP en la segunda convocatoria se explica por el descenso de la participación en esta segunda ocasión: en mayo los votantes fueron 3.077.000 y en octubre 2.788.000, para una caída de la participación de casi siete puntos. Ésta pasó del 69,27% al 62,52%.

Lógicamente todos los partidos perdieron votantes, pero sin duda el PSOE fue el más perjudicado, pues perdió 142.185 votos, mientras que el PP perdía 83.302 e IU sólo 585. Proporcionalmente, el PSOE perdió el 11,6% de sus votantes de mayo, el PP el 5,8% e IU un escaso 0,2%. Las dos formaciones verdes y el resto de partidos fueron especialmente penalizadas y perdieron el 62,10%, lo que apunta a una menor dispersión del voto y a una concentración del voto útil.

¿Dónde se perdieron estos votos?. Si se analizan los resultados por distritos y municipios, se aprecia cómo los distritos en los que el PP obtiene mejores resultados mantuvieron su mayor participación, que cayó en los distritos con mayores porcentajes de voto para la izquierda. En este sentido, la repetición de elecciones cinco meses después perjudicó de manera notable al PSOE por la desmovilización de su electorado, y posiblemente por la desmoralización de votantes que vieron inútil la mayoría absoluta alcanzada por la izquierda en el mes de mayo.

La caída de la participación en el municipio de Madrid fue de 6,12 puntos. Pero si recorremos la geografía urbana, vemos que en seis distritos el descenso de la participación fue menor que la media, y curiosamente en todos ellos el PP obtuvo y sigue obteniendo excelentes resultados: Salamanca (-4,76%), Chamartín (-4,61%), Retiro (-5,63%), Moncloa-Aravaca (-5,73%) y Fuencarral-El Pardo (-5,83%).

Al contrario, en los seis distritos donde el descenso de la participación fue mayor el porcentaje de votos al PSOE fue claramente superior a la media de la ciudad: Barajas (-8,09%), Villa de Vallecas (-7,75%), Vicálvaro (-7,15%), Usera (-6,78%), Villaverde (-6,77%) y Centro (-6,53%).

Si pasamos a analizar el voto recibido por cada partido, la pérdida de votos del PP en los distritos más conservadores y con mayor renta fue muy reducida, con menos del 3% en Chamartín, Chamberí, Salamanca, Retiro y Moncloa-Aravaca. Por el contrario, las pérdidas en distritos de menor renta fueron muy superiores: en Villa de Vallecas, Puente de Vallecas, Usera, Villaverde, Vicálvaro y Carabanchel.

Mientras tanto, las pérdidas del PSOE superaron el 15% en Chamartín, Retiro, Barajas, Salamanca, Chamberí, Moncloa-Aravaca y Centro, es decir sobre todo en distritos conservadores, con la única excepción de Centro, donde estas pérdidas beneficiaron a IU.

Una primera conclusión de este análisis rápido de geografía electoral urbana pone de relieve un evidente apuntalamiento de las posiciones hegemónicas en cada distrito: los votantes del PP sostuvieron al partido en sus feudos tradicionales, pero el PP recibió un cierto castigo en zonas urbanas con predominio tradicional de la izquierda. En este sentido, la repetición electoral reafirmó las posiciones de unos y otros, pero, y esto es fundamental, no evitó que muchos electores que en mayo optaron por la izquierda, no acudieran a la nueva cita electoral en octubre.

En el resto de municipios de la Comunidad se reprodujo esa tendencia, si bien con matices y siempre con algunos ejemplos de compleja explicación local. Como regla general, el descenso de la participación fue más fuerte que en la capital, sobre todo en los municipios de menor renta del sur y del corredor del Henares. Son muy significativos en Valdemoro (-11,42%), Pinto (-10,34%), Parla (-9,19%), Torrejón de Ardoz (-9,14%), Coslada (-8,38%), Móstoles (-7,61%), Fuenlabrada (-7,56%) y Alcalá de Henares (-7,20%). Al igual que vimos en la capital, los habitantes de municipios de más renta o de clase media se retrajeron menos ante las nuevas elecciones, como se ve en Pozuelo (-4,12%), Majadahonda (-4,95%), San Sebastián de los Reyes (-4,88%), Alcobendas (-5,13%) y más cerca de la media en Las Rozas (-6,60%).

En general, el PP perdió de media el 5,83% de los votos recibidos en el mes de mayo. Las pérdidas en la capital estuvieron por debajo de esta media (el 4,82% del total recibido en la primera elección) y estas pérdidas de menor importancia se aprecian también en municipios de clase media, como en Collado Villalba (el 1,51%), Rivas Vaciamadrid (el 3,19%), San Sebastián de los Reyes (el 4,88%) o Alcobendas (el 5,13%). Es más, el PP recibió más votos que en mayo en los municipios de renta más elevada, como en Pozuelo (el 3,86% más) Majadahonda (el 2,01% más) y Las Rozas (el 0,85% más).

Las mayores pérdidas del PP se encontraron nuevamente en zonas de menor renta y con estructuras sociales más favorables para el voto de izquierdas: en Valdemoro, Aranjuez, Parla, Fuenlabrada, Móstoles, Leganés y Alcalá de Henares.

El PSOE perdió de media el 11,60% de los votos que recibió en mayo. En la capital la pérdida fue mayor (13,94%), así como en los conocidos municipios del noroeste Las Rozas (el 21.74% de sus electores en mayo), Pozuelo (el 20,03%), Majadahonda (el 18,94%) y Collado Villalba (el 17,94%). Todos ellos con renta alta o medio-alta.

Por su parte, los resultados de IU en el mes de octubre ponen de relieve una cierta reordenación del voto de izquierda. En sentido estricto, IU apenas vio mermado sus votos de mayo. Es más, fue la única de las tres principales opciones que no perdió votos, sino que subió el 0,25% de los recibidos en mayo. En la ciudad de Madrid ganó el 4,95% de los votos obtenidos en la anterior elección, probablemente por votos procedentes del desplome de las candidaturas verdes y del PSOE. Las pérdidas fueron importantes en Coslada (el 16,06% de los votos de mayo), Leganés (el 15,07%) o Alcalá de Henares (12,10%), núcleos de raigambre industrial; pero sin embargo, mejoró en municipios más conservadores y con mayor caída del PSOE, como en Majadahonda (el 25,57% de los votos de mayo), Pozuelo (el 22,15%), Las Rozas (el 16,94%), Collado Villalba (el 12,92%) o San Sebastián de los Reyes (el 5,77%)

La conclusión de estos datos es una evidente correlación entre abstención y voto de izquierda, así como entre participación y voto al partido conservador.

La celebración de elecciones para el mismo órgano con un intervalo de tiempo tan breve es, en realidad, excepcional. Pero durante 2015 encontramos dos casos cercanos, en concreto en Turquía y Grecia. En ambos casos, la opción política que obtuvo más votos en la primera de las elecciones salió reforzada tras la repetición electoral e incluso, en el caso de Turquía, alcanzó la mayoría absoluta. Sin embargo, la evolución de la participación fue muy diferente en cada caso. Un ejemplo más de las pocas garantías que ofrece la repetición electoral y de la importancia de otros atractivos que los electores pueden tener para elegir sus papeletas.

En Turquía se incrementó la participación, entre junio y noviembre, que pasó del 83,9% al 85,2%, casi un millón de nuevos votantes. El Partido de la Justica y el Desarrollo (AKP) obtuvo 4.800.000 votos más en las elecciones de noviembre, un 25% más de lo obtenido en junio del mismo año. Todos los demás partidos perdieron apoyos: la oposición laica del Partido Republicano del Pueblo (CHP) perdió el 5,1%, el prokurdo Partido Democrático del Pueblo (HDP) el 15% y el nacionalista Partido del Movimiento Nacionalista (MHP) el 24%. Pero, sobre todo, perdieron el resto de partidos, en concreto el 45% de los votos que habían obtenido en el mes de junio. Por todo ello, puede aventurarse que los electores antepusieron finalmente la estabilidad y el voto útil, si bien en esta opción pudo tener su peso especial el vecino conflicto de Siria y los problemas referentes a la integración de la población kurda, reactivados estos meses.

En Grecia, sin embargo, la repetición en septiembre de 2015 de las elecciones parlamentarias, que habían tenido lugar en el mes de enero, supuso una caída de la participación de siete puntos, del 63,9% a un escaso 56.6% ocho meses después. Es decir, que unos 760.000 electores, el 12% de los votantes de enero, no acudieron a las urnas en septiembre. Las pérdidas de votantes se distribuyeron con relativa equidad entre casi todos los partidos, con la excepción del PSAOK socialdemócrata, que incrementó sus votos en un 18%. De entre los otros partidos más importantes, Syriza perdió el 14%, el conservador Nueva Democracia el 11% y el xenófobo Amanecer Dorado el 2%.

Estos tres casos nos indican, a modo de conclusión, que estamos ante un escenario nuevo y sujeto a heterogéneas circunstancias. La respuesta de los electores puede ser diferente y está lejos de poderse encuadrar en reglas predeterminadas. El antecedente de Madrid alerta seriamente sobre los efectos de una abstención más acusada en distritos y municipios con voto mayoritario de izquierda y en la importancia del voto útil, que lamina a los grupos minoritarios, pero tampoco podemos olvidar otros componentes que pueden hacer acto de presencia en el momento en que los electores deciden su voto, como pueden ser la búsqueda de estabilidad parlamentaria o incluso el castigo a alguna fuerza política que ahora sea vista como más inactiva y menos interesada en el proceso de negociación.

(*) José María Pérez Medina es politólogo e historiador

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En conclusión, que no sabemos lo que va a pasar el próximo 26-J. Elevada incertidumbre y la deuda publica también subiendo, superando ya el 100% del PIB.

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