Los medios de por medio

Por: | 11 de mayo de 2016

PALOMA ROMÁN MARUGÁN (*)

 

 

Soria

José Manuel Soria, el último ministro del PP en dimitir 

 

Tal y como señalamos en otro momento, tomar el hábito de la dimisión, exige, como mínimo, un poco de teoría sobre la misma para poder explicarse y practicarse. Allí también recogimos la idea de que la dimisión está ligada a un ejercicio de responsabilidad política, a no confundir por favor, con la responsabilidad penal; y que aflora entre otras situaciones de quiebra de confianza para con la ciudadanía, como ocurre con los fenómenos de corrupción.

La ciudadanía se informa políticamente a través de los medios de comunicación. No vamos a entrar en la discusión ahora, de si nos informamos para tener una opinión sobre los asuntos, o digerimos como podemos lo que los medios de comunicación nos ofrecen como opinión pública cocinada. Está claro que miremos como miremos la cuestión, los medios están en mitad del escenario.

Evidentemente la corrupción, y sobre todo su descubrimiento, se asoman a las páginas de los periódicos, a los boletines informativos de radio y televisión, así como a los medios digitales a gran velocidad, causando estupor, y ya bastante cansancio. Esto no significa en absoluto que no vamos a leer más noticias de esa índole, sino que estamos hartos de encontrarlas tan a menudo.

La publicidad que nos brindan los medios de comunicación por este motivo, puede ser dolorosa, pero necesaria. Ocurre a veces que es el único control que existe, cuando fallan los demás. Siguiendo su ritmo, y dependiendo de cuál sea la evolución de cada caso, siempre acarrean como mínimo una reprobación social, e incluso son clave para la apertura de procesos judiciales, cuyos ejemplos tenemos todos en la cabeza.

Pero estas circunstancias no nos pueden hacer olvidar otras, con las que también nos topamos en torno a estos asuntos. Y es la especial relación de la clase política y los medios, más intensa por ejemplo, que la de los medios con la ciudadanía, y desde luego enormemente más que la de la clase política y la ciudadanía en los tiempos que corren.

Los medios de comunicación son unos de los principales actores políticos, y pensar en ellos solo como un puente entre los políticos y los demás, es quedarse muy corto. Los medios son grupos de presión de influencia en el sistema, lo saben y la ejercen. Como grupos de presión tienen una doble naturaleza que les hace especiales. Por un lado, son colectivos que defienden unos intereses ideológicos, pero por otro, son empresas con legítimo ánimo de lucro, por lo que sus estrategias son anfibológicas por definición.

La clase política también precisa de los medios para hacerse llegar a los ciudadanos. Hoy en día, aquellos son el canal básico para mandar información, consignas, posturas o silencios, mucho más que los cauces de las propios partidos, tanto la prensa partidaria (¡donde andará!), como las páginas web de los unos y de los otros.

Por tanto, unos porque tienen que vender para ganar y otros porque tienen que estar al frente de la actualidad por su labor política, las relaciones entre medios y clase política está asegurada, y definida tanto en clave de conflicto como de cooperación. Esa dicotomía es variable, teniendo en cuenta tanto la variedad de unos y de otros, como la labilidad de las situaciones a las que cada cual se enfrenta; por todo ello, resulta merecedora de análisis por la calidad explicativa que nos proporciona.

Son dignas de mención las interpretaciones que hacen los expertos a estas correlaciones. No hay nada más que ver como se cuenta (o se susurra, o se silencia) una noticia sobre corrupción en cada medio, para darse cuenta de que se tratará de una misma realidad, pero no del mismo relato. Hay que hablar de la reconstrucción de un mismo suceso dependiendo de cómo y porqué. Realidades negociadas y spindoctoring entre las bambalinas que los ciudadanos de a pie no vemos.

Como cada cual se acerca al medio de comunicación que le proporciona una mayor fiabilidad, o a aquel que le irrita menos (dentro de una gama mucho más amplia de posibilidades…), resulta lógico que haya tanta varianza a la hora de valorar, dictaminar, olvidar o perdonar un caso de corrupción.

Solo que últimamente, también hay que anotar un aspecto positivo (haciendo de la necesidad, virtud); al destaparse tantos casos de corrupción aunque muy pocas dimisiones -todo hay que decirlo-, hay un clamor más nítido en contra de la corrupción en la vida política, clave en el desarrollo de uno de los lemas de futuro que comparten más de un partido, la regeneración de la vida política, y que puede llegar a ser uno de los cimientos de un nuevo pacto político a favor de la democracia española.

Recapitulando, en lo que se refiere a dimisiones, fruto del descubrimiento de conductas inapropiadas para el desempeño político –no quiero dejar en saco roto con lo que empecé diciendo a cuenta de la confusión entre la retirada de confianza en la incompetencia propia o ajena y la comisión de un delito-, queda patente el buen hacer de los medios; no conozco ningún caso (quizá lo haya) de dimisión de un político que se haya producido sin el hallazgo y la revelación del “inconveniente” por parte de los medios de comunicación. La petición de silencio que hemos oído en alguna cinta de audio es para favorecer la opacidad: ojos que no ven, corazón que no siente.

En definitiva, hay que combatir todas las resistencias que convierten un proceso de asunción de responsabilidad política, y que puede ocurrir en las mejores familias, con esa suerte de laberinto del Minotauro en que se convierten, por falta de conocimiento de unos, de interés de otros, y donde acaba resintiéndose el bien público, se incrementa la desafección de la ciudadanía y se profundiza en la deslegitimación de un marco de convivencia donde podríamos estar todos a gusto razonablemente.

(*) Paloma Román Marugán es Doctora en Ciencias Políticas

Hay 1 Comentarios


Tema muy interesante.

El periodismo comenzó siendo un instrumento de control político y denuncia al servicio de los ciudadanos, pero hoy es, principalmente, un instrumento de propaganda al servicio de poderes económicos con intereses políticos.

Libertad de prensa no es sinónimo de prensa libre. En mi modesta opinión, hace falta otro modelo de periodismo, financiado de alguna forma con recursos públicos y únicamente al servicio de los ciudadanos.


El tema de la responsabilidad política es complejo. En mi opinión, un cargo público debe asumir responsabilidad política únicamente cuando aquello que se le atribuye como algo negativo está asociado a su gestión, está relacionado con su actividad política. En el resto de los casos es la justicia, los jueces, y el electorado los que deben de decidir. En caso contrario, si consideramos que se pueden exigir responsabilidades políticas por todo, ¿En función a que se establece que una persona es digna o indigna para ocupar un cargo público? ¿Quién lo decide? La prensa, ¿Con que criterios? Sus intereses políticos.


En las organizaciones, de todo tipo, suele existir una fuerte tendencia a que sus nuevos miembros tengan un perfil muy parecido a los que ya están dentro. Tendencia a que los nuevos miembros se asemejen a los antiguos en valores, ideas, aficiones, comportamientos, etc. Tendencia, que por otro lado suele siempre marcar la cúpula de la organización. Hasta tal punto, que si una organización tiene una cúpula corrupta, lo más probable es que los nuevos miembros sean personas si no corruptas, si muy tolerantes con comportamientos corruptos. Es muy difícil que organizaciones con representativos miembros corruptos se puedan regenerar a sí mismas. La regeneración de la vida política nunca llegara como consecuencia de decisiones adoptadas por las organizaciones políticas, sino que es necesaria una oportuna, rápida y efectiva actuación judicial y policial. Los partidos lo único que pueden hacer es favorecer dicha actuación con adecuadas leyes y permitirla logrando un consenso a favor de liberar a jueces y policías de la influencia política que ejercen sobre ellos, influencia muy elevada en España.

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