El PJD vence en Marruecos: ¿ahora qué?

Por: | 14 de octubre de 2016

Thierry Desrues (*)

 

MarruEl líder de los islamistas del PJD, Abdelilá Benkirán, se dirige a la prensa tras los primeros resultados preliminares

El islamista Partido Justicia y Desarrollo (PJD) es el indiscutible vencedor de las elecciones legislativas celebradas el pasado 7 de octubre en las que se impuso con 125 escaños (mejorando los 102 obtenidos en 2011). No obstante, requerirá apoyos para conformar el gobierno ya que se queda lejos de la mayoría absoluta en el Parlamento que tiene 395 diputados. El oficialista Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), con 102 representantes (duplicando los 47 que obtuvo en 2011), se postula como única alternativa a los islamistas, visto el pronunciado descenso de las fuerzas políticas tradicionales (el Istiqlal ha pasado de 60 a 46 escaños y, peor aún, la Unión Socialista de Fuerzas Populares de 39 a 20 escaños).

De acuerdo con el artículo 47 de la Constitución (reformada en 2011 bajo la presión de las movilizaciones populares de la “Primavera Árabe”), el rey Mohamed VI ha encargado a Abdelilah Benkirán, como líder del partido más votado, la formación del nuevo gobierno. Este desenlace era previsible, aunque durante la campaña electoral circularon rumores en torno a que el Ministerio del Interior podría favorecer la victoria de su principal adversario: el monárquico PAM, lo que demuestra que la desconfianza sigue aún vigente entre los actores políticos marroquíes. Este sentimiento de desconfianza es un rasgo propio de regímenes políticos híbridos, como el de Marruecos, en los que, a pesar de la consolidación institucional de los dispositivos electorales y representativos, existe una autoridad estatal (en este caso, la Corona) que ejerce amplios poderes ejecutivos y participa activamente en el juego político.

De acuerdo con esa estrategia de intervención en el sistema de partidos, y ante el riesgo de hegemonía del PJD, la Monarquía impulsó ya en 2009 la creación del PAM, con el propósito de que este partido se convirtiera en el rival de aquel y candidato alternativo a liderar el gobierno. Las movilizaciones del Movimiento del 20 de Febrero en 2011 supusieron un alto en el camino en dicha estrategia al permitir la victoria del PJD y frenar el ascenso del PAM. Es cierto que fomentando este bipartidismo alrededor del PJD y el PAM, la Monarquía asumía un riesgo, ya que rompía el equilibrio inestable que el multipartidismo confería a las mayorías gubernamentales y que durante un largo periodo de tiempo le había permitido al Rey actuar como árbitro sin que sus decisiones fueran cuestionadas por la clase política.

   

Los límites del proceso electoral: una oferta política sesgada y una participación muy relativa

Estos dispositivos electorales presentan, sin embargo, ciertos límites, como lo evidencia la débil tasa de participación (43%), una elevada abstención que, no obstante, es considerada aceptable por las autoridades para así legitimar el escrutinio ante los observadores internacionales y los aliados del país (Unión Europea y Estados Unidos).

Ahora bien, si en lugar de coger como referencia el número de personas inscritas realmente en los censos electorales (15 millones), consideramos el número de ciudadanos mayores de 18 años con derecho a inscribirse en las listas electorales (alrededor de 23 millones), resulta entonces que un poco más de dos tercios de los ciudadanos marroquíes se han quedado en sus casas. De ahí, el hecho de que el primer partido, el PJD, ni siquiera haya alcanzado los 2 millones de votos. Esto demuestra que la existencia de una amplia oferta partidista no acaba de seducir a los electores.

Dicha oferta puede reagruparse alrededor de unas pocas categorías: 1) los partidos con una amplia base de militantes (PJD, Istiqlal, USFP y FGD); 2) los partidos de cuadros o “notables” (PAM, RNI, UC y MP) y 3) los pequeños partidos de familias (MDS, PEDD, etc.). Si consideramos la ideología de los partidos que la han hecho explícita en su discurso y programa político, resulta que la oferta ideológica se reparte en cuatro tipos: 1) un conservadurismo-islámico-democrático (encarnado en el PJD); 2) un seguidismo monárquico modernizador y tecnocrático (encarnado en el PAM, el RNI, la UC y el MP); 3) un nacionalismo populista (representado por el histórico Istiqlal); y 4) una izquierda social-demócrata (en torno a la USFP, el PPS y el FGD, y que oscila entre un discurso social-liberal, un discurso obrerista y una discurso anti-globalización o alter-mundialista). Dentro de estas categorías y tendencias, pocas son las que reclaman abiertamente el establecimiento de un verdadero régimen de monarquía parlamentaria, similar al de las monarquías europeas, y, en cambio, son muchos los que se acomodan al rol intervencionista que asume el Rey en Marruecos.

El éxito del PJD: un partido de militantes con una estrategia coherente

Independientemente de los límites mencionados más arriba, la progresión del PJD en estas elecciones confirma el arraigo de los islamistas en el conjunto del país. El número de sus militantes se ha incrementado notablemente (de 16.000 en 2011 a 23.000 en 2012) y durante el congreso extraordinario del partido en mayo de 2016 éstos mostraron una disciplina y una capacidad de movilización que después se evidenció durante la campaña electoral. En las elecciones locales de 2015, triplicaron sus resultados de 2009. Estos datos respaldan el acierto de su estrategia de participación en el marco de las instituciones a pesar de las concesiones (auto-limitación del número de candidaturas a un determinado número de circunscripciones electorales) que ha tenido que hacer a demanda de Palacio desde su creación en 1996.

El PJD se presenta como un partido con referencial islámico o, en otras palabras, un partido islamista moderado, entendida la moderación (wasat) como la aceptación de concesiones y el gradualismo electoral. No obstante, durante su paso por el gobierno, el PJD no ha sido capaz de llevar a cabo su programa y se ha mostrado en términos generales continuista, bien por convicción o bien por necesidad o imposición desde Palacio. Sin embargo, el acatamiento de decisiones tomadas tanto dentro, como fuera del gobierno sin que diera su visto bueno o en contra de sus convicciones, no le ha impedido comunicar sus discrepancias e impotencia ante la opinión pública.

Escenarios posibles de futuras coaliciones gubernamentales

El PJD tiene que buscar los 73 escaños que le faltan para formar una mayoría parlamentaria entre las 11 formaciones que componen la Cámara de Representantes. Los escenarios y coaliciones que proponemos a continuación descansan, primero, en la aritmética, que manda a la hora de alcanzar los 198 escaños requeridos, y luego, en una serie de hipótesis que aluden a las estrategias de supervivencia de los dirigentes de los partidos políticos, vista su trayectoria, al mayor o menor descalabro de los resultados obtenidos, y a su sensibilidad ante las consignas o supuestos deseos de Palacio, ya que, en efecto, la formación del gobierno seguirá siendo una transacción entre el Jefe del Gobierno y el Rey.

Hay cuatro escenarios que nos parecen más probables.

 Primer escenario: Abdelilah Benkirán privilegia la participación de los partidos que formaron su último gobierno (2013-2016): RNI, MP y PPS. Prefiere descartar al impredecible Istiqlal y apostar por un RNI debilitado. Ello le permite apostar por el agravamiento de la crisis interna del primero, y por dar satisfacción a Palacio con la presencia de los ministros procedentes del segundo. No obstante, dispondría de una mayoría muy corta (201/198).

Segundo escenario: el PJD reconduce la coalición formada cuando Benkirán llegó al gobierno en 2011. Con el MP, el Istiqlal y el PPS, el PJD dispondría de una mayoría cómoda (210/198). Este escenario tomaría cuerpo debido a la ambición de Hamid Chabat de ser ministro y a la necesidad que tiene de contentar a su oposición interna con la distribución de varios ministerios.

Tercer escenario: el PJD se decide por resucitar el Bloque Democrático (Kutla al-dimuqratiya) formado por el Istiqlal, el PPS y la USFP. Este bloque se formaría en nombre de la democracia y en contra del “Estado profundo”. Proporcionaría una fuerte carga simbólica a la experiencia gubernamental, pero con un total de 203 escaños otorgaría sólo una mayoría corta de cinco escaños. La dificultad radica en convencer a la USFP, un partido a la deriva, que optó por quedarse en la oposición en 2011 y cuyos militantes son generalmente anti-PJD. No obstante, su cúpula es escasamente predecible y podría decantarse por esta opción para obtener varias carteras a sabiendas de que esta decisión pueda provocar una nueva escisión.

Cuarto escenario: el PJD opta por una síntesis del segundo y tercer escenario. Con la incorporación de los antiguos partidos del Bloque Democrático que condujeron el gobierno de la alternancia de 1998 a 2002, y la suma del MP, se aseguraría una coalición que dispondría de una mayoría cómoda de 230 escaños. Queda por ver cómo el PJD evaluará el riesgo de dejar el monopolio de la oposición al PAM.

 

(*) Thierry Desrues es Investigador del CSIC y colaborador de Opex de Fundación Alternativas

 

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