La Teoría Monetaria Moderna en la gestión municipal

Por: | 26 de octubre de 2016

ÁNGEL CARRASCO y STUART MEDINA (*)

 

Paro

Un demandante del empleo en una oficina del SEPE.

 

En la mayoría de los ayuntamientos de todo el Estado español surgen cada cierto tiempo los mismos problemas que ponen sus gestores ante decisiones sumamente difíciles. Son los planes de empleo en las diferentes comunidades autónomas la base sobre la que la población más desfavorecida accede a un puesto de trabajo durante seis meses. Frente a esta situación los alcaldes se ven en la coyuntura de decidir qué personas van a conseguir un trabajo por encima de otras. En casi todos los casos estas personas ya han acabado cualquier tipo de prestación y se encuentran al borde de la exclusión social. Por si fuera poco todas ellas saben que es imposible que puedan ser contratadas al finalizar el contrato y su salario no supera los 700 euros.

Los alcaldes reciben a estos trabajadores con la esperanza de poder realizar las tareas sobre las que normalmente están más apurados, pero lo que observamos es que a muchos trabajadores simplemente se les da una escoba y pocos medios más. Además, vemos situaciones en las que algunos ayuntamientos ven incrementada su plantilla sustancialmente y los trabajadores del ayuntamiento son incapaces de gestionar a toda esta cantidad de trabajadores, generando tensiones innecesarias entre el funcionariado y los trabajadores del plan de empleo.

Estos planes de empleo, además no están exentos de sufrir lo que comúnmente denominamos 'dedazos', y algunas veces no se cumplen los criterios mínimos establecidos para minorías como los discapacitados o las mujeres que han sufrido violencia de género. Podríamos decir en conclusión que estos planes de empleo sirven para repartir miseria entre los sectores más desfavorecidos, para acallar por un tiempo la agitación, los problemas sociales, para poner parches sobre las tareas de los ayuntamientos ahogados por la regla de gasto, la falta de funcionariado y, sobre todo, para que alcaldes y presidentes de comunidad puedan colgarse medallas sobre la cantidad de trabajo -precario y temporal- que han creado.

Los planes de empleo son ineficientes debido a la incapacidad de los políticos y economistas pertenecientes al paradigma vigente de reconocer el problema de fondo: el abandono del objetivo de pleno empleo a partir de los años 70 del siglo pasado. Desde entonces el paradigma neoliberal vigente asigna al sector privado la responsabilidad de crear empleo bajo la premisa de que las administraciones públicas deben limitarse a crear condiciones favorables al empleo y mejorar la empleabilidad de los trabajadores con programas de formación. Los actuales programas fracasan porque se basan en un planteamiento de incorporación provisional, dentro de las peores tradiciones de la improvisación y creación de empleo precario de las administraciones públicas españolas.

El planteamiento tradicionalmente empleado consiste en esperar a que se recupere la economía con la esperanza de que se reactivará la contratación de trabajadores. Sin embargo, hay cohortes de desempleados que nunca llegarán a beneficiarse de la recuperación económica porque simplemente el sector privado los considera 'inempleables'. Nos referimos a personas en riesgo de exclusión social con bajo nivel de estudios, jóvenes sin experiencia previa, personas mayores que no han alcanzado la edad de jubilación, minorías, etc. El estímulo presupuestario que tendría que acometer el Estado para asegurar el empleo de las personas consideradas menos productivas sería de tal calibre que su impacto podría ser incluso inflacionista.

El trabajo es un derecho humano de primer orden recogido en el artículo 35 la Constitución Española. Sin embargo este derecho se vulnera sistemáticamente desde un estado que ha hecho dejación de sus funciones. El trabajo es fundamental porque asegura un acceso al reparto de las rentas, es el principal vehículo de socialización e integración en la sociedad, refuerza la autoestima y sentimiento de realización del individuo y es el mejor instrumento para luchar contra la exclusión y la pobreza. Los costes del desempleo para la persona, sus familias, sus comunidades y la sociedad son inmensos e incluyen problemas de salud física y mental, mayores tasas de criminalidad, maltrato y abuso en el entorno familiar y ruina de los proyectos individuales.

Para una sociedad envejecida como la española que se enfrenta a una crisis demográfica causada por el envejecimiento dejar a una generación de jóvenes sin empleo no es solo un acto de extrema crueldad sino que además es un suicidio porque impide la formación de nuevos hogares y socava la natalidad. Una sociedad que tolera elevadas tasas de desempleo en su seno simplemente no merece ser tenida entre las naciones civilizadas. Estamos pues hablando de atender una situación de urgencia.

La Teoría Monetaria Moderna, una doctrina económica que reconoce la capacidad que tiene el estado dotado de soberanía monetaria para movilizar todos los recursos ociosos de la economía lleva años proponiendo una alternativa superior a los planes de empleo. El plan de empleo de transición propone ofrecer un empleo de duración indeterminada, sin condicionalidad, dentro del régimen general de la Seguridad Social, con un salario digno a toda aquélla persona apta para el empleo. El puesto de trabajo debe estar dotado de contenido e ir vinculado a un programa o proyecto definido desde las administraciones públicas o incluso ONGs y entidades sin ánimo de lucro.

Existen numerosas necesidades desatendidas en nuestra sociedad y por tanto los programas podrían incluir el desarrollo de actividades culturales, proyecto de rehabilitación medioambiental, reforzamiento del cuarto pilar del estado de bienestar o soporte a los sistemas públicos de salud. Los programas del New Deal bajo el mandato de Roosevelt, que llegaron a emplear a más de 13 millones de personas y dejaron un legado de obras públicas que ayudaron a transformar y modernizar los EEUU, son un buen ejemplo de los beneficios y la potencia de un programa de este tipo. Un programa de empleo de transición acabaría con el uso del empleo como variable de ajuste en los ciclos a la baja y a la vez asegura la estabilidad de precios al evitar las tensiones inflacionistas asociadas a las tradicionales políticas keynesianas de estímulos fiscales empleadas hasta los años 70.

Supongamos por un momento que el equilibrio de fuerzas cambia en favor de los defensores de la Teoría Monetaria Moderna y a partir de mañana el programa de Trabajo de Transición fuera implantado en la totalidad de los ayuntamientos del estado español. Obviando la parte que le corresponde al Estado de contratación para educación y sanidad pública y centrándonos en lo municipal es importante ver algunas de las diferencias con los actuales planes de empleo que los diferentes gobiernos del bipartidismo han realizado durante estos años.

Para empezar los ayuntamientos serían, a ser posible mediante procesos participativos entre los vecinos, los que decidirían los proyectos que se desarrollarían en cada municipio. Así podríamos ver ejemplos de proyectos como: limpieza de zonas boscosas para evitar incendios en verano, plantación de arbolado y zonas verdes, apoyo a la ayuda a domicilio para personas mayores, acompañamiento a niños y personas discapacitadas, servicios de guarderías, apoyo al turismo, actividades culturales, etc.. Es decir, serían los vecinos directamente los que verían las necesidades de su municipio y mediante trabajadores directamente sacados de las listas del paro se irían cubriendo progresivamente estas necesidades.

La seguridad de que estos proyectos tendrían continuidad en el tiempo haría que los problemas entre el funcionariado y los empleados del Trabajo De Transición disminuyeran, siendo incluso necesaria la contratación de más funcionariado municipal para gestionar al nuevo personal. Todos los parados tendrían la seguridad de poder trabajar en un futuro cercano lo que ayudaría a motivar el personal participante en los programas de Empleo de Transición. La naturaleza universal e incondicionada de la prestación acabaría con los enchufismos y las discriminaciones.

Por parte de los trabajadores las mejoras son claramente visibles, ya que cumpliendo con el trabajo jamás serán despedidos, con lo cual la perspectiva de futuro cambia totalmente. Además, el salario sería algo mayor, no inferior a 800€. Por tanto, es importante resaltar que los problemas de exclusión social y las enfermedades que provienen de la falta de perspectiva y futuro por no tener las condiciones mínimas de vida garantizadas acabarían. Adicionalmente estas personas tendrían mayor facilidad para encontrar un empleo en el sector privado ya que están demostrando día a día con su trabajo su capacitación, mejorando con ello las condiciones de vida de una gran parte de la población que precisamente es la que más está sufriendo durante todos estos años. Asimismo, el empleo de transición ayuda a convertir a las personas participantes en empleables por el sector privado al darles un curriculum vitae y una formación en el puesto de trabajo de forma que se genera un pool de trabajadores productivos que está a su disposición cuando la economía se recupera.

Franklin Delano Roosevelt dijo que «Ningún país, sin importar su riqueza, puede permitirse el derroche de sus recursos humanos. La desmoralización causada por el desempleo masivo es nuestra mayor extravagancia. Moralmente es la mayor amenaza a nuestro orden social.»

 

(*) Ángel Carrasco Fernández es concejal de Ganemos Torrijos y Stuart Medina Miltimore es economista. Ambos son miembros de la Asociación por el Pleno Empleo y la Estabilidad de Precios

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