VICENTE PALACIO (*)
Fidel Castro, recientemente fallecido.
España perdió Cuba dos veces; en 1898, cuando fue derrotada de manera humillante por EEUU y desalojada de la isla, y otra vez casi cien años después en 1996, cuando el gobierno de Aznar promovió la 'Posición Común' de la UE -en cierto modo, otra derrota frente a EEUU- y pasamos a encabezar la lista negra del régimen cubano: una puñalada trapera de la metrópoli que nos hizo perder lo más valioso en política: la confianza. ¿Superaremos nuestro propio récord a la muerte de Fidel Castro y perdemos la isla tres veces?
Esperemos que esta vez el gobierno español no perderá el juicio como algunos parecen estar amagando -Trump, Mike Pence, los duros de Miami- y mantendrá el rumbo firme y personalidad política propia. Todo apunta a ello: las reacciones oficiales a la desaparición (definitiva) de Fidel -manteniendo el debido respeto a su figura y tendiendo la mano al pueblo cubano- han sido correctas. Todo en la secuencia lógica del hecho biológico para el que se venía preparando el régimen cubano desde 2008, cuando Raúl toma las riendas. Y así, en la medida de lo posible, en lo biológico debe quedarse, y no invadir la agenda política y económica que está sobre la mesa. En los años recientes, los gobiernos del PSOE y del PP a menudo purgaron el error de la 'Posición Común', y los ministros Moratinos y Margallo sufrieron a menudo las consecuencias derivadas de la desconfianza. Felizmente, el entorno mejoró, y también los movimientos de unos y otros. De un lado, Obama normalizando las relaciones diplomáticas y comprometiéndose a avanzar hacia el fin del embargo; de otro lado, la alta representante Mogherini y los europeos lanzándose a la carrera hacia La Habana para tomar posiciones.
Pero al olor de la sangre, unos cuantos buitres locos mediáticos, en España y en EEUU, se han lanzado ya a exigir aquí y ahora libertades y democracia al régimen cubano -como si el resto no quisiéramos que se produjeran cambios-, amenazando con volar todos los puentes y tirar por la borda lo que ha de ser un proceso de apertura gradual y constante, apoyado en avances económicos y sociales. Parecen ignorar la gran lección de casi 50 años de embargo y 11 presidentes de EEUU dejados por el camino: que la injerencia agresiva es mala para todos, que sólo lleva a movimientos reactivos por ambas partes, y que llena de minas ideológicas lo que debería plantearse como una agenda de desarrollo integral.
Por supuesto, el debate histórico e ideológico seguirá, porque Fidel, un personaje inmenso, encarnó todas las contradicciones, algunos éxitos y muchos de los fracasos de la política del siglo XX: la dificultad de conciliar geopolítica y razón, poder y justicia; igualdad y riqueza; incluso compartió muchas de las grandezas y miserias con los líderes mundiales de un bloque y otro bloque. De todo ello fue culpable y héroe. Pero seamos pragmáticos: hagamos un debate político, no histórico o académico, y concentrémonos para avanzar en lo más positivo del legado de Fidel -una apuesta por la dignidad de tus propios ciudadanos, por la educación, la infancia, la sanidad, por la justicia social-. Los españoles tenemos una posición aventajada para ello y una herramienta europea: un acuerdo en ciernes de Diálogo Político y Cooperación. No lo desaprovechemos.
Morbo tertuliano
En España, más allá de la cháchara y el morbo tertuliano al que se presta este asunto -goloso como caña de azúcar y ron-, los dirigentes políticos de todos los partidos deberían tener claro que tenemos una relación especial con Cuba y que por ello tenemos que estar al lado de una mayoría de cubanos que quieren hacer su futuro ellos mismos: con ayudas sí, pero no con interferencias y presiones. Ese y no otro es el ritmo del caribe, y parece que todo el mundo ya sabe bailar ese son, en Washington, en Bruselas y en Madrid. Si los norteamericanos se volvieran locos, y quisieran hacer de aprendices de brujo de nuevas democracias, y aplastar el proceso en marcha con La Habana, allá ellos: los cubanos tienen más opciones, y entonces España y Europa tendrán su gran oportunidad para ganar la carrera a La Habana.
No podemos perder Cuba una tercera vez. No hagamos otra vez de este asunto política interna (o sea, partidista): ni desde la derecha ultramontana, ni desde un izquierdismo tan acrítico como estúpido e inservible. En este como en otros asuntos de nuestra política exterior -en Latinoamérica, con países en momentos cruciales como Brasil, Argentina, México o Colombia; y más allá con Rusia, Oriente Medio, China y África; la seguridad o el cambio climático- España tiene en sus manos una gran responsabilidad que exige liderazgo y visión, y no puede ausentarse para que otros le hagan su política. Ojalá que así sea.
(*) Vicente Palacio es director del Observatorio de Política Exterior de la Fundación Alternativas
Nicolás Sartorius. Vicepresidente Ejecutivo de la Fundación Alternativas (FA), abogado y periodista, ha sido diputado al Congreso.
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Vicente Palacio. Director del Observatorio de Política Exterior de la Fundación Alternativas, Doctor en Filosofía, Visiting Fellow y Visiting Researcher en Harvard.
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Alfons Martinell. Director de la Cátedra Unesco en la Universidad de Girona y profesor titular en esa misma institución. Codirige el Laboratorio Iberoamericano de Investigación e Innovación en Cultura y Desarrollo.
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