CARLOS CARNERO (*)
Emmanuel Macron, vencedor de la primera vuelta en las elecciones francesas.
Los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas no representan un cambio total respecto a los de 2002. Macron ha obtenido más o menos los que entonces ofrecía la suma de socialistas y centristas; Le Pen hija ha superado por poco la agregación de los de su padre y los del escindido Bruno Mégret; Fillon casi ha clavado los de Chirac (19’84 y 19’88, respectivamente); y Mélenchon ha alcanzado los que, agregados, tuvieron todos los candidatos a la izquierda del PS. Así que casi todas las aguas han discurrido por cauces más o menos parecidos.
Sin embargo, hay relevantes diferencias cualitativas. Por ejemplo, Jospin era el candidato único del PS, cuando ahora los socialistas han concurrido con dos: uno oficioso, Macron –que se ha beneficiado del apoyo de Hollande, Vals y numerosos alcaldes y diputados del PS, por un lado, y de los centristas de Bayrou, por otro- y otro oficial, Hamon (con ese 6 % de votos que podría haber llevado al vencedor del primer asalto al 30 %).
Pero la gran diferencia cualitativa entre unas elecciones y otras estará sin duda en la segunda vuelta. En 2002, Chirac obtuvo el 82’21 % de los votos, un 350 % más que en la primera. Le Pen padre aumentó sus sufragios hasta el 17’8 %, solo un 15 % más. Es decir, con mayor o menor gana, los demócratas no tuvieron duda alguna en votar al candidato de la derecha (que incluso se negó a debatir en televisión con el ultraderechista) en medio de una gran movilización para frenar al líder del Frente Nacional.
¿Qué pasará ahora? Los sondeos auguran que Macron no tendrá problemas para imponerse a Marine Le Pen, pero sin tanta claridad. ¿Por qué? He aquí donde está la clave: Mélenchon, que ha sido el único candidato que no se ha pronunciado en la noche electoral a favor de Macron, dejando que sus bases decidan digitalmente.
Puede que el antiguo eurodiputado, senador y ministro socialista esté pensando en las elecciones legislativas de junio, temiendo quemar las opciones de sus candidatos si pasa del discurso “todos son iguales” a asumir el llamado compromiso republicano. Seguramente, considera que entre todos los demás llevarán a Macron al Elíseo, sin necesidad de mancharse. Y que incluso sin pedírselo, una parte de sus militantes actuarán con coherencia: ahí está el mensaje del secretario del Partido Comunista para demostrar que se puede apoyar el candidato de centroizquierda sin perder la cara en el camino.
Tablero electoral
Juega con fuego, porque de producirse una conjunción de factores negativos todo podría torcerse para la democracia, es decir, para Francia y para Europa: si, por ejemplo, una parte de sus electores prefieren optar en el secreto del voto por la teoría del derrumbe o votar con los pies absteniéndose; si otra parte de los electores de Fillon no le siguen; si una tercera parte de los electores progresistas creen que todo está asegurado y se abstienen; si ocurre algo inesperado y nunca deseable que ponga patas arriba el tablero electoral de la segunda vuelta.
Sumen y vean que, con todo ello, algo desagradable podría pasar el 7 de mayo. Supongo que, finalmente, las bases le dirán a Mélenchon que Macron es casi lo mismo que Le Pen pero que, en fin, habrá que apoyarle. Y Mélenchon les pedirá que, en ese caso, le voten.
Puede que las cosas no vayan como deberían ir en la Unión Europea y en cada uno de sus estados miembros. Pero la única manera de mejorarlas es seguir el camino de la democracia y los valores que nos unen y nos protegen, dentro y fuera de nuestras fronteras. La historia está cargada de malos momentos en los que no se hizo piña frente al peligro. Y Le Pen todavía lo es hasta que Macron haya ganado en la segunda vuelta.
Por cierto, luego vendrán las legislativas, donde también habrá que impedir que Le Pen tenga presencia parlamentaria. El centro-izquierda y el centro-derecha están obligados a converger en cada uno de sus campos de cara a la primera vuelta, manteniendo para la segunda el voto al demócrata mejor situado.
Lo mismo que para el conjunto de la UE, Macron es una buena noticia para España. Si gana, los peligros coyunturales habrán sido solventados con suficiencia, porque en Alemania solo pueden ganar unos u otros demócratas y europeístas, sean la CDU de Merkel o el SPD de Schulz, o los dos juntos de nuevo. En ese panorama, Europa tiene la obligación de avanzar, completando su unión política, para no tener que vivir dentro de cuatro años la tremenda incertidumbre de estos meses.
(*) Carlos Carnero es director gerente de la Fundación Alternativas.
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