CARLOS CARNERO (*)
Quim Torra sale del Parlament tras ser investido president. / ALBERT GARCÍA
Si un hipotético desacuerdo final entre el Movimiento 5 Estrellas y la Liga Norte no lo impide, provocando unas nuevas elecciones generales, Italia tendrá un presidente del Consejo de Ministros sustentado en una mayoría y al frente de un Gobierno con componentes claramente antieuropeos, xenófobos e intolerantes. Será, sin duda, una malísima noticia para un país fundador de la Unión Europea y también lo será para esta: por mucho que los partidos coaligados hayan eliminado de su Contrato la salida del euro que figuraba en su primer borrador (y que debería acarrear el abandono de la UE porque, salvo excepción, la entrada en la moneda única es obligatoria como perspectiva y una vez materializada no podría tener marcha atrás), que Roma esté en tales manos no puede generar más que graves problemas y una profunda inestabilidad.
Al mismo tiempo, en España hemos pasado a tener el dudoso honor de sumarnos a la lista de países comunitarios que tienen en el poder a antieuropeos, xenófobos e intolerantes, de la que forman parte Hungría y Polonia (ambas a su manera, claro está). Sí, ciertamente Cataluña no es un estado independiente miembro de la Unión Europea, sino una comunidad autónoma de uno de los estados que la forman. Pero tampoco podemos engañarnos no queriendo ver la relevancia política de esa nacionalidad, su peso económico, su presupuesto y, sobre todo, las enormes competencias transferidas en virtud de la Constitución de 1978. Quim Torra y su pensamiento están en la misma onda de quienes militan en la Liga Norte y en otros muchos partidos nacionalistas y de derecha extrema europeos.
Los dos hechos son negativos para la UE pero, simultáneamente, obligan a España a salir de su actual pasividad en Bruselas, asumiendo un papel protagonista por la cuenta que le trae, si no es ya por una convicción europeísta que parece flaquear en quien encabeza al Gobierno y en buena parte de sus ministros más allá del plano declarativo.
Por un lado, si Italia, con un gobierno populista, empieza a comportarse como un estado gamberro en la UE, España tendría que estar en condiciones de asumir el liderazgo de los países del Sur comunitario en la defensa de los intereses compartidos que les unen y, en particular, de aquellas políticas y estrategias que permitan salir de la crisis fuera del círculo vicioso de la austeridad por la austeridad, y fortalecer la política de cohesión y la Asociación Euromediterránea, entre otras. Además, París y Berlín estarían obligados a mirar a Madrid como el aliado fundamental en el Sur de la Unión, toda vez que Roma haya roto la baraja, dando más peso a la posición de España en el proceso de decisiones europeo.
Por otro lado, España es clave como ejemplo europeo para hacer prevalecer la democracia y el marco constitucional frente al independentismo extremista. Hacerle fracasar en Cataluña con la ley y la política en la mano sería una excelente vacuna para quienes, en otros países de la Unión, se identifican con los propósitos de los separatistas en esa comunidad. En esa dirección, nuestro país habría de ser extraordinariamente activo en Europa explicando la defensa que las instituciones y la sociedad españolas están haciendo de nuestra soberanía y nuestras libertades ante los nacionalistas radicales. Y con igual determinación España debería estar a la cabeza de promover la unión política federal como el gran proyecto de futuro ante quienes desean volver a conceptos medievales de pueblos elegidos y levantar nuevas fronteras donde han ido desapareciendo para bien.
Los problemas también pueden transformarse en oportunidades. La previsible situación italiana y la conocida situación en Cataluña demandan de nuestro país pensar en ese sentido. Para lo que es imprescindible que España vuelva a ser clave en la UE con una política de estado proactiva, a favor de la profundización europea y acordada entre los grandes partidos constitucionales y europeístas. Sería bueno para España y para Europa.
(*) Carlos Carnero es director gerente de la Fundación Alternativas y ex eurodiputado
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Carlos Carnero. Director Gerente de FA, ha sido Embajador de España en Misión Especial para Proyectos en el Marco de la Integración Europea y eurodiputado.
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