NICOLÁS SARTORIUS (*)
Trump y Putin durante su reciente reunión en Helsinki. / KEVIN LAMARQUE (REUTERS)
El presidente de los EE.UU. ha desembarcado en Europa y ha empezado a repartir ‘trompazos’ a diestro y siniestro. Está obsesionado con que todo el mundo, tanto socios como adversarios, llevan años abusando de la buena fe de los generosos EE.UU. de América. Uno de los mitos más y mejor trabajados a lo largo de los años ha consistido en que los americanos han salvado a Europa en dos ocasiones, y que lo han hecho por motivos altruistas. En realidad, en la Primera Gran Guerra intervinieron cuando los europeos llevábamos casi cuatro años desangrándonos entre nosotros y, mediante un coste relativamente reducido, lograron inclinar la balanza del lado anglo-francés y convertirse en la primera potencia del mundo. Unos años antes se habían quedado, ‘manu militari’, con la mitad de Méjico y le habían arrebatado a una agonizante España los amplios restos de su imperio colonial.
Durante la II ª Guerra Mundial no quisieron saber nada, al principio, de nuestras recurrentes y sangrientas querellas hasta que comprendieron que los soviéticos, a partir de la batalla de Stalingrado, podían ganar la guerra y lograr la hegemonía en toda Europa. Así, hasta 1943 los aliados no entraron en Italia por Sicilia y hasta junio de 1944 -cinco años desde el inicio de la contienda- no decidieron abrir el segundo frente con el desembarco de Normandía. Una vez concluida la guerra, en el marco de la guerra fría, se creó la OTAN y los países de Europa occidental quedaron bajo la protección y dirección estratégica de los EE.UU. en materia de seguridad. Desde entonces ha llovido mucho, y EE.UU. se ha involucrado en múltiples guerras -Corea, Vietnam, Afganistán, los Balcanes, Irak, etc-, en unos casos en solitario y en otros junto a los aliados. Ahora bien, si los sucesivos gobiernos americanos han venido gastando en defensa más que los demás países, se debe a razones que no tienen que ver con motivaciones desinteresadas. En primer lugar, porque desean ejercer el liderazgo y son los que, al final, mandan en la OTAN. Luego, porque ese enorme gasto en armas le conviene al poderoso complejo industrial-militar del que hablaba Eisenhower. Por último, porque en su opinión lo necesita para seguir siendo la primera potencia mundial en su rivalidad con China, Rusia, etc.
Lo cierto es que la URSS y el Pacto de Varsovia ya no existen y las amenazas son de otro tipo -terrorismo yihadista, ciberataques, etc-. No es creíble que China vaya a atacar a Occidente y tampoco creo que Rusia esté en condiciones de invadir países de la UE a pesar de la ocupación de Crimea, que siempre fue rusa hasta que a Kruschov se le ocurrió la peregrina idea de cederla a una Ucrania soviética. Ahora llega Trump, mete un mandoble a la Sra. May, otro a la canciller Merkel, da la razón a Putin y conmina bruscamente a todos sus ‘aliados’ que tenemos que gastar más en defensa. Primero habló del 2% del PIB y luego, en un alarde provocativo, subió la apuesta hasta el 4%, bastante más del doble que el actual. Y antes de nada yo me pregunto, gastar más en defensa ¿para qué?, ¿con qué objetivos?, ¿ante qué amenazas? Porque si es para seguir bajo la decisión estratégica de EE.UU., cuando según el Sr. Trump somos sus “enemigos”, espero que comerciales, ni un euro más de gasto. Ahora bien, sí sería conveniente invertir más en seguridad con las siguientes condiciones:
- Con la finalidad de favorecer un sistema de seguridad y defensa europeo, capaz de alcanzar autonomía estratégica. Los países europeos gastamos en defensa más de 200.000 millones de €, algo por encima del 1,3% del PIB de la Unión. Rusia gasta 62.000 millones de € y China 142.000 millones de €. Seríamos la segunda potencia en gasto militar solo por detrás de EE.UU.
- Nuestro problema es que tenemos 27 ejércitos con escasa coordinación en objetivos, inversiones, industria, capacidades, mandos, etc, por lo que la cuestión no es tanto gastar más sino hacerlo mejor, generando sinergias y evitando duplicidades y despilfarros.
- En consecuencia, vale la pena aumentar el gasto en un 0,5 o 0,7% del PIB total de la UE si es para ‘europeizar’ de una vez nuestra seguridad colectiva. Por el contrario, no estaría justificado para seguir estrategias no siempre coincidentes con las nuestras, o para continuar comprando artefactos bélicos que produce una industria competidora.
- Vale la pena aumentar el gasto si es para transformar la OTAN en una alianza entre iguales, para hacer frente a amenazas comunes desde la independencia de cada cual. La UE tiene que asumir su propia seguridad. No podemos seguir bajo el paraguas de EE.UU., cuando este te considera un “enemigo”, aunque sea comercial.
(*) Nicolás Sartorius es vicepresidente ejecutivo de la Fundación Alternativas
Nicolás Sartorius. Vicepresidente Ejecutivo de la Fundación Alternativas (FA), abogado y periodista, ha sido diputado al Congreso.
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