Luis Prados

Sobre el autor

es corresponsal en México, Centroamérica y el Caribe. Desde febrero de 2007 ha sido redactor jefe de la sección de Internacional de El PAÍS. Ahora empieza una nueva etapa.

Eskup

La novela de Irak

Por: | 25 de marzo de 2013

Powers

Los diez años de la guerra de Irak han motivado grandes relatos periodísticos, importantes ensayos políticos y unas cuantas buenas películas pero de momento poca literatura de ficción. Los pájaros amarillos, la primera novela de Kevin Powers, un joven escritor de Richmond (Virginia), es una excepción. El libro, que acaba de ser traducido al español por la pequeña y prestigiosa  editorial mexicana Sexto Piso, ha ganado desde su aparición el año pasado el First Book Award del diario británico The Guardian; ha sido finalista del National Book Award de EE UU, seleccionado como el segundo mejor libro de narrativa del 2012 por Amazon y hace unos días recibió el Premio Hemingway. Además, Powers ha sido comparado con el autor de Por quién doblan las campanas, Erich Maria Remarque, Norman Mailer, Tim O’Brien  e incluso se podría añadir a esa lista a Tobias Wolff.

Hasta aquí la contraportada. ¿Demasiado bueno para ser verdad? Probablemente sí.  Powers sirvió en una unidad de combate durante la guerra en la ciudad de Al Tafar, en la provincia de Nínive, limítrofe con Siria, entre 2004 y 2005, y el libro cuenta  su experiencia de aquellos días y sus consecuencias, a través del soldado Bartle, de 21 años, y su colega Murphy, de 18, a quien trata de proteger.

“La guerra intentó matarnos en primavera (…) Cuando dormíamos, la guerra frotaba sus mil costillas contra el suelo, rezando; cuando forzábamos el paso hasta la extenuación, los ojos se le ponían en blanco y se quedaban abiertos en la oscuridad y, cuando comíamos, aceleraba sin más alimento que su propia penuria. Hacía el amor, daba a luz y se extendía con el fuego”. Así empieza Los pájaros amarillos, una novela escrita con extraordinaria intensidad y precisión, donde se oye el ruido del
sufrimiento de los hombres bajo un sol, demonio del mediodía, que tiñe de sangre, cuerpos mutilados y melancolía el campo de batalla.

KevinNo hay tremendismo ni indiferencia ante el horror por parte de Powers. Irak tampoco es ese “jardín del mal” como llamó Tim O’Brien a Vietnam. Es más bien una lotería macabra y febril, donde la muerte tiene tu número en una bala disparada a ciegas o más probablemente en un artefacto explosivo de fabricación casera que estalla en una cuneta. Un mundo de extremos, entre un sol incandescente y las tinieblas de los callejones, el estruendo de los morteros y el silencio de la noche, de esperas vacías y carreras alucinadas, en el que Bartle y Murphy son un par de intrusos, cuyo “mayor error consistía en creer que lo que pensábamos tenía importancia”.

Los pájaros amarillos se suma también a la tradición de relatos y películas que han tratado el difícil y doloroso regreso a casa de los veteranos de guerra. Como los de Vietnam, otra guerra fracasada, los de Irak como Bartle vuelven de la pesadilla derrotados aunque no vencidos, ni víctimas ni verdugos, dislocados emocionalmente, intrusos también en su propio hogar, en su propio país, frágiles en todo menos en la certeza de su integridad. Powers ha escrito probablemente la mejor novela de guerra del siglo XXI.

El País

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