¿Qué otro camino nos queda?

Por: | 08 de abril de 2019

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El corazón, como la campana, toca a todo. Pero no debemos cegarnos, ni dejarnos manipular por la onda expansiva de los sentimentalismos vacuos promovidos por el sistema.

«La sociedad, lo “social”, son sobre todo, de entrada y ante todo, unos deseos estandarizados, unos comportamientos uniformes, unos destinos prefijados, unas ideas comunes, unos trayectos calculables, unas identidades asignables, comprimidas, normalizadas», dice Frédéric Gros. Hemos llegado a un punto en el que las leyes de la economía concentran hoy todo el poder, y nos dicen quienes debemos ser, y a qué tenemos derecho, a partir de nuestro nivel de consumo.

Pero para ganar (ya son los vencedores), para que el becerro tenga cada vez más capas de oro necesitan estandarizar nuestros gustos y necesidades. Normas de ayer disfrazadas de modernidad. Reglas para que cada uno de nosotros sea calculable, conforme y, por tanto, previsible. Sujeto socializado, individuo integrado, persona “normal”. Si queremos vivir felices y tranquilos, debemos formar parte de esta gran familia que tiene la misma visión primitiva y convencional de la patria, el amor, el patriarcado, y el éxito.

Sin embargo, nada puede ser construido exclusivamente desde un solo punto de vista. ¿Quién puede ser completo, un todo único todo el tiempo? Aquí entraría la capacidad crítica de cada uno de nosotros, que vendría a ser la única vacuna posible contra la frivolidad, la cursilería e indolencia imperante.

No hay respuestas fáciles. Nada es sencillo. Es justo lo contrario de lo que nos venden día a día. Quieren que nos conformemos consumiendo programas de televisión para imbéciles, oyendo políticos lanzando proclamas llenas de demagogia, y quieren a las masas enfervorizadas tras las banderas para ocultar su propia ineficacia. Quieren una ciudadanía que no haga preguntas. Familias patriotas con valores y amor a raudales. 

El Roto

Desenmascarar la dureza de lo heredado es condición necesaria para cambiar las cosas. Tenemos la necesidad de luchar contra los prejuicios, contra los hábitos y las costumbres, contra las predisposiciones que configuraran nuestro ser. ¿Cómo cambiar sino nuestro destino? ¿Cómo podremos ser sino nosotros mismos? ¿Podemos ser felices a través de los intereses creados por otros?

Me he convertido en el inconfundible aguafiestas de todos los festejos y reuniones. El pesado de turno que entona el cántico de la duda epistemológica y sustituye el planteamiento banal por la pregunta incómoda. No es un intento por destacar. En definitiva, se trata de la tríada esencial: saber, hacer y comprender. Necesito entender para encontrarme. ¿Qué otro camino me queda?.

Hesse

¿Pueden las buenas historias aprovisionarnos para la vida?  

Por: | 04 de noviembre de 2018

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Las grandes cuestiones de la vida no tienen nada que ver con la cultura. La gente sencilla tiene muchas veces intuiciones que un filósofo no puede tener, puesto que el punto de partida es lo vivido, no la teoría.

Cada fin de semana preparamos a mi madre una crema de verduras, compramos un pollo asado y el periódico del domingo. Ya no cocina ni sale a la calle si no va acompañada. Una vez leí que, si no fuese por los huéspedes, las casas serían como tumbas. El exceso de soledad mata.

La vida es una comedia para aquellos que piensan y una tragedia para aquellos que sienten. Así he pasado los años, intentando equilibrar mis fuerzas entre la razón y los sentimientos. Por suerte siempre hay destellos de luz, grietas por las que se cuelan la razón y el conocimiento, recordándonos la ingente cantidad de dolor que hay acumulado en este mundo. No tengo derecho al drama.

Maquillaje

Es la parte de la razón la que me gustaría que prevaleciese sobre mi persona. La emocional me desborda y me paraliza. Si la balanza de la vida no está equilibrada, al final se rompe. Los significados están en nuestras cabezas, pero tienen su origen en la cultura. ¿Quién es entonces el responsable de nuestros actos?

Si la balanza de la vida no está equilibrada, al final se rompe.

Mi madre ya no va a visitar a mi hermana pequeña con parálisis cerebral. No se encuentra bien, y ha tomado la determinación de ir distanciándose para que el día de mañana su ausencia no sea tan dolorosa. Hace un par de años, y sin hablar con nadie, ya desmanteló su habitación. Ahora ha llegado algo más lejos, y ha decidido ir desvaneciéndose poco a poco, como si fuese una de esas sombras chinas que proyectaba su padre sobre la pared del dormitorio. Los sentimientos y el saber raramente hacen buenas migas.

Lisa Mieth

Lisa Mieth

Son 87 años. Adivino que esa parte racional que a mí me falta se la ha quedado para ella sola. Podría pasar de puntillas, podría hacer ver que no me doy cuenta de lo que está haciendo, pero me consume la tristeza. O se hacen las cosas a tiempo, o luego los remordimientos acaban revoloteando sobre nuestras cabezas como cuervos hambrientos.

Al entrar en casa de mi madre con las bolsas de la compra, lo primero que encontré sobre el mueble del recibidor fue un libro que me había dejado mi hermana mayor. De repente pensé en lo mucho que la quiero. Siempre que voy a casa de nuestra madre y me enfrento a su situación me voy abatido y sin energía. ¿Qué es el conocimiento, en el fondo, sino la demolición de algo? Comprendo que pueda parecer irracional, pero cuando salgo de allí con un libro en las manos es como si me hubiese subido a un bote salvavidas.

¿Qué es el conocimiento, en el fondo, sino la demolición de algo?

Sé que el hundimiento puede producirse en cualquier momento, pero, mientras tanto, yo me tomo la lectura como una tabla de salvación. Leer me recompone. En el fondo, he llegado a la conclusión de que no hay respuestas. Cierto es que, por error o por accidente, las hay, pero no son respuestas en sí mismas.

Las motos van con combustible, y yo con un lápiz y un libro. ¿Por qué dedicamos una gran parte de nuestra vida a las historias? Yo creo que es porque las buenas historias nos aprovisionan para la vida. Cioran decía: “Generalmente leer y escribir no es la solución, pero, como nadie puede hacer nada por nadie, puedes hacerlo entonces por ti mismo, para curarte, aunque solo sea momentáneamente”. Narrando nuestra oscuridad se ve más claramente la vida.

Creer en lo que no existe

Nunca he recurrido a un manual de autoayuda. Me parecen panfletos saturados de tópicos. Necesito que los libros me sorprendan, me hieran y de alguna forma me reafirmen. Las historias estereotipadas carecen de contenido. No cruzan fronteras; las arquetípicas sí. La vida es demasiado compleja como para buscarle respuestas simples. Supongo que trato de esconderme. Quizás pienso que a través de vidas ajenas remitiré mis miedos. No es un consuelo, ni sé si me valdrá para siempre, pero necesito pensar que sin palabras, sin escritura y sin libros no hay historia, no existe el concepto de humanidad. Existimos y resistimos gracias a la aparición del otro.

Necesitamos de los demás para vivir. Aunque para las cosas transcendentales estemos solos, sin los otros no somos nada. Yo no deseo escapar de la vida a través de los libros, sino encontrarla. Necesito utilizar mi mente de modo estimulante, disfrutar, aprender, y aportar equilibrio a mis días. Creo que todos llevamos tanto dolor acumulado que nos hace falta vivir una realidad ficticia que ilumine nuestra realidad cotidiana.

Words

Me gusta cuando abro un libro y van cayendo las máscaras como por arte de magia. El lector no puede engañarse frente a un autor, no puede ocultar sus sentimientos con coraza alguna. Nuestra mente se vuelve más vulnerable y receptiva. Cuando lo que descubro es profundo y original me siento comprendido y en tierra firme. Si, por el contrario, el contenido es convencional y predecible, me siento igual de infecundo que lo que estoy leyendo. Y sin ser consciente cedo frente a la melancolía y el victimismo.

El lector no puede engañarse frente a un autor, no puede ocultar sus sentimientos con coraza alguna.

La vida puede ser un camino saturado de arquetipos convencionales. Yo la quiero entender como una lucha constante contra la parte más tediosa y reaccionaria de nuestro ser. Vivimos en un mundo complejo y fragmentado. La verdadera vida debería ser aquella que empieza en el último peldaño de nuestra zona de confort. De nosotros depende saltar o retroceder, pero somos seres contradictorios, cobardes e incomprensibles. Nos da miedo la libertad. En nuestra mano está ser como musarañas entre claroscuros o como luciérnagas en una noche de primavera.  

Luciernagas

Hoy no sólo padecemos una crisis sistémica, sino de toda una concepción del mundo y de la vida basada en la deificación de la técnica y la explotación del ser humano. En contra de la teoría dominante que proclama que no hay nadie indispensable, mi madre ha demostrado con su generosa actitud que dicha premisa neoliberal es incierta.

Todas las historias tristes tienen la misma importancia, y a todas ellas les debemos un respeto reverencial. Tal y como decía John le Carré: “Mi definición de una sociedad decente es la de una que primero cuida de sus perdedores y protege a sus débiles”.

El problema metafísico central del ser humano es su condición efímera y mortal, su esencial transitoriedad. La vida y su contenido. El futuro solo pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños. A mi madre ya no le queda ninguno. 

 

 

 

La derrota nos humaniza

Por: | 02 de julio de 2018

Entendemos el mundo a partir de lo que esencialmente somos. No hay nada sencillo, incluso la más aparente frivolidad esconde un mundo de máscaras y espejismos. Los últimos meses de mi vida han sido una inmersión en lo que Ziegler llama “las entrañas del monstruo”. En mi anterior trabajo, y cuando veía desmotivado al equipo, solía decirles que tenían que tomárselo con distancia y entender que lo que allí ocurría no era más que una muestra del funcionamiento del sistema. Si como decía Borges, “somos los libros que nos han hecho mejores”, intentemos ofrecer la mejor versión de nosotros mismos. No solo por la empresa, sino por el peligro de ir haciéndonos cada vez más pequeños hasta convertirnos en autómatas henchidos de rabia. A menudo, para animar a mis compañeros, también solía hacer paralelismos entre el mundo de la empresa y el de la pareja: “O construimos juntos, o uno de los dos acabará por marchitarse”.

Equipo

En realidad, no somos más que creadores de nosotros mismos. No es fácil lidiar con la reiteración constante de las tareas, convertir palabras en acciones, ni es sencillo inspirarse y poner siempre alma en los textos. La repetición es un ejercicio peligroso ya que su efecto reductor resulta devastador. La inteligencia requiere estímulos continuos y debe mantenerse activa, como cualquier otro órgano o facultad: el uso la exalta y el reposo la atrofia. Perder el tiempo en los pasillos y hacer corrillos ni suma, ni arregla nada. No acrecienta la motivación, ni la inteligencia de nadie.

El recurso que mejor funciona, siempre que no sea impostado, es el de la empatía y el sentido del humor. Sin sentido del humor no hay estrategia que se cumpla, ni equipo que funcione. La seriedad y solemnidad, características del poder, no conducen a nada más que al aislamiento, el miedo y el estancamiento. Los mediocres solo entienden la lealtad desde abajo hacia arriba. Cuando los cargos directivos y sus comitivas se atrincheran, lo único que logran es distanciarse de los equipos. Mantendrán el secretismo, y el orden que tanto necesitan, pero jamás el equilibrio, la admiración, ni la lealtad de su propia gente.  De hecho, actualmente las empresas más exitosas son aquellas que han logrado conectar y crear vínculos con sus empleados y conseguir su compromiso.

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El principal problema es que el número de incompetentes que hay en el mundo es muy elevado. Esta situación es aún más interesante cuando se constata que, entre ellos, muchos ocupan posiciones de prestigio y de notable poder por lo que ejercen una lamentable influencia sobre nuestras vidas. También me he encontrado por el camino con imbéciles que a lo único que aspiran es a ocupar los puestos de aquellos que tanto detestan. Las jerarquías se mantienen por la base. El propio sistema ha contaminado las almas de muchos aspirantes al poder, haciéndoles utilizar las peores armas. En una empresa aislada la mediocridad aumenta espontáneamente hasta un valor máximo que corresponde a un estado de no retorno, desde donde ni siquiera se puede ya empeorar. ¿Es realmente posible que la inteligencia humana se encuentre en proceso de extinción? ¿Y que nuestras facultades más hermosas, la empatía, la sensibilidad, la bondad, esenciales para nuestra supervivencia, estén de verdad destinadas a desaparecer?

 

"¿Es realmente posible que la inteligencia humana se encuentre en proceso de extinción?"

 

En ese momento de caos me encontraba hace escasos meses. He aprendido mucho, pero hubiese preferido hacerlo sin necesidad de sentirme tan vencido. Ante mi rotundo y último fracaso profesional, me he dado cuenta de que hay pasos hacia atrás que son pasos adelante. He aprendido a no volver a desconfiar de mi intuición, a recelar de los halagos de aquellos que te veneran cuando pueden sacar algo, y que luego te dejan en la cuneta cuando sospechan que has fracasado. Ahora sé con certeza que volar entre lo inútil envejece. Y lo más importante, he hecho mía esta frase de Saramago: “Si el hombre es formado por las circunstancias, entonces es necesario formar las circunstancias humanamente”. Jamás, bajo ningún concepto debemos dejar nuestra humanidad de lado, por muy dolorosa que sea la decisión que debamos tomar. Nunca debemos olvidar que todos tomamos decisiones, y al final estas son las que nos definen. Podemos ir a todas las clases de meditación que consideremos necesarias para justificarnos, pero nuestras decisiones pueden determinar una vida. En definitiva, hacer es ser.

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Cartier Bresson 

Me sentía en mi zona de confort, creí que lo tenía todo controlado. Mi empresa, con todas sus contradicciones, era como una segunda familia. Tenía buenísimos compañeros, y mi lealtad a la casa era absoluta. Eso no significa que no fuese crítico, con ellos y conmigo mismo. Las cosas importantes las decía donde consideraba que debían decirse. Sin ningunear, ni engañar a los equipos. Una mañana recibí una llamada con una interesante propuesta económica y decidí acudir a la entrevista. Pasé un par de meses dudando, sin poder dormir bien, teniendo la absoluta convicción, desde el primer momento, de que me estaba equivocando. Me dejé engañar por el nuevo puesto, por el formidable salario, y por la institución que me hizo la oferta. Cometí unos de los mayores errores de mi vida. Y así es como me metí sin escafandra en “las entrañas del monstruo”. Y salí trasquilado. En esta lucha a la nada no me van a volver a encontrar. Uno no se puede ahogar dos veces en el mismo río.

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"No hay que escribir en en idioma de las palabras, sino en el de los sentimientos". Ramón J. Sender

Tal y como decía el maestro Thomas Bernhard, “Los comediantes que no comprenden la comedia que se representa son despedidos, así ha sido siempre". Esto es el resultado de la híper individualización que impera en la sociedad neoliberal, donde cada uno es dueño de su suerte y de su destino. Aquí no hay izquierdas, ni derechas que existan. No importa que los jefes sean hijos de un poeta, un cineasta, o un banquero. No podemos pensar que hay diferencias entre un directivo con cultura, y uno que solo lee Men's Health. El poder no pierde el tiempo con algo tan insignificante como las personas. El éxito o el fracaso de un jefe depende de lo bien o mal que gestione las relaciones humanas. Con miedo no se puede trabajar, y con los soberbios no se puede razonar, ni se les puede plantear más vías de las que conocen. Como los virus que destruyen el sistema del que se alimentan, su tarea es imponer a los demás su personal estupidez a toda costa. No quieren profesionales, quieren soldados.

"El éxito o el fracaso de un jefe depende de lo bien o mal que gestione las relaciones humanas".

¿Se puede ser buen jefe y una excelente persona? Sin duda alguna. Ser buena gente incide en el bienestar emocional de los demás, mejorando la productividad de los equipos, y por tanto la competitividad de la empresas. Pero no se queda ahí solamente, también hay beneficios para la sociedad porque vamos a tener una población menos enferma. Lo ideal sería crear un tejido social que nos permita enfrentar de manera colectiva todos los problemas sociales que nos conciernen a todos. La lástima es que la historia nos ha enseñado, que tanto en la base, como en la cúspide de las jerarquías, podemos encontrarnos con infinidad de inútiles y aprovechados. La gran victoria de la globalización capitalista ha sido saber convertirse no únicamente en el producto dominante sino en transformarse en el único pensamiento de la clase media y de los excluidos. La ideología está sencillamente allí, dentro de la gente, y se genera de forma natural dentro de la vida diaria. Nos hemos convertido en un pandilla de mediocres. Y lo mediocre es peor que lo bueno, pero también es peor que lo malo, porque la mediocridad no tiene grados, es una actitud. Queremos vivir muy bien, sin que nos importen los cadáveres que vamos dejando a nuestras espaldas.

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Ya no existe conciencia de clase. Tenemos una legislación laboral horrible que propicia el empleo precario, salarios de miseria y gente maltratada. Ya no nos importa ni a nosotros mismos. Es el sálvese quien pueda. Si nos paramos a pensarlo, es tremendamente triste. La derrota es lo único que nos humaniza, pletóricos damos miedo.

Jamás podremos revertir la situación actual, si antes no nos esforzamos por ser mejores personas, si no nos ayudamos entre nosotros. Los mejores líderes jamás han pensado solo en sí mismos.

La culpa sin duda es del sistema, y de aquellos que lo conformamos. Siempre tendemos a pensar, que los fracasos son cosa de los otros. Hasta que te encuentras definitivamente solo y frente a ti mismo. Salvo que tengas la inmensa suerte de encontrarte con una mano amiga.

Para mí el poema del pastor Niemöller, atribuido a Bertol Brecht, adquiere ahora más sentido que nunca:

“Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,

guardé silencio,

porque yo no era comunista

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,

guardé silencio,

porque yo no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,

no protesté,

porque yo no era sindicalista

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,

no protesté,

porque yo no era judío

Cuando vinieron a buscarme,

no había nadie más que pudiera protestar”.

 

 

 

 

Un cerezo en flor con tronco de olivo

Por: | 21 de mayo de 2018

Lo ideal sería aprender a pensar individualmente, y tomar las conclusiones en soledad. Si por el contrario, decidimos ser parte del grupo conviene conservar nuestra individualidad. El yo siempre queda diluido y sujeto a las manipulaciones de la mayoría. ¿Por qué los buenos no ganan casi nunca?

La realidad es compleja. Por un lado, necesitamos cambios urgentes ante un orden injusto, pero está claro que no conseguiremos avanzar en solitario. Por el contrario, algunos corremos el peligro de no sentirnos cómodos entre las multitudes. ¿Qué camino sería el más acertado? Si todos obedecemos, ¿qué nos espera? Según Elías Canetti, “los pensamientos que encajan con el sistema son despiadados”. 

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Figura sobre fons blanc- Patrícia Cabello

Ha sido pensando sobre el papel que deberíamos asumir, cuando me ha venido a la cabeza la relación que tiene el arte en la sociedad y la política, como forma de protesta. Es indudable que debería servir para condenar y evidenciar toda forma de opresión, explotación e injusticia. El arte, en la sociedad actual, debería ser un poderoso llamamiento a la acción, donde los creadores se implicasen de manera activa y efectiva con los problemas que nos afectan a todos. Lo ideal sería que el arte fuese un espejo donde queda reflejada la impunidad moral del poder. 

Es mediante la expresión artística que a menudo se ha interpelado para que todas las personas tengamos los medios materiales y sociales que contribuyan a desarrollar nuestras capacidades, para realizarnos y vivir en libertad. Se mire por donde se mire, la contribución de algunos artistas por mostranos un mundo menos convencional es absolutamente necesaria. El arte es construcción y también deconstrucción.  Pero no todos tenemos la suerte de nacer con aptitudes artísticas que nos sirvan como refugio, y al mismo tiempo como arma de desobediencia. ¿Qué factores influyen para que alguien con talento dedique su vida a combatir las injusticias a través del arte.  ¿Qué se necesita para ser un creador? ¿Se puede influir en la sociedad como artista anónimo? ¿Qué decirles aquellos que sostienen que el arte es definitivamente burgués? ¿Se puede ser radical y formar parte del sistema?. 

Tiburon

Patrícia Cabello Sierra, es pintora y cineasta y vendría a personificar esa creatividad inacabable, y esa insatisfacción permanente contra el stau quo. Posee unas cualidades humanas y artísticas extraordinarias. Tiene una complexión pequeña y fibrosa. Es intensa, y con una vitalidad privilegiada. Su belleza recuerda a la de Rosanna Arquette en la época de “Buscando a Susan desesperadamente”. Posee un carácter excesivo, noble y empático, y es de una sensibilidad sobrecogedora. Al mismo tiempo es muy vehemente, pudiendo ser ofensiva en sus alegatos. No es una contrincante fácil, pero es de todo menos peligrosa, ya que es demasiado frágil para resguardarse. No creo que jamás haya tenido capacidad para hacer daño premeditadamente. En cualquier caso, como cualquier ser humano, posee muchas capas. Cuando la presientes en plena “estampida” es mejor mantenerse tras la barrera, ya que puede llegar a tener el mismo envite que el de esas vaquillas que ella pinta magistralmente. Si fuese un árbol, tendría la belleza de un cerezo en flor y la resistencia del tronco de un olivo. 

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Patrícia Cabello Sierra 

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Vaquillas - Patrícia Cabello Sierra 

Patrícia es de esas creadoras que uno espera sea descubierta por algún mecenas. Ya no en beneficio propio, sino a favor del conjunto de la sociedad. Necesitamos de su talento, creatividad, y personalidad para que nos siga sacudiendo a través de su trabajo y de su forma de entender la vida. Ella concibe el arte como una grieta por donde descubrimos los asuntos que nos preocupan. Con esta idea ha desarrollado su último proyecto la película “Los amantes impertinentes”. 

Según sus palabras, su último proyecto es un relato sobre la amistad y la desconfianza. “Lo que me apasionó es la incomodidad que produce este pensamiento absolutamente infundado en el protagonista. El hombre enferma, queda sometido a una idea tan incierta como innecesaria, muy cercana al pensamiento artístico que, teniendo una utilidad discutible y diversa, resulta también inevitable”. 

 

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"Els Amants impertinents"

Cabello es el claro ejemplo de que es imposible detener el proceso creativo. Esa permanente búsqueda hace que su arte fluya como parte fundamental de su personalidad. ¿Sería el mundo diferente de contar con más almas libres de prejuicios? ¿Puede la creatividad mejorar sustancialmente la humanidad? Por el contrario, ¿puede nuestra parte artística hacernos más desdichados? ¿Es el éxito el único elemento que puede acabar con la singularidad del artista?. Su proceso de trabajo en la película ha ido en la dirección de buscar imágenes móviles que sugirieran cosas. Construyendo iconografías innecesarias, como en la vida. “Esta fuga hacia la abstracción, cercana en algún sentido al surrealismo, con toques de realidad también dudosa como es la realidad política, ha ido ocupando partes del montaje final de Los amantes impertinentes, de una manera un poco compulsiva y desigual”. Patrícia Cabello dixit.

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"Els Amants impertinents" 

Uno no puede permanecer impasible después de ver su película y conocer sus pinturas. Su obra es todo lo contrario a un conformismo embelesado. Es provocación, reflexión, y al mismo tiempo reto. Si tuviera que quedarme con algo de la última obra de Patrícia Cabello seria con esa sensación, -incómoda-, que te hace enfrentar a tus propios convencionalismos estéticos y vitales.

Cioran afirmaba que un libro que no provoca una herida es un libro fallido. A mí me ocurre lo mismo con el arte. Necesito que me sacuda, que me acompañe a ser otro. Al menos, durante el momento del encuentro. Me gusta que destruya todos mis códigos, auspiciándose así una inagotable sed de preguntas. Cuando me encaro a una obra artística que me incomoda quiero sentir que el paso del tiempo no me ha petrificado.

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Cultivadora de flors - Patrícia Cabello Sierra

Noam Chomsky dice que la gente ya no cree en los hechos. La desilusión con las estructuras institucionales ha conducido a un punto donde  apenas se confía en nadie. "Si nadie hace nada por mí, por qué he de creer en nadie". Sin duda, el mundo se ha convertido en un presidio esférico. Sin embargo, yo creo en la capacidad de la cultura como herramienta eficaz para ayudarnos a descifrar quiénes somos y qué mundo queremos.

Hace muchos años, en una conversación privada que tuvimos, en un momento en el que yo me encontraba bastante perdido, me dijo: “No puedo darte consejos, lo único que me atrevo a decirte, es que no mientas. El daño que se hace uno a sí mismo y a los demás es enorme. Nada de esconderse tras los biombos".  

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Dona de cendra - Patrícia Cabello Sierra

Cuando pienso en Patrícia Cabello, me viene a la memoria la frase de José Bergamín, “El cohete es un caña que piensa con brillantez”. Así es ella, como una bengala que utiliza sus destellos como arma de combate. El arte ya no puede continuar encerrado en su propia excelencia. Claro que hay esperanza. Aún hay gente como ella dispuesta a luchar. Las oportunidades están ahí, la cuestión es saber si somos capaces de tomarlas. No es cómodo ser valiente. El camino no es el más fácil, pero indudablemente es el que se acerca más a la verdad.

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¿Perro de caza o San Bernardo?

Por: | 07 de marzo de 2018

La única certeza que tenemos a la luz de los datos actuales, es que la evolución humana está ligada al continuo incremento de la inteligencia emocional. De seguir así, y si no permanecemos alerta, la sociedad del mañana correrá el grave riesgo de sufrir de una indolencia entendida como clave para alcanzar el éxito. Todo empezó en los baldíos años ochenta. La década de Reagan, Juan Pablo II, Margaret Thatcher, Tom Cruise, y Arnold Schwarzenegger. Fue en aquel tiempo, cuando empezamos a encumbrar a los más necios de la fiesta. Quisieron hacernos creer que habían desaparecido de un plumazo los desigualdades entre clases sociales, y comenzaron a inocular sin sutilezas las ventajas del capitalismo. A partir de entonces todos íbamos a ser ricos. Dejamos de ser personas para convertirnos en números. Se estableció la mercantilización del espíritu de forma deleznable y se nos adiestró en la competitividad más absoluta. Pasamos a ser tan intercambiables como una moneda corriente. Y así hasta hoy.

 

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La cultura del codazo, la competitividad, del liderazgo y sus consiguientes monsergas ha ganado la batalla a la lucidez y la sensibilidad. A nadie se le ocurre presumir de una superabundancia de humanidad. Eso ya no es rentable ni para las empresas, ni por supuesto para el sistema. No hay existencia civilizada sin explotación. De lo que se trata ahora es de ser sanguijuelas, nunca víctimas. Según el estudio “Headhunters and the ideal executive body” realizado por Janne Tienari (Aalto University), Susan Meriläinen y Anu Valtonen (Universidad de Lapland, Finlandia), practicar deporte y estar delgado son factores a tener en cuenta si queremos recibir la llamada de un cazatalentos. Nada de comer donuts, ni de sufrir stress, o problemas emocionales. Según el informe la apariencia física indica que se es alguien eficiente y competente. Al parecer Orson Welles, Marlon Brando y Machado fueron unos redomados inútiles, pero supieron engañarnos de manera excepcional. “Te puedo decir rápidamente si un hombre de 45 años es un perro de caza o un San Bernardo”. De esta forma describe un headhunter de 50 años las cualidades que busca en los candidatos que examina, que son también las que las empresas les demandan. En la alta tragedia la nada lo devora todo como un agujero negro.

"A nadie se le ocurre presumir de una superabundancia de humanidad. Eso ya no es rentable ni para las empresas, ni por supuesto para el sistema".

 

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El cazatalentos es esencial para determinar quién es considerado como un individuo con talento y quién debe ser admitido en los puestos de élite. Nada de gente flácida, gruesa o dada a la reflexión. “Si eres más un pensador que un hacedor, careces de las cualidades necesarias para estar en la alta dirección”. Por consiguiente, un pensador jamás será seleccionado, aunque fuese la persona adecuada en todos los aspectos. En definitiva, ¿qué tipo de “genios” son finalmente las que ocupan los puestos de responsabilidad en las grandes empresas? ¿qué tipo de sociedad enferma estamos construyendo? ¿cuáles son los valores que predominan en las esferas del poder?

 

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Brando

Los cazatalentos también tienen muy en cuenta la postura corporal, la forma de dar el apretón de manos, el tono de su voz y la manera de expresarse, así como el perfume que usan. Si al final resultas ser una especie parecida a Esperanza Aguirre o un tiburón de Wall Street mejor que mejor. ¿A quién le preocupan las consecuencias? Nada de personajes "turbios" como José Luis a Sampedro, Emilio Lledó o Cioran. Actualmente un número creciente de empresas recluta a sus directivos con la ayuda confidencial de estos expertos externos, de forma que ser examinado por ellos se ha convertido en parte fundamental de la carrera de los profesionales mejor retribuidos. La imagen tiene hoy un valor excepcional. En definitiva, si hueles bien y tienes un cuerpo esculpido en el gimnasio, siempre podrás tener un futuro brillante, tanto como directivo en una gran multinacional, como en “Mujeres y hombres y viceversa”. Estar en forma brinda diversas posibilidades

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La afición a los deportes la asocian con ser resistente y proactivo. Realizar actividades deportivas añade un plus, ya que tales prácticas permiten predecir las capacidades de los candidatos para llevar a cabo sus tareas bajo presión mental y física. Sin embargo, ser un San Bernardo es inaceptable en la gestión ejecutiva, tanto para las mujeres como para los hombres. Si bien, para encontrar trabajo sigue siendo incomparablemente más difícil si has nacido mujer y obesa. Y si además, tienes más de cuarenta años, hijos, y tienes pocos contactos, encontrar una oportunidad laboral se convierte en un milagro.

 

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Lo crucial es que los candidatos tengan la misma imagen que los jefes corporativos de las firmas que les van a contratar. Nada de perroflautas o intelectuales dinamitando el engranaje. Nada de preguntas incómodas y mucho menos sobre las condiciones laborales o la retribución injusta y desigual de los salarios de los equipos. Ellos llegan a las empresas para aportar cualidades como energía e intensidad: Work beyond duty. Son profesionales, sin conciencia, pero profesionales. Los perfiles que buscan suelen ser personas capaces de iluminar y de transmitir pasión y emoción. Aunque luego resulten un fraude, es indiferente lo mucho que acaben costando a las empresas. Lo de menos es su incompetencia porque lo más paradójico de todo es que los éxitos profesionales de los perros de caza, esos que se rifan los headhunters, esa figura que no es más que una parodia del sistema, sobreviven siempre por el esfuerzo y la capacidad de los San Bernardo. La empresa podría mantenerse sin los primeros, pero difícilmente podría hacerlo sin los segundos.

 

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Así va el mundo. Algunos se han integrado felizmente al sistema y viven preocupados solo de sus propios intereses, mientras nos van dando lecciones de excelencia y profesionalidad. Sin apenas comprender que uno no puede dejar ser un necio durante las horas del trabajo para convertirse en un buen hombre cuando llega a casa. Hacer es ser, sea cual sea la hora del día. Pero mientras las masas adocenadas aspiren a ser igual que ellos, la batalla la tendremos perdida. Hay infinidad de cosas por las que uno no quiere pasar. Sin embargo, no me gustaría hacer un análisis simplista, dado que en muchas ocasiones los perros de caza también pueden estar en la base esperando su momento. Al mismo tiempo, no son pocos los San Bernardo que no tienen ninguna intención de dejar de serlo, y que se ocupan de su vida y trabajo sin la intención de trepar, ni causar daño a nadie.

 

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Considero que la adversidad a corto plazo es necesaria para la mejora a largo plazo. Estoy plenamente convencido de que los seres humanos tenemos más cosas positivas que negativas. Todos sabemos que la historia de la humanidad podría rebatir mi teoría fácilmente, pero no podemos darnos por vencidos. Como decía Montaigne: “Una prueba de la propia bondad está en confiar en la bondad de los demás”. ¿Nos queda otra alternativa?

Lo único que podría paralizar la esperanza que nos queda, es que finalmente no seamos capaces de identificar la crueldad y las injusticias como lo que son. Los sueños del hombre varían con cada hombre, pero la realidad del mundo es nuestra patria común. Aunque parezca que todo está perdido, algunos todavía no lo estamos.

"Lo único que podría paralizar la esperanza que nos queda, es que finalmente no seamos capaces de identificar la crueldad y las injusticias como lo que son".

La lucidez es la herida más próxima al sol. A la luz, a la verdad. Es difícil alcanzar cierta lucidez sin criterio. Pero, ¿qué hace que algunas personas carezcan de él por completo? ¿Tener espíritu critico es realmente una ventaja o resulta peligroso para el funcionamiento del sistema? Las jerarquías se comportan de un modo estúpido no porque todas las personas que las componen sean imbéciles sino porque no pueden, por cuestiones de funcionalidad actuar de otra manera. En una burocracia es muy complicado ponerse a hacer cosas inteligentes.

Pasé la mayor parte de mi juventud, -en la década de los 80-, escuchando hablar del éxito y de las múltiples ventajas del mercado. Toda mi adolescencia quise ser otro, y sin embargo carecía de la ambición que se necesita para sentirme parte del sistema. Personalmente, no veía las ventajas por ningún lado. Pasados los años hemos comprobado como la democracia y el capitalismo han sido vueltos del revés, lo que quiere decir que en vez de ser las instituciones políticas las que regulan el capitalismo, es el capitalismo el que regula a ellas. No sabíamos entonces, que por lo general las cosas no son lo que parecen, sino que pueden llegar a ser incluso peor.

Nuestra libertad e independencia solo es posible si conservamos la esperanza. Es indudable, son muchos los motivos para pensar que estamos peor que hace algunos años. Sin embargo, y pese a las atroces bolsas de pobreza y desigualdad, es innegable que ha habido progreso en la historia de la humanidad. La quema de brujas, la higiene del siglo XXI o la cirugía sin anestesia, son algunos de los ejemplos que muestran que no todo es negativo. La realidad es que en algunos aspectos ha habido mejores inimaginables. Sin embargo, los seres humanos siempre hemos vivido con el temor a algún posible apocalipsis; sin caer en la cuenta de que nosotros mismos podríamos ser la causa de dicha catástrofe. En realidad, deberíamos ser el principal motivo del que deberíamos preocuparnos. En definitiva, somos nosotros, lo mejor y lo peor que puede pasarnos.

 

  

Cambalache

Que el mundo fue y será

una porquería, ya lo sé.

En el quinientos seis

y en el dos mil, también.

Que siempre ha habido chorros,

maquiavelos y estafaos,

contentos y amargaos,

barones y dublés.

Pero que el siglo veinte

es un despliegue

de maldá insolente,

ya no hay quien lo niegue.

Vivimos revolcaos en un merengue

y en el mismo lodo

todos manoseados.

 

Hoy resulta que es lo mismo

ser derecho que traidor,

ignorante, sabio o chorro,

generoso o estafador...

¡Todo es igual!

¡Nada es mejor!

Lo mismo un burro

que un gran profesor.

No hay aplazaos ni escalafón,

los inmorales nos han igualao.

Si uno vive en la impostura

y otro roba en su ambición,

da lo mismo que sea cura,

colchonero, Rey de Bastos,

caradura o polizón.

 

¡Qué falta de respeto,

qué atropello a la razón!

Cualquiera es un señor,

cualquiera es un ladrón...

Mezclao con Stravisky

va Don Bosco y La Mignon,

Don Chicho y Napoleón,

Carnera y San Martín...

Igual que en la vidriera

irrespetuosa

de los cambalaches

se ha mezclao la vida,

y herida por un sable sin remache

ves llorar la Biblia

contra un calefón.

 

Siglo veinte, cambalache

problemático y febril...

El que no llora no mama

y el que no afana es un gil.

¡Dale, nomás...!

¡Dale, que va...!

¡Que allá en el Horno

nos vamo’a encontrar...!

No pienses más; sentate a un lao,

que a nadie importa si naciste honrao...

Es lo mismo el que labura

noche y día como un buey,

que el que vive de los otros,

que el que mata, que el que cura,

o está fuera de la ley...

 

Letra y música de Enrique Santos Discépolo (1935)

 

Amores Imaginarios

Sobre el blog

El componente humano primordial debería ser el del reconocimiento del otro. Sin los demás no podríamos existir. Por lo tanto, disfrutemos de “otros mundos” y que esa diferencia –en vez de aislarnos- sea el camino para conseguir un mundo más justo, menos convencional y más libre. En este blog rendimos homenaje a algunas de las más significativas creaciones humanas que han marcado nuestra existencia: libros, películas, autores, canciones, etc. y que han estimulado nuestra (mi) necesidad de pensar, sentir y gozar. Al mismo tiempo, es un espacio que indaga sobre la realidad humana e intenta contribuir a la reflexión y al aprendizaje.

Sobre el autor

Josep Giralt Josep Giralt. Trabajó en Canal Plus, en el Congreso de los Diputados y como fotoperiodista en América Latina, África y Asia. Coautor del libro Sentir Etiopía, (RBA), compatibiliza su trabajo como periodista en una Fundación con el de colaborador en tertulias de actualidad en Ràdio Barcelona-Cadena Ser. Anteriormente dirigió durante cuatro años el espacio Películas incómodas en Com Ràdio. Ha publicado artículos y entrevistas en El País, Avui, y El Mundo, entre otros. Su frase: "No sirvo ni para seguir ni para conducir", de Nietzsche; su película: Rocco y sus hermanos, de Visconti. Sus libros: Los ensayos, de Montaigne y Conversaciones, de Cioran.

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