El resplandor de la nada

Por: | 08 de marzo de 2021

A menudo, necesito regresar a la seguridad de la infancia. Ahora comprendo que toda existencia desarmada de sus mistificaciones tradicionales, es insostenible e injustificable. Sólo es posible como acto de fe. No sé encontrar respuestas al porqué de tanto sufrimiento, provocado por las injusticias y desigualdades de un mundo en perpetúo desorden. Llegados a este punto, es cuando intento analizar que parte de responsabilidad es nuestra y cómo podríamos empezar a cambiar lo que equivocadamente entendemos como “El orden natural de las cosas”. Debemos exigir un análisis profundo del sistema, pero sobretodo de nosotros mismos. El destino se cumple a medida que se escribe, no antes.

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James Franco-Palo Alto,1978 

He llegado al convencimiento de que la mayoría de errores, dificultades e injusticias con las que nos encontramos, están relacionada con la cuestión intrínseca de los egos. ¿Son inevitables para asumir la carga del poder? ¿Se puede triunfar sin ellos? ¿Una persona con valores de justicia y dignidad podría sobrevivir entre lobos? ¿Podrían Sampedro, Sábato o Lledó haber sido presidentes de una multinacional, o haber ejercido cargos políticos de responsabilidad? ¿Pueden los egos oscurecer la parte más humana de las personas? ¿Cuántas hambrunas y guerras no habrán sido causadas por sus efectos? ¿Cuántas equivocaciones sobre las personas no se habrán cometido por su culpa?

 

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El desencanto (II)

Por: | 08 de marzo de 2021

"En las fiestas patrióticas también los espectadores forman parte de los comediantes". Friedrich Nietzsche

"Ganamos justicia más rápidamente si hacemos justicia a la parte contraria". M. Gandhi 

Me encontré una y otra vez dándome cabezazos contra la pared. ¿Cómo puede existir gente a la que el dolor ajeno le resbale como si llevase puesto permanentemente un impermeable? ¿porqué la brutalidad de los que ostentan el poder es habitualmente amparada por el sistema? 

Son la derecha de oro e ignorancia. Mi ex suegro, el banquero tenía una casa-castillo con piscina, cancha de tenis y capilla. En el salón habia una escalinata con dos gigantescos colmillos de márfil y un enorme elefante de ébano comprado en algún resort de África. Una ostentosa biblioteca de nogal oscuro cubría el salon de punta a punta; best-sellers de Vízcaino Casas, Alfonso Ussía, César Vidal  y Pío Moa daban al lugar un aspecto todavía mucho más siniestro. En el dormitorio principal dos camas separadas y en el cabezal de la madre un sinfín de tallas de madera, representaciones  y cruces con la imagen de Jesucristo retorciéndose de dolor y aburrimiento. En definitiva, el obscurantismo y mal gusto como categoría estética.

En un lateral del jardín y tras unos tupidos y simétricos setos se encontraba la caseta del perro. Un schnauzer negro que sufrió la brutalidad y abandono de sus amos hasta el último minuto de su dolorida existencia. La garita del animal estaba cercada por una verja altísima para que no tuviese ni la más mínima posibilidad de escaparse.  

Como a nadie le importaba su cuidado, la mierda iba amontonándose en  la jaula hasta la náusea. El hedor que se desprendía en aquella zona hubiese provocado las arcadas del hombre más curtido del mayor vertedero de México. Cada vez que yo visitaba aquella finca (cuando no se encontraban sus propietarios) mi ex mujer y yo nos arremangábamos y nos poníamos guantes de goma y con escobas, paletas y detergente dejábamos aquel  lugar irreconocible. Y así hasta la siguiente visita. 

Si me dieran un euro por todas las veces que sentí el impulso de arragar por el pescuezo al banquero -con el  mismo collar de descarga eléctrica que él había comprado para adiestrarlo- hoy tendría la fortuna de los Trump y Amancio Ortega juntos.

En El Desencanto, los hermanos Panero reprochan a su madre que diese muerte -en su presencia- a una camada de cachorros ahogándolos en el  río.  Ella replica que antes de meterlos en el agua tuvo la consideración de hacer unos pequeños agujeritos en la caja pensado que así dulzificaba sus últimos minutos de vida. ¿Hasta que punto puede influir la frialdad de una madre provinciana y burguesa en la interpretación que puedan tener esos niños del mundo? ¿A quién puede sorprender el resultado de semejante influencia?. 

Poster

 

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¿Qué otro camino nos queda?

Por: | 14 de enero de 2021

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El corazón, como la campana, toca a todo. Pero no debemos cegarnos, ni dejarnos manipular por la onda expansiva de los sentimentalismos baratos promovidos por el sistema. 

«La sociedad, lo “social”, son sobre todo, de entrada y ante todo, unos deseos estandarizados, unos comportamientos uniformes, unos destinos prefijados, unas ideas comunes, unos trayectos calculables, unas identidades asignables, comprimidas, normalizadas», dice Frédéric Gros. Hemos llegado a un punto en el que las leyes de la economía concentran hoy todo el poder, y nos dicen quienes debemos ser, y a qué tenemos derecho, a partir de nuestro nivel de consumo.

Pero para ganar (ya son los vencedores), para que el becerro tenga cada vez más capas de oro necesitan estandarizar nuestros gustos y necesidades. Normas de ayer disfrazadas de modernidad. Reglas para que cada uno de nosotros sea calculable, conforme y, por tanto, previsible. Sujeto socializado, individuo integrado, persona “normal”. Si queremos vivir felices y tranquilos, debemos formar parte de esta gran familia que tiene la misma visión primitiva y convencional de la patria, el amor, el patriarcado y el éxito.

Sin embargo, nada puede ser construido exclusivamente desde un solo punto de vista. ¿Quién puede ser completo, un todo único todo el tiempo? Aquí entraría la capacidad crítica de cada uno de nosotros, que vendría a ser la única vacuna posible contra la frivolidad, la cursilería e indolencia imperante.

No hay respuestas fáciles. Nada es sencillo. Es justo lo contrario de lo que nos venden día a día. Quieren que nos conformemos consumiendo programas de televisión para imbéciles, oyendo políticos lanzando proclamas llenas de demagogia, y quieren a las masas enfervorizadas tras las banderas para ocultar su propia ineficacia. Quieren una ciudadanía que no haga preguntas. Familias patriotas con amor hueco a raudales. 

El Roto

Desenmascarar la dureza de lo heredado es condición necesaria para cambiar las cosas. Tenemos la necesidad de luchar contra los prejuicios, contra los hábitos y las costumbres, contra las predisposiciones que configuraran nuestro ser. ¿Cómo cambiar sino nuestro destino? ¿Cómo podremos ser sino nosotros mismos? ¿Podemos ser felices a través de los intereses creados por otros?

Me he convertido en el inconfundible aguafiestas de todos los festejos y reuniones. El pesado de turno que entona el cántico de la duda y sustituye el planteamiento banal por la pregunta incómoda y la sátira. No es un intento por destacar. En definitiva, se trata de la tríada esencial: saber, hacer y comprender. Necesito entender para encontrarme. ¿Qué otro camino nos queda?.

Hesse

Todos los sueños del Mundo

Por: | 04 de diciembre de 2020

 

Tintineó mi móvil sobre la mesita de noche. Era una llamada de mi madre. Llevo mucho tiempo pensando que en cualquier momento habrá terminado todo. Con un nudo en el estómago entré en su casa y me la encontré tendida en el suelo. Acaba de cumplir 87 años. 

Me estiré a su lado e intenté tranquilizarla. Verla así, asustada, frágil, y desarmada, me hizo, -una vez más-, sentir culpable. Al cabo de un buen rato la incorporé, calenté unas hierbas y la acompañé a la cama. Eran las cinco de la mañana. 

Aquel día me costó mucho conciliar el sueño. De golpe me vino a la memoria una frase de Emily Dickinson, “La vejez llega de repente, y no gradualmente como se piensa.” Todos somos hijos de nuestras penas. Y al mismo tiempo también lo somos de nuestra grandeza y servidumbre. Nos balanceamos entre el hacer y el ser. El camino hacia nosotros mismos nunca es seguro.

La lenta despedida de mi madre me hace sentir terriblemente infeliz. “No hay nada más pesado que la compasión. Ni siquiera el propio dolor es tan pesado como el dolor sentido con alguien, por alguien, para alguien, multiplicado por la imaginación, prolongado en mil ecos. El dolor ajeno llega a ser más duro que el propio. El amor hace que esto sea así. La compasión es un gran peso porque es un dolor irresoluble”. Milan Kundera dixit.

Mi teoría es que la gente mayor desaparece en el momento en el que ya no puede compartir sus sueños. Ya no se viste sola, le tiemblan las manos y se cae a cada nuevo paso. Borges decía que la vejez es un naufragio. Supongo que el hecho de tener una hija con parálisis cerebral, de la que ella no quiere despedirse, lo hace todo mucho más doloroso.

Para saber quién soy verdaderamente necesito descargar peso. Sin embargo, coincido con Pessoa cuando dice “hacer es descansar”. De nuevo me enfrento a mis contradicciones. ¿Hacer nos libera, o nos encadena? Dentro de unos años, ¿de qué habrá servido todo este sufrimiento? ¿De haber destinado todas las energías en mí mismo, sería hoy otra persona?.

Contextualizar me sirve para comprender. La globalización, la tecnología y el individualismo han incrementado este exacerbado sentimiento de soledad que sufren ahora mismo millones de personas mayores en el mundo. Cada vez estamos más solos y con relaciones menos comprometidas. ¿Cómo podemos compaginar el cuidado a nuestros mayores con nuestra vida? ¿Dónde está el límite?, ¿Quién se encargará mañana de recomponer las piezas rotas?.

Estamos en una sociedad que, progresivamente, se ha deshumanizado. Nos bombardean con el tema del éxito y la competitividad, pero nadie señala la importancia de la construcción de la sociedad. Los valores, la empatía, la justicia, la solidaridad, tienen que ver con cómo queremos ser. Nos estamos jugando qué tipo de sociedad queremos tener. Hablo de una cuestión más íntima y moral. Hablo de acompañar hasta el final a quien te ha cuidado y querido en los momentos más decisivos de la vida. Aquellos en los que éramos pura arcilla.

Sé que no lo hago bien. La actitud que proyecto hacia madre es la de la saturación, el cansancio y la tristeza. Enfrentarme a su deterioro me contrapone a una verdad que no quiero asumir. Todo pasa, sobre todo el ser humano. Y todo sitiador se convierte en sitiado. No estoy facilitando las cosas para que pueda irse.

Aquellos que no han sido felices en la infancia permanecen dañados de por vida. Quien no fue amado de pequeño, ya no puede sentirse en casa en el mundo. La humillación de la indiferencia no se puede borrar. La confianza en el mundo, desmoronada ya desde el primer golpe y hundida por completo por la falta de amor real no vuelve a recuperarse. A menudo los niños y niñas que sufrieron un temor así tienen que lidiar toda la vida con una imagen paterna que presenta a los progenitores como personas cariñosas, afectuosas y cuidadosas. No hacerlo da miedo. Este miedo es tan enorme que uno lo rechaza incluso antes de llegar a experimentarlo. Ya lo señalaba Cioran, la tragedia como conocimiento.

Nunca tendremos suficiente tiempo para agradecer lo que nos han querido. No hay nada que sustituya la seguridad que da el saber que hay puertas que siempre permanecerán abiertas. Una casa es el lugar donde uno es siempre esperado. Esto no significa que la familia no sea al mismo tiempo una institución compleja, abarrotada de heridas, y sufrimiento. Por perfectas que quieran parecer algunas, sobre todo las modélicas, solo es cuestión de sentarse y observar.

La familia es la primera locomotora que nos impulsa en la vida. Es la relación con sus miembros la que construye el complejo teclado de nuestro cerebro, nos ayuda a saber quiénes somos recogiendo el deseo natural de vincularnos, nos ofrece la seguridad necesaria para estar con los demás recordando de dónde venimos y la confianza para salir al mundo sabiendo hacia dónde vamos, o hacía dónde no queremos ir. La familia puede ser, por momentos, el faro que nos guía, o la embarcación en la que hundirse. Nada es tan complejo, intrincado, perverso, dañino, e irremediable como la familia. Y al mismo tiempo, y si has tenido suerte, en esta lotería que es la vida, no hay mayor fortuna para la vida adulta que haber tenido unos padres que te han querido. Lo que uno construya luego con ese patrimonio, tanto por exceso, como por defecto, ya es cosa de cada uno, y del destino.

De repente me siento como Homero, la tierra se me ha vuelto pequeña. Todos llevamos en nuestro corazón una Ítaca interior que unas veces soñamos con reconquistar, otras con recuperar, y, a menudo con preservar. Sin embargo, ¿cómo recobrar la figura de la tierra madre que se difumina?, ¿cómo retener algo que se te evapora entre las manos?, ¿cómo imaginar el futuro sin esa presencia omnipresente, incluso en la distancia?. 

El drama que vivimos en la actualidad es que todos los ámbitos de nuestra vida están contaminados por la idea del beneficio y del lucro. La imagen ha destronado a la palabra, es ella la que incide en el curso de la historia. Los sentimientos ya no determinan el curso de las cosas. Hace años que no abrazo a mi madre, son muy pocas las ocasiones en que he tenido el valor de mostrarle mis sentimientos. He huido siempre de todo sentimentalismo, por miedo a romperme. Maldita contención machista y patriarcal. Con lo fácil que hubiese sido educarnos en la ternura, sin miedo a ser cuestionados.

Hay días en que me levanto con una esperanza demencial, momentos en los que siento que todavía estoy a tiempo, y me imagino que corro a su lado para darle un abrazo con todas mis fuerzas. Y me dan ganas de decirle lo mucho que la necesito. Pero soy tan poca cosa, me siento tan frágil y tengo tanto miedo.

No soy nada.

Nunca seré nada.

No quiero ser nada.

Aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo.

Pessoa.

 

 

 



Cine para la supervivencia en tiempos de coronavirus

Por: | 16 de marzo de 2020

 

 


“La humanidad no se librará de su ignorancia, de su crueldad y su ferocidad (incluso hacia ella misma), hasta el día en que un acuerdo armonioso no se haya establecido entre la vida humana y la innumerable y humilde vida animal. No habrían existido vagones sellados hacia los campos de concentración si el hombre no se hubiese habituado a los vagones donde los animales sufren y agonizan; habría menos guerras si el hombre no se diese a la caza; habría menos niños y ancianos desdichados si hubiese menos animales maltratados. La Piedad es una”. Margarite Yourcenar.

Llevo cinco días de confinamiento, y tengo que hacer esfuerzos para que no me invada la angustia. No tengo ninguna seguridad sobre que esta crisis nos vaya a servir de aprendizaje. Este encierro no debería ser un barbecho temporal para seguir como hemos vivido hasta ahora. Es una señal de alerta que evidencia los límites del planeta y del capitalismo global. Al mismo tiempo, debería servirnos para comprobar el cinismo que somos capaces de soportar, y sobre todo, para hacer una profunda reflexión sobre el modelo de personas y sociedades que queremos llegar a ser.

Los que se han pasado las últimas décadas destruyendo el estado del bienestar y privatizando los servicios básicos como la sanidad o la educación; ahora claman a la solidaridad y a la unidad sin el más mínimo rubor. Son tan grandes las fechorías y el dolor que han causado sobre los sectores más vulnerables y castigados de la sociedad, que cuando uno observa la piel de cordero con la que se camuflan, me entran ganas de que aparezca uno de esos héroes de Marvel y los desenmascare. Pero lamentablemente, he llegado a la conclusión de que tenemos lo que nos merecemos. Existe un Donald Trump, y una Esperanza Aguirre porque hay millones de personas con el mismo pensamiento.

El resultado social y económico de esta crisis todavía está por verse. Sin embargo, si seguimos por el mismo camino trazado a principios de los ochenta, se perpetúan  erróneamente las mismas medidas de austeridad. Idénticas a las que nos han conducido hasta aquí. Sea como sea, y tal como señala Ingrid Guardiola, “Cuando esto acabe, intentarán hacernos creer que la culpa es nuestra y, si no hay ninguna estrategia política que ponga al ciudadano en el centro, nos enviarán, como quien organiza un viaje del Imserso, hacia un escenario conocido donde la precariedad será, de nuevo, el espectáculo".  Debemos trabajar para que de esta crisis surja un cambio de mentalidad. El miedo y la ansiedad inducidos por el sistema, nos han conducido a centrarnos en nosotros mismos. Esta pandemia global nos ha mostrado nuestro verdadero rostro.

A partir de ahora, tenemos que pensar que nuestras elecciones afectan a todos los que nos rodean. No existe tal cosa como "riesgo individual" o "bienestar individual". Este es el último recordatorio de que estamos inexorablemente conectados unos con otros. Si en un futuro seguimos pensando, por muy tentador que resulte, y por mucho dinero que ganemos, solo a nivel individual, y no colectivo, estamos condenados al más grande los fracasos, la aniquilación del ser humano. Nuestro comportamiento hacia las demás personas, incluyendo a los animales y la tierra determinará nuestro futuro.

George Bernard Shaw, decía “Los espejos se emplean para verse la cara; el arte para verse el alma”. Como lo que necesitamos ahora es alimentar el alma, (el verdadero rostro del sistema ya lo conocemos), he pensado que en estos momentos nos vendría bien a todos y todas, un listado con aquellas películas y libros que durante el encierro nos pueden ayudar a sentirnos algo más libres. No podremos avanzar, si no empezamos por saber quiénes somos realmente.

Estamos en la época dorada de las grandes series y plataformas digitales, sin embargo, no podemos permitir que el cine desaparezca de nuestras vidas. A continuación, paso a detallar un listado de 100 películas (en 2 posts) que no puedes perderte. He dejado al margen algunos clásicos imperecederos, que posiblemente conozca todo el mundo. Lo extraordinario de esta selección es que cuando vemos aparecer los títulos de crédito de la película seremos una persona, y cuando asoma THE END, nos habremos convertido, por arte de magia, en otra mucho mejor. 

 

The-hustler

 

 

 

 

 

  1. El Buscavidas, 1960 - Robert Rossen
  2. Rocco y sus Hermanos, 1960 - Luchino Visconti
  3. Senderos de Gloria, 1957 - Stanley kubrick
  4. Las Uvas de la Ira,  1940 - John Ford, 
  5. Esta tierra es mía, 1943 - Jean Renoir
  6. Ladrón de Bicicletas, 1948 - Vittoria de Sica
  7. La Herencia del Viento, 1960 -  Stanley Kramer
  8. La Jauría humana, 1966 - Arthur Penn
  9. Veredicto Final,  1982 - Sidney Lumet
  10. Días de Vino y Rosas, 1962 - Blake Edwards
  11. El fantasma y la Señora Muir, 1947- Joseph L.Mankiewic
  12. Los Vikingos, 1957- Richard Fleisher
  13. Chantaje en Broadway, 1957 - Alexandre Mackendrick 
  14. El Mensajero del Miedo, 1962 - John Frankeinheimer
  15. Jezabel, 1938 - William Wyler 
  16. Al azar Balthasar, 1966, Robert Bresson
  17. Fahrenheit 451, 1966 - François Truffaut
  18. Dogville, 2000 - Lars Von Trier
  19. In the Mood for Love, 2000 - Wong Kar-Wai 
  20. The Apartment, 1960 - Billy Wilder 
  21. El Fuego y la Palabra, 1960 - Richard Brooks
  22. Confidencias, 1974 - Luchino Visconti
  23. Incidente en Ox-Bow,  1943 - William A.Wellman
  24. La ley del Silencio, 1950 - Elia Kazan
  25. El cuarto Mandamiento, 1947 - Orson Welles
  26. Rio Bravo, 1959 - Howard Hawks
  27. El tren de las 3.10, 1957 - Delmer Daves
  28. Hasta que llegó su hora, 1968 - Sergio Leone
  29. Testigo de Cargo, 1957 -  Billy Wilder
  30. Senda Prohibida, 1942 -  Mervyn LeRoy
  31. Los Sobornados,  1953 - Fritz Lang
  32. Fury, 1936 - Fritz Lang
  33. La Noche del Cazador, 1955 - Charles Laugthon
  34. La Mujer del Cuadro,  1944 - Fritz Lang 
  35. Perversidad, 1945- Fritz Lang
  36. No Way Out,  1950 - Joseph L. Mankiewicz
  37. La Calumnia, 1960 - William Wyler
  38. Fargo, 1996, Joel y Ethan Cohen
  39. Retorno al Pasado, 1947 - Jacques Torneur
  40. Noche en la Ciudad, 1950 - Jules Dassin
  41. Cara de Ángel, 1952 - Otto Preminguer
  42. Plácido, 1961- Luis García Berlanga
  43. El Beso de la muerte, Henry Hthaway
  44. Brigada 21, 1950 - William Wyler
  45. Senda Prohibida, 1942 - Mervyn LeRoy
  46. Ace in the hole,  1951 - Billy Wilder
  47. Las Diabólicas, 1955 - H-G. Clouzot
  48. Gentleman´s Agreement, 1947 - Elia Kazan
  49. Ángeles sin brillo, 1957 - Douglas Sirk
  50. El Verdugo, 1963 - Luis García Berlanga

Amores Imaginarios

Sobre el blog

El componente humano primordial debería ser el del reconocimiento del otro. Sin los demás no podríamos existir. Por lo tanto, disfrutemos de “otros mundos” y que esa diferencia –en vez de aislarnos- sea el camino para conseguir un mundo más justo, menos convencional y más libre. En este blog rendimos homenaje a algunas de las más significativas creaciones humanas que han marcado nuestra existencia: libros, películas, autores, canciones, etc. y que han estimulado nuestra (mi) necesidad de pensar, sentir y gozar. Al mismo tiempo, es un espacio que indaga sobre la realidad humana e intenta contribuir a la reflexión y al aprendizaje.

Sobre el autor

Josep Giralt Josep Giralt. Trabajó en Canal Plus, en el Congreso de los Diputados y como fotoperiodista en América Latina, África y Asia. Coautor del libro Sentir Etiopía, (RBA), compatibiliza su trabajo como periodista en una Fundación con el de colaborador en tertulias de actualidad en Ràdio Barcelona-Cadena Ser. Anteriormente dirigió durante cuatro años el espacio Películas incómodas en Com Ràdio. Ha publicado artículos y entrevistas en El País, Avui, y El Mundo, entre otros. Su frase: "No sirvo ni para seguir ni para conducir", de Nietzsche; su película: Rocco y sus hermanos, de Visconti. Sus libros: Los ensayos, de Montaigne y Conversaciones, de Cioran.

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