Tratado sobre el inútil combate

Por: | 05 de junio de 2013

"Hay cosas encerradas en los muros que, si salieran de pronto a la calle y gritaran, llenarían el mundo". Federico García Lorca

"Sólo la imaginación puede enseñarnos el dolor ajeno". Rousseau

UntitledFotografía: Alicia Giralt

En mi último viaje a la India tuve algunas complicaciones que pude sobrellevar gracias a la lectura de un buen libro: la biografía de Frida Kahlo, escrita por Jamis Rauda. Siempre me interesó su vida porque me reconozco en su dolor y al mismo tiempo intento aprender de su forma de darle la vuelta: “Me pinto a mi misma porque estoy a menudo sola y porque soy el tema que mejor conozco”. La visita años después a su casa azul en Coyoacán no hizo más que acrecentar mi admiración por su vida y obra, a pesar del daño que me provocan sus poderosos cuadros. Siempre he identificado el sufrimiento de la pintora mexicana con el de mi  hermana. Dos supervivientes con experiencias vitales distintas, pero en las que sin embargo existen tristes coincidencias.

Para ambas mujeres la cama ha sido como un santuario eterno, el lugar en el que han pasado sus horas más dolorosas y solitarias. Rosa Montero lo sintetiza muy bien en su libro Historias de Mujeres: “La cama fue su refugio y al mismo tiempo su potro de tortura”.

Después de una semana de intenso trabajo, me encontraba por fin esperando mi vuelo para regresar a casa. Era de madrugada, esa hora en que la soledad se hace insoportable. Me senté para continuar con la lectura del libro en el pasaje en el que se describe el accidente que dejó a Frida rota en mil pedazos: “La colisión le partió la columna por tres sitios, le rompió la cabeza del fémur y las costillas, le fracturó tres veces la pelvis y las piernas y le aplastó por completo el pie derecho”. Cerré el libro de golpe.

No se puede vivir indefinidamente en el frente. Me coloqué el antifaz e intenté desconectar. Al cerrar los ojos, soñé que ponía la cabeza sobre el regazo de mi hermana pequeña mientras permanecíamos cogidos de la mano —como tantas otras veces— contemplando en silencio los árboles desde la ventana de su habitación.

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Esther corría el riesgo de romper aguas y los médicos le recomendaron reposo absoluto. Pese a los consejos, mi hermana nació a los cinco meses de gestación. Al llegar tan prematuramente y pensando que era un aborto la sacaron por los pies, en vez de hacerlo por la cabeza, provocándole para siempre un daño irreversible. Una monja que atendía el parto informó que necesitaba un nombre para el recién nacido con el propósito de bautizarla, y darle cristiana sepultura. Mi madre, convencida de que era tan sólo una cuestión de horas, preguntó a una de las doctoras por el suyo y esta contestó que se llamaba Helvia, el nombre que recibiría mi hermana.

A consecuencia de aquel parto nuestra familia sufrió un revés emocional que transformó por completo nuestras vidas. Frida Kahlo empezó con su tormento y lenta agonía a los dieciocho años, tras su fatal accidente. Durante la larga convalecencia, su madre colocó un espejo en la cama y ella tuvo la valentía de utilizarlo para enfrentarse a su tragedia. A partir de aquel momento Frida fue su propio modelo y obra. Murió sobremedicada y exhausta a los cuarenta y siete años de edad.

Mi hermana llegó al mundo con un mal pronóstico, completamente dependiente y con la seguridad de que nunca llegaría a ser una mujer adulta. Nuestra madre nunca más volvió a ser una mujer libre. Cada fin de año, cuando brindábamos, yo tenía la angustiosa sensación de que ese sería su último invierno. Cuando cumplió veinte años decidí dejar de brindar y por supuesto de conjeturar sobre la fecha de su muerte.   

Esther y Helvia

Esther y Helvia. Fotografía: Josep Giralt

El aviso de mi vuelo me sacudió de golpe. Me desperté bruscamente al darme cuenta de que lo que estaba soñando no era real. Recuerdo la extraña sensación de incorporeidad que experimenté en aquel momento, como si me arrancaran de la realidad. De nuevo volví a sentir esa angustia que no sé controlar y que me obliga a desconectar del mundo. Cuando me encuentro en una situación límite la figura de mi hermana me reconforta en la misma medida en que me destruye. Es necesario cierto valor, tal vez una clase de valor triste, para admitir que ha habido, y sigue habiendo, momentos en los que la familia, y yo en particular, no hemos sido capaces de dominar nuestro sentimiento de culpa. Hagas lo que hagas, nunca sientes que es suficiente.

Siempre tienes la impresión de estar en la misma situación que al principio. Las lágrimas empezaron a brotar bajo el antifaz. Sin pretenderlo me puse a pensar en infinidad de momentos compartidos y en todo el dolor acumulado. Frida Kahlo describía este mismo sentimiento como el suplicio indecible, como la pesadilla. 

Nadie pensó entonces que una criatura cincomesina y con parálisis cerebral resistiría con tanta fortaleza y valentía los siguientes cuarenta y cinco años. Los especialistas diagnosticaron a mi hermana como “un caso de vitalidad extrema”. Era el 24 de abril de 1969. En el resto del mundo desarrollado se planteaba la necesidad de planificar y controlar la natalidad, mientras en España se seguía premiando a las familias numerosas y la Iglesia continuaba adoctrinando sobre como criar y educar a los hijos. 

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Helvia no fue a al escuela hasta los 12 años. A los 20 comenzó a residir en un centro para discapacitados de lunes a viernes. Lleva tres años sin regresar a su casa.

Frida Kahlo tuvo la inmensa suerte de canalizar su rabia a través de sus pinturas. Su sensibilidad fue básica para concienciarnos a través de su propia experiencia. En la vida es recomendable un barniz de cultura para sobrellevar la barbarie y un poco de artificio para enmascarar el drama. En definitiva, creo que el arte es el decorado que nos mantiene vivos. La realidad al desnudo resulta estéril. Por el contrario, la incapacidad intelectual (que no emocional) de mi hermana ha impedido que pudiese expresar sus necesidades según los parámetros convencionales. Sus emociones nos llegan a través de su mirada y sobre todo de un comportamiento emocional que no sabe gestionar mesuradamente.

Hace un par de semanas llamé al centro de discapacitados físicos donde reside para comentarle que no podía subir a verla. Hablé con ella por teléfono, queriendo pensar que no se lo tomaría mal. Me senté ante el ordenador y continué con mi trabajo, pero algo en mi interior seguía produciéndome cierta inquietud. Decidí abandonar lo que estaba escribiendo y subí finalmente a visitarla. Cuando llegué a su habitación tenía los ojos totalmente enrojecidos por el llanto. Al preguntarle que le había ocurrido me contestó con un simple: “No estoy fina”. Las cuidadoras me confesaron que aquella tarde -después de hablar conmigo- había roto a llorar. 

A menudo me imagino a mi madre (ya tiene ochenta y tres años) saliendo de la residencia con la cabeza baja, el rostro hacia el suelo y la mirada perdida en el empedrado. No me pregunto qué estará pensando, qué tiene en la mente o qué ideas le inquietan. Todos sabemos la respuesta. Su máxima preocupación es pensar que ocurrirá con nuestra hermana cuando ella fallezca. Esta circunstancia provoca que llevemos años haciéndonos las mismas preguntas: ¿Cuál es el sentido de su existencia? ¿Se puede construir algo a partir del sufrimiento? ¿Dónde esta el límite? ¿De qué manera sufre? ¿Existe alguien que pueda explicarnos el sentido de tanto dolor? 

He sido testigo y víctima de la angustia y soledad que comporta tener una hermana con discapacidad en un país donde la prioridad son los bancos y no las personas. Pobre hermana. El año que naciste, en España se firmaba el Documento contra la Tortura en el que se denunciaban testimonios directos de más de cien víctimas y el arzobispo de Madrid, Dr. Casimiro Morcillo, condenaba la ocupación de iglesias con fines políticos. Ni los santuarios servían de refugio en este país.

Lamentable realidad, tampoco hemos cambiado demasiado. En la actualidad el Ministro de Justicia Alberto Ruiz-Gallardón anuncia que la malformación del feto no será una razón para abortar y las ayudas sociales disminuyen a niveles del tercer mundo. No creo que ninguna sociedad tenga el derecho, y menos pudiendo evitarlo, de cargar a ningún ser humano con sufrimientos más allá de lo imaginable. ¿Cómo puede entenderse la preocupación de esta gente por el aborto y sin embargo su indolencia por el destino de los que ya han nacido?

Frida Kahlo es, en la actualidad, una de las artistas contemporáneas más reconocidas. No tuvo una existencia plácida ni ordinaria. Su cuerpo doliente se fue deshaciendo con los años; corsés de hierro, de escayola, de cuero, llagas provocadas por las heridas y treinta y dos operaciones quirúrgicas. Desde 1944 hasta su muerte en 1953, padecía unos dolores agudos que la obligaron a depender de la morfina hasta el último minuto de su vida. El peregrinar de nuestra hermana -con mi madre al frente las 24 horas- por infinidad de centros de recuperación, quirófanos y hospitales ha sido como predicar en el desierto. Nadie ha sido capaz de dar soluciones o respuestas.

Al igual que Frida, mi hermana sufrió diversas intervenciones: para poder sentarse le cortaron los aductores, en otra ocasión le seccionaron las cabezas de fémur y años después le pusieron diversos corsés para que su cuerpo no se acabará inclinando como un árbol marchito. En la actualidad tiene problemas con las úlceras que se le forman a consecuencia de la incontinencia y de las horas en las que permanece sentada en la misma postura.

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Intenté ahogar mis dolores, pero ellos aprendieron a nadar (Frida Kahlo)

Los primeros recortes los han sufrido los geriátricos y los discapacitados. ¿Qué tipo de  políticos tenemos al frente que son capaces de eliminar las ayudas a quien más lo necesitan sin ruborizarse? ¿No deberían los gobiernos y las leyes estar al servicio de las personas?  ¿Qué  clase de sociedad estamos construyendo? Debemos actuar antes de que el abismo se abra a nuestros pies. Edmond Jabés sentenciaba: “El infierno no es el lugar del dolor. Es el lugar donde se hace sufrir”. 

La rabia e impotencia que se siente cuando ves sufrir a los que amas es casi imposible de asumir y muy difícil de gestionar. La parte más agresiva de mi carácter me supera cada vez que escucho a  los indestructibles legisladores de la moral hablar de caridad cristiana. ¿De qué compasión hablan? ¿En qué momento saltará la chispa que hará explotar la impotencia acumulada? Sólo espero que la derrota del pensamiento en la que nos encontramos sumergidos sea una cuestión transitoria. Frente a un horizonte frío, hostil y oscuro. Necesitamos más que nunca un mundo solidario y humano. 

En relación a mi hermana nada puede evitar ya el sufrimiento. Tanto si vive algunos años más, en deterioro progresivo y constante de calidad de vida, como si fallece. Nada ahorrará el dolor acumulado. Todos los que la queremos sabemos —sin hablarlo— que en esta historia no existe la posibilidad de un final feliz.

Nuestra manos

Helvia y Josep

Me toma de la mano y me lleva por caminos que no me hubiera atrevido a explorar solo (Maya V. Patel)

 

La música de Helvia 

 

Laura - Lluís LLach

 

Amor particular - Lluís Llach 

 

Veles i Vents - Raimon

 

El Trenecito - Ana Belén y Miguel Bosé 

 

El Barquito de cáscara de nuez - Emilio Aragón, Miliki y Miguel Bosé 

 

Garabatos - Enrique y Ana

 

Hay 28 Comentarios

Necesitan de estas situaciones para justificar la caridad con la que se ganan el cielo. Un ser libre e independiente no necesita caridad, no les necesita a ellos, no les sirve de excusa para justificar su propia existencia.

Necesitan de estas situaciones para justificar la caridad con la que se ganan el cielo. Un ser libre e independiente no necesita caridad, no les necesita a ellos, no les sirve de excusa para justificar su propia existencia.

Un record i un relat d'una realitat estremidor, Josep, i en el context actual encara més.. Sempre emocionant la lluita de l'Esther i el vostre esforç dia a dia de fa tants i tants anys.

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Amores Imaginarios

Sobre el blog

El componente humano primordial debería ser el del reconocimiento del otro. Sin los demás no podríamos existir. Por lo tanto, disfrutemos de “otros mundos” y que esa diferencia –en vez de aislarnos- sea el camino para conseguir un mundo más justo, menos convencional y más libre. En este blog rendimos homenaje a algunas de las más significativas creaciones humanas que han marcado nuestra existencia: libros, películas, autores, canciones, etc. y que han estimulado nuestra (mi) necesidad de pensar, sentir y gozar. Al mismo tiempo, es un espacio que indaga sobre la realidad humana e intenta contribuir a la reflexión y al aprendizaje.

Sobre el autor

Josep Giralt Josep Giralt. Trabajó en Canal Plus, en el Congreso de los Diputados y como fotoperiodista en América Latina, África y Asia. Coautor del libro Sentir Etiopía, (RBA), compatibiliza su trabajo como periodista en una Fundación con el de colaborador en tertulias de actualidad en Ràdio Barcelona-Cadena Ser. Anteriormente dirigió durante cuatro años el espacio Películas incómodas en Com Ràdio. Ha publicado artículos y entrevistas en El País, Avui, y El Mundo, entre otros. Su frase: "No sirvo ni para seguir ni para conducir", de Nietzsche; su película: Rocco y sus hermanos, de Visconti. Sus libros: Los ensayos, de Montaigne y Conversaciones, de Cioran.

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