Amores Imaginarios

Sobre el blog

El componente humano primordial debería ser el del reconocimiento del otro. Sin los demás no podríamos existir. Por lo tanto, disfrutemos de “otros mundos” y que esa diferencia –en vez de aislarnos- sea el camino para conseguir un mundo más justo, menos convencional y más libre. En este blog rendimos homenaje a algunas de las más significativas creaciones humanas que han marcado nuestra existencia: libros, películas, autores, canciones, etc. y que han estimulado nuestra (mi) necesidad de pensar, sentir y gozar. Al mismo tiempo, es un espacio que indaga sobre la realidad humana e intenta contribuir a la reflexión y al aprendizaje.

Sobre el autor

Josep Giralt Josep Giralt. Trabajó en Canal Plus, en el Congreso de los Diputados y como fotoperiodista en América Latina, África y Asia. Coautor del libro Sentir Etiopía, (RBA), compatibiliza su trabajo como periodista en una Fundación con el de colaborador en tertulias de actualidad en Ràdio Barcelona-Cadena Ser. Anteriormente dirigió durante cuatro años el espacio Películas incómodas en Com Ràdio. Ha publicado artículos y entrevistas en El País, Avui, y El Mundo, entre otros. Su frase: "No sirvo ni para seguir ni para conducir", de Nietzsche; su película: Rocco y sus hermanos, de Visconti. Sus libros: Los ensayos, de Montaigne y Conversaciones, de Cioran.

Dejad paso al mañana

Por: | 05 de julio de 2013

“Mientras vivamos, mientras estemos entre los humanos, cultivemos nuestra humanidad”. (Séneca)

“Nunca tengas hijos, sólo nietos”. (Gore Vidal)

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Mi abuela Ester

El delirio no es solamente el desánimo, la irracionalidad y el desconcierto en que estamos viviendo, sino también la prueba palpable de que nos encontramos ante los estertores del sistema. Como señala Edgar Morín: “Quizá es en el corazón del caos donde se libra el combate por la verdad.”

La CEOE criticó recientemente que se den cuatro días de permiso por defunción de un familiar. José de la Cavada, responsable de relaciones laborales, dice que los viajes "no se hacen en diligencia" y propone penalizar a los trabajadores con más de cuatro bajas laborales en el mismo año. Bien pensado es culpa nuestra, ¿quién nos obliga a querer a los demás? ¿Cómo es posible que necesitemos más de cuatro días para recomponernos de una pérdida? Jean Fontaine escribía: “La ausencia es el peor de los males”. Por mucho que intentemos explicárselo nunca lo entenderán.

Cuando murió mi abuela me encontraba en Barcelona. Había viajado para estar con los amigos y apenas había tenido tiempo para visitarla. Cuando me avisó mi madrina de que había fallecido, me acerqué hasta su casa, lamentando no haber prestado atención a las advertencias de mi madre. En varias ocasiones me insinuó su delicado estado de salud, pero no supe ver lo que intentaba decirme. Cuando sé es joven, uno tiene la absurda idea de que todo aquello que ama permanecerá junto a nosotros para siempre. Nunca más pude darle un beso, ni volver a escuchar su voz.

Siguiendo las sabias indicaciones de Cavada no pedí ni un solo día de fiesta. No acudí a su entierro y regresé a Madrid a la mañana siguiente. No quería pedir los días que me correspondían por un ridículo sentido de la responsabilidad. Cuando al cabo de pocas horas me di cuenta de lo mucho que había perdido, me encerré en el baño y permanecí aislado de la mañana a la noche. Aquella interminable jornada me sirvió para aprender que no hay nada más importante en la vida que los afectos.

Dejad paso al mañana (Make Way For Tomorrow), de Leo McCarey, es una película sencilla, sin artificios ni recursos malabares. Es una historia radicalmente actual que nos habla sobre la dignidad y la supervivencia de un matrimonio de ancianos en plena depresión norteamericana. Ambos deciden reunir a sus hijos para comunicarles que están arruinados y que los van a desahuciar al no poder hacer frente a la hipoteca. Tras una tensa reunión familiar, los hijos deciden repartirse a sus padres, lo que supone un duro golpe para ellos. Con esta premisa, el director nos sirve una historia que nos mantiene en alerta con espíritu crítico y demoledor, consiguiendo que recurramos a lo que Sócrates llamaba “vida examinada”. Un análisis sobre nosotros mismos y sobre la sociedad que hemos construido entre todos.

Make way for tomorrow 1937

El filme cuenta con un recital dramático soberbio, que nos llega al alma por su humanidad, sabiduría narrativa y el trabajo de sus dos entrañables protagonistas. El título de la película revela un cinismo y realismo despiadado. ¿En qué mañana pueden confiar un par de ancianos que observan con tristeza que son un estorbo incluso para sus propios hijos? ¿Qué clase de sistema hemos creado que no es capaz de proteger su patrimonio más valioso? ¿Quién va a luchar por los derechos de ancianos enfermos y sin recursos?

La película radiografía sin barnices lo que realmente somos y nos muestra cómo una situación de crisis puede afectar de un modo tajante la vida de las personas, sin importar la edad o condición. Y cómo en la mayoría de los casos, la violencia perversa del sistema tiende a anestesiar a la víctimas que, a partir de ese momento, no conservan las fuerzas ni para sí mismas. Es el triunfo absoluto del capitalismo más salvaje. El director se anticipó a su tiempo y nos dejó un mensaje que hoy se ha convertido en dogma de fe: “Si no hay moral en aritmética, no hay moral física, no hay moral en meteorología… ¿por qué habría de quererse que la hubiera en economía?

Cuando el proceso de desahucio y pérdida se desencadena es como si se arrancara una máquina que lo machaca todo. Se trata de un fenómeno terrorífico porque es inhumano. No conoce los estados de ánimo ni la piedad. El pasado mes de febrero se suicidó un matrimonio de jubilados en Mallorca después de recibir el aviso de que iban a ser desahuciados por impago de su vivienda de Cas Català, en el municipio de Calvià. Antes de convertirse en una carga decidieron desaparecer calladamente dejando una carta como toda despedida. ¿Se ha removido la conciencia de algún banquero o político responsable ante este horrible final?

Mi abuela tuvo la inmensa suerte de poder contar con el cariño y cuidado de la mayoría de la familia, especialmente de su hija mediana. Sin embargo, no creo que fuese especialmente feliz en una casa que no era la propia. Ya se sabe que el colmo de la desgracia es depender de la voluntad ajena. Sentirse vieja, torpe y frágil no es agradable para nadie. Por suerte se sintió querida hasta el último minuto de su vida. No puedo ni siquiera imaginar qué habría sido de ella si hubiese tenido que vivir un desahucio. De seguir como estamos, y ante tanto recorte, da verdadero miedo pensar a qué mundo nos enfrentaremos los ancianos del mañana. No hace falta ser muy listo para advertir que estamos tomando el rumbo equivocado. Nos enfrentamos a un sistema que te induce a consumir y producir permanentemente y cuando tropiezas, desfalleces o bajas el ritmo, te excluye sin piedad y lanza la llave al mar para que no encuentres cobijo.

Habitamos un mundo donde existen individuos que tapizan su trayectoria con cadáveres o muertos vivientes. Y esto no les impide dar el pego ni parecer totalmente adaptados a la sociedad. Suelen aparecer en las portadas de los periódicos y revistas y están posicionados como los mejores profesionales en el ranking de los medios de comunicación. Algunos de ellos están considerados como ejemplos a seguir en esta sociedad que nos machaca repetidamente para que nos ocupemos sólo de nuestro propio bienestar. ¿Pero qué mayor riqueza puede existir que la felicidad de aquellos a quienes amamos. 

 

 

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“Somos naturaleza. Poner al dinero como bien supremo nos conduce a la catástrofe”. José Luis Sampedro

 


Cada secreto compartido con mi abuela me sigue haciendo feliz. Fue una mujer moderna, en un cuerpo envejecido. Recuerdo que cuando tenía ochenta años le pedí las llaves de su casa (durante una semana) para un asunto delicado. Ella, entendiendo mi juventud y mis carencias pecuniarias, se marchó sin rechistar a casa de una de sus hijas para que pudiese resolver mis asuntos más privadamente. Conservo en mi memoria, -como uno de los tesoros más valiosos del mundo-, nuestro paseo cogidos del brazo hasta el pie del autobús que la llevaría a Mataró. La abracé hasta el infinito y me despedí de ella pensando que era la abuela más extraordinaria del mundo. Fue una de las semanas más dolorosas de mi vida y sin embargo nunca me juzgó. Cuando paso por su calle y miro su balcón vacío, cierro los ojos y de nuevo doy las gracias por haberla conocido.

Los últimos minutos de Dejad paso al mañana resultan entrañables y conmovedores. El matrimonio consigue finalmente reencontrase en Nueva York (el mismo lugar donde pasaron su luna de miel) y pasar cinco horas juntos antes de que el destino los separe definitivamente. La despedida en el andén del tren es como un puñetazo en plena cara.

El filme no fue un éxito de taquilla; era demasiado triste para ser comercial, demasiado realista y crudo, y el público no respondió. Los recuerdos de la crisis eran demasiado recientes y la gente necesitaba olvidar. Sin embargo, recibió excelentes críticas. Prestigiosos directores como John Ford y Orson Welles la han considerado como una de las películas más indispensables de la historia del cine. Uno no puede dejar de preguntarse si hoy sería posible una obra similar y de repente surge, una vez más, la inevitable duda: ¿Qué tipo de ciudadanos están tratando de producir nuestros establecimientos superiores y en qué medida lo están consiguiendo?

Con el fin de fomentar una sociedad reflexiva y deliberante, y no un mero mundo mercantil de grupos de interés en competencia, debemos producir ciudadanos que tengan la capacidad de razonar sobre nuestro estilo de vida. No es bueno para la democracia que la sociedad no analice los sentimientos que han absorbido a través de los medios de comunicación o de los poderes fácticos y que nunca han cuestionado. Esta falta de pensamiento crítico creará una sociedad en la que las distintas generaciones hablarán entre sí pero nunca lograrán comprenderse.

Como todos, yo soy víctima y parte de esta locura de consumo que estamos viviendo. Sin embargo, no echo en falta el último modelo de IPhone o el SmarthPhone más exclusivo. Lo que realmente extraño es el sonido de los pasos de mi abuela acercándose por el pasillo haciéndome sentir el pequeño gran hombre más importante del planeta. Por suerte, no hay dinero en el mundo que pueda sustituir eso.

 

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Títulos de crédito de “Dejad paso al mañana”

Qué grande es el cine.


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