La devoradora soledad del corredor de fondo

Por: | 22 de septiembre de 2014

En este mismo blog he hablado -en más de una ocasión- de mi hermana pequeña. No insistiré sobre su situación y lo que ha representado su discapacidad para ella y para el resto de la familia. Sin embargo, no puedo dejar de pensar (y decir) que todos somos producto de aquello que nos ha conformado durante los primeros años, pero -sobre todo- de aquello que hemos decidido asumir, o de lo que necesitamos escapar. A los que se pasan la vida eludiendo responsabilidades, me gustaría recordarles que es muchísimo peor vivir luego con el peso de la conciencia. Es curioso comprobar la capacidad que tenemos de mentirnos a nosotros mismos. La mayoría presumimos de vivir en la verdad, hasta que una situación límite nos enfrenta a nuestro auténtico yo o al del resto. Ningún ser humano quiere estar cerca de la verdad. A nadie le gustan las cosas que amenazan ruina.

  Correr-por-la-mañana

Nos han mentido prácticamente en todo. Nos deberían haber explicado que las ataduras de la infancia son extremadamente difíciles de desanudar. Esos fantasmas de antaño nos persiguen eternamente. Son aquellos que hemos ido abandonado a lo largo del camino cuando más nos necesitaban. Sin poder evitarlo nos quedamos con esa dolorosa sensación de vacío y de arrepentimiento que nos persigue a lo largo del tiempo. Estos espíritus, que por cierto carecen de delicadeza, aparecen de golpe cuando menos te lo esperas. Insisto, todo depende del grado de bondad y conciencia que una persona tenga. Carecer de ella es muy peligroso, pero tenerla... mucho más. Ya lo señalaba Cioran de forma brillante: “La conciencia como fatalidad”. En definitiva, somos nuestra cultura (entiendo que sensibilidad) antes de pensarla.

El fantasma de Canterville

Charles Laugthon en la versión cinematográfica del "Fantasma de Canterville" de Jules Dassin

Lo más aconsejable sería apropiarnos del dolor y hacer algo creativo con nuestro sufrimiento. La esencia de la grandeza radica en la capacidad de optar por la propia realización personal en circunstancias en que otras optarían por la locura o la derrota. Cierto es que en muchos casos un espíritu creativo, tampoco asegura la felicidad, al contrario. Entonces, ¿Por dónde empezamos? ¿Qué hacemos? ¿Qué camino es el más adecuado? ¿Vivimos pendientes sólo de nuestras necesidades? ¿Dónde está el límite? ¿Se debe vivir la vida de los demás por encima de la propia, sabiendo que nadie te devolverá los años, nadie te entregará otra vez a ti mismo? Quizás estamos desgarrados por dos proyectos incompatibles: ser felices o ser buenos.

Fly

Cuando vives en el frente tantos años, te das cuenta de lo devoradora que resulta la soledad. Y al mismo tiempo, obtienes un conocimiento impagable de la naturaleza humana. Lamentablemente, no existe mayor enseñanza que el sufrimiento: “Solamente hay dos escuelas donde se educan los hombres: la desgracia y la miseria. En la dicha y la fortuna se aprenden otras mil cosas, pero las verdades nunca”. Nuestro futuro depende de las herramientas que tengamos para encauzar nuestra rabia y dolor. Y nuestro sometimiento.

No puedo dejar de sentir indignación cada vez que escucho a alguien decirme que la historia de mi hermana me pesa demasiado. Incluso existe gente que me ha llegado a decir que soy yo quien se ha buscado la situación en la que me encuentro ¿Cómo se hace para prescindir de aquellos a los que amas? ¿Cómo se puede olvidar todo lo que te han dado? ¿Quién puede luchar contra el azar? ¿Quién decide dónde se nace y crece? ¿Cómo cambiar nuestro destino? No tengo respuestas, pero sé que nada contribuye tanto a hacer malo a un hombre como el no haber sido amado.  

Strugle

Los pasados son intransferibles. Constituyen la trayectoria vital de cada uno. Nuestra biografía. Lo único auténtico e imborrable. Lo demás son reflexiones, frustraciones, sueños y ambiciones: lo que pudo haber sido y no fue. No puedo dejar de pensar lo importantísimo que es para la condición humana coger a las personas a tiempo. A tiempo para su educación, sensibilidad, conocimientos, herramientas y -por ende- a tiempo de tener un futuro ¿Cómo esperamos que aquellos que han crecido en un entorno de absoluta dureza tengan oportunidades para su desarrollo? ¿Cómo nos atrevemos a exigir que aguanten callados y pacientes aquello que la mayoría sería incapaz de soportar? Hemos sustituido los principios éticos por las leyes del mercado. Estamos en un sistema que no recoge a los que caen. Al contrario, los lanza al vacío para luego dejarles solos. Y es porque en el fondo, creemos que nunca nos tocará a nosotros. Como dice un gráfico de El Roto, que tengo frente al ordenador: “No sabía que era negro hasta que me quedé sin trabajo”.

¿Qué es violencia?

Cuanto más abierta, vulnerable y formada sea una persona, mayores serán sus posibilidades. La mayoría de las cosas que nos vende el sistema, las que quieren que admiremos, ante las que pretenden que nos detengamos, brillan mucho por fuera, pero por dentro están huecas. No nos enseñan que los mayores bienes son fuente inagotable de preocupaciones y ninguna fortuna es menos fiable que la mejor. Desgraciados son aquellos que mueren repasando sus cuentas, mientras a sus herederos les consume la risa que guardaron por tanto tiempo. Es justo todo lo contrario de los que nos inculcan repetidamente. No podemos tolerar que al declive neoliberal siga el declive de la condición humana.

Today

Tengo un primo en la India que perdió a su madre hace algunos años. Un profesional reputado y muy integrado en el sistema. Sin embargo y pese a su suerte no ha perdido ni un ápice de humanidad. Tras años de trabajar más de quince horas diarias, hoy dispone de todas las ventajas aparentes posibles. Podríamos decir que de cara al sistema, él podría representar el éxito. Y -sin embargo- su preocupación no es hacer más dinero, o conseguir más privilegios. 

Muy a menudo le entristece el recuerdo de su madre. No hay viaje que haga a España en el que no añore su presencia cuando llega al aeropuerto. Dice  que nunca se acostumbrará a su ausencia. Daría todo lo material de lo que dispone para recuperarla. Concluyendo, creo que el verdadero gozo en la vida es una cosa muy seria y que nuestro espíritu es quien debería estar en paz. Y eso no es posible -digan lo que digan- si solo pensamos en nosotros mismos. Pero no esperemos recompensa alguna. El único premio a la acción buena, tal y como señalaba Vicente Ferrer, es haberla realizado. 

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considero que es un don el poder expresar de una forma tan brillante lo que realmente es la vida en si, decimos que la vida es la mejor universidad y es cierto si sabemos aprender de ella, y somos conscientes de nuestros actos. Grácias por esta preciosa reflexión

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Amores Imaginarios

Sobre el blog

El componente humano primordial debería ser el del reconocimiento del otro. Sin los demás no podríamos existir. Por lo tanto, disfrutemos de “otros mundos” y que esa diferencia –en vez de aislarnos- sea el camino para conseguir un mundo más justo, menos convencional y más libre. En este blog rendimos homenaje a algunas de las más significativas creaciones humanas que han marcado nuestra existencia: libros, películas, autores, canciones, etc. y que han estimulado nuestra (mi) necesidad de pensar, sentir y gozar. Al mismo tiempo, es un espacio que indaga sobre la realidad humana e intenta contribuir a la reflexión y al aprendizaje.

Sobre el autor

Josep Giralt Josep Giralt. Trabajó en Canal Plus, en el Congreso de los Diputados y como fotoperiodista en América Latina, África y Asia. Coautor del libro Sentir Etiopía, (RBA), compatibiliza su trabajo como periodista en una Fundación con el de colaborador en tertulias de actualidad en Ràdio Barcelona-Cadena Ser. Anteriormente dirigió durante cuatro años el espacio Películas incómodas en Com Ràdio. Ha publicado artículos y entrevistas en El País, Avui, y El Mundo, entre otros. Su frase: "No sirvo ni para seguir ni para conducir", de Nietzsche; su película: Rocco y sus hermanos, de Visconti. Sus libros: Los ensayos, de Montaigne y Conversaciones, de Cioran.

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