El bochorno de la pobreza

Por: | 08 de octubre de 2014

Millones de personas en nuestro planeta no han podido disfrutar jamás de un libro, o una película. No han contado con los recursos que pueden convertir la cultura en un asidero al que agarrarse, ni tan solo comprenden la importancia de lo que estamos hablando. Sin embargo, no conozco mayor vacuna contra la derrota. Adentrarse en el dolor de los demás a menudo sirve para comprender y analizar el propio. Abrir un libro o permanecer ensimismado ante una pantalla de cine, no ayuda a pagar las facturas, pero puede tener el mismo efecto que sintió Alicia al cruzar el espejo. A menudo necesitamos de las experiencias de los demás para encontrar las herramientas que nos ayuden a abrir puertas.

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Anantapur-Josep Giralt

Tendemos a pasar la vida mirándonos el ombligo y haciéndonos cada vez más pequeños. Creemos que todo el mundo gira a nuestro alrededor, sintiendo solo aquello que comprendemos. Queremos un mundo distinto, pero apenas alcanzamos a ponernos en la piel de los que se han quedado fuera del cuadro. Seguramente pensamos que bastante tenemos con conservar nuestro empleo y con no perder nuestra casa. Un verdadero lujo si lo comparamos con la mayoría de las infraviviendas en las que sobreviven millones de familias diseminadas por todo el mundo. Sin duda, no tenemos capacidad para soportar mucho más. Estamos pasando por momentos difíciles. A pesar de la recuperación de la que nos hablan algunos políticos, nuestra situación sigue siendo de una precariedad insultante. En realidad la mayoría estamos pendientes de un hilo. En la actualidad, pasar de la pobreza a la pobreza absoluta es tan solo una cuestión de suerte. Este capitalismo brutal, a menudo mafioso, deja indefensa a la parte más vulnerable de la sociedad.

Matar de hambre

Pero una cosa es ser víctima de un modelo que expulsa cada día a más personas al desamparo más extremo, y otra cosa es no haber formado parte jamás del sistema: haber sido invisible desde siempre. Para comprender el estigma que significa vivir en permanente postergación y discriminación, deberíamos empezar a diferenciar entre pobreza y pobreza absoluta. Las consecuencias de la pobreza, y en particular de la pobreza absoluta, tienen una dimensión material y social muy difícil de cuantificar. Pobreza absoluta significa la carencia de todo; el hambre y la pérdida total de confianza en uno mismo y en el futuro.  Es un callejón sin salida.

La doctrina del establishment siempre ha sido la misma. El peligro es que siempre acabamos por interiorizar su maquinaria de desinformación y destrucción sin mover ni una pestaña; la idea de que la pobreza ha existido siempre y siempre existirá no aporta solución alguna. La desigualdad se racionaliza y justifica con la idea de que los miembros de las élites merecen estar donde están porque están más preparados, mientras que los que están por debajo merecen estar ahí porque son menos capaces. Cuanto más desigual es la sociedad, más necesitas demonizarla para justificarla. ¿Qué mecanismos tienen realmente los más desfavorecidos para cambiar su destino? ¿Qué oportunidades de supervivencia pueden existir cuando no creen ni en sus posibilidades?  Es imposible avanzar sin el respeto y la dignidad que se merece cualquier ser humano.

Bolsillos

Las enfermedades debidas a la sobrealimentación provocan en Europa cada vez más víctimas, mientras que en el sur global millones mueren por desnutrición. ¿De qué libro o película vamos a tener el valor de hablarles? ¿De qué modo conquistaremos su voluntad?  Quienes ostentan el poder y dirigen los medios de comunicación tienen el deber imprescindible de evidenciar la realidad de quienes no tienen voz y que debido a las injusticias viven en permanente olvido. El primer paso para reconocer y revalorar sus estrategias de supervivencia (frente a este modelo neoliberal), sería acercarnos con el respeto, dignidad y entendimiento que se merecen.

  Chiste Malagon Delitos y derechos

A la hora de hacer estadísticas sobre la pobreza nunca tenemos en cuenta como la vergüenza y la humillación que esta supone, acarrea severas consecuencias en la salud emocional y física de las personas. Es una de las grandes trampas de las que nadie habla.  No se trata solo de escapar de una situación compleja, sino de cómo superar el estigma que supone no haberle importado nunca a nadie. Una de los grandes logros del neocapitalismo dominante es cuando consigue que la pobreza y la desigualdad ya no se presenten como problemas sociales sino como fracasos individuales. Incluso hemos acabado con la lucha de clases. Ahora, solo existe la revuelta individual. El sistema apoya y sostiene este discurso.

¿Qué gobierno pretende realmente acabar con la pobreza extrema? ¿Quién habla de responsabilidades? Ha ganado la batalla la idea de que todos somos de clase media y de que no existen causas que la provoquen. Esta idea, fomentada por políticos y periodistas de clase media, pulveriza el debate sobre las desigualdades, porque si no hay problemas sociales, no hay nada que debatir.  Mientras una cantidad abrumadora y anónima de personas sigue esperando que luchemos conjuntamente para cambiar su destino, dentro y fuera de nuestras fronteras.

Mandela

En el fondo las personas nos sentimos tan avergonzadas de saber que una gran parte de nuestros semejantes perecen a consecuencia de las desigualdades que respondemos a este escándalo con un tupido silencio. Según Jean Ziegler: “Este bochorno es compartido por el colegio, los gobiernos y la mayoría de nosotros”.

Sin duda, la imagen real de la desigualdad global futura no es halagüeña. Si la cosas continúan así, hay pocas esperanzas de que se produzca un cambio. Desde un punto de vista realista es probable que las desigualdades sigan existiendo y que el sistema de Estados-nación siga legitimándolas. Una desigualdad cada vez más profunda y cruel y unas condiciones de vida cada vez más precarias nos impiden desfallecer. Tal y como recordaba Vicente Ferrer: “Todo lo que te ocurre a ti, me ocurre a mí. No puedes mirar el sufrimiento de otros sin sentirlo dentro de ti... Puedes mirar o no mirar, pero ese sufrimiento te duele a ti también, y cuando te das cuenta, te sientes responsable y piensas: ¿qué puedo hacer?

 

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Estremecedor artículo. Ojalá llegue más allá de un mero brillante pensamiento y remueva alguna conciecia. Empecemos de una vez por todas a cambiar las cosas. No basta con saber que ocurre, debemos actuar ya.

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Amores Imaginarios

Sobre el blog

El componente humano primordial debería ser el del reconocimiento del otro. Sin los demás no podríamos existir. Por lo tanto, disfrutemos de “otros mundos” y que esa diferencia –en vez de aislarnos- sea el camino para conseguir un mundo más justo, menos convencional y más libre. En este blog rendimos homenaje a algunas de las más significativas creaciones humanas que han marcado nuestra existencia: libros, películas, autores, canciones, etc. y que han estimulado nuestra (mi) necesidad de pensar, sentir y gozar. Al mismo tiempo, es un espacio que indaga sobre la realidad humana e intenta contribuir a la reflexión y al aprendizaje.

Sobre el autor

Josep Giralt Josep Giralt. Trabajó en Canal Plus, en el Congreso de los Diputados y como fotoperiodista en América Latina, África y Asia. Coautor del libro Sentir Etiopía, (RBA), compatibiliza su trabajo como periodista en una Fundación con el de colaborador en tertulias de actualidad en Ràdio Barcelona-Cadena Ser. Anteriormente dirigió durante cuatro años el espacio Películas incómodas en Com Ràdio. Ha publicado artículos y entrevistas en El País, Avui, y El Mundo, entre otros. Su frase: "No sirvo ni para seguir ni para conducir", de Nietzsche; su película: Rocco y sus hermanos, de Visconti. Sus libros: Los ensayos, de Montaigne y Conversaciones, de Cioran.

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