Amores Imaginarios

Sobre el blog

El componente humano primordial debería ser el del reconocimiento del otro. Sin los demás no podríamos existir. Por lo tanto, disfrutemos de “otros mundos” y que esa diferencia –en vez de aislarnos- sea el camino para conseguir un mundo más justo, menos convencional y más libre. En este blog rendimos homenaje a algunas de las más significativas creaciones humanas que han marcado nuestra existencia: libros, películas, autores, canciones, etc. y que han estimulado nuestra (mi) necesidad de pensar, sentir y gozar. Al mismo tiempo, es un espacio que indaga sobre la realidad humana e intenta contribuir a la reflexión y al aprendizaje.

Sobre el autor

Josep Giralt Josep Giralt. Trabajó en Canal Plus, en el Congreso de los Diputados y como fotoperiodista en América Latina, África y Asia. Coautor del libro Sentir Etiopía, (RBA), compatibiliza su trabajo como periodista en una Fundación con el de colaborador en tertulias de actualidad en Ràdio Barcelona-Cadena Ser. Anteriormente dirigió durante cuatro años el espacio Películas incómodas en Com Ràdio. Ha publicado artículos y entrevistas en El País, Avui, y El Mundo, entre otros. Su frase: "No sirvo ni para seguir ni para conducir", de Nietzsche; su película: Rocco y sus hermanos, de Visconti. Sus libros: Los ensayos, de Montaigne y Conversaciones, de Cioran.

Los niños monstruo

Por: | 20 de enero de 2015

La única patria indiscutible que tenemos es la infancia. La familia que nos tocó en suerte, los amigos de nuestros padres, los compañeros de clase, vecinos y hasta los comerciantes de las tiendas del primer paisaje. Todo influye en nuestra naciente forma de descubrir el mundo. De pequeños somos vulnerabilidad en estado puro. Somos como esponjas absorbiendo todo lo que vemos alrededor. Siempre me he preguntado, ¿Cuándo se forjan la bondad, la inteligencia, el egoísmo, la maldad? ¿Cuándo se empieza a ser un villano o un héroe? 

Niños Poster

Donde viven los monstruos, Ediciones Alfaguara 

La gran mayoría de padres y madres consideran que la mejor forma de dar un futuro seguro a sus hijos, es proporcionándoles la mejor educación posible. Algunos lo logran, otros muchos se martirizan por no haberlo conseguido. Normalmente nos movemos en los parámetros de nuestro entorno, pero casi siempre con sueños de burgués de medio pelo. Proporcionar una carrera universitaria, -pese a todo-, sigue constituyendo un elemento de prestigio social y muy decididamente puede suponer formar parte del poder. Nadie quiere que sus descendientes pasen inadvertidos. Al final, tendemos a pensar y actuar como las masas. En definitiva, muy pocos tenemos el valor, de ser aquello que podríamos llegar a ser. Persiste la manipulación y domesticación de las conciencias y el cultivo de mitos e ilusiones con el fin de mantener sumisa a la población. Vivimos una racionalidad puramente instrumental.

 

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Cuentos de Navidad (2)

Por: | 05 de enero de 2015

Autora invitada: Anna Giralt Àlvarez
 
 

El Mago de las Noches de Reyes 

 

Escapó de niño de un pueblo de dos mil almas, que en un pasado medieval había sido una villa amurallada. Aún permanecían las casas de piedra, las calles estrechas y los arcos de las puertas de entrada. Y también las viejitas menudas vestidas de oscuro, los hombres ajados, y las mujeres siempre en delantal, en el trabajo y en casa. Los niños nacían con la piel pálida pero enseguida quedaban teñidos por el sol de los veranos, la tierra arcillosa y el aire del llano.  

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El niño escapó en bicicleta, pedaleando hasta el río, cruzando el puente sin detenerse hasta llegar a la pequeña ciudad que había diez kilómetros más abajo. Durante un par de años recorrió el mismo trayecto, siempre con frio porque el abrigo era escaso y los guantes mojados le congelaban los dedos. Alguna vez al llegar se había derrumbado al calor del hogar en el suelo de la cocina. Se marchó para aprender lo que no le habían enseñado en el colegio. Y era todavía un adolescente cuando fue contratado para llevar la contabilidad de una cooperativa de trabajadores agrícolas. El suyo fue el primer jornal que entró en aquella casa después de la guerra. 

Barcelona-

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No hay guardianes alados salvo para Montaigne

Por: | 03 de enero de 2015

No conozco mejor decisión que la que tomó el francés Michael de Montaigne encerrándose en su torre de Aquitania, renunciando de esta forma y por completo a las intrigas del poder y a las permanentes disputas familiares. En la libertad íntima de su château se dedicó a leer sin descanso, reuniendo centenares de libros en estanterías curvadas (hoy desaparecidas) y grabando a fuego, sobre las vigas de madera de su despacho, 57 citas que él consideraba imprescindibles. Allí permanecen inalterables como guardianes alados, Homero, Platón, Sófocles y Eurípides, entre otros. En uno de los muros dejó constancia de las razones de su autoimpuesto destierro de un mundo del que cada vez se sentía más extraño.

Suicidios

“¿Cómo puedes pensar que eres un gran hombre, cuando el primer accidente que ocurra te puede eliminar por completo?”. Es una de las frases esculpidas, letra a letra en el paraíso de Montaigne. Al descubrirla no pude dejar de relacionarla con la noticia publicada recientemente por el Instituto Nacional de Estadística (INE): “El suicidio es la principal causa de muerte no natural por encima de los accidentes de tráfico”.  Desde entonces no he cesado de preguntarme, ¿Qué factores influyen o son decisivos para abandonar voluntariamente la vida?, ¿Cómo protegernos ante las dificultades? ¿Cómo resistir a la derrota? ¿Cuándo dejamos de ser indestructibles? ¿Cómo sobrevivir en la miseria? ¿Cómo inmunizarnos contra el desgaste y el desamor causado por el paso del tiempo? ¿Cómo superar las ausencias? ¿Y la soledad?

 

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El País

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