Amores Imaginarios

Sobre el blog

El componente humano primordial debería ser el del reconocimiento del otro. Sin los demás no podríamos existir. Por lo tanto, disfrutemos de “otros mundos” y que esa diferencia –en vez de aislarnos- sea el camino para conseguir un mundo más justo, menos convencional y más libre. En este blog rendimos homenaje a algunas de las más significativas creaciones humanas que han marcado nuestra existencia: libros, películas, autores, canciones, etc. y que han estimulado nuestra (mi) necesidad de pensar, sentir y gozar. Al mismo tiempo, es un espacio que indaga sobre la realidad humana e intenta contribuir a la reflexión y al aprendizaje.

Sobre el autor

Josep Giralt Josep Giralt. Trabajó en Canal Plus, en el Congreso de los Diputados y como fotoperiodista en América Latina, África y Asia. Coautor del libro Sentir Etiopía, (RBA), compatibiliza su trabajo como periodista en una Fundación con el de colaborador en tertulias de actualidad en Ràdio Barcelona-Cadena Ser. Anteriormente dirigió durante cuatro años el espacio Películas incómodas en Com Ràdio. Ha publicado artículos y entrevistas en El País, Avui, y El Mundo, entre otros. Su frase: "No sirvo ni para seguir ni para conducir", de Nietzsche; su película: Rocco y sus hermanos, de Visconti. Sus libros: Los ensayos, de Montaigne y Conversaciones, de Cioran.

Sin los demás no somos nada

Por: | 31 de julio de 2015

 

Hay niveles incluso en la impostura. Es prácticamente imposible encontrar un ser humano sin personalidad poliédrica. Sin una doble capa. La mayoría nos pasamos la vida sin saber quiénes somos o lo que podríamos llegar a ser. Sin embargo, hay dos tipos muy diferenciados de personas: los que se rigen por una disciplina propia, -paradójicamente  repletos de dudas-, y los que viven con obediencia y seguridad una disciplina ajena. La aceleración actual a menudo genera incapacidad para pensar. Hoy en día nuestros mayores problemas son consecuencia en gran medida de la ideología dominante, los recortes sociales y las políticas fundamentalistas del mercado. Una manera de hacer, pensar y actuar que ha contribuido a crear un sanguinario nivel de desigualdad. Más de 1.000 millones de personas, o una séptima parte de la población mundial, viven en condiciones de pobreza.  Tal y como señalaba Vicente Ferrer: “La pobreza es la violación más grande de los derechos humanos”. Sin embargo, en el mundo desarrollado ha aumentado el consumo de fármacos para controlar la ansiedad y la depresión. Resulta incomprensible que mientras millones de personas no tienen acceso a lo más básico, la otra parte sufra las consecuencias del sobrepeso y la sobremedicación.

Mlawi 4

Mozambique-Josep Giralt

Por consiguiente, nos encontramos en un momento en el que ya no nos conmueven los grandes cargos, o elocuentes discursos. Coexistimos en un mundo quebrado donde a la mayoría de las personas le son negados sus derechos a la educación, al alimento y a obtener servicios de salud. Ya no podemos creer en salvadores de la patria. No son palabras huecas, ni grandes soflamas lo que necesitamos. Aquellos que nos exigen respeto y que utilizan todos los medios a su alcance para persuadirnos, deberían comprender que por encima de la dignidad humana, no hay bandera, himno, o propaganda política que valga. No pueden convencernos de lo contrario. ¿Qué puede existir más valioso que la justicia o la igualdad? No hay razón de Estado, sino que hay un principio de humanidad que ha de prevalecer.

Vemos constantemente como el sistema encumbra personajes ambiciosos, grises, de colmillo retorcido, sin empatía alguna, con egos descomunales e intereses personales obscuros. No se puede prolongar más un modelo de gobernanza que ignore las necesidades de la mayoría. Necesitamos ilusión y un modelo nuevo. Recuperar las emociones, la sensibilidad y la empatía. No podemos ceder ante un sistema que nos sigue adoctrinando para que luchemos principalmente por nuestros propios intereses. Hemos vivido demasiado tiempo anestesiados en un mundo de mucha moral y poca ética.

Pasta

De ahí la importancia de empezar a cambiar desde la base. El investigador Francisco Mora, uno de los más reconocidos profesionales de las neurociencias a nivel mundial, asegura que el elemento esencial en el proceso de aprendizaje es la emoción porque sólo se puede aprender bien aquello que se ama, aquello que nos dice algo nuevo; que tiene significado, que sobresale del entorno. En definitiva, “la neurociencia nos demuestra que el elemento esencial en todo aprendizaje es la emoción”.  Si esto es así, no puede dejar de preguntarme: ¿Qué emoción sienten entonces los que no tienen ningún problema a la hora de aplicar recortes en geriátricos y centros de personas con discapacidad? ¿A los que permiten que millares de personas naufraguen en el mar? ¿A los que ordenan bombardear la población civil argumentando que se trata tan sólo de daños colaterales? ¿Qué emociones vivimos en la escuela y en nuestras familias para que la mayoría de nosotros permanezcamos impasibles ante tanta atrocidad? ¿Porqué les hemos dado la espalda a nuestras emociones? ¿Qué ha pasado con nosotros y nosotras para que solo queramos ver aquello que no nos cuestiona?

Brain

En definitiva, menos emociones y más resultados. Manda la economía, las grandes empresas, el Ibex 35, y los medios de comunicación. Ellos son los que dictaminan cómo debe ser nuestro pensamiento, nuestra vida y por ende nuestro destino. Sin embargo, tal y como señala Francisco Mora: “sin emoción no hay curiosidad, no hay atención, no es posible el aprendizaje. Y sin el aprendizaje y la curiosidad no hay alternativas posibles. Corremos el peligro de que tampoco exista la memoria, puesto que no habrá emociones.”

El-roto 2

Recuerdo unos de las primeras humillaciones que presencié de niño y que condicionaron para siempre mi relación con el poder. Debía tener entonces unos diez años. Un compañero de clase, con nombre de marinero, le levantó la falda a una chiquilla en el recreo. La directora de la escuela consideró que aquello no podía volver a repetirse y subió al niño sobre la mesa de la maestra. Después de disertar sobre lo peligroso que era adentrarse en lo desconocido, le bajo los pantalones, los calzoncillos y le hizo dar unas cuantas vueltas desnudo sobre el tablero, como si se tratase de una peonza. Las lágrimas le caían por las mejillas en silencio. Lloró tanto que hasta se le quedaron sin sal. Fui incapaz de resistir su mirada. No sé qué área del cerebro se me debió poner entonces en funcionamiento, pero todavía no he conseguido olvidar aquel día. ¿Es posible que la maldad esté relacionada con la infelicidad? ¿Somos malos porque somos incapaces de acertar con nuestras emociones? ¿Qué emoción se le pudo pasar por la cabeza a una adulta, que se suponía una profesional, al tomar una decisión tan equivocada?   

Sin castigos

Según Mora, revitalizar hoy la enseñanza y el aprendizaje avanzado, requiere conocimiento de cómo funciona el cerebro. Se deben descifrar los códigos que encierran su funcionamiento. Esto nos llevará a un nuevo concepto de la educación. Un nuevo mundo de conocimientos e instrumentos con los que mejorar la enseñanza y el aprendizaje. Solo hay una forma posible para cambiar el orden injusto del mundo. Y ese camino solo podrá producirse invirtiendo en educación. Una nueva educación que cambie al ser humano. El prestigioso especialista va más allá y afirma: “Aunque parezca idealista, yo me atrevo a predecir que esta nueva educación llevará a desterrar lentamente el pensamiento liquido y a potenciar el pensamiento analítico y crítico y desde luego el creativo. Todo esto acontecerá de un modo lento pero también, inexorable”. Otro modelo de sociedad será posible si definitivamente comprendemos, que la puerta de entrada al conocimiento es la emoción. La emoción como energía transformadora del mundo.

Senderos de gloria

El cine, fábrica de emociones

Todo el mundo sabe, por experiencia propia, que lo que mejor se recuerda es aquello que tiene un fuerte contenido emocional. Mis primeros recuerdos son los de un colegio grandioso de color blanco y azul celeste. De olor a plastilina y lápices de cera. De pequeñas piezas de madera con formas geométricas. De puertas y ventanas enormes con solemnes cristaleras. En mi primera clase, que daba al jardín, donde tenían plantado un viejo magnolio, aprendí, sin saberlo entonces, la importancia que tiene la luz para conseguir una buena fotografía. Si cierro los ojos, todavía podría identificar la luminosidad cambiante de cada una de la estaciones.

Estaciones

Como cada tarde, y poco antes de las cinco, una empleada llevaba el té al despacho de la directora. Subía lentamente y con cuidado aquella empinada escalinata que teníamos frente a nuestra clase. Enseguida reconocíamos sus pasos por el tintinear de la bandeja. Percibíamos entonces que se acercaba la hora de regresar a casa. Hoy sabemos que las ideas que hiladas conforman el pensamiento humano, ya tienen un significado emocional. ¿En qué momento se forjan? ¿Qué valor tenían entonces las emociones? ¿Eran conscientes entonces los docentes de los problemas que podía tener algunos alumnos en sus casas? ¿Les importaba realmente? ¿Qué prioridad daban entonces a las emociones?

Kettle

No me gustaría responsabilizar a nadie, más que a mí mismo de mis errores. Pero ¿puede un niño guardar inconscientemente rencor el resto de su vida? ¿Qué emociones negativas necesitarán ser resueltas? En aquella escuela aprendí que el pasado siempre está delante y que lo eterno puede llegar a ser horrible. Aprendí también a sentir lo que es el vértigo y el miedo a saberte solo. Y que la socialización mal encaminada es el origen de los desequilibrios. De igual forma entendí que en la vida resulta mejor ser víctima que verdugo. Me gustaría saber cómo se las apañan (con sus emociones), aquellos que llevan sobre sus espaldas el dolor que han causado. ¿Somos conscientes de que hay emociones que pueden condicionar una vida?

Columpios

Todo es importante cuando somos pequeños. Hasta el papel de las paredes entre las que se enseña, sus colores, su temperatura, la luz, la orientación y los sonidos. Los alumnos identificábamos dónde estaba la directora por la fragancia que desprendía su perfume. Seguíamos el rastro de su aroma con el fin de no encontrárnosla por los pasillos. Los espacios también formaban parte nuestra. Fuesen estos a ras de tierra y abiertos o arriba anclados a un kilómetro de altura por encima de las nubes. Yo supe lo que era perderse en aquellas primeras aulas de mi infancia. Nadie nos explica que la escuela también puede constituir nuestra primera jungla.

Sin embargo, sigue habiendo algo importantísimo y vital, pese a los fracasos y los errores. Algo que no debería cambiar nunca. Por muchos medios electrónicos y digitales que haya. Por mucho que los estudiantes del futuro estén rodeados de robots, pantallas de plasma y ordenadores. Por mucho que pueda inventarse un mundo digital. No existirá nunca nada que pueda reemplazar la emoción humana. Seguiremos necesitando, como el árbol a su savia, el calor de los demás. Sin los demás no somos nada.

Iphone

Mi experiencia durante la adolescencia en aquella escuela, me permitió entender que la verdad a menudo genera ruptura. Que somos prisioneros de nosotros mismos y que no debemos supeditar nuestra vida a la tiranía de la opinión ajena. Aquel colegio al que paradójicamente quise tanto, me hizo mucho daño. Pero posiblemente me hubiese ocurrido algo parecido en cualquier otro lugar. Yo no era entonces como la mayoría de mis compañeros. Y ese es el peaje que tuve que pagar.

Cuando miro hacia atrás e intento salvarme de aquellos años, me imagino de nuevo como un niño pequeño paseando por el patio de la escuela, cogido feliz de las mano de mis hermanos. Con los ojos bien abiertos, sin correr pero elevándome a cada paso, como si fuese un tejido al viento. Qué definitivas resultan las emociones…

  

 

 

 

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