Amores Imaginarios

Sobre el blog

El componente humano primordial debería ser el del reconocimiento del otro. Sin los demás no podríamos existir. Por lo tanto, disfrutemos de “otros mundos” y que esa diferencia –en vez de aislarnos- sea el camino para conseguir un mundo más justo, menos convencional y más libre. En este blog rendimos homenaje a algunas de las más significativas creaciones humanas que han marcado nuestra existencia: libros, películas, autores, canciones, etc. y que han estimulado nuestra (mi) necesidad de pensar, sentir y gozar. Al mismo tiempo, es un espacio que indaga sobre la realidad humana e intenta contribuir a la reflexión y al aprendizaje.

Sobre el autor

Josep Giralt Josep Giralt. Trabajó en Canal Plus, en el Congreso de los Diputados y como fotoperiodista en América Latina, África y Asia. Coautor del libro Sentir Etiopía, (RBA), compatibiliza su trabajo como periodista en una Fundación con el de colaborador en tertulias de actualidad en Ràdio Barcelona-Cadena Ser. Anteriormente dirigió durante cuatro años el espacio Películas incómodas en Com Ràdio. Ha publicado artículos y entrevistas en El País, Avui, y El Mundo, entre otros. Su frase: "No sirvo ni para seguir ni para conducir", de Nietzsche; su película: Rocco y sus hermanos, de Visconti. Sus libros: Los ensayos, de Montaigne y Conversaciones, de Cioran.

Cada uno tiene lo que se merece

Por: | 26 de agosto de 2016



El mundo pertenece a los jetas y a los indolentes. Mis padres, como la gran mayoría, se equivocaron mil veces. Pero no todos mis errores y miserias son responsabilidad suya. Yo lo hubiese hecho bastante peor. Sin embargo, no dejo de preguntarme, ¿qué elementos hacen que la vida sea más fácil, menos dolorosa? A la luz de los datos actuales, ¿está la evolución humana ligada a la inteligencia emocional? ¿Cómo es posible que algunas personas dignas de admiración mueran en la miseria y otras, incluso constituyendo un peligro para el conjunto de la humanidad sean ensalzadas hasta el agotamiento?

Cuerda
Dos investigadores del siglo pasado contemporáneos de Darwin, Greg y Dalton hicieron una curiosa afirmación: si se puebla una aldea con cien personas estúpidas, arrogantes, y crueles, y otra con cien personas bien educadas y afectivas, varias generaciones después habrá varias miles de la peor calaña y ni una sola del grupo más crítico y sensible. Grag y Dalton descubrieron que los tontos son más prolíficos, mientras que los inteligentes no lo son; al contrario, la inteligencia tiende a obstaculizar el sistema. ¿Por qué las mentes más preclaras están siempre en la oposición? Herodoto advertía que los dioses truncan todo aquello que destaca: por eso, caen abatidos por los rayos los árboles más altos y los animales de mayor tamaño, salvándose los más pequeños. En definitiva, y parafraseando a Gramsci: “los monstruos devastaron el mundo porque lograron hacerse ver como “normales”.

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A medida que voy acercándome a la edad que tenía mi padre en los años ochenta, no puedo dejar de pensar en su legado. Ni él, ni mi madre nos dieron herramientas para salvaguardarnos de la maldad. Tal y como dijo Bukowski: "No tengo tiempo para cosas que no tienen alma". No sabía entonces, que el pasado nunca muere y que ni siquiera es pasado. En casa nos enseñaron que nunca se va de visita con las manos vacías. Nos enseñaron que debemos procurar no ser un gasto para nadie. Insistían en que no debemos permitir que los demás vayan pagando las cuentas en los restaurantes, y que sacar la cartera a tiempo no se trata de un simple gesto. Y que por encima de cualquier otra cosa, debemos comprender las circunstancias ajenas e intentar no juzgar gratuitamente. En definitiva, nos educaron como personas y no como perros de caza. 

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A menudo la rabia me hace perder la perspectiva sobre quién quiero ser y qué me hace feliz. No puedo dejar de pensar que me hubiese gustado otra vida para ellos y por ende para nosotros. Todos hemos tenido sueños, algunos ya no podrán cumplirse. Siempre me quedé con las ganas de invitar a mis padres al concierto de Año Nuevo en Viena, nunca pude costeárselo. Siempre soñé con regalarle a mi abuela una pequeña casa con un jardín lleno de hortensias para que tuviese la impresión de que estaba de nuevo en Santander. Y siempre soñé que a mi hermana pequeña, con paralisis cerebral, le proporcionaría las mejores cuidadoras del mundo para que nunca llegase a sentir el peso de la soledad. Sin embargo, los años han transcurrido demasiado rápido y tal y como decía Machado: “siempre sobre la madera de mi vagón de tercera”. ¿Hubiese podido ayudar más a los demás de haber tenido menos conciencia? ¿Habría tenido un destino distinto de no haber heredado ciertos valores y conductas? ¿son la generosidad e inteligencia emocional un obstáculo para prosperar?

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Santander


Todo lo que pensamos, hacemos y decimos es desde un lenguaje, desde un tiempo y un espacio, desde una historia. En una palabra, el factor biográfico es ineludible. Mi padre, al que ya he nombrado en diversos artículos, fue Willy Loman, el viajante de la obra de Arthur Miller. Pobre hombre, nunca llegué a idealizarlo. Sufrí en primera persona sus peores años. Sin embargo, nunca he vuelto a encontrar a nadie tan generoso, honesto, culto, acabado y nefasto como él, salvo yo mismo. Algunos querrán entender estas reflexiones como el resultado de un pesimismo vagamente subversivo, yo por el contrario considero que el optimismo solo se lo pueden permitir las clases dominantes. Lo insólito sería creer que con un padre víctima de su propia incapacidad afectiva, yo hubiese crecido creyendo que algún día llegaría a ser John Ford o Néstor Almendros. Me he quedado para siempre con la ilusión de estrecharle entre mis brazos y de sentir al mismo tiempo, -en ese abrazo- que mi existencia hizo la suya algo más hermosa. Conozco muy bien la respuesta. La verdad nunca es amiga. De nuevo la conciencia como fatalidad. 

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Al final, las cosas o se hacen por amor o no sirven. Sin embargo, nada es tan sencillo. Coincido con Maalouf: “Creo tan poco en las soluciones simplistas como en las identidades simplistas. El mundo es una máquina compleja que no se desmonta con un destornillador. Pero no por ello hemos de dejar de observar, de tratar de comprender, de especular, de discutir, de sugerir en ocasiones tal o cual vía de reflexión”. El otro día escribiendo un artículo sobre pobreza, desarrollo y paz me vino a la cabeza la siguiente pregunta, ¿es posible que el pasado devore el devenir? ¿Es posible salir de la pobreza? ¿En qué porcentaje se consigue superar el escalafón económico independientemente de la familia en la que se haya nacido? ¿Qué papel juega la suerte?. Según el sueño americano, se puede llegar a lo más alto independientemente de la procedencia. Sin embargo, deberíamos conocer las estadísticas y los datos que ratifiquen esta teoría. Y sobre todo, saber qué características son necesarias para llegar a ser rico y al mismo tiempo conseguir dormir plácidamente. Pienso, -sin generalizar-, de forma muy parecida a la de Paul Newman en Harper, Investigador privado: “el fondo está sembrado de buenas personas. Sólo el aceite y los bastardos ascienden".

  Harper
Recuerdo que mi padre explicaba que se encontró a un vecino trajinando con sus maletas a la salida de la estación de metro. Al verle, se le ocurrió prestarle ayuda. Cuál fue su sorpresa al ver que le entregaba la maleta más gruesa y pesada. El otro, sin apenas pestañear, permitió que cargase con ella por toda la cuesta hasta llegar a la puerta de su casa. No puedo sentirme más retratado. De hecho, treinta años más tarde he conseguido superar la gesta de mi padre. El otro día subí una maleta que pesaba 37 kilos, directamente y sin detenerme, hasta un tercer piso y sin ascensor. Todavía no me he recuperado. No solo se hereda el linaje, también la idiotez. Es incuestionable, en nuestra familia siempre hemos reaccionado tarde ante los caraduras. Muchas veces crees que lo que estás viendo no es posible y cuando sales de tu asombro, ya te la han colado.

Willy

A finales de los años cuarenta mi padre llegó a Barcelona para trabajar como contable en la Textal. Con él venía un amigo suyo de la infancia. Su primer sueldo fue de 1.500 pesetas, su amigo cobraba 500. Mi padre era encargado y Juan mozo de almacén. Como se conocían desde pequeños y eran del mismo pueblo, mi padre consideró que era justo repartir su salario durante un tiempo, dándole 500 pesetas de su nómina para que los dos cobrasen lo mismo. Con este carácter es más que evidente que jamás llegaría a labrarse una fortuna. Ningún hombre honesto se hace rico en un momento. Definitivamente creo que no es nuestra conciencia la que determina el ser, sino, por el contrario, es nuestro ser social el que determina la conciencia. Mi padre nunca olvidó sus orígenes.

El roto


Cuando nos vendieron la moto del capitalismo y de los mercados, su principal promesa fue que servirían para que las fortunas individuales no dependiesen de los orígenes familiares. Nos mintieron diciendo que se trataba de democratizar las oportunidades y hacer el mundo más justo. Según un estudio de la Banca de Italia los ricos de Florencia son los mismos ahora que hace 600 años. Si esto ocurre en Europa, ¿qué no pasará en la India o en África?

Al igual que sucedio con Willy Loman, a mi padre nunca vino a salvarlo nadie. Al contrario. Toda aquella humanidad, curiosidad, y pasión por la vida que le caracterizaba fue desapareciendo poco a poco. Los seres humanos nos hacemos en relación a los otros; la raíz del ser es la perplejidad con la vida, no tiene que ver solamente con uno mismo. Supongo que el mundo que él soñó para nosotros fue evaporándose, y solo encontró resguardo entre las brumas de su propia frustración y angustia. Qué tristeza pensar que al final todos somos esclavos de aquello que creemos se espera de nosotros. ¿Cómo ser lo suficientemente libres y fuertes como para no dejarnos influir por los entelequias del sistema?    

Deathofsalesman


Su marcha me dejó un poso de melancolía e indignación. Y también unas irrefrenables ganas de plantarle cara al sistema. Mi padre fue una de las muchas víctimas de la globalización de los años ochenta. Han pasado más de treinta años, y las desigualdades y las injusticias han crecido exponencialmente. La gran victoria de la globalización ha sido saber mutarse y convertirse no únicamente en el producto dominante sino en el único pensamiento de los excluidos. Son tan perversos que la ideología del mercado, del consumismo, de las privatizaciones y del sueño americano se ha instalado en el “sentido común de la gente”. La hemos interiorizado de tal forma que se genera de manera natural dentro de la vida diaria de cada uno de nosotros. Han conseguido hacernos creer que ya no existen víctimas ni verdugos. Cada uno tenemos lo que nos merecemos. De no permanecer alerta, no demorará mucho tiempo que las personas se convenzan de que la solución no esta en la política. ¿Qué hacemos a partir de entonces?

 

 

 

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