Amores Imaginarios

Sobre el blog

El componente humano primordial debería ser el del reconocimiento del otro. Sin los demás no podríamos existir. Por lo tanto, disfrutemos de “otros mundos” y que esa diferencia –en vez de aislarnos- sea el camino para conseguir un mundo más justo, menos convencional y más libre. En este blog rendimos homenaje a algunas de las más significativas creaciones humanas que han marcado nuestra existencia: libros, películas, autores, canciones, etc. y que han estimulado nuestra (mi) necesidad de pensar, sentir y gozar. Al mismo tiempo, es un espacio que indaga sobre la realidad humana e intenta contribuir a la reflexión y al aprendizaje.

Sobre el autor

Josep Giralt Josep Giralt. Trabajó en Canal Plus, en el Congreso de los Diputados y como fotoperiodista en América Latina, África y Asia. Coautor del libro Sentir Etiopía, (RBA), compatibiliza su trabajo como periodista en una Fundación con el de colaborador en tertulias de actualidad en Ràdio Barcelona-Cadena Ser. Anteriormente dirigió durante cuatro años el espacio Películas incómodas en Com Ràdio. Ha publicado artículos y entrevistas en El País, Avui, y El Mundo, entre otros. Su frase: "No sirvo ni para seguir ni para conducir", de Nietzsche; su película: Rocco y sus hermanos, de Visconti. Sus libros: Los ensayos, de Montaigne y Conversaciones, de Cioran.

¿Qué nos está permitido decir?

Por: | 30 de noviembre de 2016

 

¿Qué nos está permitido decir? En cada familia existen determinadas emociones que pueden ser consideradas peligrosas. Se ocultan tras la mampara y todos respetan esa especie de acuerdo no expresado verbalmente. Todos sus miembros pretenden esconder su existencia, pero siempre hay algo que permanece en la superficie, y que nos recuerda, que en cualquier momento podemos colisionar con la punta del iceberg. Sin embargo, siempre hay grados en la impostura, y a menudo tienen que ver con la inmensidad y magnitud del drama. Todos escondemos algo que nos duele, pero algunos somos más conscientes de las ficciones que nos sostienen. Pero no hay nada peor que encontrarse con aquellos que de forma engreída presumen y se pavonean de contar con una familia y una vida ejemplar, sin fisuras. Tal y como decía Shakespeare, “hay más tragedia en la vida de un hombre que en toda mi obra”. Hay que saber mirar para entender que con mucha frecuencia la verdad se enmascara y que tras el esplendor del oro y la plata se ocultan infinitas miserias. Lamentablemente hay para todos. Cuanto antes admitamos nuestra vulnerabilidad y provisionalidad, más posibilidades tendremos de comprender la complejidad de la naturaleza humana y los problemas que puedan surgir. En definitiva, somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos, sin responsabilidad quizás no deberíamos existir. 

Vanessa

Vanessa Redgrave (1937)

Lo más importante de nuestras vidas, aquello que más amamos se nos escapa de las manos.

Hace poco más de un mes me llamó una doctora al trabajo para comunicarme que mi madre necesitaba tiempo para recuperarse de la operación, que requería de cuidados específicos y que no podía regresar a casa. Me sugirió que hablase con la asistenta social para encontrarle una plaza en una clínica de transición. Convocaron una reunión de urgencia (tenían prevista su salida de inmediato) para hablar de nuestra situación familiar. Enseguida reconocí la figura de mi madre en el pasillo cogida del brazo de una enfermera. Caminaba pausadamente y parecía fatigada. De golpe me encontré con la imagen de una anciana que recordaba a mi abuela, y que sin embargo era mi madre. Aquello que está siempre camuflado en mi conciencia brotó haciéndome el mismo daño que una cuchilla. Lo seres humanos somos por naturaleza olvidadizos. La angustia y el miedo a perderla me dejó paralizado. A menudo, lo más importante de nuestras vidas, aquello que más amamos se nos escapa de las manos. Fue como ver desaparecer su figura de un lienzo, gradualmente y para siempre. Uno tiene la sensación que hacerse mayor es cuando los recuerdos pesan más que las esperanzas.

Lessing

Doris Lessing (1919-2013)

Cuando llegué me estaban esperando dos asistentas en un pequeño despacho. Una asumía el rol de policía buena y la otra descaradamente el de poli mala. Me interrogaron sobre los ingresos de mi madre y sobre mi trabajo y el de mis hermanos. Expliqué que los tres trabajamos y que ninguno podía hacerse cargo de ella durante la jornada laboral. ¿Quién va a cuidarla hasta que regresemos del trabajo? Fue entonces cuando llegó la cuestión referente a mi hermana pequeña (padece parálisis cerebral): “Lo que tienen que hacer usted y sus hermanos es tranquilizar a su madre y decirle que su hermana siempre estará atendida”. Miré fijamente a los ojos de la poli mala y contesté: “¿De verdad cree que puedo tranquilizar a una mujer de 84 años que ya no puede valerse por si misma, sobre el futuro de su hija dependiente? ¿Es usted capaz de imaginar qué cosas le estarán pasando ahora mismo por la cabeza? Esta calma de la que usted habla ya no es posible. A mi madre solo le queda tiempo para certezas.

No rentable

Sentado en aquella silla y frente aquellas dos sanitarias, tuve la impresión de que el futuro inmediato de mi madre dependía de mis palabras: “Mi hermana está en un centro para personas con discapacidad severa. Han sufrido los mismos recortes que ustedes, estoy convencido de que conocen muy bien de lo que estoy hablando. Antes de llegar a esta lamentable situación, los fines de semana trabajaban ocho cuidadoras, ahora solo la mitad. Un sábado de agosto fui a verla, como hago cada fin de semana y me la encontré en un pasillo, con todo el pelo enmarañado y con vómitos hasta el cuello. No pude culpar a nadie, es imposible que esto no suceda con ella, o con cualquier otro interno. ¿Siguen pensando que puedo calmar a mi madre? Sabemos perfectamente que es una enorme suerte tenerla en esa residencia. Costó muchísimos años y mucho dolor tomar la decisión de dejarla allí para siempre. En mi familia, tanto por acción como por omisión, estamos todos dañados. Necesito que lleven a mi madre a otro hospital hasta que pueda recuperarse. Pero no me pidan de nuevo que hable con mis hermanos o que trate de tranquilizarla. Estamos emocionalmente saturados”.

 “El mayor esfuerzo de la vida es no acostumbrarse a la muerte”. Elías Canetti

Solo los dioses tienen la certeza sobre lo invisible, así como sobre lo mortal; a los hombres solo nos ha sido concedido el conjeturar. Llevo veinte años matando a mi madre. Creyendo que de mucho repetirlo, el momento no me cogerá por sorpresa. Es una pésima estrategia. Tal y como decía Elías Canetti, “el mayor esfuerzo de la vida es no acostumbrarse a la muerte”. Sin embargo hay momentos en los que es necesario olvidar determinadas experiencias vividas si queremos avanzar. Otra cosa, es si somos capaces de hacerlo, porque uno no recuerda y olvida lo que quiere, sino lo que puede. Al final, la vida de cada uno de nosotros es lo que uno hace con lo que le sucede.

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Se pronostica que de aquí al año 2050 la cantidad de ancianos que no pueden valerse por sí mismos se multiplicará por cuatro en los países en desarrollo. Verdaderamente el capitalismo no tiene nada que ver con el deseo de mejorar la condición humana. La economía dominante mira solo a la producción y el consumo, despreciando todo aquello que no sirve a la lógica utilitarista del mercado. El infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquel que existe y ya está aquí. Lo creamos nosotros mismos. Según Joan Carles Melich existen dos maneras de no sufrirlo. “La primera es fácil para muchos, aceptar el infierno y volverse parte de él. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos; buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo dudar y darle espacio”. No creo que exista mayor soledad en el mundo que la de saber que no importamos a nadie. Vivimos en un sistema que funciona sin pensar en las personas: ¿Para qué gastar dinero en un ámbito condenado a no ganar beneficios? ¿Para qué destinar fondos en los más vulnerables, si jamás aportarán un tangible rendimiento económico?

Se pronostica que de aquí al año 2050 la cantidad de ancianos que no pueden valerse por sí mismos se multiplicará por cuatro en los países en desarrollo.

Mientras escuchaba las explicaciones de las dos asistentas sobre la situación de la Sanidad Pública, no pude dejar de pensar en la cantidad de gente mayor que no tiene recursos y que se siente abandonada por su familia y por el Estado. ¿Cuántas de estas personas no se encontrarán solas y sin ayuda? A menudo, cuando me siento al límite pienso en situaciones más aciagas que la nuestra, con el fin de no perder la perspectiva. Los libros también me sirven de asidero. Las palabras son para mí como el sol para las plantas.  Sin ellas, sin su significado, no soy nada. Sin embargo tengo miedo al día en que los libros ya no me sean suficiente.

Arbol

Tengo miedo al día en que los libros ya no me sean suficiente. 

 Charles Trenet (1913-2001) y Dalila (1933-1987)

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