Identidad Boomerang

Por: | 30 de abril de 2017

 

El otro día encontré dentro de un libro un pequeño papel doblado que decía: “La identidad es una resonancia”. Estaba con unos amigos y no se me ocurrió otra cosa que preguntarles qué interpretación podían darme. Lo que en un principio estaba pensado como una simple lluvia de ideas, acabo en una encendidísima discusión. La teoría que yo defendía era que las identidades son como un eco, y que por consiguiente corremos el riesgo de acabar escuchando solo nuestra propia voz. Hablé también de mi absoluta desconfianza en las masas. Cuando las personas no tenemos suficientes herramientas de juicio y nos limitamos a seguir nuestras esperanzas, es cuando se siembran las semillas de la manipulación política. Tal y como señala Ruiz Zafón, “Nada nos hace creer más que el miedo, la certeza de estar amenazados. Cuando nos sentimos víctimas, todas nuestras acciones y creencias quedan legitimadas, por cuestionables que sean. Nuestros oponentes, o simplemente nuestros vecinos, dejan de estar a nuestro nivel y se convierten en enemigos”.

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Por el contrario, entiendo que es precisamente el contacto y la apertura con otras realidades y culturas, la que va haciendo grande la propia. El reverso, a mi entender es quedarse aislado en un espacio que se retroalimenta, y que finalmente se empobrece. Es lo que yo llamo “Identidad Boomerang”.

Como casi siempre, no calibré el daño que estaba haciendo con mis hipótesis. Suelo venirme arriba cuando advierto que mi interlocutor se enciende como la pólvora. Me gusta sentir que algo se mueve bajo sus pies. Sin embargo, me parece muy vanidoso pensar que mi función en la vida es hacer tambalear los cimientos de nadie. Podemos pensar sin necesidad de que nos dañen, y además deberíamos saber hacerlo con humor. En cualquier caso, hay temas mucho más delicados que otros, y en los que se necesita unas dotes y diplomacia extraordinarias. Las que peor manejamos son aquellas que nos afectan emocionalmente, y que por consiguiente racionalizamos mal. De todos modos, lo que me suscitó más preguntas fue el punto sobre la manipulación de las masas. ¿Perdemos el criterio cuando formamos parte del grupo?, ¿germinan las ideas mejor en soledad?, ¿Puede una mayoría tener razón por el hecho de ser mayoría? ¿Es cierto que la forma en que nuestro cerebro toma decisiones es diferente cuando estamos solos a cuando actuamos en grupo? ¿Qué hace que algunas personas sean más propensas a disolver su personalidad entre la multitud?

“Cambiar el mundo, amigo Sancho, no es locura ni utopía, ¡SINO JUSTICIA!".

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Me entristezco cuando veo lo fácil que resulta convocar a millones de personas para defender banderas, religiones, y equipos de fútbol, y lo difícil que es conseguir el mismo resultado cuando se trata de defender derechos sociales. ¿Qué hace que los sentimientos patrióticos, religiosos o deportivos sean primordiales para la mayoría de los ciudadanos? ¿Qué afecta realmente más a nuestras vidas, la corrupción, los recortes sociales, la extrema pobreza, o la renovación del mejor jugador de fútbol del mundo? Como señaló Miguel de Cervantes, estamos hablando de algo más grande que nosotros mismos: “Cambiar el mundo, amigo Sancho, no es locura ni utopía, ¡SINO JUSTICIA!".

El Roto - Manipulación

Por razones que no vienen al caso, y de las que no me siento excepcionalmente orgulloso, en la escuela aprendí que no se puede confiar demasiado en los grupos. En mis primeras aulas me enseñaron que se necesita una extraordinaria fortaleza interior para mantenerte a flote. Una vez que te sientes atacado por tu círculo, cambia tu psicología para siempre. A menudo me pregunto si la crueldad en la infancia está directamente relacionada con lo que se aprende en casa, o se trata principalmente de una cuestión de carácter. La única certeza que conservo de aquella etapa es que, tanto los niños como los adultos, nos pasamos la vida buscando la aprobación del resto con el fin de sentirnos parte del rebaño. Nadie quiere ser la oveja negra. Alguien debería enseñarnos que una persona valiente, también es aquella que establece una base firme con el dolor que otros le han ido causando.

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En definitiva, ni de niño consiguieron adiestrarme. También aprendí entonces que el silencio da consentimiento, y que todos cambiamos nuestras prioridades cuando hay un “nosotros” y un “ellos”. Y que en nuestra “casa” todo nos está permitido. Ahora vivimos inmersos en una constante perorata desinformativa a gran escala, en la que la mayoría de la población es conducida como un rebaño camino del matadero. Pero el destino es avanzar o no, porque por lo general la mayoría de las vidas pueden llegar a ser estériles. En gran medida depende de nosotros mismos. Se necesita mucha valentía para ser libre. Y el precio a pagar suele ser extremadamente grande.

Para manipular eficazmente a la gente, lo principal es hacerles creer que nadie les manipula. Todos y todas deberíamos ser conscientes y razonar: ¿por qué pensamos como pensamos? ¿de dónde vienen nuestras ideas?, ¿cómo se han conformado? ¿tienen una parte más emocional o racional? ¿de qué fuentes nos hemos nutrido? ¿somos lo que queremos ser? ¿Nos hemos construido a nosotros mismos o somos el resultado de lo que quieren los demás? ¿quiénes somos?


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“Exageráis la hipocresía de los hombres. La mayoría piensa demasiado poco para permitirse el lujo de poder pensar doble", Marguerite Yourcenar dixit. Para que esta frase de Yourcenar no se convierta en una generalización, debemos saber primero qué pasos debemos dar y tomar plena conciencia de cuáles son las técnicas de manipulación empleadas sobre nosotros, y de qué mecanismos disponemos para combatirlas. Un proverbio hindú dice: “El trabajo del pensamiento se parece a la perforación de un pozo: el agua es turbia al principio, mas luego se clarifica”. 

En el mundo hay multitud de causas por las que luchar y hay que tomar alguna como propia". Vicente Ferrer

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Siempre hay alguien que nos dice lo que debemos hacer, ya no existe el silencio, en todas partes hay ruido; pero si no nos construimos a nosotros mismos, ¿cómo van a importarnos los demás? ¿Si no “somos” qué destino nos espera? Debemos empezar de una vez por todas a dirigir el camino que queremos tomar. Necesitamos de esa vitalidad misteriosa que nos impulse a hacer algo. Hemos sido educados para pensar poco y consumir mucho. Lo menos frecuente en este mundo es saber vivir. La mayoría de la gente existimos, eso es todo. Y no podemos permitírnoslo. “En el mundo hay multitud de causas por las que luchar y hay que tomar alguna como propia". Vicente Ferrer

 

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Las 10 estrategias de manipulación según Chomsky 
 

 

 

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Sobre el blog

El componente humano primordial debería ser el del reconocimiento del otro. Sin los demás no podríamos existir. Por lo tanto, disfrutemos de “otros mundos” y que esa diferencia –en vez de aislarnos- sea el camino para conseguir un mundo más justo, menos convencional y más libre. En este blog rendimos homenaje a algunas de las más significativas creaciones humanas que han marcado nuestra existencia: libros, películas, autores, canciones, etc. y que han estimulado nuestra (mi) necesidad de pensar, sentir y gozar. Al mismo tiempo, es un espacio que indaga sobre la realidad humana e intenta contribuir a la reflexión y al aprendizaje.

Sobre el autor

Josep Giralt Josep Giralt. Trabajó en Canal Plus, en el Congreso de los Diputados y como fotoperiodista en América Latina, África y Asia. Coautor del libro Sentir Etiopía, (RBA), compatibiliza su trabajo como periodista en una Fundación con el de colaborador en tertulias de actualidad en Ràdio Barcelona-Cadena Ser. Anteriormente dirigió durante cuatro años el espacio Películas incómodas en Com Ràdio. Ha publicado artículos y entrevistas en El País, Avui, y El Mundo, entre otros. Su frase: "No sirvo ni para seguir ni para conducir", de Nietzsche; su película: Rocco y sus hermanos, de Visconti. Sus libros: Los ensayos, de Montaigne y Conversaciones, de Cioran.

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