Amores Imaginarios

Sobre el blog

El componente humano primordial debería ser el del reconocimiento del otro. Sin los demás no podríamos existir. Por lo tanto, disfrutemos de “otros mundos” y que esa diferencia –en vez de aislarnos- sea el camino para conseguir un mundo más justo, menos convencional y más libre. En este blog rendimos homenaje a algunas de las más significativas creaciones humanas que han marcado nuestra existencia: libros, películas, autores, canciones, etc. y que han estimulado nuestra (mi) necesidad de pensar, sentir y gozar. Al mismo tiempo, es un espacio que indaga sobre la realidad humana e intenta contribuir a la reflexión y al aprendizaje.

Sobre el autor

Josep Giralt Josep Giralt. Trabajó en Canal Plus, en el Congreso de los Diputados y como fotoperiodista en América Latina, África y Asia. Coautor del libro Sentir Etiopía, (RBA), compatibiliza su trabajo como periodista en una Fundación con el de colaborador en tertulias de actualidad en Ràdio Barcelona-Cadena Ser. Anteriormente dirigió durante cuatro años el espacio Películas incómodas en Com Ràdio. Ha publicado artículos y entrevistas en El País, Avui, y El Mundo, entre otros. Su frase: "No sirvo ni para seguir ni para conducir", de Nietzsche; su película: Rocco y sus hermanos, de Visconti. Sus libros: Los ensayos, de Montaigne y Conversaciones, de Cioran.

¿Pueden las buenas historias aprovisionarnos para la vida?  

Por: | 04 de noviembre de 2018

  Books wall

Las grandes cuestiones de la vida no tienen nada que ver con la cultura. La gente sencilla tiene muchas veces intuiciones que un filósofo no puede tener, puesto que el punto de partida es lo vivido, no la teoría.

Cada fin de semana preparamos a mi madre una crema de verduras, compramos un pollo asado y el periódico del domingo. Ya no cocina ni sale a la calle si no va acompañada. Una vez leí que, si no fuese por los huéspedes, las casas serían como tumbas. El exceso de soledad mata.

La vida es una comedia para aquellos que piensan y una tragedia para aquellos que sienten. Así he pasado los años, intentando equilibrar mis fuerzas entre la razón y los sentimientos. Por suerte siempre hay destellos de luz, grietas por las que se cuelan la razón y el conocimiento, recordándonos la ingente cantidad de dolor que hay acumulado en este mundo. No tengo derecho al drama.

Maquillaje

Es la parte de la razón la que me gustaría que prevaleciese sobre mi persona. La emocional me desborda y me paraliza. Si la balanza de la vida no está equilibrada, al final se rompe. Los significados están en nuestras cabezas, pero tienen su origen en la cultura. ¿Quién es entonces el responsable de nuestros actos?

Si la balanza de la vida no está equilibrada, al final se rompe.

Mi madre ya no va a visitar a mi hermana pequeña con parálisis cerebral. No se encuentra bien, y ha tomado la determinación de ir distanciándose para que el día de mañana su ausencia no sea tan dolorosa. Hace un par de años, y sin hablar con nadie, ya desmanteló su habitación. Ahora ha llegado algo más lejos, y ha decidido ir desvaneciéndose poco a poco, como si fuese una de esas sombras chinas que proyectaba su padre sobre la pared del dormitorio. Los sentimientos y el saber raramente hacen buenas migas.

Lisa Mieth

Lisa Mieth

Son 87 años. Adivino que esa parte racional que a mí me falta se la ha quedado para ella sola. Podría pasar de puntillas, podría hacer ver que no me doy cuenta de lo que está haciendo, pero me consume la tristeza. O se hacen las cosas a tiempo, o luego los remordimientos acaban revoloteando sobre nuestras cabezas como cuervos hambrientos.

Al entrar en casa de mi madre con las bolsas de la compra, lo primero que encontré sobre el mueble del recibidor fue un libro que me había dejado mi hermana mayor. De repente pensé en lo mucho que la quiero. Siempre que voy a casa de nuestra madre y me enfrento a su situación me voy abatido y sin energía. ¿Qué es el conocimiento, en el fondo, sino la demolición de algo? Comprendo que pueda parecer irracional, pero cuando salgo de allí con un libro en las manos es como si me hubiese subido a un bote salvavidas.

¿Qué es el conocimiento, en el fondo, sino la demolición de algo?

Sé que el hundimiento puede producirse en cualquier momento, pero, mientras tanto, yo me tomo la lectura como una tabla de salvación. Leer me recompone. En el fondo, he llegado a la conclusión de que no hay respuestas. Cierto es que, por error o por accidente, las hay, pero no son respuestas en sí mismas.

Las motos van con combustible, y yo con un lápiz y un libro. ¿Por qué dedicamos una gran parte de nuestra vida a las historias? Yo creo que es porque las buenas historias nos aprovisionan para la vida. Cioran decía: “Generalmente leer y escribir no es la solución, pero, como nadie puede hacer nada por nadie, puedes hacerlo entonces por ti mismo, para curarte, aunque solo sea momentáneamente”. Narrando nuestra oscuridad se ve más claramente la vida.

Creer en lo que no existe

Nunca he recurrido a un manual de autoayuda. Me parecen panfletos saturados de tópicos. Necesito que los libros me sorprendan, me hieran y de alguna forma me reafirmen. Las historias estereotipadas carecen de contenido. No cruzan fronteras; las arquetípicas sí. La vida es demasiado compleja como para buscarle respuestas simples. Supongo que trato de esconderme. Quizás pienso que a través de vidas ajenas remitiré mis miedos. No es un consuelo, ni sé si me valdrá para siempre, pero necesito pensar que sin palabras, sin escritura y sin libros no hay historia, no existe el concepto de humanidad. Existimos y resistimos gracias a la aparición del otro.

Necesitamos de los demás para vivir. Aunque para las cosas transcendentales estemos solos, sin los otros no somos nada. Yo no deseo escapar de la vida a través de los libros, sino encontrarla. Necesito utilizar mi mente de modo estimulante, disfrutar, aprender, y aportar equilibrio a mis días. Creo que todos llevamos tanto dolor acumulado que nos hace falta vivir una realidad ficticia que ilumine nuestra realidad cotidiana.

Words

Me gusta cuando abro un libro y van cayendo las máscaras como por arte de magia. El lector no puede engañarse frente a un autor, no puede ocultar sus sentimientos con coraza alguna. Nuestra mente se vuelve más vulnerable y receptiva. Cuando lo que descubro es profundo y original me siento comprendido y en tierra firme. Si, por el contrario, el contenido es convencional y predecible, me siento igual de infecundo que lo que estoy leyendo. Y sin ser consciente cedo frente a la melancolía y el victimismo.

El lector no puede engañarse frente a un autor, no puede ocultar sus sentimientos con coraza alguna.

La vida puede ser un camino saturado de arquetipos convencionales. Yo la quiero entender como una lucha constante contra la parte más tediosa y reaccionaria de nuestro ser. Vivimos en un mundo complejo y fragmentado. La verdadera vida debería ser aquella que empieza en el último peldaño de nuestra zona de confort. De nosotros depende saltar o retroceder, pero somos seres contradictorios, cobardes e incomprensibles. Nos da miedo la libertad. En nuestra mano está ser como musarañas entre claroscuros o como luciérnagas en una noche de primavera.  

Luciernagas

Hoy no sólo padecemos una crisis sistémica, sino de toda una concepción del mundo y de la vida basada en la deificación de la técnica y la explotación del ser humano. En contra de la teoría dominante que proclama que no hay nadie indispensable, mi madre ha demostrado con su generosa actitud que dicha premisa neoliberal es incierta.

Todas las historias tristes tienen la misma importancia, y a todas ellas les debemos un respeto reverencial. Tal y como decía John le Carré: “Mi definición de una sociedad decente es la de una que primero cuida de sus perdedores y protege a sus débiles”.

El problema metafísico central del ser humano es su condición efímera y mortal, su esencial transitoriedad. La vida y su contenido. El futuro solo pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños. A mi madre ya no le queda ninguno. 

 

 

 

La derrota nos humaniza

Por: | 02 de julio de 2018

Entendemos el mundo a partir de lo que esencialmente somos. No hay nada sencillo, incluso la más aparente frivolidad esconde un mundo de máscaras y espejismos. Los últimos meses de mi vida han sido una inmersión en lo que Ziegler llama “las entrañas del monstruo”. En mi anterior trabajo, y cuando veía desmotivado al equipo, solía decirles que tenían que tomárselo con distancia y entender que lo que allí ocurría no era más que una muestra del funcionamiento del sistema. Si como decía Borges, “somos los libros que nos han hecho mejores”, intentemos ofrecer la mejor versión de nosotros mismos. No solo por la empresa, sino por el peligro de ir haciéndonos cada vez más pequeños hasta convertirnos en autómatas henchidos de rabia. A menudo, para animar a mis compañeros, también solía hacer paralelismos entre el mundo de la empresa y el de la pareja: “O construimos juntos, o uno de los dos acabará por marchitarse”.

Equipo

En realidad, no somos más que creadores de nosotros mismos. No es fácil lidiar con la reiteración constante de las tareas, convertir palabras en acciones, ni es sencillo inspirarse y poner siempre alma en los textos. La repetición es un ejercicio peligroso ya que su efecto reductor resulta devastador. La inteligencia requiere estímulos continuos y debe mantenerse activa, como cualquier otro órgano o facultad: el uso la exalta y el reposo la atrofia. Perder el tiempo en los pasillos y hacer corrillos ni suma, ni arregla nada. No acrecienta la motivación, ni la inteligencia de nadie.

El recurso que mejor funciona, siempre que no sea impostado, es el de la empatía y el sentido del humor. Sin sentido del humor no hay estrategia que se cumpla, ni equipo que funcione. La seriedad y solemnidad, características del poder, no conducen a nada más que al aislamiento, el miedo y el estancamiento. Los mediocres solo entienden la lealtad desde abajo hacia arriba. Cuando los cargos directivos y sus comitivas se atrincheran, lo único que logran es distanciarse de los equipos. Mantendrán el secretismo, y el orden que tanto necesitan, pero jamás el equilibrio, la admiración, ni la lealtad de su propia gente.  De hecho, actualmente las empresas más exitosas son aquellas que han logrado conectar y crear vínculos con sus empleados y conseguir su compromiso.

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El principal problema es que el número de incompetentes que hay en el mundo es muy elevado. Esta situación es aún más interesante cuando se constata que, entre ellos, muchos ocupan posiciones de prestigio y de notable poder por lo que ejercen una lamentable influencia sobre nuestras vidas. También me he encontrado por el camino con imbéciles que a lo único que aspiran es a ocupar los puestos de aquellos que tanto detestan. Las jerarquías se mantienen por la base. El propio sistema ha contaminado las almas de muchos aspirantes al poder, haciéndoles utilizar las peores armas. En una empresa aislada la mediocridad aumenta espontáneamente hasta un valor máximo que corresponde a un estado de no retorno, desde donde ni siquiera se puede ya empeorar. ¿Es realmente posible que la inteligencia humana se encuentre en proceso de extinción? ¿Y que nuestras facultades más hermosas, la empatía, la sensibilidad, la bondad, esenciales para nuestra supervivencia, estén de verdad destinadas a desaparecer?

 

"¿Es realmente posible que la inteligencia humana se encuentre en proceso de extinción?"

 

En ese momento de caos me encontraba hace escasos meses. He aprendido mucho, pero hubiese preferido hacerlo sin necesidad de sentirme tan vencido. Ante mi rotundo y último fracaso profesional, me he dado cuenta de que hay pasos hacia atrás que son pasos adelante. He aprendido a no volver a desconfiar de mi intuición, a recelar de los halagos de aquellos que te veneran cuando pueden sacar algo, y que luego te dejan en la cuneta cuando sospechan que has fracasado. Ahora sé con certeza que volar entre lo inútil envejece. Y lo más importante, he hecho mía esta frase de Saramago: “Si el hombre es formado por las circunstancias, entonces es necesario formar las circunstancias humanamente”. Jamás, bajo ningún concepto debemos dejar nuestra humanidad de lado, por muy dolorosa que sea la decisión que debamos tomar. Nunca debemos olvidar que todos tomamos decisiones, y al final estas son las que nos definen. Podemos ir a todas las clases de meditación que consideremos necesarias para justificarnos, pero nuestras decisiones pueden determinar una vida. En definitiva, hacer es ser.

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Cartier Bresson 

Me sentía en mi zona de confort, creí que lo tenía todo controlado. Mi empresa, con todas sus contradicciones, era como una segunda familia. Tenía buenísimos compañeros, y mi lealtad a la casa era absoluta. Eso no significa que no fuese crítico, con ellos y conmigo mismo. Las cosas importantes las decía donde consideraba que debían decirse. Sin ningunear, ni engañar a los equipos. Una mañana recibí una llamada con una interesante propuesta económica y decidí acudir a la entrevista. Pasé un par de meses dudando, sin poder dormir bien, teniendo la absoluta convicción, desde el primer momento, de que me estaba equivocando. Me dejé engañar por el nuevo puesto, por el formidable salario, y por la institución que me hizo la oferta. Cometí unos de los mayores errores de mi vida. Y así es como me metí sin escafandra en “las entrañas del monstruo”. Y salí trasquilado. En esta lucha a la nada no me van a volver a encontrar. Uno no se puede ahogar dos veces en el mismo río.

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"No hay que escribir en en idioma de las palabras, sino en el de los sentimientos". Ramón J. Sender

Tal y como decía el maestro Thomas Bernhard, “Los comediantes que no comprenden la comedia que se representa son despedidos, así ha sido siempre". Esto es el resultado de la híper individualización que impera en la sociedad neoliberal, donde cada uno es dueño de su suerte y de su destino. Aquí no hay izquierdas, ni derechas que existan. No importa que los jefes sean hijos de un poeta, un cineasta, o un banquero. No podemos pensar que hay diferencias entre un directivo con cultura, y uno que solo lee Men's Health. El poder no pierde el tiempo con algo tan insignificante como las personas. El éxito o el fracaso de un jefe depende de lo bien o mal que gestione las relaciones humanas. Con miedo no se puede trabajar, y con los soberbios no se puede razonar, ni se les puede plantear más vías de las que conocen. Como los virus que destruyen el sistema del que se alimentan, su tarea es imponer a los demás su personal estupidez a toda costa. No quieren profesionales, quieren soldados.

"El éxito o el fracaso de un jefe depende de lo bien o mal que gestione las relaciones humanas".

¿Se puede ser buen jefe y una excelente persona? Sin duda alguna. Ser buena gente incide en el bienestar emocional de los demás, mejorando la productividad de los equipos, y por tanto la competitividad de la empresas. Pero no se queda ahí solamente, también hay beneficios para la sociedad porque vamos a tener una población menos enferma. Lo ideal sería crear un tejido social que nos permita enfrentar de manera colectiva todos los problemas sociales que nos conciernen a todos. La lástima es que la historia nos ha enseñado, que tanto en la base, como en la cúspide de las jerarquías, podemos encontrarnos con infinidad de inútiles y aprovechados. La gran victoria de la globalización capitalista ha sido saber convertirse no únicamente en el producto dominante sino en transformarse en el único pensamiento de la clase media y de los excluidos. La ideología está sencillamente allí, dentro de la gente, y se genera de forma natural dentro de la vida diaria. Nos hemos convertido en un pandilla de mediocres. Y lo mediocre es peor que lo bueno, pero también es peor que lo malo, porque la mediocridad no tiene grados, es una actitud. Queremos vivir muy bien, sin que nos importen los cadáveres que vamos dejando a nuestras espaldas.

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Ya no existe conciencia de clase. Tenemos una legislación laboral horrible que propicia el empleo precario, salarios de miseria y gente maltratada. Ya no nos importa ni a nosotros mismos. Es el sálvese quien pueda. Si nos paramos a pensarlo, es tremendamente triste. La derrota es lo único que nos humaniza, pletóricos damos miedo.

Jamás podremos revertir la situación actual, si antes no nos esforzamos por ser mejores personas, si no nos ayudamos entre nosotros. Los mejores líderes jamás han pensado solo en sí mismos.

La culpa sin duda es del sistema, y de aquellos que lo conformamos. Siempre tendemos a pensar, que los fracasos son cosa de los otros. Hasta que te encuentras definitivamente solo y frente a ti mismo. Salvo que tengas la inmensa suerte de encontrarte con una mano amiga.

Para mí el poema del pastor Niemöller, atribuido a Bertol Brecht, adquiere ahora más sentido que nunca:

“Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,

guardé silencio,

porque yo no era comunista

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,

guardé silencio,

porque yo no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,

no protesté,

porque yo no era sindicalista

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,

no protesté,

porque yo no era judío

Cuando vinieron a buscarme,

no había nadie más que pudiera protestar”.

 

 

 

 

Un cerezo en flor con tronco de olivo

Por: | 21 de mayo de 2018

Lo ideal sería aprender a pensar individualmente, y tomar las conclusiones en soledad. Si por el contrario, decidimos ser parte del grupo conviene conservar nuestra individualidad. El yo siempre queda diluido y sujeto a las manipulaciones de la mayoría. ¿Por qué los buenos no ganan casi nunca?

La realidad es compleja. Por un lado, necesitamos cambios urgentes ante un orden injusto, pero está claro que no conseguiremos avanzar en solitario. Por el contrario, algunos corremos el peligro de no sentirnos cómodos entre las multitudes. ¿Qué camino sería el más acertado? Si todos obedecemos, ¿qué nos espera? Según Elías Canetti, “los pensamientos que encajan con el sistema son despiadados”. 

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Figura sobre fons blanc- Patrícia Cabello

Ha sido pensando sobre el papel que deberíamos asumir, cuando me ha venido a la cabeza la relación que tiene el arte en la sociedad y la política, como forma de protesta. Es indudable que debería servir para condenar y evidenciar toda forma de opresión, explotación e injusticia. El arte, en la sociedad actual, debería ser un poderoso llamamiento a la acción, donde los creadores se implicasen de manera activa y efectiva con los problemas que nos afectan a todos. Lo ideal sería que el arte fuese un espejo donde queda reflejada la impunidad moral del poder. 

Es mediante la expresión artística que a menudo se ha interpelado para que todas las personas tengamos los medios materiales y sociales que contribuyan a desarrollar nuestras capacidades, para realizarnos y vivir en libertad. Se mire por donde se mire, la contribución de algunos artistas por mostranos un mundo menos convencional es absolutamente necesaria. El arte es construcción y también deconstrucción.  Pero no todos tenemos la suerte de nacer con aptitudes artísticas que nos sirvan como refugio, y al mismo tiempo como arma de desobediencia. ¿Qué factores influyen para que alguien con talento dedique su vida a combatir las injusticias a través del arte.  ¿Qué se necesita para ser un creador? ¿Se puede influir en la sociedad como artista anónimo? ¿Qué decirles aquellos que sostienen que el arte es definitivamente burgués? ¿Se puede ser radical y formar parte del sistema?. 

Tiburon

Patrícia Cabello Sierra, es pintora y cineasta y vendría a personificar esa creatividad inacabable, y esa insatisfacción permanente contra el stau quo. Posee unas cualidades humanas y artísticas extraordinarias. Tiene una complexión pequeña y fibrosa. Es intensa, y con una vitalidad privilegiada. Su belleza recuerda a la de Rosanna Arquette en la época de “Buscando a Susan desesperadamente”. Posee un carácter excesivo, noble y empático, y es de una sensibilidad sobrecogedora. Al mismo tiempo es muy vehemente, pudiendo ser ofensiva en sus alegatos. No es una contrincante fácil, pero es de todo menos peligrosa, ya que es demasiado frágil para resguardarse. No creo que jamás haya tenido capacidad para hacer daño premeditadamente. En cualquier caso, como cualquier ser humano, posee muchas capas. Cuando la presientes en plena “estampida” es mejor mantenerse tras la barrera, ya que puede llegar a tener el mismo envite que el de esas vaquillas que ella pinta magistralmente. Si fuese un árbol, tendría la belleza de un cerezo en flor y la resistencia del tronco de un olivo. 

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Patrícia Cabello Sierra 

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Vaquillas - Patrícia Cabello Sierra 

Patrícia es de esas creadoras que uno espera sea descubierta por algún mecenas. Ya no en beneficio propio, sino a favor del conjunto de la sociedad. Necesitamos de su talento, creatividad, y personalidad para que nos siga sacudiendo a través de su trabajo y de su forma de entender la vida. Ella concibe el arte como una grieta por donde descubrimos los asuntos que nos preocupan. Con esta idea ha desarrollado su último proyecto la película “Los amantes impertinentes”. 

Según sus palabras, su último proyecto es un relato sobre la amistad y la desconfianza. “Lo que me apasionó es la incomodidad que produce este pensamiento absolutamente infundado en el protagonista. El hombre enferma, queda sometido a una idea tan incierta como innecesaria, muy cercana al pensamiento artístico que, teniendo una utilidad discutible y diversa, resulta también inevitable”. 

 

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"Els Amants impertinents"

Cabello es el claro ejemplo de que es imposible detener el proceso creativo. Esa permanente búsqueda hace que su arte fluya como parte fundamental de su personalidad. ¿Sería el mundo diferente de contar con más almas libres de prejuicios? ¿Puede la creatividad mejorar sustancialmente la humanidad? Por el contrario, ¿puede nuestra parte artística hacernos más desdichados? ¿Es el éxito el único elemento que puede acabar con la singularidad del artista?. Su proceso de trabajo en la película ha ido en la dirección de buscar imágenes móviles que sugirieran cosas. Construyendo iconografías innecesarias, como en la vida. “Esta fuga hacia la abstracción, cercana en algún sentido al surrealismo, con toques de realidad también dudosa como es la realidad política, ha ido ocupando partes del montaje final de Los amantes impertinentes, de una manera un poco compulsiva y desigual”. Patrícia Cabello dixit.

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"Els Amants impertinents" 

Uno no puede permanecer impasible después de ver su película y conocer sus pinturas. Su obra es todo lo contrario a un conformismo embelesado. Es provocación, reflexión, y al mismo tiempo reto. Si tuviera que quedarme con algo de la última obra de Patrícia Cabello seria con esa sensación, -incómoda-, que te hace enfrentar a tus propios convencionalismos estéticos y vitales.

Cioran afirmaba que un libro que no provoca una herida es un libro fallido. A mí me ocurre lo mismo con el arte. Necesito que me sacuda, que me acompañe a ser otro. Al menos, durante el momento del encuentro. Me gusta que destruya todos mis códigos, auspiciándose así una inagotable sed de preguntas. Cuando me encaro a una obra artística que me incomoda quiero sentir que el paso del tiempo no me ha petrificado.

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Cultivadora de flors - Patrícia Cabello Sierra

Noam Chomsky dice que la gente ya no cree en los hechos. La desilusión con las estructuras institucionales ha conducido a un punto donde  apenas se confía en nadie. "Si nadie hace nada por mí, por qué he de creer en nadie". Sin duda, el mundo se ha convertido en un presidio esférico. Sin embargo, yo creo en la capacidad de la cultura como herramienta eficaz para ayudarnos a descifrar quiénes somos y qué mundo queremos.

Hace muchos años, en una conversación privada que tuvimos, en un momento en el que yo me encontraba bastante perdido, me dijo: “No puedo darte consejos, lo único que me atrevo a decirte, es que no mientas. El daño que se hace uno a sí mismo y a los demás es enorme. Nada de esconderse tras los biombos".  

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Dona de cendra - Patrícia Cabello Sierra

Cuando pienso en Patrícia Cabello, me viene a la memoria la frase de José Bergamín, “El cohete es un caña que piensa con brillantez”. Así es ella, como una bengala que utiliza sus destellos como arma de combate. El arte ya no puede continuar encerrado en su propia excelencia. Claro que hay esperanza. Aún hay gente como ella dispuesta a luchar. Las oportunidades están ahí, la cuestión es saber si somos capaces de tomarlas. No es cómodo ser valiente. El camino no es el más fácil, pero indudablemente es el que se acerca más a la verdad.

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¿Perro de caza o San Bernardo?

Por: | 07 de marzo de 2018

La única certeza que tenemos a la luz de los datos actuales, es que la evolución humana está ligada al continuo incremento de la inteligencia emocional. De seguir así, y si no permanecemos alerta, la sociedad del mañana correrá el grave riesgo de sufrir de una indolencia entendida como clave para alcanzar el éxito. Todo empezó en los baldíos años ochenta. La década de Reagan, Juan Pablo II, Margaret Thatcher, Tom Cruise, y Arnold Schwarzenegger. Fue en aquel tiempo, cuando empezamos a encumbrar a los más necios de la fiesta. Quisieron hacernos creer que habían desaparecido de un plumazo los desigualdades entre clases sociales, y comenzaron a inocular sin sutilezas las ventajas del capitalismo. A partir de entonces todos íbamos a ser ricos. Dejamos de ser personas para convertirnos en números. Se estableció la mercantilización del espíritu de forma deleznable y se nos adiestró en la competitividad más absoluta. Pasamos a ser tan intercambiables como una moneda corriente. Y así hasta hoy.

 

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La cultura del codazo, la competitividad, del liderazgo y sus consiguientes monsergas ha ganado la batalla a la lucidez y la sensibilidad. A nadie se le ocurre presumir de una superabundancia de humanidad. Eso ya no es rentable ni para las empresas, ni por supuesto para el sistema. No hay existencia civilizada sin explotación. De lo que se trata ahora es de ser sanguijuelas, nunca víctimas. Según el estudio “Headhunters and the ideal executive body” realizado por Janne Tienari (Aalto University), Susan Meriläinen y Anu Valtonen (Universidad de Lapland, Finlandia), practicar deporte y estar delgado son factores a tener en cuenta si queremos recibir la llamada de un cazatalentos. Nada de comer donuts, ni de sufrir stress, o problemas emocionales. Según el informe la apariencia física indica que se es alguien eficiente y competente. Al parecer Orson Welles, Marlon Brando y Machado fueron unos redomados inútiles, pero supieron engañarnos de manera excepcional. “Te puedo decir rápidamente si un hombre de 45 años es un perro de caza o un San Bernardo”. De esta forma describe un headhunter de 50 años las cualidades que busca en los candidatos que examina, que son también las que las empresas les demandan. En la alta tragedia la nada lo devora todo como un agujero negro.

"A nadie se le ocurre presumir de una superabundancia de humanidad. Eso ya no es rentable ni para las empresas, ni por supuesto para el sistema".

 

Risky Business

El cazatalentos es esencial para determinar quién es considerado como un individuo con talento y quién debe ser admitido en los puestos de élite. Nada de gente flácida, gruesa o dada a la reflexión. “Si eres más un pensador que un hacedor, careces de las cualidades necesarias para estar en la alta dirección”. Por consiguiente, un pensador jamás será seleccionado, aunque fuese la persona adecuada en todos los aspectos. En definitiva, ¿qué tipo de “genios” son finalmente las que ocupan los puestos de responsabilidad en las grandes empresas? ¿qué tipo de sociedad enferma estamos construyendo? ¿cuáles son los valores que predominan en las esferas del poder?

 

Thatcher

 

Brando

Los cazatalentos también tienen muy en cuenta la postura corporal, la forma de dar el apretón de manos, el tono de su voz y la manera de expresarse, así como el perfume que usan. Si al final resultas ser una especie parecida a Esperanza Aguirre o un tiburón de Wall Street mejor que mejor. ¿A quién le preocupan las consecuencias? Nada de personajes "turbios" como José Luis a Sampedro, Emilio Lledó o Cioran. Actualmente un número creciente de empresas recluta a sus directivos con la ayuda confidencial de estos expertos externos, de forma que ser examinado por ellos se ha convertido en parte fundamental de la carrera de los profesionales mejor retribuidos. La imagen tiene hoy un valor excepcional. En definitiva, si hueles bien y tienes un cuerpo esculpido en el gimnasio, siempre podrás tener un futuro brillante, tanto como directivo en una gran multinacional, como en “Mujeres y hombres y viceversa”. Estar en forma brinda diversas posibilidades

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La afición a los deportes la asocian con ser resistente y proactivo. Realizar actividades deportivas añade un plus, ya que tales prácticas permiten predecir las capacidades de los candidatos para llevar a cabo sus tareas bajo presión mental y física. Sin embargo, ser un San Bernardo es inaceptable en la gestión ejecutiva, tanto para las mujeres como para los hombres. Si bien, para encontrar trabajo sigue siendo incomparablemente más difícil si has nacido mujer y obesa. Y si además, tienes más de cuarenta años, hijos, y tienes pocos contactos, encontrar una oportunidad laboral se convierte en un milagro.

 

San bernardo

Lo crucial es que los candidatos tengan la misma imagen que los jefes corporativos de las firmas que les van a contratar. Nada de perroflautas o intelectuales dinamitando el engranaje. Nada de preguntas incómodas y mucho menos sobre las condiciones laborales o la retribución injusta y desigual de los salarios de los equipos. Ellos llegan a las empresas para aportar cualidades como energía e intensidad: Work beyond duty. Son profesionales, sin conciencia, pero profesionales. Los perfiles que buscan suelen ser personas capaces de iluminar y de transmitir pasión y emoción. Aunque luego resulten un fraude, es indiferente lo mucho que acaben costando a las empresas. Lo de menos es su incompetencia porque lo más paradójico de todo es que los éxitos profesionales de los perros de caza, esos que se rifan los headhunters, esa figura que no es más que una parodia del sistema, sobreviven siempre por el esfuerzo y la capacidad de los San Bernardo. La empresa podría mantenerse sin los primeros, pero difícilmente podría hacerlo sin los segundos.

 

Master

Así va el mundo. Algunos se han integrado felizmente al sistema y viven preocupados solo de sus propios intereses, mientras nos van dando lecciones de excelencia y profesionalidad. Sin apenas comprender que uno no puede dejar ser un necio durante las horas del trabajo para convertirse en un buen hombre cuando llega a casa. Hacer es ser, sea cual sea la hora del día. Pero mientras las masas adocenadas aspiren a ser igual que ellos, la batalla la tendremos perdida. Hay infinidad de cosas por las que uno no quiere pasar. Sin embargo, no me gustaría hacer un análisis simplista, dado que en muchas ocasiones los perros de caza también pueden estar en la base esperando su momento. Al mismo tiempo, no son pocos los San Bernardo que no tienen ninguna intención de dejar de serlo, y que se ocupan de su vida y trabajo sin la intención de trepar, ni causar daño a nadie.

 

.Gorros  

Considero que la adversidad a corto plazo es necesaria para la mejora a largo plazo. Estoy plenamente convencido de que los seres humanos tenemos más cosas positivas que negativas. Todos sabemos que la historia de la humanidad podría rebatir mi teoría fácilmente, pero no podemos darnos por vencidos. Como decía Montaigne: “Una prueba de la propia bondad está en confiar en la bondad de los demás”. ¿Nos queda otra alternativa?

Lo único que podría paralizar la esperanza que nos queda, es que finalmente no seamos capaces de identificar la crueldad y las injusticias como lo que son. Los sueños del hombre varían con cada hombre, pero la realidad del mundo es nuestra patria común. Aunque parezca que todo está perdido, algunos todavía no lo estamos.

"Lo único que podría paralizar la esperanza que nos queda, es que finalmente no seamos capaces de identificar la crueldad y las injusticias como lo que son".

La lucidez es la herida más próxima al sol. A la luz, a la verdad. Es difícil alcanzar cierta lucidez sin criterio. Pero, ¿qué hace que algunas personas carezcan de él por completo? ¿Tener espíritu critico es realmente una ventaja o resulta peligroso para el funcionamiento del sistema? Las jerarquías se comportan de un modo estúpido no porque todas las personas que las componen sean imbéciles sino porque no pueden, por cuestiones de funcionalidad actuar de otra manera. En una burocracia es muy complicado ponerse a hacer cosas inteligentes.

Pasé la mayor parte de mi juventud, -en la década de los 80-, escuchando hablar del éxito y de las múltiples ventajas del mercado. Toda mi adolescencia quise ser otro, y sin embargo carecía de la ambición que se necesita para sentirme parte del sistema. Personalmente, no veía las ventajas por ningún lado. Pasados los años hemos comprobado como la democracia y el capitalismo han sido vueltos del revés, lo que quiere decir que en vez de ser las instituciones políticas las que regulan el capitalismo, es el capitalismo el que regula a ellas. No sabíamos entonces, que por lo general las cosas no son lo que parecen, sino que pueden llegar a ser incluso peor.

Nuestra libertad e independencia solo es posible si conservamos la esperanza. Es indudable, son muchos los motivos para pensar que estamos peor que hace algunos años. Sin embargo, y pese a las atroces bolsas de pobreza y desigualdad, es innegable que ha habido progreso en la historia de la humanidad. La quema de brujas, la higiene del siglo XXI o la cirugía sin anestesia, son algunos de los ejemplos que muestran que no todo es negativo. La realidad es que en algunos aspectos ha habido mejores inimaginables. Sin embargo, los seres humanos siempre hemos vivido con el temor a algún posible apocalipsis; sin caer en la cuenta de que nosotros mismos podríamos ser la causa de dicha catástrofe. En realidad, deberíamos ser el principal motivo del que deberíamos preocuparnos. En definitiva, somos nosotros, lo mejor y lo peor que puede pasarnos.

 

  

Cambalache

Que el mundo fue y será

una porquería, ya lo sé.

En el quinientos seis

y en el dos mil, también.

Que siempre ha habido chorros,

maquiavelos y estafaos,

contentos y amargaos,

barones y dublés.

Pero que el siglo veinte

es un despliegue

de maldá insolente,

ya no hay quien lo niegue.

Vivimos revolcaos en un merengue

y en el mismo lodo

todos manoseados.

 

Hoy resulta que es lo mismo

ser derecho que traidor,

ignorante, sabio o chorro,

generoso o estafador...

¡Todo es igual!

¡Nada es mejor!

Lo mismo un burro

que un gran profesor.

No hay aplazaos ni escalafón,

los inmorales nos han igualao.

Si uno vive en la impostura

y otro roba en su ambición,

da lo mismo que sea cura,

colchonero, Rey de Bastos,

caradura o polizón.

 

¡Qué falta de respeto,

qué atropello a la razón!

Cualquiera es un señor,

cualquiera es un ladrón...

Mezclao con Stravisky

va Don Bosco y La Mignon,

Don Chicho y Napoleón,

Carnera y San Martín...

Igual que en la vidriera

irrespetuosa

de los cambalaches

se ha mezclao la vida,

y herida por un sable sin remache

ves llorar la Biblia

contra un calefón.

 

Siglo veinte, cambalache

problemático y febril...

El que no llora no mama

y el que no afana es un gil.

¡Dale, nomás...!

¡Dale, que va...!

¡Que allá en el Horno

nos vamo’a encontrar...!

No pienses más; sentate a un lao,

que a nadie importa si naciste honrao...

Es lo mismo el que labura

noche y día como un buey,

que el que vive de los otros,

que el que mata, que el que cura,

o está fuera de la ley...

 

Letra y música de Enrique Santos Discépolo (1935)

 

Aceptar el infierno

Por: | 15 de febrero de 2018

 

Emile Cioran decía que un libro que no provoca una herida, es un proyecto fallido. Ocurre lo mismo con el periodismo. Debe inducir algún tipo de cambio. El deber de un buen periodista es informar, informar desde la humildad, de manera que ayude a la humanidad a no perpetuar los mismos clichés, a ser menos arrogantes, y a tener una menor predisposición al odio y mayor a la comprensión.

Lo que escribimos debe servirnos para aumentar nuestro propio conocimiento, y también el del otro. Pero sobre todo debemos hacerlo desde la verdad, -indignados si es necesario-, pero jamás sintiéndonos superiores a nadie. Debemos conocer para comprender, y debemos comprender para tomar buenas decisiones y actuar. Aunque nos parezca incómodo, o políticamente incorrecto cuando de lo que hablamos es de temas delicados o dolorosos como son los abusos sexuales y explotación de menores por parte de miembros de algunas organizaciones humanitarias. Siempre he creído que no es un fenómeno generalizado, lo que no quita su enorme gravedad. Cuando Tagore se enfrentaba ante un grave problema que no había sabido predecir decía: “Leemos mal en el mundo y después decimos que nos engaña.”

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Malawi-Josep Giralt

Las últimas noticias relacionadas con las orgias de personal de Oxfam-Gran Bretaña ponen la carne de gallina. Llevo más de veinte años trabajando en organizaciones no gubernamentales. He viajado durante mucho tiempo por América Latina, África y Asia.  Lamentablemente no soy lo suficientemente ingenuo como para creer que estas aterradoras prácticas no pueden producirse dentro del mundo de las ONG. ¿Hay algo más obsceno que aprovecharse de la vulnerabilidad de los más débiles?. En realidad, no están junto a ellos para luchar por su dignidad? ¿Cómo pueden caer tan bajo? ¿Cómo consiguen dormir después de abusar de alguien tan indefenso y golpeado por la vida? Sin embargo, sigo creyendo que nadie se hace malvado de repente.

Tal y como menciona Rafael Vilasanjuan en su espléndido artículo “La ayuda y el sexo”: “No podemos evitar todas las conductas depravadas, pero desde la distancia intuyo al menos tres errores. El primero fue ocultar al público la evidencia conocida internamente y no tomar medidas drásticas, aunque salieran a la luz. El segundo, un error igual de grave, sería confundir a toda la organización por la conducta depravada de algunos trabajadores –afortunadamente se cuentan con las manos- y el temor a hacerlo público”.

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Anantapur-Josep Giralt

Nadie puede defender lo indefendible. No creo que nadie tenga el valor de hacerlo. Se han de perfeccionar los códigos de conducta para evitar que se repitan casos, y también y no por ello menos importante, debemos reflexionar sobre qué nos está pasando y cuestionar de una vez por todas los mecanismos y consecuencias que ejerce el poder. 

En definitiva, eso es de lo que estamos hablando. Sea este un poder económico, político o social. Solo desde una posición de dominio se pueden vulnerar los derechos y la dignidad de los más débiles. Como señala Vilasanjuan: “Deberíamos recordarles a todos los que quieren utilizar este escándalo sobre Intermón-Oxfam, que Gran Bretaña es el principal vendedor de armas a países como Arabia Saudí, que las utiliza sin control masacrando a población civil en Yemen. Sin desviar la gravedad de lo ocurrido. Si hay que recortar empecemos por ahí. ¿O es que esto no escandaliza?

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Yo incluso iría más lejos. Y no se trata, una vez más de la mezquina estrategia del ventilador. ¿Somos acaso conscientes de que la mayor parte de los abusos sexuales a menores en el primer mundo están protagonizados por personas del entorno más inmediato de las víctimas? Todos los que abusan utilizan su posición de poder para lograr sus objetivos, estén estos donde estén. Según algunos jueces, existe "una desproporción entre las posiciones de abusadores y abusados, que determina una conducta de presión moral sobre la parte débil".

Insisto, no quiero infravalorar lo ocurrido. Sin embargo, no olvidemos que una investigación llevada a cabo por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades [Centers for Disease Control and Prevention (CDC) Atlanta, USA, estima que en su país aproximadamente uno de cada seis niños y una de cada cuatro niñas son abusados sexualmente. Aproximadamente, el 30% de los perpetradores de abuso sexual son miembros de la familia. Esta situación, ¿nos enfurece de la misma forma que la espantosa conducta de miembros de algunas organizaciones? ¿Pedimos aquellos que quieren tener hijos un código de conducta?, ¿Qué hacemos cuando el enemigo está en casa?

Tanto las víctimas sobre el terreno en el que trabajan las organizaciones no gubernamentales, como las de los países ricos sufren para siempre las consecuencias de estos delitos: intranquilidad de por vida que se manifiesta en episodios de depresión y ansiedad, por no hablar de los que no pueden vivir bajo el peso de las circunstancias y se quitan la vida. Muerte provocada por una paulatina pérdida de autoestima, hipersensibilidad, incapacidad para olvidar lo vivido y bloqueo emocional.

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Otras consecuencias son el miedo a la afectividad, miedo a la figura masculina y en algunos casos alteración del desarrollo de la sexualidad. Hace muchos años conocí a una mujer de la alta sociedad que me dejaba como detalle mis pasteles favoritos en la puerta de casa. Durante tiempo sufrió de un bloqueo emocional y de una indolencia que me disgustaba. Un día me confeso que era violada por una de sus hermanos sistemáticamente. Eso sí, la familia tenía un palco en el Liceo y eran venerados por medio Barcelona. Es un caso similar al que nos cuenta Dalmau en una de las mejores biografías que he leído nunca “Los Goytisolo”. En el libro se revela cómo el abuelo abusaba de Juan Goytisolo. Era un secreto a voces, que jamás se atrevió nadie a mencionar en voz alta. Le dejaron a solas con aquel hombre enfermo, hasta que tuvo la posibilidad de volar para no regresar nunca más. Aquel suceso condicionó su existencia.

Me entristece pensar en el desastre que estos hechos pueden suponer para intermón-Oxfam, o para otras organizaciones. El trabajo que realizan sobre el terreno es imprescindible. Supongo que como todos, aprenderán de los errores de gestión y comunicación que se hayan cometido. Sin embargo, deberíamos evaluar con la misma vara de medir a todos aquellos que abusan de su poder con los más débiles. Y deberíamos empezar por nosotros mismos, y con nuestra forma de enfrentarnos a unos hechos de los que prácticamente no queremos hablar. Es un tema muy incómodo, que genera mucho rechazo, también por parte de los propios profesionales.

Humanité

No puedo dejar de preguntarme, ¿dónde habrán aprendido el abuso de poder y salvajismo aquellos miembros de las ONG que han sido descubiertos? ¿Dónde aprendieron a ser malas personas? ¿en África?, ¿durante el terremoto de Haití? ¿En una guerra? ¿No se trataba en realidad de salvar vidas? Las malas prácticas, el incalificable error que han cometido no lo aprendieron de sus víctimas. Lo asimilaron en nuestro mundo. En nuestras casas, con nuestras familias, amigos, universidad o trabajo. No los disculpa, pero de algún modo nos condena a todos.

Deberíamos evaluar con la misma vara de medir a todos aquellos que abusan de su poder con los más débiles.

“El infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquel que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo más. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar y darle espacio”. Italo Calvino, el final de “Las ciudades invisibles”.

Guerras

No podemos caer en la simple condena sin antes examinarnos. Debemos hacernos preguntas antes los enigmas y complejidades del ser humano. Condenemos la maldad, e intentemos acabar con ella, aunque sea desde dentro. Todo se reduce siempre al poder.

“Los poderosos tienen los mismos guardianes y cerrojos. Políticos de cualquier ideología, delincuentes de guante blanco, mafiosos, capitanes de empresa, banqueros, divos del espectáculo, cardenales y papas de Roma, a todos los iguala un mismo guardaespaldas cuyo criterio es indispensable para aprender la última filosofía: cómo ser libre detrás de una puerta blindada". Manuel Vicent dixit.

No podemos caer en la simple condena sin antes examinarnos.

Las ONG son cada vez más necesarias, y no solo por la calidad profesional y humana de la mayoría de su plantilla. Parte de los mejores especialistas y amigos que me he encontrado en mi trayectoria profesional han sido y son miembros de la Fundación Vicente Ferrer, Médicos sin Fronteras, Manos Unidas, Ayuda en Acción, Fundació Barça, e Intermón –Oxfam. Son necesarios para abrir esas puertas blindadas de las que habla Manuel Vicent. Han conseguido cambiar millones de vidas logrando un extraordinario impacto social, aportando futuro a sus destinatarios, trabajando muy duramente. No se merecen que ahora sean recordados por unos hechos que a la mayoría de sus integrantes les repugna y entristece.

Estamos esperrando

Necesitamos más personas libres y menos feligreses

Por: | 29 de noviembre de 2017

¿Quién de nosotros, durante estos últimos meses no ha tenido la desgracia de sufrir más de una noche de insomnio, o una crisis de ansiedad? Es imprescindible hablar de las cosas que nos duelen. Todo en nuestra vida debería ser una lucha contra la neutralidad. Contra nuestra propia neutralidad. Aquella que no nos examina y provoca nuestra abulia y parasitismo. La que debería enfrentarnos a la peor versión de nosotros mismos. Lo real sucede cuando uno se golpea. “La ignorancia y el oscurantismo en todos los tiempos no han producido más que rebaños de esclavos para la tiranía".  Emiliano Zapata dixit. Sin embargo, ¿son los demás los únicos responsables de nuestro comportamiento? Frente a los conflictos políticos, ¿nos mantenemos humanos o somos parecidos a los animales salvajes? ¿Es cierta la natural tendencia de los pueblos a dejarse engañar por sus gobernantes.

Ser-mi-pesimista

Quiero escribir sin tomar partido, pero sin ser equidistante en lo primordial. Me gustaría que mis reflexiones se entendiesen como meditaciones universales, y que no se centrasen únicamente en el contexto que nos ocupa. Todo lo que ha pasado en Catalunya y España debería ser contemplado como una obra de teatro que podria ser representada en cualquier rincón del mundo. Necesito huir de debates concretos. Ir más lejos, más al fondo. Lo único que se le puede pedir a un pensador es que sea profundo. Y eso no se puede exigir, se es profundo, o no, definitivamente. Según Willima Blake “El poeta está siempre del lado de los demonios”.

Mi repuesta frente a los últimos asuntos políticos ha hecho florecer una parte de mí que me inquieta. Es como si los acontecimientos me hubiesen colocado frente a un espejo en el que he visto brotar una parte oscura de mi alma que apenas conocía. Y lo que he encontrado reflejado me avergüenza y entristece. Me he sentido igual de desconcertado y aterrorizado que Lord Henry frente al retrato de Dorian Gray. Ver mi rostro con una mueca agridulce en el espejo ha sido la demostración de lo mal que he procesado los efectos causados por el dolor, el desprecio, y el rencor que he sentido por parte de algunos de mis familiares y amigos. Y de cómo, en vez de actuar de forma contrapuesta, he acabado pareciéndome a aquellos que tanto daño me han hecho. ¿Olvidamos con la rabia y la violencia quiénes somos? ¿Somos violentos porque antes lo fueron con nosotros, o forma una parte intrínseca de nuestro ser? ¿Porqué es tan fácil dejarse llevar por las pasiones, y sin embargo tan difícil aplicar el conocimiento?.

Reconozcas

Me he visto obligado a luchar contra los demonios que llevaba en mi interior y que tenía adormecidos. Supongo que tal y como decía Sábato, la creación nace del desajuste entre el hombre y en el mundo. Pero, ¿tenemos todos la capacidad de exorcizar nuestros demonios a través de la creatividad? ¿Podemos encontrar consuelo en nuestra parte más artística? ¿Sería quizás el antídoto para los ismos de cualquier orden? ¿Cultura y sensibilidad van necesariamente unidos? ¿Ahuyenta el conocimiento el mal moral? ¿Puede la razón ser transformada por el egoísmo?.

"El hombre se adentra en la multitud para ahogar el clamor de su propio silencio". Rabindranath Tagore. No estoy diciendo que no debamos combatir por la consecución de un mundo más justo, una sociedad más humana, más equitativa. ¿Quién puede discutir eso? No me gusta simplificar. Sin embargo, sí creo, que entre todos, deberíamos luchar, no solo por cambiar las cosas, sino por no hacerlo desde el odio. Si conociéramos de verdad la realidad humana y social, nos daríamos cuenta de que lo mejor, precisamente es la bondad. Construir desde la bondad y la diferencia. No podremos avanzar nunca, si la gente a la que hemos admirado y querido, la convertimos de golpe en el enemigo. "No pondré ninguna verdad por encima de la vida de un hombre". El otro día me encontré con un ex compañero de profesión cruzando la calle, y le faltó tiempo para mirar los adoquines de la calzada para no tener que cruzarse con mi mirada. ¿Podemos dejar de hablar con una hermano por defender una bandera, sea esta del color que sea? ¿En qué hemos caído, unos y otros? ¿Se puede construir desde el resentimiento? ¿Cómo vamos a sumar desde la indiferencia al otro? Si entre todos no hemos sido capaces de repudiar el discurso del odio, ¿qué ocurrirá con aquellos que no nos importan? El altruismo no supone una renuncia y disolución del yo, sino una apertura interactiva con el otro. ¿Es que no hemos aprendido nada?

"No pondré ninguna verdad por encima de la vida de un hombre" Albert Camus

Sé quién soy y qué necesito para ser feliz. Hablar de compromiso y ecuanimidad no quiere decir solamente que el periodismo deba ser una mera herramienta de lucha política. Debemos acompañar nuestras ideas de sentimientos, corazón y sensibilidad. No debemos contagiarnos de esa enfermedad terrible que significa la indiferencia. Insisto, cada uno tiene sus razones, algunas difíciles de relativizar, sobre lo que se ha hecho mal en los últimos años. Pero eso no significa que debamos dejar florecer lo peor de nosotros mismos. Si hay algo de todo lo que ha ocurrido que detesto especialmente, es observar como los asuntos políticos han permitido que aparezca la sombra de ese monstruo que habita en mí, y por el que siento un terrible desprecio. Esa mácula que me ha aparecido en el alma, no me ha dejado apenas fuerzas para luchar por la sociedad que busco. Una cultura liberadora, guiada por el altruismo, y la voluntad de desarrollo universal de los humanos. Todo lo contrario, me ha hecho más pequeño y más gris.

Monstruo

El Monstruo de la indiferencia

No soy nadie para juzgar la vida de los demás. Y mucho menos sus sentimientos. Sin embargo, algunos de mis amigos y conocidos han sufrido mi distanciamiento. Y yo el suyo. Es como si nos hubiésemos declarado la guerra sin decírnoslo. ¿Puede haber algo más triste? He recibido ofensas por ambos lados. Me han llegado a llamar cloaca humana. Sin embargo, también me he encontrado con amigos que me han ayudado a no generalizar, y a no perder el norte. Me han hecho pensar desde el conocimiento y la calma. Gracias a ellos y ellas, puedo volver a mirarme. No sin antes, y de reojo mantenerme muy alerta para que esa bestia obscura e imposible de controlar resurja en mi interior provocándome esta fatal amargura. 

Shaw

Cuando nuestro odio es demasiado profundo, nos coloca por debajo de aquellos a quienes odiamos. Se pueden ganar batallas, pero jamás se logrará convencer. El principal problema que tenemos como sociedad, es que hemos de ser capaces de sumar más personas libres, y menos feligreses.  

 

Forges

 

El Monstruo que hay en nosotros

Por: | 03 de septiembre de 2017

“Cambiar de alma, cómo? -Eres tú quien debe descubrirlo”.

 Fernando Pessoa

 

Ramblas
Les Rambles de Barcelona- Agost 2017 

Nos han educado para que las emociones sean un asunto privado, y para que procuremos vivirlas en el fuero íntimo sin abrumar con ellas a los demás. Pero ya se sabe, establecemos reglas para los otros, pero hacemos excepciones con nosotros mismos. Necesito explicarme, y que eso me sirva de base para entender el mundo. Hago mío lo que veo. No conozco otra herramienta mejor. No me salva, pero ayuda a comprenderme más, a mí mismo y a los demás. ¿Significa esto que conocer las respuestas vaya a hacerme más feliz?

Hace muchos años tuve un hermano, el mejor hermano del mundo. El amor que nos tuvimos es el que ha logrado que su figura no se difumine en un mar de ausencias y silencios. Aquellos a quienes les debemos algo no siempre lo saben. Y si por suerte se enteran, probablemente ignoren en qué forma nos influyeron. Mi hermano me ayudó a ser mejor persona. Sin embargo, no podemos apreciarnos si alguien no nos recuerda lo importante que fuimos.

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Cuando éramos unos niños, y los dos hermanos regresábamos del cine nos poníamos a explicar la película al mismo tiempo. Pero mi forma de narrar la trama era de una vehemencia superlativa, por lo que mi hermano mayor acababa renunciando a la parte de protagonismo que le correspondía; se daba media vuelta y desaparecía en silencio. Mis recuerdos no son un producto de la fantasía, -a la que a menudo recurro buscando destellos de felicidad-, ni de la lógica necesidad de buscar refugio en la infancia. Como decía Nietzsche: “la escritura, el pensamiento y la visión del mundo, proceden fundamentalmente de nuestra autobiografía”.

Le recuerdo estirado en el suelo, con aquellas largas y escuálidas piernas, construyendo el fuerte donde colocaba estratégicamente a los soldados que aguardaban el ataque de los indios. Cuando todo estaba organizado, yo pasaba por detrás sigilosamente, y con la palma de la mano derribaba a todo el escuadrón de soldados de golpe. Dejaba aquel campamento como si hubiese pasado por encima un meteorito. ¿Cómo es posible que nunca me levantase la mano, o como mínimo buscase la protección de nuestros padres y hermana? Al contrario, cuando nuestra madre intentaba alcanzarme para darme una buena reprimenda, él se interponía entre nosotros dos y le rogaba firmemente que no me zurrase.

Fuerte

Lo que finalmente me desmontó para siempre, fue un día en el que encolerizado le cerqué contra la pared y le pegue con los puños. Es la única vez que he tenido un comportamiento tan violento, y ni siquiera soy capaz de recordar el motivo. Mientras le sacudía, él mantenía los brazos en forma de cruz para amortiguar los golpes. De repente, y cuando ya no me quedaban fuerzas, me miró fijamente y me dijo. “¿Ya has acabado?”. En realidad todo acto de bondad es una demostración de poder. Es así realmente como se ganan las batallas.

"En realidad todo acto de bondad es una demostración de poder. Es así realmente como se ganan las batallas".

Tuvimos la enorme suerte de tener una infancia feliz. Nos quisieron mucho y durante muchos años. Mi hermano fue siempre el favorito de mi abuelo materno. Y creo de corazón que se lo merecía. Todo cambió cuando nació nuestra hermana pequeña con parálisis cerebral. Cada uno de los hermanos fuimos asumiendo el dolor, la responsabilidad y la culpa como pudimos. Pero lo que no sabíamos entonces es precisamente lo rápido que se puede llegar a olvidar lo fundamental. La única que no se olvidó nunca de lo que significábamos fue nuestra hermana mayor. Ella nació con una sensibilidad especial, es escritora de cuentos, sobrada de ingenio e imaginación.

LLuis y Helvia

 LLuís y Helvia Giralt

A lo largo de 2017, el mundo ha asistido a unos 390 ataques terroristas en 53 países, que le han costado la vida a unas 3.215 personas, de acuerdo con un informe publicado por la Universidad Austral. A raíz del atentado terrorista en Barcelona, y del clima complicado que estamos viviendo en Catalunya, se me han acumulado infinidad de incertidumbres y mucha tristeza. ¿Qué habría pasado si uno de nosotros dos hubiese sido una de las víctimas de las Ramblas? ¿Toda esta distancia, estos años de alejamiento y de soledad agridulce, habrían valido la pena? ¿Puede llegar la política a ser más importante que el dolor y la empatía que deberíamos haber compartido los dos hermanos durante todos estos años?

Banderas

No quiero hacer un análisis simplista de la historia de nuestro país. La realidad es mucho más compleja. El mundo es una máquina enmarañada constantemente en marcha y que no se desmonta con un simple destorllinador. Quisiera ir mucho más lejos. ¿Puede una idea política alejarte de lo que más quieres? Mi abuela nunca quiso ir a votar. No lo entendí entonces, ni lo comparto ahora. Pero fue tanto el horror que sufrió durante la Guerra Civil Española, que perdió para siempre la confianza en los políticos. Toda su familia se quebró por completo y para siempre. Algunos hermanos estaban en el bando de los nacionales, y otros con la República. Nunca volvieron a dirigirse la palabra. Cada guerra es una destrucción del espíritu humano. Antes de hablar deberíamos detenernos a ver. ¿No hemos aprendido nada del dolor de nuestra propia gente?

Help sapian

 

 

¿Puede una idea política alejarte de lo que más quieres?

Poco a poco mi hermano y yo nos hemos ido distanciando. Olvidándonos de quiénes somos, de dónde venimos. Nadie mejor que nosotros conoce el material del que estamos hechos. A medida que va pasando el tiempo, me voy sintiendo más cercano a mi abuela. ¿Compensan las batallas cuando se llevan por delante lo más importante?

Somos frágiles, y al mismo tiempo estúpidos. Ocurre lo mismo en todas las partes del mundo. No es nada nuevo. El odio hacia el individuo se encuentra en todos los que comulgan con ese ideal de un universal en el que se disuelven las individualidades: ideologías religiosas y totalitarias, utópicas y comunitarias, tradicionalistas y populistas. En nombre de Dios y del Estado, de la Patria y de la Nación, los conductores de hombres nos han manipulado y exigido al mismo tiempo.  ¿Nos hemos dejado moldear a su antojo?. ¿De qué han servido tantas disputas?. ¿No hay nada en las leyes y en las mentalidades que nos ayude a reivindicar una identidad que no se amolde a lo establecido?

¿No hay nada en las leyes y en las mentalidades que nos ayude a reivindicar una identidad que no se amolde a lo establecido?

BOX

No se pueden abrir heridas y pretender que se cierren solas. Es así aquí, y en cualquier pueblo de la tierra. Cuando éramos unos adolescentes recuerdo a mi hermano salir de casa con una bandera más grande que él mismo. Nunca compartí esa pasión por nada, salvo por el cine y los libros. Sin embargo, sí recuerdo haber tenido una nefasta e imperceptible conducta de superioridad. Una manera indirecta de infravalorar sus sentimientos, de ridiculizar sus símbolos. Nunca alcancé a comprenderlos, ni siquiera a respetarlos. Me ocurre con todos, no solo con los propios. No me han emocionado nunca los himnos, ni las banderas. ¿Pero puede uno menospreciar la identidad de nadie? ¿Sus sentimientos?. No se puede tener ninguna influencia sobre aquellos a quienes uno tiene un subyacente desprecio. No he sabido hacerlo bien. Convencido de tener la razón, he ridiculizado planteamientos contrapuestos a los míos. Aunque fuesen los de mi propio hermano. ¿Qué seré capaz de hacer con alguien a quien no quiero? No estoy diciendo que actuando de otra forma el resultado sea un mundo fantástico y sin problemas. Un universo donde iremos cogidos de las mano, un lugar donde no existirá la pobreza, ni la exclusión social, ni los sufrimientos. Hablo de no olvidar nunca que la otra persona a la que estás agrediendo es un ser humano. Si olvidamos ese derecho tan básico las reglas morales reservadas para las personas ya no las aplicaremos. Y ya no nos importará nada de lo que suceda a continuación.

LLum

Para deshumanizar al semejante hace falta una actitud irracional y de soberbia que convierta al otro en una cosa, no en un ser humano. No vemos personas, vemos enemigos. Estos últimos años han sido tan duros, que apenas me importa de qué bando venga la propaganda. No podemos demonizar al que no piensa igual. ¿Cuál será sino el siguiente paso? ¿Hasta qué punto pueden las ideas desactivar la piedad instintiva en los seres humanos? Cuando de pequeño agredí a mi hermano, y él me miró a los ojos diciéndome: ¿Has acabado?, tenía que haber aprendido la lección para siempre. No deberíamos olvidar que hay un Mr Hyde en cada uno de nosotros; lo importante es impedir que se den las condiciones que ese monstruo necesita para salir a la superficie. Solo depende de nosotros que le dejemos salir o no.

 






 

Los años perdidos

Por: | 30 de julio de 2017

  Campos de trigo

© Mario Cobos

Todas las emociones fundamentales sobre las que nos sustentamos tienen sus raíces en el amor que nos proporcionaron en la niñez. La infancia forja el carácter y también el destino. Tal y como decía Ana María Matute "A veces la infancia es más larga que la vida".  Puede ser nuestro paraíso perdido y también nuestro infierno.

"A veces la infancia es más larga que la vida" Ana María Matute

La rama familiar que corresponde a mi padre era de un pueblo del interior. Como casi todos los niños de los años setenta, pasé las vacaciones de mi infancia brincando como Kevin,  -el gamusino de Up-,  junto a mis hermanos y primos por los campos de trigo en busca de nuestro “Shangri-La” particular. En invierno hundíamos los pies en la nieve, y sentíamos algo inquietos cómo los cristales de hielo crujían bajo la suela de nuestros zapatos. Los fines de semana ganábamos la batalla a la quietud del domingo y paseábamos por las calles de adoquines de piedra camino del cine. Allí nos esperaban Fu Man Chú, Los Simios de Charlton Heston, Louis de Funés y las películas de vaqueros de serie B. Todo era distinto a la ciudad, los olores, el color rojizo de la tierra, la luz, los sonidos, la gente, y el transcurrir del tiempo.

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El paisaje de nuestra infancia es un presente del pasado. Todo parecía más primitivo, pero al mismo era más genuino y estimulante. 

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                                                                                                                                          Santpedor, 1970

Mi padre solo tuvo una hermana. No se movió nunca del pueblo. Cuidó de sus padres, marido e hijos. No hubo otra opción, y no creo que tuviese oportunidades para decidir otro tipo de vida. Cualquier otra idea que no fuese el trabajo no entraba en su cabeza. Las dudas, caprichos, y la locura, eran cosa de las novelas y las películas. Esa fue su vida. Y amar a los suyos. Mi padre ocupaba un lugar reverencial en aquella reducida lista. 

De pequeño yo era bastante contrario a los reglamentos e imposiciones. Pero en aquella casa, me sentí muy libre. A ellos les debo haber vivido parte de los momentos más felices de mi vida. Siempre he creído, como señalaba Vázquez Montalban que la patria de cada uno es la infancia, en el sentido moral.

"La patria de cada uno es la infancia, en el sentido moral". Manuel Vázquez Montalbán

Para desayunar hervían la leche y nos la servían en unas enormes tazas blancas de loza. Qué extraña es la infancia y la memoria. Ahora mismo podría dibujar los cazos y las enormes vasijas de leche que iban a buscar cada madrugada. Me sentaba en la mesa del comedor, apartaba a un lado la mitad del mantel de hule, y me ponía a dibujar para toda la familia. En una milésima de segundo había conseguido la atención y admiración de mis tíos y primos. Esbozaba auténticos garabatos, pero a sus ojos parecían obras maestras.

Lecheras

Con su educada sencillez me hacían sentir el artista más importante del mundo. Mi tía me exhibía siempre como un dechado de virtudes. En mi interior siempre pensé que aquella admiración se debía a que no era una mujer muy viajada. Su mundo era muy reducido. No supe comprender entonces lo mucho que iba a añorarla. Al cabo de los años, y cuando perdimos contacto, me aferré a aquellos recuerdos para seguir queriéndola. Fue aquella una época muy dura.

Plaça Garn 1970

Santpedor 1970, Plaça Gran 

Generalmente la felicidad no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días. Y entre esas “pequeñas cosas”, los afectos ocupan un lugar primordial. No sé qué pensamiento auténtico tenía sobre nosotros, pero al fallecer mi padre dejamos de estar en su lista de
prioridades.

La mayoría de las personas tendemos a la estrechez en lo que al alcance de nuestra mirada se refiere. Solemos recluirnos fácilmente en proyectos narcisistas y nos olvidamos de las auténticas necesidades de los demás. En realidad, saber mirar es el secreto. Pero, ¿qué implica conocer la verdad? ¿Tenemos derecho a exigir de los demás lo que no saben, o no pueden darnos? Nunca se puede pedir a nadie que cambie un sentimiento.

Nunca se puede pedir a nadie que cambie un sentimiento. 

Aparentemente mi tía era muy sencilla. Sin embargo, su simplicidad encubría un rompecabezas de complejidad. Había mucho que asumir, interiorizar y digerir. Todos deberíamos hacerlo, pero se suele pagar un precio muy alto. Y no todos somos tan valientes. No hablo de culpables, hablo del laberinto que hay en cada uno de nosotros. 
Podemos imaginarlo todo, predecirlo todo, salvo hasta dónde podemos llegar.

  Look deeper

 

 

Estuvimos 20 años sin saber nada de ella. Uno de los momentos más emotivos que recuerdo fue durante un entierro. Estábamos en el cementerio, yo me había situado detrás de unos setos, ya que necesitaba estar solo. De repente vi como subía la empinada cuesta del camposanto muy lentamente hasta donde yo me encontraba. El corazón me latía a mil por hora. Llevábamos mas de dos décadas sin hablar. No me atrevía a mirar a ningún lado. De repente sentí su presencia y escuche una voz que decía, ¿No piensas darme un beso? 

Sant Pere de Santpedor

Sant Pere de Santpedor

Amo como ama el amor. No conozco otra manera de hacerlo. ¿Cómo no dárselo? Le habría dado mil veces, mil besos. ¿Cómo no abrazarme a ella?. Fue como si nos hubiésemos visto el día anterior. Todo el cariño, los cuidados, y el orgullo que sentía por nosotros, y del que presumía a los cuatro vientos, surgió de nuevo con la misma intensidad de antes. No quedaba espacio para las recriminaciones, ni el rencor. Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida. En lo único que pensé entonces, es que no existe la victoria final para los años perdidos.

No existe la victoria final para los años perdidos.

Nada nos consume más rápidamente que el resentimiento. No pretendo que esto sea un ajuste de cuentas, ni una reflexión sobre un asunto privado de familia. Escribo porque creo que en lo particular se encuentra lo universal. Y también para definirme, es un diálogo conmigo mismo. Es una forma de hablar con aquellos a los que admiro y quiero, vivos y muertos. Al mismo tiempo me da placer, aunque no tenga la certeza de que sirva para algo.

Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida

¿Qué sentido tienen ahora aquellos años perdidos? Con el tiempo recuperamos la relación, pero nunca hablamos de nada que pudiera hacernos daño. Ahora desde la ventana donde escribo, veo el banco donde solía sentarse desocupado, y no puedo dejar se sentir una enorme tristeza. Qué papel tan importante pueden llegar a tener los tíos en nuestro tejido sentimental. Qué poco tiempo nos quedó, tras largos años de silencio para podérselo decir.  

Tiweta
Estamos unos días en la que fue su casa. En el valle más grande de los Pirineos. Una gran planicie, repleta de prados verdes cruzados por riachuelos y torrentes, y protegido por la sierra y montaña del Cadí. Llevo dos semanas de vacaciones, y siento su alegría cada vez que disfruto del paisaje, de la luz y la calma.

Poble

© Raquel Artiles

¿Qué hubiese conseguido negándole un abrazo? ¿De qué sirve el orgullo? Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente llegará como la de todos, mi partida. Puede ser la más feliz o la más amarga de mis horas. Toda dependerá de que en mis sueños vuelva a encontrarme cobijado por el cariño de aquellos que creyeron en mí, mucho más que yo mismo.

 

Duermen bajo las olas...


Allá en el fondo,
todas las palabras que dijimos
y de las cuales ya no guardamos recuerdo,
duermen bajo las aguas.
Duermen aquellas que no supimos decir
y esperan su turno para salir a flote.
Las cartas que hemos roto, las no recibidas
y las veces que hemos dicho adiós.
La pena que sentimos y que ahora,
al recordarla, nos parece pequeña.
La risa o el llanto que no llegó a brotar.
La amistad que buscamos en el momento difícil
y que resultó más débil que nosotros, más falta de ayuda.
La persona a quien quisimos consolar y nos sirvió de consuelo...
Todo duerme allí, en ese fondo" ( Carmen Kurtz).

 

  

Dedicat a la memòria del meu padrí Josep Guixà Vall i la Rosalìa Puiggrós Sala.

 

El áspero olor de la pobreza

Por: | 20 de junio de 2017

 


No creo en la providencia, ni en los milagros, ni en lo sobrenatural. Ya me cuesta bastante trabajo entender algunas cuestiones terrenales como para detenerme en aquello que no se puede demostrar. Sin embargo, sí creo en una vida basada en el ejemplo, la vocación y la empatía. “Aporofobia” el libro de Adela Cortina que trata sobre la pobreza me ha hecho pensar en Vicente Ferrer y su legado. En su último trabajo la filósofa ha creado un concepto que antes no existía, “Aporofobia”: "Me pareció que había que construir un verbo que definiese el rechazo que siente la sociedad hacia las personas pobres”. Para caracterizar la pobreza, Adela Cortina la ha considerado desde una perspectiva no sólo económica, sino también social. “Ser pobre implica con frecuencia mala salud, violencia y muchos otros problemas. Enfermedades mentales, adicción al alcohol, a las drogas o una esperanza de vida más corta que el resto de la población son algunas de las contrariedades implícitas en la falta extrema de recursos". 

 

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Cristina García Rodero



¿Cuántos ejemplos podríamos nombrar de personas que han dedicado su vida a combatir la pobreza? No hablo de campañas orquestadas por el poder, con ilustres personalidades y sus sustanciosos donativos, ni de sus moralinas burocráticas que se repiten de un tirón como viejos catecismos. No hablo de populismo de manual. Hablo de seres humanos para los que la lucha por la dignidad de las personas ha sido su principal objetivo. Todos podemos ser muy solidarios, pero pienso en algo muy distinto. Hablo de compartir el áspero olor de la pobreza, su soledad, su infinita incomprensión y abandono. ¿Por qué hay tan poca ejemplaridad en el paisaje social?

 

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Cristina García Rodero

 

La figura de Vicente Ferrer nunca me interesó demasiado. Nos pasamos la vida juzgando a los demás desde el desconocimiento. Y sobre todo tendemos a generalizar. Y generalizar siempre es equivocarse. Un pasado jesuita y algunos prejuicios más hicieron que no me parase a admirar la figura de un ser humano irrepetible. Y así nos va. Vicente Ferrer detestaba los honores y los premios. Y también las generalizaciones. La Guerra Civil le inmunizó de por vida contra los sectarismos, politiqueos y dogmas. A partir de entonces puso toda su energía es combatir la pobreza extrema. No se fiaba ya de grandes proclamas. “No tengo fe en la sociedad, pero sí en las personas”. El horror vivido en la contienda le asestó una herida que solo pudo ir cerrando a medida que fue dándole la vuelta a los espantos sufridos en la guerra: “Ayudar a que la felicidad embarque en la vida de los demás es ayudar a que también desembarque en la nuestra”.

Generalizar

El cooperante comprendió muy pronto que no hay mayor beneficio social para todos que la magnitud cooperativa, que se nutre de la bondad y la justicia. ¿Puede existir mejor legado? Pasado un tiempo del campo de concentración y la guerra, VF se puso a estudiar Derecho. “No sé si me gustará esto de ser abogado. No me veo capaz de defender a uno si sé que es culpable. No lo podré hacer”. En una ocasión asistió a un intento de desahucio. Era una propiedad privada y no pagaban. Cuando Vicente entró en la casa, le dijo al guardia: “¡Vámonos! la necesitan más que nosotros.

 

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Cristina García Rodero

 
La obediencia ciega puede ser más peligrosa que la desobediencia. El mismo hombre que se negó a dejar a una familia en la calle, consiguió años después, con enorme voluntad y titánico esfuerzo, impulsar en la India un programa de desarrollo único, y que a día de hoy cuenta con más de tres millones y medio de personas destinatarias. Seres humanos que han recuperado su alma y que han dejado atrás la oscuridad de las sombras. Vicente y Anna Ferrer entendieron muy pronto que la pobreza es la falta categórica de libertad.

El modelo de desarrollo de la Fundación Vicente Ferrer es de carácter expansivo. No se trata de una ayuda provisional. Se trabaja siempre sobre la idea de la constancia, generando y manteniendo vínculos allí donde son necesarios. Nacemos solos y morimos solos. Es la condición humana, la soledad. Pero cuando alguien te quiere, te salva de la tragedia. Independientemente de las recompensas que uno tenga en su vida, si no hay amor y justicia no hay nada.

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Cristina García Rodero

 

“Es la fobia hacia el pobre la que lleva a rechazar a las personas, razas y etnias habitualmente sin recursos”. Adela Cortina dixit. ¿Quién de nosotros tiene la certeza absoluta de que en algún momento no se puede decantar la balanza y pasar a ser nosotros las sombras de las que hablaba Vicente? Para él las diferencias de lenguas y costumbres no significaron nada. Carecía de prejuicios y de orgullo racial. Para Vicente Ferrer solo había una historia: la de la humanidad.

 

Para Vicente Ferrer solo había una historia: la de la humanidad.

 

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Cristina García Rodero


“Todos los seres humanos somos aporófobos. Identificarse con el grupo y desconfiar del extraño fue durante mucho tiempo una forma de defenderse de la amenaza de otros grupos tribales. Pero también dentro del propio grupo surge el rechazo al pobre porque rompe las reglas de cohesión interna basadas en dar y recibir. Los pobres no pueden dar, luego nada se espera de ellos”. Vicente Ferrer nos enseñó que no podremos confiar en la humanidad, sino aprendemos antes que hay que controlar la estrecha y claustrofóbica geografía del yo, y acabar con el individualismo competitivo y narcisista. La eficacia de una organización como la de la FVF se suele medir, en la perspectiva convencional, por los logros visibles que se pueden contabilizar. Pero hay otro trabajo que es muy difícil de cuantificar. El trabajo de ayudar a sentir y pensar. La sensibilidad ética de Vicente y Anna Ferrer son la constatación de que en la vida un ejemplo vale más que mil palabras.

  

Vicente y AnnaVicente y Anna Ferrer, Anantapur, 1970 

Identidad Boomerang

Por: | 30 de abril de 2017

 

El otro día encontré dentro de un libro un pequeño papel doblado que decía: “La identidad es una resonancia”. Estaba con unos amigos y no se me ocurrió otra cosa que preguntarles qué interpretación podían darme. Lo que en un principio estaba pensado como una simple lluvia de ideas, acabo en una encendidísima discusión. La teoría que yo defendía era que las identidades son como un eco, y que por consiguiente corremos el riesgo de acabar escuchando solo nuestra propia voz. Hablé también de mi absoluta desconfianza en las masas. Cuando las personas no tenemos suficientes herramientas de juicio y nos limitamos a seguir nuestras esperanzas, es cuando se siembran las semillas de la manipulación política. Tal y como señala Ruiz Zafón, “Nada nos hace creer más que el miedo, la certeza de estar amenazados. Cuando nos sentimos víctimas, todas nuestras acciones y creencias quedan legitimadas, por cuestionables que sean. Nuestros oponentes, o simplemente nuestros vecinos, dejan de estar a nuestro nivel y se convierten en enemigos”.

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Por el contrario, entiendo que es precisamente el contacto y la apertura con otras realidades y culturas, la que va haciendo grande la propia. El reverso, a mi entender es quedarse aislado en un espacio que se retroalimenta, y que finalmente se empobrece. Es lo que yo llamo “Identidad Boomerang”.

Como casi siempre, no calibré el daño que estaba haciendo con mis hipótesis. Suelo venirme arriba cuando advierto que mi interlocutor se enciende como la pólvora. Me gusta sentir que algo se mueve bajo sus pies. Sin embargo, me parece muy vanidoso pensar que mi función en la vida es hacer tambalear los cimientos de nadie. Podemos pensar sin necesidad de que nos dañen, y además deberíamos saber hacerlo con humor. En cualquier caso, hay temas mucho más delicados que otros, y en los que se necesita unas dotes y diplomacia extraordinarias. Las que peor manejamos son aquellas que nos afectan emocionalmente, y que por consiguiente racionalizamos mal. De todos modos, lo que me suscitó más preguntas fue el punto sobre la manipulación de las masas. ¿Perdemos el criterio cuando formamos parte del grupo?, ¿germinan las ideas mejor en soledad?, ¿Puede una mayoría tener razón por el hecho de ser mayoría? ¿Es cierto que la forma en que nuestro cerebro toma decisiones es diferente cuando estamos solos a cuando actuamos en grupo? ¿Qué hace que algunas personas sean más propensas a disolver su personalidad entre la multitud?

“Cambiar el mundo, amigo Sancho, no es locura ni utopía, ¡SINO JUSTICIA!".

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Me entristezco cuando veo lo fácil que resulta convocar a millones de personas para defender banderas, religiones, y equipos de fútbol, y lo difícil que es conseguir el mismo resultado cuando se trata de defender derechos sociales. ¿Qué hace que los sentimientos patrióticos, religiosos o deportivos sean primordiales para la mayoría de los ciudadanos? ¿Qué afecta realmente más a nuestras vidas, la corrupción, los recortes sociales, la extrema pobreza, o la renovación del mejor jugador de fútbol del mundo? Como señaló Miguel de Cervantes, estamos hablando de algo más grande que nosotros mismos: “Cambiar el mundo, amigo Sancho, no es locura ni utopía, ¡SINO JUSTICIA!".

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Por razones que no vienen al caso, y de las que no me siento excepcionalmente orgulloso, en la escuela aprendí que no se puede confiar demasiado en los grupos. En mis primeras aulas me enseñaron que se necesita una extraordinaria fortaleza interior para mantenerte a flote. Una vez que te sientes atacado por tu círculo, cambia tu psicología para siempre. A menudo me pregunto si la crueldad en la infancia está directamente relacionada con lo que se aprende en casa, o se trata principalmente de una cuestión de carácter. La única certeza que conservo de aquella etapa es que, tanto los niños como los adultos, nos pasamos la vida buscando la aprobación del resto con el fin de sentirnos parte del rebaño. Nadie quiere ser la oveja negra. Alguien debería enseñarnos que una persona valiente, también es aquella que establece una base firme con el dolor que otros le han ido causando.

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En definitiva, ni de niño consiguieron adiestrarme. También aprendí entonces que el silencio da consentimiento, y que todos cambiamos nuestras prioridades cuando hay un “nosotros” y un “ellos”. Y que en nuestra “casa” todo nos está permitido. Ahora vivimos inmersos en una constante perorata desinformativa a gran escala, en la que la mayoría de la población es conducida como un rebaño camino del matadero. Pero el destino es avanzar o no, porque por lo general la mayoría de las vidas pueden llegar a ser estériles. En gran medida depende de nosotros mismos. Se necesita mucha valentía para ser libre. Y el precio a pagar suele ser extremadamente grande.

Para manipular eficazmente a la gente, lo principal es hacerles creer que nadie les manipula. Todos y todas deberíamos ser conscientes y razonar: ¿por qué pensamos como pensamos? ¿de dónde vienen nuestras ideas?, ¿cómo se han conformado? ¿tienen una parte más emocional o racional? ¿de qué fuentes nos hemos nutrido? ¿somos lo que queremos ser? ¿Nos hemos construido a nosotros mismos o somos el resultado de lo que quieren los demás? ¿quiénes somos?


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“Exageráis la hipocresía de los hombres. La mayoría piensa demasiado poco para permitirse el lujo de poder pensar doble", Marguerite Yourcenar dixit. Para que esta frase de Yourcenar no se convierta en una generalización, debemos saber primero qué pasos debemos dar y tomar plena conciencia de cuáles son las técnicas de manipulación empleadas sobre nosotros, y de qué mecanismos disponemos para combatirlas. Un proverbio hindú dice: “El trabajo del pensamiento se parece a la perforación de un pozo: el agua es turbia al principio, mas luego se clarifica”. 

En el mundo hay multitud de causas por las que luchar y hay que tomar alguna como propia". Vicente Ferrer

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Siempre hay alguien que nos dice lo que debemos hacer, ya no existe el silencio, en todas partes hay ruido; pero si no nos construimos a nosotros mismos, ¿cómo van a importarnos los demás? ¿Si no “somos” qué destino nos espera? Debemos empezar de una vez por todas a dirigir el camino que queremos tomar. Necesitamos de esa vitalidad misteriosa que nos impulse a hacer algo. Hemos sido educados para pensar poco y consumir mucho. Lo menos frecuente en este mundo es saber vivir. La mayoría de la gente existimos, eso es todo. Y no podemos permitírnoslo. “En el mundo hay multitud de causas por las que luchar y hay que tomar alguna como propia". Vicente Ferrer

 

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Las 10 estrategias de manipulación según Chomsky 
 

 

 

El País

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