Letelier, anatomía de un asesinato

Por: Ernesto Ekaizer | 20 sep 2016

             
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   El asesinato de Orlando Letelier fue la réplica en Washington D.C., el 21 de septiembre de 1976, del atentado que acabó en el barrio de Palermo, Buenos Aires, con la vida del ex comandante en jefe del Ejército chileno, el constitucionalista general Carlos Prats, dos años antes, el 30 de septiembre de 1974. También en septiembre, el mes del golpe de Estado de Pinochet.

   Letelier era ministro de Defensa en el momento del golpe de Estado de 1973 y conocía bien a Pinochet así como a su antecesor en el cargo de comandante en jefe del Ejército, el general Prats. El ministro fue detenido cuando la mañana del 11 de septiembre entraba en su despacho con el objetivo de sofocar la rebelión militar. 

    Fue torturado sin pérdida de tiempo en el regimiento Tacna y más tarde en la Academia Militar. Desde allí, junto con otros altos cargos del gobierno de Salvador Allende, fue enviado a la prisión  de la Isla de Dawson, integrante del archipiélago de Tierra de Fuego, en el estrecho de Magallanes.

    Tras ocho meses allí se le encerró después en una de las celdas del sótano de la Academia de Guerra de la Fuerza Aérea Chilena (FACH), desde donde fue recluido  en el campo de concentración de Ritoque, a 160 kilómetros al norte de Santiago. La presión diplomática internacional, coordinada por Diego Arria, gobernador de la ciudad de Caracas, consiguió su liberación. Al salir del campo de prisioneros, el oficial a cargo de su detención le advirtió: "El brazo de la DINA es largo, el general Pinochet no tolera ni tolerará actividades contra su gobierno". El coronel Manuel Contreras era el todopoderoso jefe de la policía política que reportaba directamente a Pinochet. 

    La misión en Washington fue ejecutada por un comando de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINA) a cargo del agente Michael Townley, en el marco de la llamada Operación Cóndor, la red criminal de las dictaduras militares del Cono Sur de América Latina. Townley, en efecto, había acabado con la vida de Prats mediante la explosión de una bomba colocada en su coche, activada a control remoto a metros del domicilio donde residía el general. Prats residía en la capital argentina, donde se instaló cuatro días después del golpe de Estado del 11 de septiembre.   

    Pinochet no vaciló ante el hecho de que el asesinato de Letelier tendría que ser acometido en el país que le acogía como asilado desde 1974: Estados Unidos. Entre los 16.000 documentos secretos de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA) y el Departamento de Estado desclasificados en noviembre de 2000, figuran numerosos mensajes e informaciones transmitidas al general Vernon Walters, nombrado subdirector de la CIA en 1972 por el presidente Richard Nixon, en las que se advierte desde distintos países de América Latina, durante la última semana de agosto de 1976, sobre una posible acción terrorista de Estado de la dictadura de Pinochet en el exterior.

    La predicción del oficial que custodiaba a Letelier en el campo de Ritoque llegaría a ser realidad, pese a las múltiples advertencias sobre una operación terrorista de asesinato inminente, el 21 de septiembre de 1976 en Washington D.C.

    En octubre de 2015, el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, entregó al gobierno de Chile 282 documentos desclasificados en relación con el asesinato de Letelier.

   El más relevante es un memorándum secreto del 6 de octubre de 1987 enviado por el secretario de Estado de entonces, George Shultz, al presidente Ronald Reagan, donde le informaba que, según un informe de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Pinochet "ordenó personalmente a su jefe de inteligencia [Contreras] ejecutar el asesinato". 

   Shultz apuntaba a Reagan: "No está claro si podemos o queremos considerar el procesamiento de Pinochet. No obstante, este es un ejemplo llamativo de la participación directa de un jefe de Estado en un acto de terrorismo de estado, que es particularmente preocupante, tanto por haberse producido en nuestra capital y desde un gobierno considerado amigo".

  El gobierno de Reagan optó por honrar la célebre frase que el general Vernon Walters había parafraseado sobre Pinochet: "Puede que sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta". Se asegura que la pronunció el presidente Franklin D. Roosevelt en 1939. Unos dicen que se refería al dictador nicaragüense Anastasio Somoza, otros al dictador de República Dominicana, Rafael Trujillo. No se procedió, pues, contra Pinochet. 

    El dictador acababa de cumplir en aquel momento catorce años en el poder y acariciaba seguir hasta el 11 de marzo de 1997 a través de un plebiscito previsto para el 5 de octubre de 1988. Procesar a Pinochet suponía poner en riesgo sus planes de perpetuación en el poder durante diez años más.

   Pero la palabra la tuvo el pueblo chileno- El 5 de octubre de 1988 dijo no al dictador. Y pese a maniobras de Pinochet detrás de los bastidores la noche misma del plebiscito para desoír el pronunciamiento popular, la Fuerza Aérea y la Armada no le acompañaron en ese viaje.

   El memorándum de la CIA citado por Shultz en su informe desclasificado no ha sido entregado al gobierno de Chile. Es el día de hoy que el  memorándum permanece clasificado.

   En el capítulo de mi libro Yo, Augusto, publicado en 2003, incluido en la anterior entrada del blog bajo el título de Pinochet & Kissinger y el crimen Letelier se puede confirmar que el nombre de Letelier aparece en la conversación que mantiene Pinochet con el secretario de Estado norteamericano, Henry Kissinger, el 8 de junio de 1976.

  Su obsesión era acabar con la denuncia de la dictadura que llevaba adelante Letelier, asilado en Estados Unidos, el testigo de cargo que apuntaba a diario, desde Washington, a Pinochet con su Yo acuso.

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         Fiedman y Pinochet

     En la imagen, el Nobel Milton Friedman con el general Pinochet en Santiago, 1975.

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   (Retrato del conocido fotógrafo Richard Avedon en The New York Times con el artículo que preparó Juan Gabriel Valdés para Letelier y que se publicó de manera póstuma el 27 de septiembre de 1976 como "Testamento")

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Hay 1 Comentarios

Hola, amigos. Buen trabajo el de Ernesto para preservar la memoria histórica de un episodio criminal más en la vida y obra del general Pinochet. No extraña mucho que si Estados Unidos jugó un papel fundamental en el derrocamiento de ALLENDE y el comienzo de la dictadura militar de Pinochet, rematara su colaboración permitiendo el atentado contra LETELIER y haciéndose el de la vista gorda contra todos sus crímenes y felonías. Tanto la actitud de Nixon, como la de Kissinger, como la posterior de Reagan muestran capítulos repetidos de la misma historia de los Estados Unidos: colaborar en cuanto golpe militar en América Latina favoreciera sus intereses económicos. Para eso era y es su patio trasero.

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Sobre el autor

, Buenos Aires, 1949. Ha trabajado, por este orden, en redacciones de televisión, revistas semanales y diarios en Argentina; trabaja, desde hace 36 años en Madrid, en diarios, revistas, radio y televisión. Ha escrito ocho libros.

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