Antigurú

Sobre el blog

Agotada de la alta concentración por metro cuadrado de gurús de las redes sociales, en este sitio se levanta un muro de contención: Todos somos torpes y primerizos en la jungla digital. No hay expertos. Eso, al menos, es lo que enseñan en la Universidad de Stanford, donde se ha inventado casi todo y nadie se proclama gurú de nada. Este es, pues, un lugar para reírse de los tropezones en Internet. El viernes abrimos consultorio. Pregunte sin piedad, porque más temprano que tarde todos tendremos nuestro minuto de miseria digital.

Sobre la autora

Karelia Vázquez

es periodista. Escribe en El País Semanal desde 2002, y en Marie Claire, desde 2005. Es la primera española que obtiene una beca J. S. Knight en la Universidad de Stanford (California), que le permitió, entre otras cosas, vivir una temporada en Palo Alto, el Dorado de las nuevas tecnologías, comprar en el mismo supermercado que Mark Zuckerberg y compartir plaza de garaje con los chicos de Facebook. También ir a clases de Clifford Nass, Clay Shirky, Evgeny Morozov y otros -esta vez sí- gurús de la era digital. Es autora del blog “Vivo entre Google y Facebook”, porque así era literalmente. Ha sido cobaya de variados experimentos extremos en Internet, y este blog no pretende ser ni más ni menos, que eso: Un sitio para radicales.

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Si me quieres, dame tu clave secreta

Por: | 27 de febrero de 2013

 

DigitalCultureMediamerchants
                                                                            http://www.mediamerchants.com.au

 

El móvil debería ser declarado un objeto de uso personal e instransferible como el cepillo de dientes. Teniendo en cuenta que llevamos más de media vida ahí dentro, y que a algunos, y me incluyo, nos causan más trastorno si nos roban el teléfono que la cartera. 

Buena parte de lo que llamamos intimidad transcurre teléfono mediante. Todo el mundo lo sabe, lo tolera y lo estimula. O eso creía yo hasta que leí el último estudio de Match.com realizado entre 5000 solteros de Estados Unidos (Singles of America 3). Resulta que la mayoría de ellos, un 72% de las mujeres y un 53% de los hombres, no volvería a tener una cita con alguien que fuera "reservado o sigiloso" con sus mensajes de texto. No tolerarían salir con alguien que no fuera "transparente", digitalmente hablando y que no mostrara las tripas de su teléfono en la primera cita.

"La transparencia digital es un must", dice el estudio. Y un "must" es algo que no se discute.  

Los ilustres solteros de Estados Unidos, siempre según Match.com, no tendrían una segunda cita con quien que no les permitiera usar su teléfono o lo mantuviera protegido con una contraseña. Tampoco con alguien que fuera "misterioso" con los emails que recibe, respondiera "con excesiva discreción" las llamadas, o mantuviera cerrado a cal y canto su muro de Facebook.Todas estas circunstancias eran interpretadas como "ofensivas" tanto para los hombres como para las mujeres, aunque nosotras en el estudio aparecíamos como más suspicaces y desconfiadas. Hay que decir, en cualquier caso, que la diferencia entre sexos era mínima. 

También sabemos, gracias a Solteros en América que los solteros son grandes espías, sobre todo los que se mueven entre los 20 y 30 años. Según Match.com rastrean habitualmente el Facebook de su potencial ligue y también el de su ex (29%), revisan sus SMS (26%) y, si pueden, les leen el email (18%). Una conducta que se pasa a la vida real donde se revisan bolsillos, cajones y armarios. No sabemos por qué, pero los solteros de entre 30 y 40 años prefieren espiar el botiquín y el mueble del baño. Suponemos que buscan otra cosa, algo más sustancial y analógico que un mensaje de texto. 

Pero, lo que me parece tierno es que la mitad de los solteros más jóvenes esté dispuesta a compartir sus contraseñas con su pareja "en un punto determinado de la relación". Un sentimiento que disminuye de modo drástico a medida que sube la media de edad. A los 30 años, ya solo lo haría el 40% de los encuestados; a los 40, el 37%; y a los 50, un tímido 29%. Mientras el 56% de los casados dijo drásticamente que NO compartiría contraseñas con su cónyuge. 

En resumen, quien esté buscando pareja en un sitio on line debe comportarse como quien está siendo espiado, porque, probablemente, así sea. Hay que dar por hecho que antes de la primera cita, usted va a ser googleado. Y desde aquí solo podemos recomendarle que haga lo mismo. Su perfil de Facebook será examinado a pie juntillas. Pero lo mismo le ocurriría antes de ir a una entrevista de trabajo. 

Por lo visto, la antigua obsesión por la privacidad ha muerto. Ahora se llevan las transparencias. Que su móvil, su ordenador y usted mismo sean como un libro abierto. Así lo cree, al menos, el periodista Dan Slater, autor del libro Love in the Time of Algorithms, que sostiene que es un síntoma de que la gente no quiere sorpresas, quiere saber lo bueno o lo malo cuanto antes. Ya. 

En opinión de Slater es por eso que las webs de citas on line de nueva creación, como Zoosk y LikeIt incorporan la opción de asociar el perfil al muro de Facebook, de este modo, los misterios serán desvelados cuanto antes. Por otro lado está LinkedIn y su idea de crear un sitio de búsqueda de pareja asociado al curriculum y al nivel profesional. Más claro, agua ... usted verá. Este es el lugar, Hitch.me. De paso, le recordamos que hitch me significa algo así como Atrápame. Sospecho que aquí la competencia será dura. 

Pero si usted prefiere ser un clásico y proteger su teléfono como una fortaleza, asegúrese de no apuntarse a una página de citas on line. Al menos, no en Estados Unidos. Aquí ya se sabe, lo de la transparencia lo llevamos de aquella manera, y el cepillo de dientes sigue siendo un objeto sagrado. 

 



 

 

"No tengo Whatsapp pero tengo sentimientos"

Por: | 25 de febrero de 2013

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Imagen de tecnologia.uncomo.com

La vida social en Whatsapp es dura. Un ejemplo: es muy fácil acabar en una pandilla múltiple. Ni siquiera tienes que hacer nada. Un buen día, lo quieras o no, un amigo te agregará a un grupo multitudinario, hiperactivo y con incontinencia verbal, y entonces entrarás en una conversación sin final. Hay que reconocer que a estas alturas lo normal es estar atrapado en más de uno y vivir en una tertulia continua.

Sepa que si aún no ha experimentado estas sensaciones está en verdadero peligro de exclusión social. Hoy la popularidad se mide por el número de grupos de Whatsapp donde se reclame su presencia, y me remito al nombre de un  grupo visto en Facebook: "No te deseo ningún mal, pero ojalá seas el amigo sin Whatsapp".

Para cuantificar el tráfico de la aplicación, diremos que en Noche Vieja se mandaron 18.000 millones de mensajes. Y para tener una referencia, la plataforma de Apple iMessage, mucho más popular en Estados Unidos que Whatsapp,acumula como promedio 1.000 millones de mensajes en un día.  

Queda claro que sobra gente para llevar una vida movida en Whatsapp. Algunos grupos tienen nombres graciosos y, en su día, se crearon con una función concreta que ya nadie recuerda. Los nostálgicos conservan en su teléfono la huella de los grupos ya inactivos como una especie de souvenir de su vida social, y no se puede negar que llevar una de estas tribus en el teléfono hace creer que vas por la vida permanentemente acompañado. Pasemos por alto el efecto visual de llevar un teléfono con vida propia que vibra y se ilumina sin orden ni concierto. Una hiperactividad que acabará favoreciendo incluso a su vida off line. No hay nada más atractivo que alguien reclamado y buscado, con una actividad frenética, al menos en Whatsapp. 

Además, mantener una conversación que nunca acaba te obliga a tener una opinión sobre lo humano y lo divino, porque el mayor pecado en un grupo de whatsapp es el silencio. Esta vida en comunidad crea un verdadero horror vacui y uno ha de charlar de todo y con todos. La peor soledad se experimentará cuando proponga un tema que no triunfe. Digamos que pone un par de comentarios y nadie responde, o lo que es peor, se le ignora de forma manifiesta y se prosigue con la conversación previa. Es el vacío existencial y filosófico, y además, todo queda por escrito. Cuando quiera podrá releer y consultar las evidencias de su torpeza social. 

Pero desde aquí le adelanto que probablemente todo sea fruto de un estado paranoico transitorio. En las pantallas desarrollamos una "lectura eficiente". "En lugar de leer, escaneamos", lo que nos permite saltarnos la tercera parte de la información. En el caso de los chats en tiempo real y, particularmente, de Whatsapp, aquello que ha llegado a la pantalla mientras estamos escribiendo, sencillamente nunca ha sucedido. Así que con un poco de suerte, sus mensajes ignorados llegaron en un momento de distracción colectiva. 

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