Por San Valentín quiero tus contraseñas ... ¡Todas!

Por: | 13 de febrero de 2014

ValentinDay

                                                                                                © Gloria Rodríguez

Todo no van a ser corazones y chocolates. En el día del amor no hay mayor prueba de confianza y compromiso que abrirme tu vida. Esto es, desvelarme tus contraseñas: la de Facebook, la del teléfono, la del email ... ¡todas! "Para que entre los dos no haya telón ni abismos", que diría Mario Benedetti en el en uno de sus poemas más vilipendiados por estas fechas, Táctica y Estrategia.

Para hacerlo todo más fácil podrías usar siempre la misma contraseña para todos tus aparatitos electrónicos y redes sociales. Esa y no otra es la prueba de amor definitiva

No estoy viviendo por encima de mis posibilidades, como ya deben estar pensando muchos lectores. Simplemente aspiro a lo mismo que el 67% de las parejas estadounidenses que viven juntas o mantienen una relación de las consideradas "serias". Vamos, de esas que van a algún sitio, tienen futuro y avanzan. Según la última encuesta del Pew Research Center el 67% ¡ojo! 67% de ese tipo de parejas han intercambiado sus contraseñas porque están "confortable" (cómodas) así. Es cierto que no lo han hecho con todas las contraseñas, pero al menos sí con una de ellas, casi siempre la de Facebook

Otras parejas han ido un poco más allá (un 11%) y han creado una cuenta de Facebook conjunta. Usted, querido lector, las habrá visto, son esas en las que se escoge como foto de perfil una imagen de la pareja con las cabezas bien juntitas y en las siempre se habla en plural. 

Según la misma encuesta, un nada despreciable 37% de las parejas estables también comparte sus claves secretas de correo electrónico. No imagino mayor muestra de amor, y no espero menos para mi en este San Valentín. 

Según explican desde el Pew Research Center, el intensivo uso que hacen las parejas de herramientas tecnológicas como el Ipad y el ordenador casi siempre termina aquí, compartiendo las contraseñas por razones prácticas y de comodidad. 

Un 25% de las parejas entrevistadas aseguró que se guasapean o envían SMS a sus parejas mientras ambos están en casa (en la misma), y un 9% reconoce que algunas de sus broncas más complejas, las que parecían no tener una salida verbal han terminado solucionándose con un mensaje (imaginamos que con el emoji del guiño, ese gran solucionador de la vida digital).

A pesar de todo ello, dicen en la encuesta que la tecnología es una fuente de tensión en la pareja. Casi un cuarto de los entrevistados dijo que en varios momentos les molestaba que su pareja estuviera tan abducida por su teléfono.

Pero volvamos al regalo que quiero conseguir mañana, Día de San Valentín: la contraseña. No solo la quieren los poseedores de una pareja estable. Los solteros aspiran a lo mismo. Lo reveló hace un tiempo la web de citas Match. com. Para sus usuarios la transparencia digital era un "must". Es decir una condición sine qua non, algo que tenía que ser sí o sí.

Concretamente decían -y los datos provienen de Match.com Estados Unidos- que no tendrían una segunda cita con alguien que no les permitiera usar su teléfono o lo mantuviera celosamente protegido con una contraseña. Tampoco le darían una segunda oportunidad a quien mantuviera una actitud "misteriosa" respecto a sus emails o respondiera sus llamadas con excesiva discreción (sí, esas y esos que se tapan la boca para hablar y se esconden detrás de las puertas). Lo de mantener cerrado a cal y canto el muro de Facebook también les parecería razón suficiente para eliminar a un candidato

Todas estas circunstancias eran interpretadas como "ofensivas" tanto por los hombres como por las mujeres, aunque en el estudio las chicas se mostraban más suspicaces y desconfiadas. En cualquier caso, la diferencia entre sexos era mínima. 

El asunto de compartir cama, mesa, mantel, nevera y, por último, las claves secretas también fue explorado por Match.com, que analizó cómo iba cambiando la disposición a la entrega total (te lo doy todo hasta la contraseña) a medida que pasaban años de relación.

Según sus pesquisas, la mitad de los solteros más jóvenes dice estar dispuesta a compartir sus contraseñas con su pareja "en un punto determinado de la relación".

Esta determinación disminuye de modo drástico a medida que sube la media de edad. Cumplidos los 30 ya solo estaba dispuesto a hacerlo el 40% de los encuestados; al llegar a la cuarentena, el 37%; y a los 50, un tímido 29%. Por su parte, el 56% de los casados dijo drásticamente que NO compartiría contraseñas con su cónyuge. 

Así que si estás en los días dulces de una relación es tu momento de hacerte con las contraseñas. Esta oportunidad no volverá. Es ahora o nunca. Vive el presente y pídete para San Valentín el único regalo que te va a cambiar la vida: Todas sus contraseñas. Eso es amor y el resto, consumismo. 

 

Hay 32 Comentarios

Una auténtica gilipollez de artículo !

No necesito las claves de mi mujer ni tengo el mínimo interés en espiarla, seguirla en las redes sociales ni mirarle los SMS o el historial de llamadas. Eso, eso es síntoma de confianza. Creo que todos tenemos derecho a nuestro espacio de comunicación, amigos, relaciones y mirar los SMS es como abrir el correo postal. Una intromisión. Esto es la falta de confianza y no si te dan o no las claves.

Qué vieja que soy. Porque me da lo mismo la clave del teléfono de mi marido o de su computador o de las redes sociales. Si tengo que vigilarlo para que no se abra la bragueta fuera de casa, prefiero saberlo sin dilación.

Mil gracias q buen post

Aquí os dejo un cuento de amor, o mejor de deseo, adolescente, "Tsunami de amor"
http://loscuentostontos.blogspot.com.es/2013/05/22-tsunami-de-amor_16.html#cuento22

¿Es San Valentín o el día de los inocentes?

Está bien soltar una bromita de vez en cuando. Pero el sarcasmo sólo tiene gracia cuando se da alguna pista, a lo largo del texto, de que se está de guasa.

No es muy responsable decir barbaridades y, si te lo afean, decir que era irónico. Habrá quien no lo pille y piense que va en serio. Imagina que haces un artículo defendiendo lo bien que sienta fumar hortensias.

Y desde luego no quiero pensar que esto vaya en serio.

Hay un artículo en portada metiéndose con los medios de Internet por difundir supuestas noticias no contrastadas.

Y al ladito esta historieta que suelta barbaridades para generar comentarios. Consejos vendo que para mí no quiero.

Allá cada cual con su conciencia. A los que les parece normal: mejor una ruptura a tiempo (por negarse a entregar contraseñas) que cuando hay abogados por medio. Todos los días nace un tonto.

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Un artículo destinado a los pringaos de la humanidad. ¿Para qué coño quiero saber las contraseñas de mi pareja.... Si me paso la vida intentando recordar las mías y limpiando spam....?

Si la respetas, si le respetas, no le pidas las contraseñas. Ni aceptes que te las entregue por sistema y en global (para algo concreto y puntual, en un sólo medio, y para resolver algo, no digo que no), ni aconsejes a terceros que las pidan. Una cosa es que la relación se base en la confianza y otra la renuncia a aspectos importantes de la autonomía personal. Mucho cuidado.

Quien quiera quedar de lujo y encima ahorrando mucha pasta usad este enlace y reservad con calidad y ofertones http://cort.as/7-u2

Parejas que se crean un perfil en facebook y hablan en plural? eso debe ser uno de los círculos del infierno. Otra cosa importante es que si ella pide la contraseña es por amor, si lo hace él es un machista controlador. Aunque no sé qué hago en este blog para quinceañeras.

También se puede ver a la inversa: no hay mayor muestra de amor que confiar en tu pareja y, por tanto, no pedirle nunca sus contraseñas. Si se las pides, es que no confías tanto como dices. ¿O acaso sigues a tu pareja allí donde va? ¿A que no? Pues lo mismo en el mundo digital.

Mi pareja y yo hemos compartido todas nuestras contraseñas desde que nuestra relación se volvió seria, pero yo personalmente nunca le he espiado y llevamos once años juntos, y el supongo que tampoco, no ha sido algo de "damelas por si las necesito para espiarte" sino "te las doy por si algun dia las necesitas para lo que sea", en mi caso no ha provocado ninguna tensión, ni preocupación.

Internet, es una ventana a la infidelidad, de los más débiles

Para mí sería una falta de respeto y desconfianza hacía mi pareja. Personalmente me niego a vivir con esa angustia, si amo a alguien le amo y punto y no voy a ir espiándole ni en la vida real ni en el mundo digital. Y cuando ya tienen las contraseñas, luego que se piden???? amargados.....

Muy bueno. Es normal no querer darse las contraseñas conforme te vas haciendo mayor porque como cada vez follas menos pues debes buscarte la vida por otro lado http://xurl.es/9ik46

Lo ideal, es conoce cada día más a tu pareja. Y que aún así haya mucho más por descubrir... sin algún secreto no hay misterio, y sin misterio no hay interés. Nadie debe ser un libro abierto para otro, eso anula el interés...

Cuanto menos secretos sabes de tu pareja, mejor y más larga será la relación. Ya es bastante todo aquello a lo que se accede inevitablemente en una relación amorosa y social común. Dejar espacio físico e intelectual a la persona que quieres ayuda a no agobiarse mutuamente y a no caer en una rutina controladora e incómoda con la escusa de que lo haces por amor.

Gran artículo!!! No conocía tu blog, y me parece muy ilustrativo!! Qué gran regalo de San Valentín ofrecer la posibilidad a tu pareja de bucear en un océano por descubrir, oscuro, tenebroso, casi desconocido para el propio protagonista de su existencia. ¿ Pero la inquietud del mundo aparte no hace más estable la pareja? Es decir, si se comparte todo, al final, como le pasó a un amigo mio, no se sabe quien es él y quien es ella. Uno contesta en las redes por el otro y confunde a la audiencia , y se convierten en un uÚnico ser tecnológico con dos cabezas...la bicefalia acabará con la pareja..PROFECÍA!!

Pues creo que es sano que no pidan, ni den contraseñas. Quien quiera la contraseña de otra persona es alguien controlador y cotilla. Creo que si alguien quiere saber algo de mi, lo que tiene que hacer es preguntar. Además, es absurdo que gente que no escucha lo que le cuentas, quiera poder leer cosas tuyas (que pueden no ser tan privadas). El dar las contraseñas esta demostrado que sirve no sólo para que te cotilleen, si no para que te suplanten si la otra persona esta loca... Vamos, que ni de coña.

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Antigurú

Sobre el blog

Agotada de la alta concentración por metro cuadrado de gurús de las redes sociales, en este sitio se levanta un muro de contención: Todos somos torpes y primerizos en la jungla digital. No hay expertos. Eso, al menos, es lo que enseñan en la Universidad de Stanford, donde se ha inventado casi todo y nadie se proclama gurú de nada. Este es, pues, un lugar para reírse de los tropezones en Internet. El viernes abrimos consultorio. Pregunte sin piedad, porque más temprano que tarde todos tendremos nuestro minuto de miseria digital.

Sobre la autora

Karelia Vázquez

es periodista. Escribe en El País Semanal desde 2002, y en Marie Claire, desde 2005. Es la primera española que obtiene una beca J. S. Knight en la Universidad de Stanford (California), que le permitió, entre otras cosas, vivir una temporada en Palo Alto, el Dorado de las nuevas tecnologías, comprar en el mismo supermercado que Mark Zuckerberg y compartir plaza de garaje con los chicos de Facebook. También ir a clases de Clifford Nass, Clay Shirky, Evgeny Morozov y otros -esta vez sí- gurús de la era digital. Es autora del blog “Vivo entre Google y Facebook”, porque así era literalmente. Ha sido cobaya de variados experimentos extremos en Internet, y este blog no pretende ser ni más ni menos, que eso: Un sitio para radicales.

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