Quizás usted no sea culpable de su mal rollo (Mire en su Facebook)

Por: | 18 de marzo de 2014

Mierda

                                                                                              © Gloria Rodríguez

Hay gente que se levanta, digamos un Martes, abre el ordenador, entra en Facebook y escribe: "Menudo día de mierda, ¡y lo que falta para el Viernes!". Publica y se queda tan a gusto. Sin pensar en el que viene detrás y al que quizás el Martes no le parecía tan mal en principio, pero que al leer su comentario se contagia y  se mete a la ducha pensando: "¡Vaya mierda, es Martes! 

Según los científicos de la Universidad de California las emociones en las redes sociales tienen un efecto dominó. Hay grandes probabilidades de contagiar a la audiencia con nuestros malos rollos, entre otras cosas porque muchos de ellos son amigos o gente cercana que en alguna medida se nos parece. 

La buena noticia es que el buen humor también se contagia, según esta investigación, y casi de un modo más sólido. Nada dice la investigación de los posts que emanan espiritualidad con citas interminables de Paulo Coelho o de la Madre Teresa de Calcuta, pero desde aquí cruzamos los dedos para que no sean contagiosos y no afecten a nadie más que a aquellos que los publican sin pudor hacia sus actos ni compasión para sus seguidores. 

Se sabe que las emociones son contagiosas en el cara a cara. Están muy bien documentados los casos de histeria colectiva en grandes multitudes, en conciertos o durante largos discursos de dictadores varios, pero lo que han probado estas investigaciones es que cuando el contacto humano es on line se produce un efecto parecido de contaminación emocional

Los investigadores examinaron las reacciones a las actualizaciones de estado en Facebook de cerca de un millón de usuarios angloparlantes desde Enero de 2009 hasta Marzo de 2012.

Para probar cómo se contaminaban los estados de ánimo, los científicos se concentraron en las actualizaciones que se realizaban en un día gris y lluvioso. Por lo visto, la lluvia tiene un fuerte impacto en la naturaleza de los comentarios en Facebook. Según los cálculos de esta investigación, los post de buen rollo caen casi un 2% y los negativos suben un 1,16%. 

El estudio se dedicó a buscar a aquellos usuarios que fueran amigos  de alguien que viviera en la ciudad donde llovía pero que no estuvieran allí. Según explica James Fowler, profesor de Ciencias Políticas y Genética en la Universidad de California, un comentario negativo generaba un extra de casi dos impactos negativos entre los amigos que no vivían en el sitio donde llovía. Asimismo, las actualizaciones que destilaban buen humor provocaban 1,75 respuestas positivas más que las de un comentario de un tono neutro. 

Según el estudio, los usuarios de Facebook afectados emocionalmente por la lluvia y que compartían con el mundo un estado depresivo y destroyer contagiaban a uno de cada dos amigos que vivían en otras ciudades donde no llovía. Los investigadores aseguran que en las redes sociales "se magnifica una especie de sincronía emocional global". Hablan de "cascadas de emociones" que se trasmiten entre usuarios de todo el mundo casi en tiempo real. Píenselo la próxima vez que se levante con el pie torcido y le dé por actualizar su estado de Facebook. Casi mejor que opte por un pensamiento profundo de Paulo Coehlo. Hay una amplísima selección disponible, y debidamente ilustrada en Internet. 

Aquí puede leer el trabajo original. (En Inglés) 

¿Qué pasa con los emotivos en Twitter? 

La propia red social intentó estudiar cómo se sentían sus usuarios según la época del año y los días de la semana. Desafortunadamente solo estudiaron los tuits escritos en Inglés durante 2103, aunque por el resultado que han obtenido no parece que haya grandes diferencias con nuestro hábitos, Veamos: 

Los Lunes las frases más repetidas son: 

Late for work - Llego tarde al trabajo

Hungover - Resaca

En verano la queja "Late to work" se extiende a todos los días de la semana

Diciembre

La frase más repetida es :

Feeling sad - Me siento triste.

Los investigadores de Twitter responsabilizan a las Navidades y a las bajas temperaturas de la tristeza universal de diciembre. Esto fue así, excepto los martes de ese mismo mes en los que la frase más repetida fue: Feeling Happy : Estoy feliz.

El estudio recuerda que este año, la Noche Buena y la Noche Vieja cayeron Martes. 

Todo esto para demostrar que nos parecemos muchísimo más de lo que nos gustaría reconocer. 

Usted es su pantalla de inicio (ni más ni menos)

Por: | 07 de marzo de 2014

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Cada año miles de personas publican su pantalla de inicio del teléfono en Twitter bajo un hashtag que esta vez ha sido #Homescreen2014. Gracias a ese acto generoso e inocente algún día se podrá escribir la evolución de nuestra vida móvil. Ya se sabe que cualquier acto de nuestra vida es susceptible de tener una utilidad académica o financiera. 

Sin ir más lejos este año John Borthwick, CEO de Betaworks ha decidido tabular 1000 de esas pantallas de inicio y sacar sus conclusiones para el mundo a partir de las aplicaciones más frecuentes. Reconoce un sesgo en su teoría porque al final solo pudo analizar los teléfonos con sistema IOS que habían publicado sus pantallas de inicio en Twitter, lo cual otorga una mejor posición de salida a esa compañía. 

Dicho esto, sus conclusiones con fecha Enero de 2014 revelan muchos de nuestros hábitos y manías en la vida digital. Veamos: 

- Casi todos los usuarios tienen en su pantalla de inicio una aplicación de mensajería instantánea o de SMS. En los teléfonos examinados, casi todos del mercado estadounidense, el 89% tenía la aplicación estándar de mensajería de Apple. Si el estudio hubiera tenido lugar en España, seguramente el patrimonio lo tendría WhatsApp.

A partir de este hecho los investigadores concluyen que el teléfono se usa más para enviar mensajes que para hacer llamadas. (Pues sí). Al preguntar a los usuarios, casi un 15% dijo que el teléfono ya no era un teléfono sino otra cosa, estaba más cerca de un ordenador o de un dispositivo electrónico con muchas más prestaciones. De hecho, el teléfono no es más que otra de las aplicaciones que aparecen en la pantalla por defecto. Una más. En las pantallas estudiadas (repetimos, del mercado de Estados Unidos) WhatsApp aparecía en el 14% de las pantallas, Snapchat, en el 11% y Line, en el 1.5%. 

- Las apps de fotos y cámaras son las más populares después de la mensajería y el navegador. El 65% tiene en su pantalla de inicio Safari,  y el 18% Google Chrome. El 7% de los usuarios tenían dos navegadores en la pantalla y casi un 10% no tenía ninguno. El 63% se queda con la app de cámara de fotos que Apple pone en el Iphone por defecto. 

- En el menú de la parte de abajo donde se supone que aparecen las apps más usadas, en la mayoría de las pantallas estudiadas apareció el email, el teléfono y el navegador. El 50% de los usuarios había ignorado la opción de buscador sugerida por Apple y había tomado sus propias decisiones. Suponemos que  eligiendo el buscador de Google

Los reyes del mambo

Facebook es la compañía que manda en las pantallas de inicio. Entre la app propia, la de Instagram, su MessengerPages, y ahora WhatsApp se asegura la omnipresencia en las pantallas de inicio de todo el mundo (68,6%). 

Google se queda con el 62%, con un promedio de dos apps por pantalla. La más popular de todas es con diferencia Google Maps (42%). Hay que reconocer que no hay quien los supere en esa disciplina. Luego le sigue YouTube, con una presencia en el 17% de las pantallas examinadas. El buscador Google aparece en el 11% de los teléfonos. 

Twitter. Su app aparece en el 85,5% de las pantallas examinadas, pero ya hemos dicho que los usuarios seleccionados habían publicado sus pantallas de inicio en Twitter bajo el hashtag #Homescreen2014, de lo cual se deduce que ya eran usuarios habituales de Twitter.  

Por servicios, los investigadores señalan que la música sigue siendo imbatible. Casi todo el mundo lleva en su pantalla de inicio una app para escuchar sus playlists allá donde vaya. En Estados Unidos la app de música de Apple está en el 49% de los teléfonos, Spotify, en el 17% y Pandora, en el 7,4%. Recordamos que el estudio está hecho en el mercado americano. Si se hiciera algo parecido en el mercado europeo probablemente Spotify estaría mejor posicionado. 

Las noticias también están muy presentes, aunque no tanto las cabeceras de los periódicos. Por ejemplo, un 4% se queda con Newsstand, la app de noticias que aparece por defecto en el iPhone, un 10% elige Flipboard y otro tanto, Reddit. La app de The New York Times solo aparece en el 0,5% de las pantallas. 

Es muy interesante lo que se observa con las aplicaciones de juegos. A pesar de su éxito apenas aparecen en las pantallas de inicio. El popular Angry Birds solo esta en el 1% de las pantallas de inicio y Candy Crush, en el 2%. ¡Impresionante!

La opinión de John Borthwick es que nuestra pasión por los juegos no forma parte de la vida digital que nos interesa enseñar. Es la única razón para que no aparezcan en la pantalla de inicio. Forman parte del lado oscuro que escondemos en las profundidades del teléfono, por allá por donde andan TinderGrindr y quién sabe qué otras vergüenzas. 

Aquí un artículo sobre el estudio original (en Inglés)

En Silicon Valley solo se permite ser (muy) joven

Por: | 05 de marzo de 2014

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                                                                                                © Gloria Rodriguez

Desde 2012 se observa un sospechoso aumento de las cirugías de estiramiento de cuello en las clínicas de Cirugía Plástica de la zona de la bahía de San Francisco y Silicon Valley, según cuenta la revista Slate.

Según su teoría que comparten varios cirujanos de la zona, pasamos -todos y los techies mucho más-, demasiadas horas con el cuello encogido y mirando hacia abajo, ensimismados con el teléfono, tecleando en el ordenador, o enredando con la tableta. El resultado es que salen arrugas en el cuello. Parece un chiste, pero ya le han puesto nombre: Techneck (Tech, de tecnología y neck, de cuello). 

El culto a la juventud en las empresas tecnológicas es serio. El estereotipo del emprendedor de éxito o del genio oculto a la espera de unos fondos suculentos para desarrollar su idea siempre es un tipo joven, recién salido del desequilibrio hormonal adolescente y a veces con rastro de acné. Así los prefiere la industria, y para ser competitivo en ese mercado laboral además de ser muy bueno hay que ser muy joven. Al menos de la misma edad del que va a ser tu jefe que con un poco de suerte ya habrá cumplido los 30. Ya lo dijo Mark Zuckerberg en un evento en la Universidad de Stanford en 2007: "La gente joven es más inteligente (...) Su vida es más simple y pueden concentrarse en los que es realmente importante". 

Pero al parecer el estilo de vida sedentaria y las malas posturas que genera pasar muchas horas delante de un ordenador no ayudan a mantener el tono muscular, al menos no es lo mejor para mantener a raya las arrugas del cuello. Así lo hizo saber en un comunicado CACI International, una empresa británica de implementos no quirúrgicos que se emplean en los lifting de rostro. Según su director, Dean Nathanson, la compañía ha notado un crecimiento en la compra  de los dispositivos que se emplean para los estiramientos del cuello. Por su parte, la  American Society of Plastic Surgeons reportó un crecimiento del 6% de los estiramientos de la zona del cuello durante 2012.  

Otros cirujanos, entre ellos Laurence Berkowitz con consulta en San José y una clientela que proviene de la élite del valle, dijeron a Slate que el techneck era "una falacia". En su opinión, la postura es irrelevante en el envejecimiento del cuello, y es mucho más importante la exposición al sol, la elasticidad de la piel y la herencia genética. Este cirujano sí reconoce que los techies de alto standing "piden hora para ponerse botox como si pidieran una cita en el dentista". Es decir, como promedio cada seis meses. 

Otro dato interesante es que en un mundo casi totalmente masculino, como es el de las start up y las empresas tecnológicas que se concentran alrededor de la bahía de San Francisco haya habido un repunte de los procedimientos estéticos realizados en hombres. Roy Chaiman, que dirige The Palo Alto Medical Foundation reconoció a la agencia Reuters que el 14% de sus clientes del último año fueron hombres. Una cifra que representa un aumento del 9% respecto a la década anterior. 

He aquí los dos tipos de geeks que suelen pasar por el quirófano: 

1. Los novatos - Quieren parecer mas fuertes y masculinos

En muchos casos su físico cuasi adolescente no inspira respeto y no es indicativo del poder que representan. Algunos dirigen equipos de graduados en universidades de élite como Harvard y Stanford y necesitan imponerse. Así que quieren lucir masculinos y rudos para sentirse más confiados y cómodos en sus puestos. 

¿Qué se cambian? No suelen hacerse cambios drásticos, solo matices leves que otorgan más ángulos y fuerza a la cara. Suelen aumentarse los pómulos y el mentón. También se inyectan botox para cambiar la posición de las cejas o la forma de los ojos.

2. Los que ya mandan - Quieren conservar su poder, sus puestos y su salario 

Tienen más de cuarenta años y necesitan a toda costa mantener un aspecto joven para sobrevivir. Suelen tener una historia de práctica deportiva, con lo cual tienen el cuerpo tonificado y energía para repartir, pero su jefe tiene 26 años y empiezan a sentirse ignorados (y ninguneados) en las reuniones. 

¿Qué se hacen? Suelen ir  a lo grande y optan por auténticos procedimientos y cirugías de rejuvenecimiento, como los liftings de rostro, las cirugías de párpados y los estiramientos de cuello. Están dispuestos a perder una semana de trabajo en el postoperatorio, esto en Silicon Valley significa dejar de ganar mucho dinero.  

A continuación otras recomendaciones que hacen las consultoras a los geeks cuarentones para parecer hasta una década más jóvenes, sobre todo si están buscando trabajo en las compañías tecnológicas de Silicon Valley. 

. No tengas un email de AOL. Uno de Gmail no estaría mal, pero lo mejor considerado y  "cool" es tener una dirección de email con tu nombre como parte del dominio. 

. Mejor llevar a la entrevista de trabajo una mochila que un maletín o un bolso. 

. No se te ocurra ir con una Blackberry o un portátil de Dell. Mucho mejor un teléfono Android o un producto de Apple. 

. Mucho cuidado con el reloj. Lo peor sería llevar uno grande dorado y pretencioso, algo similar a un Rolex. Lo mejor es no usar ninguno porque la gente joven hace mucho tiempo sustituyó el reloj por el teléfono. 

. En la primera entrevista viste un atuendo juvenil con botas. A medida que vayas avanzando en el proceso de selección escoge un atuendo cada vez más hipster y desarrapado (con sudadera de algodón incluida). 

. Haz algo con las canas para que se vean lo menos posible. 

 

Data-collection

En 2013 se habló demasiado del fenómeno selfie, pero parece que la tendencia continuará en 2014. Su impacto es tan grande que no para de traer avances tecnológicos y cámaras frontales que se supera a sí mismas en cada nueva versión de los teléfonos inteligentes de casi todas las marcas. Lo importantes es que los selfies no se nos desmadren ni desproporcionen ahora que algunos académicos han considerado que se trata de un subgénero del autorretrato.

Pero lo que os quiero contar es el exhaustivo análisis que se ha hecho de los selfies. Estamos ante un estudio antropológico en toda regla. Lo firman los expertos en cultura digital Lev Manovich y Daniel Goddemeyer y lo han llamado Proyecto Selfciety y lo comenzaron a finales de 2013.

Su propósito es hacer una taxonomía de los selfies que se publican en Instagram en cinco ciudades del mundo (Bangkok, Berlín, Nueva York y Sao Paulo) y observar los patrones, las posturas y los gestos que se repiten aquí y allí. Al fin y al cabo no somos tan diferentes.

Los expertos preseleccionaron unas 20.000 fotos por cada ciudad y después de examinarlas cuidadosamente se quedaron con 640 selfies por cada una de ellas que fueron sometidas a un análisis de rostro de alto nivel con la ayuda del software Orbeus Inc. que tuvo en cuenta claves como la sonrisa, las gafas o la orientación de la cabeza. 

Aunque reconocen que les resulta difícil "cuantificar los patrones observados" tomaron nota de algunas impresiones preliminares: "¿Es posible que las chicas de Sao Paulo inclinen un poco más la cabeza a la hora de hacerse la foto? ¿Puede ser que las mujeres de Nueva York y Berlin luzcan mayores que el resto? ¿La gente cuando está enfadada reclina un poco más la cabeza? 

De momento estas son sus conclusiones

  • Se hacen menos selfies de los que creemos. Solo entre el 3% y 5% de las imágenes analizadas se correspondían con auténticos selfies. Abundaban mucho más las fotos de comidas, pies, monumentos y de otras personas. En el caso de Reino Unido, las fotos más populares son las de los gatos. Los usuarios británicos de Instagram comparten a diario más de 3.8 millones de fotos y vídeos de su gatos y solo suben 1.4 millones de selfies. Además, en ese país unos 350.000 dueños de esas mascotas les han abierto cuentas en las redes sociales. Todo, según una investigación de la operadora Three
  • Hay más selfies de mujeres que de hombres en todas las ciudades observadas, sobre todo en Moscú donde hay casi cinco veces más fotos de mujeres que de hombres en Instagram.
  • Los amantes de los selfies son muy jóvenes. La edad promedio es de 23 años. En Bagkok están los más pequeños (21 años) y en Nueva York, los mayores (25).
  • La sonrisas son más amplias en Bagkok y en San Paulo que en Moscú. 
  • Las mujeres experimentan con posturas más extremas que los hombres, especialmente en Sao Paulo, donde ¡Atención! ellas inclinan su cabeza 16,9 grados para tomarse la foto. En el resto de las ciudades el movimiento de cabeza no excede los 12 grados, y los hombres son mucho más conservadores, solo se inclinan ocho grados ante la cámara.  (En Antigurú no entendemos por qué es tan importante el grado de inclinación de la cabeza, pero los investigadores le dan mucha importancia. Habrá que investigar).

MonnaLisa

 

El analista de Slate Magazine que hizo la critica de este trabajo apunta que solo echa de menos una  quantificación de los selfies  hechos con la emblemática cara de pato (Duckfase), un término que ya ha sido definido por el Urban Dictionary como el arte de posar juntando los labios para aparentar tener unos pómulos más marcados y unos labios más gruesos. Algo similar a esta imagen. (Muy de 2013, dicen). 

 

 

También considera Slate que un registro de las Sparrow Face, un modo de posar mucho más de 2014 (dicen), hubiera sido interesante para completar el trabajo. La Sparrow Face (cara de gorrión) es todavía más complicada de conseguir de modo natural, pero se consigue abriendo mucho los ojos  y colocando la boca como si fuera uno a piar, tal y como lo haría un gorrión (dicen). Algo como esto:

Sparrow2
  


El proyecto Selfciety aún no está terminado, por lo que no hemos de perder las esperanzas de que se incorporen estas dos maneras de posar y otras que vendrán en lo que queda de 2014. Lo cual sin dudas aportará  un conocimiento de alto valor para la humanidad. Con lo que han averiguado hasta ahora quedan escritos varios ensayos muy sesudos sobre el alcance antropológico del selfie que los interesados podrán consultar (en Inglés) aquí y aquí

Google quiere salvarte de sus propias gafas

Por: | 25 de febrero de 2014

Simpson

A Google le preocupa y mucho qué será de la vida social de sus usuarios cuando este año lleguen al mercado sus gafas. Las Glass pondrán ante nuestra vista un mundo tan alucinante que no estaremos al parecer muy interesados en percibir la realidad pedestre que nos rodea. 

Existe el peligro de que si decide ahorrar para adquirir las gafas (valen unos 1.200 euros)  usted vaya por el mundo embobado mirando hacia arriba sin orden ni concierto. Claro que estará usted disfrutando de un universo de percepción y belleza que el resto ignora, pero de eso precisamente es de lo quiere salvarlo Google, de la opinión que el resto de la humanidad tendrá de usted, querido early adopter

Sepa que en San Francisco donde ya hay gente que va por la vida con sus Google glass (algunos desarrolladores escogidos por la compañía), ya existe el insulto perfecto: los Glassholes (sonora combinación de glass/gafas y asshole/estúpido. Presumimos que los primeros Glassholes han sido los propios empleados de la compañía, la cuestión es que el propio Google ha publicado unas reglas básicas de urbanidad para usar sus gafas sin convertirte en un antisocial o en un estúpido. La lista se compone de Cosas que Sí y Cosas que No. 

En Antigurú nos vamos a centrar en lo negativo porque nos gusta el escarnio y hacer leña del árbol caído. Pero si usted quiere revisar las recomendaciones completas de Google puede hacerlo aquí.(en inglés) 

1. Las gafas han sido diseñadas para acceder a ráfagas cortas de información y tener interacciones breves que permitan volver rápidamente a hacer lo que estabas haciendo o lo que te gusta. Si te sorprendes a ti mismo embelesado mirando demasiado tiempo a través de la lente, imagina lo raro que puedes lucir para los que te rodean. (Una persona con gafas atontada mirando hacia arriba. Eso y no otra cosa es lo que uno parece). El consejo de Google es claro: "No leas Guerra y Paz con las gafas. Algunas cosas se disfrutan mejor en pantalla grande"

2. No uses las gafas cuando hagas deporte de alto impacto. "Son una pieza de alta tecnología, así que hay que tener un poco de sentido común. Para la práctica de esquí acuático o de la lucha libre no parece buena idea ponerse las gafas". 

3. Si llevas las gafas no esperes que la gente haga como que eso no está pasando. Asúmelo, te van a preguntar lo mismo una y mil veces. "Intenta ser paciente y explica que las gafas también tienen otras aplicaciones. Por ejemplo, llamar por teléfono, consultar el email o un mapa, hacer fotos". Google recomienda que te inventes tu propia etiqueta para cada ocasión. "Si te preocupa que alguien te interrumpa durante una cena romántica para hacerte una pregunta sobre las gafas, simplemente quítatelas, o guárdalas en el bolso".

De verdad, me resisto a creer que alguien vaya a "una cena romántica" con las Google glass, pero en fin, si ellos lo dicen será porque está pasando, seguramente allí en el área de la bahía de San Francisco que es donde siempre pasan ese tipo de cosas. 

4. No seas mal educado y/o repulsivo (es decir, un Glasshole). Google recomienda que se respete a los demás y si hacen preguntas sobre las gafas, aunque sean tonterías, no se sea petulante ni grosero. A Google también se le nota bastante que aspira a que los primeros usuarios de sus gafas hagan una labor pedagógica o una misión civilizadora ante el resto de la humanidad que aún no conoce sus gafas.  (Más sencillo, si a alguien le molestan las preguntas sobre las gafas que no se las ponga. Es el precio de ser un "early adopter" )

5. Google recuerda que las reglas que funcionan para los teléfonos móviles son las mismas para sus gafas. Es decir, donde se mande a apagar el teléfono hay que desconectar las gafas. 

6. "Permanecer apartado en una esquina con tus gafas, mirando fijamente a alguien mientras lo grabas no te va a ayudar precisamente a hacer amigos", dice Google, y añade: "Al menos pide permiso antes de hacer fotos y vídeos de los demás". ¡Y que sea Google el que lo tenga que decir!

Se espera que las gafas de Google estén entre nosotros en algún momento de este año, 2014. Y la verdad no están las cosas para seguir evadiendo la realidad. Yo ahí lo dejo

Zuckerberg, ¡Prohibido cruzar los datos de Facebook y de Whatsapp!

Por: | 20 de febrero de 2014

Colgado

                                                                                               © Gloria Rodríguez

Facebook, Instagram y WhatsApp son del mismo dueño. Y esto es un drama. Quiere decir que nuestra vida social, toda ella con sus fotos, y sus conversaciones, las más triviales y las más profundas, son patrimonio de nuestro vecino favorito de Palo Alto que compra cookies a las girlscouts en la puerta del supermercado Trader Joe’s

Finalmente ha conseguido el monopolio de la vida social que transcurre en Internet. Le faltarían Twitter y LinkedIn pero ahí se hace más vida profesional que privada a mi humilde entender. Snapchat de momento se le resiste, y esto quiere decir que se le escapa una parte del mundo adolescente, pero a la otra ya la tiene pillada en Instagram. Espero sinceramente que no esté interesado en los portales para encontrar pareja.

Sus ingenieros harán maravillas con nuestras chácharas virtuales que parece que no van a ninguna parte, pero un día nos presentarán una versión de nosotros mismos que no seremos capaces de reconocer. 

Como decía ayer en Twitter @pedroblancoa: "Ya veréis cuando Facebook haga vuestra película de WhatsApp ...". 

Solo con lo que nos hemos movido en Facebook, un sitio que mucha gente tiene ya abandonado, los ingenieros de Zuckerberg afirmaron hace un tiempo estar en condiciones de predecir el final de una relación de pareja

Lo consiguieron examinando una base de datos de 1,3 millones de usuarios que decían estar en una relación (*). Miraron con lupa el círculos social de cada uno de los miembros de la pareja para analizar su nivel de "dispersión".

Si una pareja tenía muchos amigos comunes que a su vez estaban conectados entre sí, Facebook consideraba que su futuro era incierto. Pero si los amigos comunes no se conocían demasiado y estaban poco conectados, el algoritmo pronosticaba una larga vida a la pareja. Lars Backstrom, ingeniero senior de Facebook y Jon Kleinberg, investigador de la Cornell University bautizaron su tesis como la Teoría de la Dispersión. Aquí la pueden consultar (en inglés). 

Las parejas con alto índice de dispersión tenían amigos en común en Facebook pero que no estaban muy relacionados, las que presentaban un bajo nivel de dispersión compartían muchos amigos en la red social, que a su vez estaban muy conectados, e interactuaban con frecuencia.

Para Facebook, que da por hecho que la vida social solo trascurre en sus predios, si una pareja comparte el mismo circulo social (en Facebook) tienen menos probabilidades de hacer vida independiente y la relación será asfixiante y terminará.

Consideremos que cuando dispongan de la valiosa información que corre por WhatAapp estas predicciones de Facebook se convertirán en el Oráculo de Tebas. 

Para información de los lectores de este blog, Facebook también ha hecho pública su capacidad de predecir cuándo dos usuarios se están enamorando, y puede hacerlo hasta 100 día antes de que la relación se haga efectiva (y todo esto sin disponer del tráfico de emojis de WhatsApp, que ahora es todo suyo).

Su experto en data, Carlos Diuk explica en el blog corporativo que unos cien días antes de que la relación sea real (Para Facebook esto sucede en el momento en que uno anuncia que  está en una relación ... Por cierto ¡cuánto te queda por aprender, Facebook!) es posible saberlo todo. 

Según los expertos de data de Facebook, cien días antes se inicia un lento pero perseverante cortejo que se hace evidente con  un incremento del intercambio de post, likes y todo tipo de interacciones entre esas dos personas. El pico máximo de mensajes se alcanza doce días antes de que la relación se haga pública

Una vez que la relación es oficial, los post en los respectivos muros caen de un modo abrupto, "presuntamente" -dicen los expertos- "porque la pareja pasa más tiempo junta, está feliz, el cortejo ha terminado y la interacción on line ha pasado al mundo real". No obstante, Facebook también apunta que aunque se publica menos, los post son más "sentimentales y felices", sobre todo el día 1 después de comenzada la relación.

Aquí el gráfico que hacen los ingenieros de Facebook con nuestros escarceos sentimentales. 

FacebookGraphic

Desde mi tribuna Antigurú solo me queda advertir a las autoridades competentes de que el día que a los expertos de data de Zuckerberg se les ocurra cruzar los datos de Facebook y WhatsApp ocurrirán cataclismos, se deshelarán los glaciares y desaparecerán varias especies

Cruzo los dedos. 

(*) Para no dejarse engañar por “las falsas relaciones” que ya ellos saben que se publican en Facebook solo tuvieron en cuenta aquellas relaciones que celebraban públicamente su aniversario.

 

Trolls just wanna have fun!

Por: | 18 de febrero de 2014

 

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                                                                                            © Gloria Rodríguez

Es una verdad establecida que no serás nadie en Internet hasta que no tengas un troll bien colocado. Uno insistente, agresivo y con incontinencia verbal. Nunca sabrás quién es pero él parecerá controlar cada movimiento de tu vida. Se diría que no tiene otra cosa mejor que hacer. Pero sí, tiene más trabajo. Casi nadie es suficientemente importante para tener un troll en exclusiva. Los trolls reparten su energía entre varias personas y trabajan horas extra. 

Varios estudios han examinado los efectos de la entrada de un troll en un foro o debate de cualquier naturaleza. Empiezan a trolear y, a fuerza de insultos y de incitar a la discordia, consiguen polarizar a la audiencia que no tarda en enzarzarse en una discusión que pone punto final a cualquier intento de discusión medianamente reflexiva.

La psicología lleva tiempo preguntándose quiénes son estos individuos. Si acaso son personas normales, con su trabajo y su familia que se transforman bajo lo que algunos expertos han dado en llamar el Efecto Internet. Esta teoría afirma que algunos usuarios  entran en una especie de delirio de grandeza, fuerza y poder cada vez que se conectan a la red. Una vez desconectados vuelven a ser quien eran. Así, sin aparente solución de continuidad.

El efecto Internet explicaría también que alguien que es comprador compulsivo on line no lo sea fuera de la red, o que un ludópata digital nunca haya pisado un casino en su vida analógica. Está descrito en la incipiente literatura médica que se escribe sobre nuestros comportamientos digitales. Elias Aboujaode, psiquiatra de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford es uno de sus defensores. Según explica en su libro Virtually you (Norton&Company, 2010), a más horas vividas en el ciberespacio menos vulnerables seríamos al efecto Internet.  

Si hacemos caso a esta teoría, cuando nos sentamos frente al ordenador nos ponemos el disfraz de la personalidad on line, (e-personality, la llama el psiquiatra Elias Aboujaoude). Este personaje respondón y desinhibido está dominado por cinco fuerzas psicológicas, A saber:

  • Grandiosidad: El sentimiento de que cuando estamos conectados el cielo es el único límite que hay sobre nuestras cabezas.
  • Narcisismo: Tendemos a pensar en nosotros mismos como si fuéramos el centro de gravedad del universo digital.
  • Oscuridad: La Red alimenta nuestro lado más morboso.
  • Regresión: Todos nos comportamos como adolescentes.
  • Impulsividad: Nos abandonamos a merced de nuestros impulsos.

Según el psiquiatra estadounidense, todos estamos expuestos en algún grado a sufrir transformaciones cada vez que nos conectamos a Internet.

Pero un estudio más reciente explica el fenómeno de los trolls de un modo menos sofisticado. Viene a decir en pocas palabras que los trolls son malas personas y punto. Con rasgos "maquiavélicos, sádicos, narcisistas y psicópatas". Su título parafrasea aquella canción de Cyndi Lauper: Girls just wanna have fun (El estudio se llama Trolls just wanna have fun, Los trolls solo quieren divertirse)

El trabajo, firmado por Erin Buckels y un equipo de la Universidad de Manitoba consiguió identificar a un 5,6% de posibles trolls entre toda la población estudiada. Lo hicieron de un modo simple, preguntando qué era lo que más disfrutaban de Internet. El 5,6% calificado como candidato a troll marcó, entre varias opciones como "hablar con otros", "debatir asuntos de interés", "hacer amigos", etc. , la de que disfrutaba “ejerciendo de troll” y "troleando". Así, por lo claro. 

Los autores creen que sus datos confirman que los trolls son una minoría de los usuarios de Internet.

El siguiente paso fue examinar y comparar el comportamiento de estos individuos con tablas que medían estos cuatro rasgos de la conducta: Psicopatía, Maquiavelismo Narcisismo y Sadismo, y vieron que, excepto el rasgo narcisista, el resto de los atributos se manifestaba casi todo el tiempo cuando estos personajes se paseaban por Internet.

Según los autores, los trolls son, sobre todo, sádicos. Por ejemplo, todos contestaron afirmativamente a estos supuestos: "Me gusta trolear a la gente en los foros", "Me divierte molestar a los otros en los juegos en red" o "Mientras más pura y bella es una cosa más satisfacción siento en estropearla". 

Aunque los rasgos maquiavélicos y psicópatas estaban presentes de algún modo en las personalidades que se consideraron trolls en el estudio, el sadismo era el rasgo predominante. Y no tienen otra intención, aseguran los autores, que buscar diversión. Es decir, que la teoría de no alimentar al troll es correcta. Si uno responde al ataque troll solo estará poniendo más diversión en su juego.

"Ambos, los trolls y los sádicos, sienten un disfrute con la angustia ajena, y lo que buscan es pasárselo bien ...   Internet es su patio de recreo", escriben los autores.

Por San Valentín quiero tus contraseñas ... ¡Todas!

Por: | 13 de febrero de 2014

ValentinDay

                                                                                                © Gloria Rodríguez

Todo no van a ser corazones y chocolates. En el día del amor no hay mayor prueba de confianza y compromiso que abrirme tu vida. Esto es, desvelarme tus contraseñas: la de Facebook, la del teléfono, la del email ... ¡todas! "Para que entre los dos no haya telón ni abismos", que diría Mario Benedetti en el en uno de sus poemas más vilipendiados por estas fechas, Táctica y Estrategia.

Para hacerlo todo más fácil podrías usar siempre la misma contraseña para todos tus aparatitos electrónicos y redes sociales. Esa y no otra es la prueba de amor definitiva

No estoy viviendo por encima de mis posibilidades, como ya deben estar pensando muchos lectores. Simplemente aspiro a lo mismo que el 67% de las parejas estadounidenses que viven juntas o mantienen una relación de las consideradas "serias". Vamos, de esas que van a algún sitio, tienen futuro y avanzan. Según la última encuesta del Pew Research Center el 67% ¡ojo! 67% de ese tipo de parejas han intercambiado sus contraseñas porque están "confortable" (cómodas) así. Es cierto que no lo han hecho con todas las contraseñas, pero al menos sí con una de ellas, casi siempre la de Facebook

Otras parejas han ido un poco más allá (un 11%) y han creado una cuenta de Facebook conjunta. Usted, querido lector, las habrá visto, son esas en las que se escoge como foto de perfil una imagen de la pareja con las cabezas bien juntitas y en las siempre se habla en plural. 

Según la misma encuesta, un nada despreciable 37% de las parejas estables también comparte sus claves secretas de correo electrónico. No imagino mayor muestra de amor, y no espero menos para mi en este San Valentín. 

Según explican desde el Pew Research Center, el intensivo uso que hacen las parejas de herramientas tecnológicas como el Ipad y el ordenador casi siempre termina aquí, compartiendo las contraseñas por razones prácticas y de comodidad. 

Un 25% de las parejas entrevistadas aseguró que se guasapean o envían SMS a sus parejas mientras ambos están en casa (en la misma), y un 9% reconoce que algunas de sus broncas más complejas, las que parecían no tener una salida verbal han terminado solucionándose con un mensaje (imaginamos que con el emoji del guiño, ese gran solucionador de la vida digital).

A pesar de todo ello, dicen en la encuesta que la tecnología es una fuente de tensión en la pareja. Casi un cuarto de los entrevistados dijo que en varios momentos les molestaba que su pareja estuviera tan abducida por su teléfono.

Pero volvamos al regalo que quiero conseguir mañana, Día de San Valentín: la contraseña. No solo la quieren los poseedores de una pareja estable. Los solteros aspiran a lo mismo. Lo reveló hace un tiempo la web de citas Match. com. Para sus usuarios la transparencia digital era un "must". Es decir una condición sine qua non, algo que tenía que ser sí o sí.

Concretamente decían -y los datos provienen de Match.com Estados Unidos- que no tendrían una segunda cita con alguien que no les permitiera usar su teléfono o lo mantuviera celosamente protegido con una contraseña. Tampoco le darían una segunda oportunidad a quien mantuviera una actitud "misteriosa" respecto a sus emails o respondiera sus llamadas con excesiva discreción (sí, esas y esos que se tapan la boca para hablar y se esconden detrás de las puertas). Lo de mantener cerrado a cal y canto el muro de Facebook también les parecería razón suficiente para eliminar a un candidato

Todas estas circunstancias eran interpretadas como "ofensivas" tanto por los hombres como por las mujeres, aunque en el estudio las chicas se mostraban más suspicaces y desconfiadas. En cualquier caso, la diferencia entre sexos era mínima. 

El asunto de compartir cama, mesa, mantel, nevera y, por último, las claves secretas también fue explorado por Match.com, que analizó cómo iba cambiando la disposición a la entrega total (te lo doy todo hasta la contraseña) a medida que pasaban años de relación.

Según sus pesquisas, la mitad de los solteros más jóvenes dice estar dispuesta a compartir sus contraseñas con su pareja "en un punto determinado de la relación".

Esta determinación disminuye de modo drástico a medida que sube la media de edad. Cumplidos los 30 ya solo estaba dispuesto a hacerlo el 40% de los encuestados; al llegar a la cuarentena, el 37%; y a los 50, un tímido 29%. Por su parte, el 56% de los casados dijo drásticamente que NO compartiría contraseñas con su cónyuge. 

Así que si estás en los días dulces de una relación es tu momento de hacerte con las contraseñas. Esta oportunidad no volverá. Es ahora o nunca. Vive el presente y pídete para San Valentín el único regalo que te va a cambiar la vida: Todas sus contraseñas. Eso es amor y el resto, consumismo. 

 

Lista abierta de pecados de la vida móvil

Por: | 11 de febrero de 2014

Tel[efono

                                                                                                © Gloria Rodríguez

La mala educación siempre existió, nadie ha dado por abolidas las reglas de urbanidad pero con la llegada de los dispositivos móviles e interactivos, léase smartphones y tabletas, las antiguas normas de cortesía y convivencia se han relajado. Algunas han desaparecido o se consideran una conducta vintage o un comportamiento exótico.

Es un asunto universal. La revista TIME reblogeó un post de Techlicious llamado 5 Annoying Tech Habits that Need to Stop que enumeraba cinco acciones que antes se consideraban propias de personas mal educadas y que ahora, por obra y gracia de la tecnología, se toleran con gracia y soltura. 

Cierto que en los primeros años de vida digital estuviéramos extasiados con nuestros gadgtes, el wifi, Internet, las cámaras ... y la euforia de la vida móvil nos hizo perdonarlo todo, pero a estas alturas del partido ya es hora de empezar a quejarnos, o  de pensar que quizás a mi vecino de asiento en el autobús no le interesa la conversación que mantengo con mi madre mientras lo miro a los ojos, no por nada, sino porque lo tengo enfrente y es imposible mirar a otro lado.

El autor del post de Techlicious propone estos cinco malos hábitos tecnológicos como candidatos definitivos a la hoguera. Veamos:

1. Conversaciones en voz alta con público

Esta puede ocurrir en dos versiones, con el teléfono pegado a la oreja y chillando al modo clásico, o en su versión de alto ejecutivo estresado y paranoico, que no pega el móvil a su cerebro por si el cáncer y grita moviendo los brazos y la cabeza Ayer me he tropezado con este ejemplar en un supermercado. Este tipo de conversaciones no se detiene ni siquiera cuando la gente sube al autobús o entra en un ascensor. Conozco a una persona que escribe una novela con fragmentos de conversaciones telefónicas escuchadas al azar. Al menos servirán para hacer literatura.

2. Hacer fotos con una tableta

Según el autor, a pesar de los esfuerzos de Apple por hacerlo pasar como normal, nunca se debe hacer una foto con una tableta. "Parecerás un tonto", asegura. Su argumento es que las cámaras en las tabletas existen para darle dos usos: Skype y Facetime, y hacer fotografías no es uno de ellos. Es cierto que es mucho más intrusivo hacer una foto con una tableta, los teléfonos son más pequeños y discretos. Pero en este punto tengo dudas razonables. 

3. Acaparar la banda ancha de una red wifi pública 

Las redes wireless de sitios como McDonald’s o Starbucks son patrimonio de la humanidad, y así deben ser tratadas. Todo el que suele viajar al extranjero y no lleva un teléfono de empresa sabe lo que significa encontrar un wifi gratuito en su camino. Pues es una falta de cortesía gigantesca usarla para ver en streaming el capítulo de una serie mientras te bebes tranquilamente un Tall Capuccino. La velocidad se reducirá a la mitad para el resto. 

4. Compartir fotos sin permiso de los implicados

Esto es obvio, y no merece comentarios

5. Enviar Whatsapps o SMS que pueden esperar durante una conversación cara a cara

Es una manera rápida de decir que te estás aburriendo y que preferirías estar en cualquier otro sitio. Ya puede uno buscar cualquier excusa, el otro mientras espera que termines es lo que está pensando. Hay otra versión todavía peor, cuando la conversación transcurre entre varias personas y se empiezan a Whatsapear dos de ellas, a veces sobre algún tema que se está discutiendo en grupo. ¡Ayy cómo somos! 

Antigurú también ha hecho su lista de pecados capitales. 

  • Caminar por las calles y las aceras mientras se consulta el teléfono 

    Es peligroso, no solo para ti que puedes chocar con una farola o ser atropellado, sino para el resto de la humanidad que puede chocar contigo. Hay cifras: Más de la mitad (53%) de los propietarios de un teléfono móvil han tenido un tropezón o un choque con una persona u objeto por caminar  mirando el teléfono, según una encuesta realizada por una operadora estadounidense de telefonía. Otro estudio de la Universidad Estatal de Ohio en Estados Unidos afirma que las personas heridas y atendidas en los servicios de urgencias y que reconocen que iban distraídas con el móvil se han duplicado desde 2005 hasta la fecha. Un asunto del que ya hablamos en Antigurú

  • Seguir mirando fotos en un teléfono si solo te han enseñado una

El móvil es un dispositivo personal e intransferible como el DNI. También sabemos que alberga bacterias, fluidos varios y secretos de estado. Si alguien te acerca su teléfono para enseñarte una foto, por favor abstente de seguir deslizando tu dedo por la pantalla para ver las siguientes. Estás metiendo las narices en su vida privada y cometes un abuso de confianza en toda regla. Si el propietario del teléfono quiere, te enseñará otras fotos, pero hasta entonces mantén las manos quietas, aunque te tengas que sentar encima de ellas.

  • Mirar a la pantalla ajena cuando llega una notificación, mirar a la pantalla ajena cuando su dueño está metiendo la contraseña. En general, mirar a la pantalla ajena  

Es la versión moderna de la vieja del visillo. ¿Qué se te ha perdido en la pantalla de al lado? 

  • Monopolizar el enchufe en los bares

Aceptamos que luches a brazo partido por quedarte con la mesa más cercana al enchufe, pero una vez que hayas cargado el teléfono déjalo libre que, te puedo asegurar, que más de uno estará esperando. Si el teléfono ya ha pasado el 60% de carga es deseable que cedas el enchufe al siguiente. Soy consciente de que esto último es más generosidad y altruismo que cortesía y vida real. 

  • Una vez iniciada una conversación dejar al otro colgado en Whatsapp 

En la vida analógica no hay dudas de que esto te daría problemas. Contesta "sí" , "no", "no sé", manda cualquier cosa, aunque sea la mierda con ojos, pero da señales de vida. 

  • Usar más emoticonos que palabras  en los mensajes 

La mayoría de nosotros somos animales racionales que dominamos un idioma bastante más preciso que el paquete de emojis que todos conocemos. Está bien tirar de muñecos para evitar exponernos en una situación incómoda o para tantear el terreno, pero cumplidos los quince años, deberíamos sentirnos más cómodos con las palabras. La cosa va de apoyar nuestro discurso en los emoticonos, no de convertirnos en los reyes de la ambigüedad. 

La lista es más larga. Estoy segura. Ponga usted, querido lector, sus pecados o los de sus amigos. Aquí lo perdonamos todos. 

La pereza, ¿un efecto secundario de la vida digital?

Por: | 06 de febrero de 2014

 

Peces                                                                                                                     Peces de colores © Gloria Rodríguez

Recuerdo un capítulo de la primera temporada de Girls. Hannah amenaza a su jefe con ponerle una demanda por acoso sexual, y él, jefe bonachón y campechano donde los haya, le responde con una sonrisa: "No, Hannah, no puedes hacerlo, no tienes en el móvil una aplicación para poner demandas".

Parecería que hay una aplicación para cada cosa y que ya no tenemos que esforzarnos en aprender nada, basta con bajar la aplicación y que ella haga lo que tenga que hacer, que para eso existe.
Para qué gastar energía si ya está todo inventado. 

Hace unos días, cambiar la foto de perfil de Facebook, Twitter o Whatsapp por un fondo amarillo era el reclamo para formar parte de protesta virtual. Otro signo entre tantos del activismo de sofá. Con este fondo amarillo se supone que uno manifestaba su indignación contra varias leyes, la corrupción, el presidente de Gobierno y la Casa Real. Daba mucho de sí el cuadro amarillo. 

Por otra parte, recientemente he descubierto el concepto de lazy single (soltero vago). Esos que ya ni siquiera miran a su alrededor para evaluar el mercado, no les interesa conocer gente ni moverse del sofá. Sobreviven gracias aplicaciones de contactos con geolocalización y rangos de edades, en las cuales no es necesario currarse un perfil ni elegir una foto. Ya la aplicación pilla todo de Facebook. Hablamos de Tinder, claro. Y gracias a la pornografía en Internet. Además, se palpa un sentimiento generalizado, o podríamos llamarle también leyenda urbana, de que solo se liga en Internet. Y que la vida analógica y sus bares están para otras cosas. Léase, beber cervezas y ver el fútbol.

Internet y todas sus salidas secundarias nos han hecho la vida tan fácil, que nos ha instalado en la pereza y la pasividad. Si quieres encontrar una receta de cocina, tendrás un tutorial apto para el usuario más torpe. No vamos, yo la primera, a ningún sitio sin la ayuda del teléfono. Los taxistas, la mayoría, no son nadie sin un GPS ... Se supone que todo esto era positivo, pues iba a liberar el cerebro de información inútil, dejaríamos de ejecutar tareas y tendríamos tiempo y espacio para hacer cosas realmente importantes y creativas. Pero eso no está pasando. Será que somos la típica generación de tránsito. 

Jaron Lanier, informático y uno de los ideólogos más críticos de la cultura digital, muy nostálgico por cierto de los primeros tiempos de Internet publicó un artículo en The New York Times llamado Digital Passivity (Pasividad Digital) en el que explicaba cómo la llegada de los gadgtes cool (tabletas y smartphones) no habían hecho más que sumirnos en una actitud aún más pasiva. "La generalización del uso de las tabletas reforzó una nueva estructura de poder. A diferencia de un ordenador, en una tableta solo funcionan los programas y las aplicaciones aprobadas por una autoridad comercial central. Tú puedes controlar la información que entra a tu PC, mientras que los datos de tu tableta son frecuentemente administrados por otra entidad", escribe el también autor del libro Contra el rebaño digital (Debate, 2011). 

Para Lanier, amigo de las teorías conspiranoicas, nada de esto casual. Ni siquiera la frase de Steve Jobs cuando presentó la primera versión del Ipad: "Los ordenadores personales serán ahora como los camiones, herramientas para los chicos de la clase trabajadora pero no para la gente cool y ambiciosa que quiere tener una vida móvil". "La conclusión fue subir a un altar a los consumidores amantes del estatus y del ocio para influir así en su autodeterminación (...) Los consumidores, por su parte, priorizaron el brillo y la pereza, cedieron poder, y permitieron, por ejemplo, que les espiaran". Y continúa el escritor: "El único modo de persuadir a la gente para que ceda voluntariamente parcelas de libertad es ofrecerle a cambio (y antes) una ganga. (...) Los consumidores recibimos muchos servicios gratuitos (uso de buscadores, redes sociales, etc) porque hemos dado nuestro consentimiento (explícito o implícito) para ser espiados".

Su teoría es que los ciudadanos de la era de la información debemos aprender a ser algo más que consumidores

No es por amargarle el día a nadie, pero cada vez que cargamos con el GPS a cualquier sitio o preferimos que el teléfono se haga cargo de un problema antes de pensar un poco, estamos generando datos que serán usados, no lo dude, y que nos harán menos libres. Yo también he dicho aquello de: "Que me espíen, yo no tengo nada que ocultar". Pero probablemente sea otra manifestación de pereza

Aún así, Larnier no sabe a quien culpar por nuestra pereza/pasividad digital. Solo le sorprende que hayamos cedido tanto terreno en tan poco tiempo. 

¡Buen Jueves!

Antigurú

Sobre el blog

Agotada de la alta concentración por metro cuadrado de gurús de las redes sociales, en este sitio se levanta un muro de contención: Todos somos torpes y primerizos en la jungla digital. No hay expertos. Eso, al menos, es lo que enseñan en la Universidad de Stanford, donde se ha inventado casi todo y nadie se proclama gurú de nada. Este es, pues, un lugar para reírse de los tropezones en Internet. El viernes abrimos consultorio. Pregunte sin piedad, porque más temprano que tarde todos tendremos nuestro minuto de miseria digital.

Sobre la autora

Karelia Vázquez

es periodista. Escribe en El País Semanal desde 2002, y en Marie Claire, desde 2005. Es la primera española que obtiene una beca J. S. Knight en la Universidad de Stanford (California), que le permitió, entre otras cosas, vivir una temporada en Palo Alto, el Dorado de las nuevas tecnologías, comprar en el mismo supermercado que Mark Zuckerberg y compartir plaza de garaje con los chicos de Facebook. También ir a clases de Clifford Nass, Clay Shirky, Evgeny Morozov y otros -esta vez sí- gurús de la era digital. Es autora del blog “Vivo entre Google y Facebook”, porque así era literalmente. Ha sido cobaya de variados experimentos extremos en Internet, y este blog no pretende ser ni más ni menos, que eso: Un sitio para radicales.

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