Apuntes científicos desde el MIT

Apuntes científicos desde el MIT

Este Blog empezó gracias a una beca para periodistas científicos en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en Boston, donde pasé un año aprendiendo ciencia con el objetivo de contarla después. Ahora continúa desde Nueva York buscando reflexiones científicas en otras instituciones, laboratorios, conferencias, y conversando con cualquier investigador que se preste a compartir su conocimiento.

El valor biológico de la justicia

Por: | 23 de enero de 2009

El experimento empieza con dos monos en sendas jaulas contiguas. Uno de ellos tiene acceso a una palanca con la que acerca a la vez una galleta para él y otra para su compañero. Hasta aquí todo normal; siempre que el investigador coloca en el dispositivo una galleta para cada mono, el que tiene la palanca la utiliza y ambos consiguen el mismo premio. Ahora lo curioso: si el investigador pone una galleta frente al mono con la palanca, pero 3 frente al individuo pasivo, el que tiene el control se enfada y no realiza ninguna acción. La situación le parece tan sumamente injusta, que prefiere no obtener su premio si eso implica que gracias a su trabajo un aprovechado se quedará con el triple sin ningún esfuerzo a cambio. Cada vez que explico este experimento se inician suculentas conversaciones. No os lo conté antes en el blog porque cuando lo oí durante una charla de Marc Hauser todavía no estaba publicado en una revista que le otorgara la supuesta “veracidad científica”, pero los geniales comensales con los que compartí cena ayer me convencieron con un simple “¿y…?”, más el complemento perfecto que necesitaba. Y es que tenían toda la razón del mundo. El estudio se las trae… Recuerdo haber leído acerca de chimpancés enfureciéndose si por una misma acción a un compañero le daban un premio superior al suyo, pero llegar a sacrificar de tal manera su propio beneficio es algo relativamente inesperado. Sobre todo porque esto en principio no debería estar favorecido por la selección natural. El altruismo y el rencor son aspectos peliagudos en el estudio de la naturaleza humana. Trivers en los años 70 estableció que el altruismo podría haber evolucionado para favorecer la reciprocidad dentro de los grupos de primates sociales, pero algunos consideran esta colaboración como un egoísmo encubierto en el que la ayuda está condicionada a un beneficio futuro. Sea como sea, sí tiene sentido evolutivo. Sin embargo, realizar una acción que suponga un coste para nosotros sin que eso implique ninguna recompensa, es algo que no encaja en los esquemas de la selección natural. Entre dos monos, uno rencoroso que no come la galleta y otro más cándido que sí se la come sin importarle que un desconocido obtenga tres a cambio, el que tiene más posibilidades de sobrevivir en la selva es el que vaya mejor alimentado. Una explicación a este comportamiento sería que para el buen funcionamiento del grupo es muy importante penalizar las injusticias y asegurarse de que nadie se beneficia en exceso del trabajo de los demás, pero tal “razonamiento” parecía demasiado sofisticado para los primates. El estudio de las galletas induce a pensar que la mala sangre que sentimos cuando alguien sale beneficiado en demasía de una situación que consideramos injusta, aunque no nos afecte directamente, puede estar bien arraigada en nuestra herencia evolutiva. Evidentemente, da para mucho más. Nosotros anoche, tras darle vueltas y vueltas a las implicaciones de este experimento, el formidable Mikel Urmeneta me dijo “¿pero y esto por qué no lo has explicado en el blog?!”. “Es que no se si son macacos, chimpancés, tamarinos, bonobos… ni si les daban galletas, nueces o plátanos… ni el porcentaje exacto de monos que no accionaba la palanca… y ni siquiera tengo una triste fotografía para ilustrarlo.” “Nada de esto debería ser un inconveniente!”, replicó sabiamente Mikel mientras cogía un papel, rotuladores, y compartía su arte con la ciencia.

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No me gusta perder el tiempo con las teorías de la evolución

Este post nos enseña una cosa: la importancia que tiene reunirse con gente interesante en torno a una mesa y una buena comida. Unas cervecitas y un buen vino pueden ser de gran ayuda para el intercambio cultural. El Sr Urmeneta debería colaborar más a menudo con divulgadores. Los dibujos sintetizan el artículo perfectamente.

Pere, has salido un poco gay en la foto[;)] me ha gustado mucho el experimento y los dibujos de Mikel. Yo he estado en la posición de ambos monos en diferentes momentos de mi vida. Nadie es siempre tan bueno ni tan malo.

Seguramente es por lo que los bancos nos dan algo de interes y nos hacen creer que apenas ganan un poco mas que nosotros por nuestro dinero. ¿que pasaria si la gente supiese realmente que por cada euro que damos al banco este "fabrica" 10?

No estoy muy puesto a las profundidades de la Teoria de la Evolución (*), pero supongo que los factores influyentes en la desparición/supervivencia de una especie se deben ver a nivel global. El hecho de que una característica no sea favorable a la supervivencia, no debe ser motivo para que la especie desaparezca, siempre que sea su influencia sea baja y/o compensada suficientemente por otra característica favorable. Si no fuera así, difícilmente podríamos explicar la supervivencia de algunas especies o individuos (empezando por algunos humanos). Además, esto se ha de poner adecuadamente en escena. No creo que en la selva se de una situación tan drástica como esta. Se puede pasar hambre, no hay dispensadores de galletas ni mecanismos maravillosos de 3x1. Quizá incluso en la realidad sea mucho más factible que un posible mayor beneficio de un individuo acabe perjudicando al otro. El que se come 3 galletas terminará más fuerte y al final acabará con el otro individuo en una pelea por la hembra de turno. Santi (*) celebremos, de paso, su 200 aniversario.

En cuanto a la relacion entre altruismo y egoísmo: Estamos programados para ser egoístas. De lo contrario, no sobreviviríamos. La situación ética se plantea cuando ese egoísmo perjudica o beneficia a nuestros congéneres. Al mono del experimento le falla la programación egoísta sólo porque no tiene suficiente hambre.

En humanos ya se sabia desde antiguo. Recuerda la historia de cuando el rey propuso a un siervo que pidiese lo que quisiera, pero que le daria el doble a supeor enemigo, y el pidio que le sacase un ojo !! Lo rompedor es que ese sentimiento exista en animales a los que suponemos o sin inteligencia o sin valores eticos y por ello los podemos sacrificar si nos conviene para la ciencia. Si tan parecidos son a los humanos, ¿tendran razon los que propugnan que se les reconozcan "derechos civiles"?

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Sobre el autor

Pere Estupinya

. Soy químico, bioquímico, y un omnívoro de la ciencia, que ya lleva cierto tiempo contándola como excusa para poder aprenderla.
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