Apuntes científicos desde el MIT

Apuntes científicos desde el MIT

Este Blog empezó gracias a una beca para periodistas científicos en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en Boston, donde pasé un año aprendiendo ciencia con el objetivo de contarla después. Ahora continúa desde Nueva York buscando reflexiones científicas en otras instituciones, laboratorios, conferencias, y conversando con cualquier investigador que se preste a compartir su conocimiento.

Sobre el autor

Pere Estupinya

. Soy químico, bioquímico, y un omnívoro de la ciencia, que ya lleva cierto tiempo contándola como excusa para poder aprenderla.
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Libros

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En esta nueva aventura científica que recorre desde laboratorios y congresos de medicina sexual hasta clubs de sadomasoquismo o de swingers, Pere Estupinyà nos ofrece la obra más original y completa que ningún autor hispanohablante haya escrito nunca sobre la ciencia de la sexualidad humana.

El ladrón de cerebros La ciencia es la aventura más apasionante que puedas emprender.
En El Ladrón de Cerebros, Pere Estupinyà se infiltra en los principales laboratorios y centros de investigación del mundo con el objetivo de robar el conocimiento de los verdaderos héroes del siglo XXI —los científicos— y compartirlo con sus lectores. El Ladrón de Cerebros

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Vida extraterrestre en el baño de un astrofísico, por Brunosan

Por: | 08 de julio de 2009

Al astrofísico Bruno le conocimos hace unos posts cuando nos explicó sus investigaciones sobre el Sol en el Naval Research Laboratory de Washington DC. Hace unos días me invitó a una fiesta en su casa, y mientras me explicaba lo último en cosmología y porqué el muy freak tenía un póster del Universo situado estratégicamente al lado de su inodoro, llegó Martin. Tras unos segundos Martin, que no tiene formación científica alguna pero sí mucho interés, empezó a exclamar maravillas sobre lo interesante que le resultaba la ciencia, y que le encantaría saber mucho más sobre el Universo. “Pues pregunta…” dijo Bruno. “¿hay ovnis y extraterrestes entre nosotros?” contestó Martin… No pude contener la risa al ver los ojos como platos del pobre Bruno… quien tras reponerse del shock contestó: “vida extraterrestre, e inteligente, es muy posible que sí haya. Pero muy lejos como para contactar con nosotros”. Yo añadí: “Y no sólo debemos jugar con el factor distancia, sino también con el tiempo. Sería una gran casualidad que en los miles de millones de años de existencia del Universo vivieran justamente en este insignificante momento en que nosotros podríamos reconocerlos… Quizás sí hubo vida tecnológicamente más avanzada que la nuestra hace miles de millones de años, y ya se ha extinguido…” “De eso no estoy tan seguro”, replicó Bruno. “Primero se tuvieron que formar las estrellas, fusionar los elementos químicos en su interior, esparcirse por el espacio, encontrarse en planetas, crear vida, dejar que evolucione… todo este proceso requiere un tiempo, la vida no puedo haberse formado tan y tan pronto…” Espantamos a Martin, y convencí a Bruno Sánchez Andrade Nuño para que fuera otro fichaje del post, y que nos transmita periódicamente los ultimísimos avances y reflexiones en el campo de la cosmología en la sección “Apuntes astrofísicos desde el planeta Brunosan”. Pero en su primera intervención… debería responder la pregunta sobre los extraterrestres, que es la que interesa a una gran parte de la población, y de paso si es posible cuando es lo más pronto que pudiera haber existido vida en algún rincón de ese Universo que Bruno tenía colgado de la pared de su baño… Vida extraterrestre en el lavabo, por Bruno Sánchez Andrande Nuño ¿Podría una vida extraterrestre con miles de millones de años de ventaja tecnológica contactarnos? Esa fue la pregunta de Pere. La respuesta que posiblemente daría un científico, redondeado al sí o no, es… no. No es esperable que nos vayan a contactar seres extraterrestres inteligentes. Hablar de estos temas involucra muchas ramas de la ciencia, con argumentos muy delicados y, en ningún caso, escalas fácilmente tratables. Incluso para aquellos que podamos entender mejor algunas de esas ramas involucradas, nos resulta difícil tener una idea global clara. Además, la obstinada tendencia social a lo pseudocientífico, magufadas o mitos urbanos ha convertido este tema en algo tabú, donde el optimista queda encasillado rápidamente en creyente de ovnis. En este post intentaré dar una visión general de este problema, reconociendo su importancia y la fuente del optimismo que mucho tenemos de que sí existe vida extraterrestre, y de hecho puede que ésta sea inteligente. El optimismo no es un argumento científico pero, como trataré de argumentar los eslabones de la cadena lógica son muy holgados y dan mucho margen a la interpretación. Creando los ingredientes de la vida La física estelar puede aportar su grano de arena en este sentido. Para formar vida se necesita tener elementos atómicos (Oxígeno, Nitrógeno, Hierro, ... ) y éstos sabemos que se crean en el interior de las estrellas. Son las "cenizas" de la combustión estelar. Por tanto, hacen falta al menos una o dos generaciones de estrellas para tener suficientes materiales. Éstos además han de colapsar en tierras sólidas al abrigo de una estrella tranquila. Después del Big Bang, hace 13 mil millones de años, hicieron falta unos 100 millones de años para que el universo se tranquilizara y permitiera a las primeras estrellas encenderse. Las estrellas duran típicamente entre mil millones y 10 mil millones de años, tras los cuales las nubes de elementos han de colapsar de nuevo para crear nuevos soles y, quizás una de cada 10, planetas. Este colapso puede durar unos diez millones de años. Además, estos planetas han de estar a una distancia cómoda, "habitable". Como se puede ver, esta secuencia de sucesos sigue un curioso patrón, que se repetirá la mayoría de las suposiciones para llegar a la comunicación con vida inteligente extraterrestre. En todos ellos hay una incertidumbre o rango de valores. Cada paso puede requerir menos tiempo que la misma incertidumbre del paso anterior. Los optimistas pueden esperar un mensaje de vida inteligente en cualquier momento antes que los pesimistas piensan siquiera tener la generación de estrellas que crea los elementos. De la tierra yerma a la vida espacial Los ingredientes de la vida pueden estar colocados en el sitio correcto en el momento correcto. Lo que hace falta para que de ahí surja la vida, inteligente o no, es terreno desconocido. Existen varios experimentos y métodos propuestos, pero ninguno ha sido concluyente. Lo que si parece claro es que en nuestro caso no tardó mucho tiempo. Desde el punto de vista de la evolución de un planeta, nuestra Tierra no había acabado de aposentarse en un equilibrio cuando las primeras formas de vidas surgieron. Desde éstas al estado actual han pasado 4 mil millones de años. Durante este progreso el ritmo de la evolución ha sido cada vez más rápido . En esta carrera de improbabilidades mirar hacia el futuro es prometedor. Al Sol le quedan otros 4 mil millones de años de fase tranquila. ¿A dónde llegaremos entonces? En términos sociales nuestra carrera espacial ha sido un parpadeo. En términos evolutivos, los homo sapiens se volvieron inteligentes hace un momento. En términos estelares, el Sol no ha cambiado nada desde que la vida apareció en una mota de polvo (la Tierra) perdida en la distancia. En términos galácticos el Sol es una estrella del montón, de la tercera generación, que no ha acabado siquiera de dar su vigésima vuelta alrededor del centro galáctico. La Universalidad de las cosas naturales En esta minúscula mota de polvo que rodea al ordinario Sol nos preguntamos cómo de especiales somos. Sea como fuere, aquí en la Tierra rigen las mismas leyes naturales que en cualquier otro sitio. Y parece que existen millones de estas mismas motas de polvo. Esas mismas leyes pueden haber sido favorables en otro lugar, a cierta distancia de nosotros. Hace unos años, el optimista Carl Sagan estimó que la distancia media entre "vecinos" es de 10.000 años luz. Aún en este caso enviar un simple pulso de luz, la máxima velocidad posible, tardaría este tiempo en llegar. Para entonces esa sociedad habría avanzado igualmente 10.000 largos años. El receptor, si está escuchando, habría de entenderlo y poder responder con suficiente potencia, y otros tantos años después, recibiría la respuesta. Todo esto suponiendo que ambos interlocutores sean de hecho capaces de desarrollar a tiempo la inteligencia de entender el mensaje. La fuente de mi parcial optimismo parte de estas ideas. Si la improbabilidad concediere una oportunidad a la inteligencia, el resto es sólo cuestión de tiempo, muy poco tiempo en escalas geológicas. Tiempo para evolucionar, como nosotros. Tiempo para preguntarse por el Universo, como nosotros. Para descubrir las mismas leyes y las mismas galaxias. Otros nombres y otras unidades, pero las estrellas de su cielo se verán igual de intrigantes. Aventurarse, como nosotros ya hacemos, a buscar otros planetas. No lo veo descabellado. Nosotros ya hemos descubierto más de 300 planetas fuera del sistema solar. De hecho, ya somos incluso capaces de detectar la composición, temperatura y distribución de las atmósferas de algunos de ellos. ¿Hay vecinos en nuestra galaxia? No parece imposible pensar que haya vida, ahora mismo, en algún otro lugar en nuestra misma galaxia. Y apurando el optimismo, que ésta pudiera haber evolucionado ya hacia la inteligencia. Este "ya" es en términos estelares, es decir con unos cuantos millones de años de incertidumbre. El rango que Carl Sagan estimaba la distancia entre vecinos es mucho menor que esto, por tanto no es imposible que vayamos a detectar vida "ahora". Desafortunadamente ese ahora es demasiado grande en términos humanos o sociales para que tenga algo de sentido práctico para nosotros. En última instancia, una vez obtenida la civilización inteligente, cabe preguntarnos cuánto puede durar ésta. En nuestro caso no hace ni 100 años que sabemos de la inmensidad del Universo y ya vemos que estamos poniendo nuestro propio planeta en peligro. Escenarios globales de mutua destrucción bélica, cambios climático, pandemias, ... Ser optimista respecto a la vida inteligente extraterrestre implica que la humanidad, como paradigma, pueda celebrar un lejano millardo de edad. Platillos volantes y portales temporales Para jugar a este juego de vida extraterrestre, inteligente o no, tenemos que poner ciertas normas. No sabemos si otras formas de vida son posibles, si se nos escapa alguna ley que permita viajes galácticos, o si existen agujeros espaciotemporales. El tiempo dirá qué maravillas, para nosotros impensables, nos descubrirán los científicos en los siglos venideros. De momento, juguemos con la reglas que conocemos, el resto no es más que ciencia ficción. Obviamente esto incluye pensar que seres verdes vienen a esta mota de polvo del Sistema Solar a abducir granjeros en mitad de la noche o construir casas en la Luna. Y todo esto vino a cuento de un póster sobre el Universo que tengo puesto en la pared del baño, a modo de lectura para momentos de reflexión…

De copas por la teoría de la evolución de Wallace

Por: | 05 de julio de 2009

Asistes en el Museo de Historia Natural de Londres a la recepción de gala de la conferencia de periodistas científicos que estás atendiendo. A la que te despistas, tu estómago está lleno a partes iguales de canapés y vino que empieza siendo regular y termina siendo bueno. Son las 21:15 y alguien te avisa del inicio del tour por la exposición de Darwin a la que te habías apuntado. No parece ser el momento más adecuado, pero te diriges expectante a ella todavía copa en mano. Por algunos mecanismos misteriosos tu sensación de lucidez ha aumentado y la vergüenza disminuido, y tras las explicaciones más bien extensas sobre los 20 millones de plantas e insectos que tendrá la espectacular segunda fase del centro sobre Darwin que se inaugurará el próximo septiembre en este Museo londinense que se revela como un gran centro de investigación además de exposición, y las preguntas rebuscadas del típico personaje persiguiendo más notoriedad que respuestas, te acercas sigiloso a la guía y le dices “¿Pero era Darwin un tipo feliz?” Te mira con cara de “de donde ha salido éste…”, pero tras leer de reojo “Knight-MIT ” en la acreditación que cuelga de tu cuello, y observar el piloto rojo encendido de la grabadora de voz que tienes en tu mano con la misión de generar la seriedad que no ofrece tu cara, responde: “es difícil de decir… tanto él como su esposa venían de familias ricas y tenían una vida acomodada en una casa preciosa. Se podría decir que eran felices, pero Darwin sufría bastantes molestias por la enfermedad que arrastraba desde su viaje con el Beagle (creemos que era Chagas, pero no es seguro), y sobre todo, tenía momentos de intranquilidad porque la teoría que estaba desarrollando le hizo pasar de ser una persona creyente a perder su fe en que algún Dios hubiera creado a los seres vivos sobre la Tierra tal y como describían las escrituras bíblicas”. - ¿era realmente muy religioso en su juventud? - Si, si… se había preparado para ser clérigo, pero terminó siendo antirreligioso y yendo a pasear los domingos mientras su familia estaba en misa… - ¿es verdad que su mujer le impedía publicar su teoría de la evolución por selección natural para evitar que fuera al infierno? - Aquí hay un poco de mito. Es cierto que su mujer era muy religiosa. Sin duda era una fuente de conflicto, y a menudo le mostraba su preocupación de que ella iría al cielo y Darwin al infierno. Pero el principal motivo por el que Darwin tardó tantos años en publicar su teoría no era el miedo a las connotaciones que tenía, como muy a menudo se dice, sino el trabajo constante en pulir detalles para hacerla más consistente. - Hasta que vio que Wallace se la iba a pisar! - Exacto! El también naturalista Alfred Russell Wallace descubrió por su cuenta el mismo mecanismo de la evolución por selección natural, y le envió una carta a Darwin para contrastarlo con él. Darwin se quedó muy preocupado, porque reconoció las mismas ideas en las que él había estado trabajando durante 25 años. - ¿cómo reaccionó? - Sus colegas le aconsejaron que publicara sus descubrimientos rápido, y en Julio de 1958 se presentaron en la Linnean Society de Londres los artículos conjuntos de Wallace y Darwin. - ¿y seguro que Darwin no había aprovechado la información recibida de Wallace? - Bueno… se dice que efectivamente Darwin podría haber copiado algunas ideas de Wallace… En esos momentos ambos eran muy famosos. Al año siguiente todo cambió con la publicación de “El Origen de las Especies”, y Darwin tomó todo el protagonismo. Pero Wallace merece más reconocimiento. Él fue el codescubridor de la teoría de la evolución. - ¿Uno conflicto entre ellos? - No, no… se llevaban muy bien. Wallace era bastante más joven y sentía un profundo respeto por Darwin, e incluso llegó a nombrar el mecanismo de la selección natural como “darwinismo”. Pero debería haber solicitado más consideración para él mismo. No es la teoría de la evolución de Darwin, sino la teoría de la evolución de Darwin y Wallace. - buen final... Ah! Por cierto, ¿cómo es que todavía hay tantas personas que no creen en la evolución? - Eso es en EEUU, aquí en UK somos más ilustrados. (“enlightened” es el término que utilizó mostrando una de las características de la personalidad inglesa…) - Bueno… según un estudio del British Council para el proyecto “Darwin Now ” que nos presentaron ayer en la conferencia, el 23% de los londinenses rechazan la evolución y creen en el creacionismo entendido como que “la vida en la Tierra fue creada por un Dios y siempre ha existido en su estado actual”. - No puedo creerlo… - Yo tampoco… Termina el tour y continúa la fiesta, pero la semillita de las dudas sobre Wallace queda sembrada en algún rincón de mi cerebro. A la mañana siguiente tengo la suerte de encontrarme con la biblioteca científica Mercé Piqueras , que pocas semanas antes había escrito un muy recomendable artículo sobre Emma Darwin . Le retransmito mis recuerdos de la conversación, y me dice que “si, hay discusiones constantes entre pro-Darwin y pro-Wallace... Es cierto que ambos llegaron a las mismas conclusiones de manera independiente, y las publicaron por primera vez juntos en la Linnean Society. Posiblemente Wallace sí merece más reconocimiento, pero no hay duda que el primero en idear la teoría fue Darwin, y además la publicación de El Origen de las Especies fue el gran hito… De todas formas, a mi me interesa lo de Emma Darwin”. Mercé en su artículo explica que si bien es cierto que las convicciones religiosas de Emma podrían haber influido en Darwin para publicar sus resultados, suele pasar desapercibido el rol esencial que tuvo en el apoyo a Darwin como esposa y ayudante en sus tareas. Emma fue una gran mujer sin la que posiblemente Darwin no hubiera conseguido sus hitos. Nos quedamos con la reflexión de Mercé acerca de si la popular frase “detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer”, se puede repetir de manera muy frecuente a la inversa…

Buscando filántropo en Londres

Por: | 01 de julio de 2009

El domingo pasado en el New York Times aparecía un artículo que venía a decir: “eh! vosotros! sí, sí… Los científicos… ¿qué habéis hecho con los miles de millones que os hemos estado dando durante tantos años para curar el cáncer? Esperábamos mejores resultados… ¿Y qué hace el NIH financiando por inercia líneas de investigación que ya sabéis que no llevan a ningún sitio? ¿O proyectos de dudosa aplicación como averiguar si a las personas más sensibles a la comida sabrosa les cuesta más seguir una dieta? A ver si alguien os tendrá que espabilar un poco…”. Evidentemente, el artículo está escrito en un tono mucho más serio, se apoya con datos y cifras, y entrevista a una gran cantidad de investigadores y responsables de política científica. En definitiva, es un buen ejemplo de periodismo científico de calidad excelente. Por otro lado, ser un cheerleader de la ciencia, alabarla reflejando notas de prensa de centros de investigación, o reproduciendo piezas de agencias de comunicación sobre el caracol con espermatozoides más largos que el tamaño entero de su propio cuerpo… pues está bien… ¡claro que tienen un espacio! Pero no cuenta con el valor periodístico de ser quisquilloso y un poco escéptico a la hora de transmitir los hechos, ciencia incluida. Este peer review crítico constructivo sobre la práctica del periodismo científico lo hace a diario la muy recomendable web Knight Tracker , quien me ha financiado el viaje y hotel para asistir a la 6ª Conferencia Mundial de Periodistas Científicos que empezó ayer en Londres. El primer día todo giró alrededor de la crisis que está sufriendo el periodismo científico. ¿Motivos? Regresemos al principio. Una característica del artículo del NYT es que lleva muuuucho trabajo hacerlo. Documentarte, entrevistar gente, contrastar, editar, volver a entrevistar… esto cuesta bastante más que darle forma al material que ya te llega pastadito de las agencias. Y otra característica del elaborado artículo es que, en realidad, interesa a poca gente. Yendo a la inevitable transición online, seguro que la nota del espermatozoide de los caracoles genera más clicks que el artículo sobre la financiación en la lucha contra el cáncer. Y cuando el click es el que manda… ¿por qué se decantarán los editores, si quieren que su director económico les mantenga en el puesto? ¿Quién pagará la calidad? Pues nadie lo sabe. Una posibilidad es que… nadie. No sale a cuenta. A los medios desde luego que no. Sin duda el trabajo meticuloso continuará existiendo, pero de la mano de periodistas o expertos que invertirán esfuerzos en piezas concretas no por la cantidad de dinero que recibirán a cambio, sino por beneficios indirectos, incluido en algunos casos cercanos el placer de hacerlo. Busco un filántropo! Fred Kavli es uno de los nuestros. De jovencito le fascinaba la ciencia, continúa apasionándose con ella, y está convencido de los enormes beneficios que a largo plazo la investigación científica devuelve a la sociedad. “¿Por qué es tan difícil financiar algo que históricamente nos lo ha dado todo?”, dijo en su charla. La diferencia entre él y nosotros es que sus negocios le han dejado forradísimo de dinero. ¿Y sabéis en qué invierte gran parte de su fortuna? En estimular la investigación básica por medio de los premios que otorga su Fundación a las áreas de neurociencia, astrofísica y nanociencia. Este filantropismo, el “regalar” tanto dinero a la ciencia, quizás se percibe con recelo en ciertos países, pero en EEUU (Kavli es Noruego) es muy común. Sin ir más lejos, en el propio MIT de Boston el Broad Institute tiene este nombre porque el señor y la señora Broad dieron 100 millones de dólares para su fundación (años después añadieron 100 más), el señor David Koch ha puesto otros 100 millones de dólares en el Koch Institute para la investigación contra el cáncer, el McGovern 350 en 20 años , el Picower Institute para la memoria y aprendizaje,… y todavía más cerca: el dinero que estoy gastando ahora mismo en mi viaje a Londres, y el del Knight Fellowship del MIT , sale de una donación que hicieron los hermanos John y James Knight, quienes a mediados del siglo XX construyeron un imperio basado en los medios de comunicación y agradecidos, constituyeron la Fundación Knight cuyo objetivo es trabajar para la mejora constante del periodismo. Si conocéis algún filántropo potencial en España, avisad… Conclusión rápida, que me pierdo sesiones del congreso: sin apoyo público (por ser un bien social) o quizás privado (en el fondo por lo mismo), el periodismo científico de calidad tiene un futuro muy oscuro. Los medios no van a sustentarlo a una escala considerable, ni los lectores a pagar por ello ¿alguien lo haría? Podéis pensar “si es lo que el público quiere…” pero dejadme que os cuente que me hablaron del artículo del NYT el lunes en mi oficina del NIH (Institutos Nacionales de Salud de EEUU), justo antes de viajar a Londres. Se ve que el contenido de la pieza estaba siendo tenido en cuenta y analizado por responsables de esta institución encargada de repartir los 31 mil millones de dólares que el gobierno de US dedica anualmente a la investigación médica. Y me consta que alguien de algún partido político tomó nota de este post . El periodismo tiene un valor y responsabilidad mucho más allá de satisfacer el interés de sus lectores. También en ciencia.

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