Apuntes científicos desde el MIT

Apuntes científicos desde el MIT

Este Blog empezó gracias a una beca para periodistas científicos en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en Boston, donde pasé un año aprendiendo ciencia con el objetivo de contarla después. Ahora continúa desde Nueva York buscando reflexiones científicas en otras instituciones, laboratorios, conferencias, y conversando con cualquier investigador que se preste a compartir su conocimiento.

Estudian secuenciar el genoma de los recién nacidos

Por: | 18 de septiembre de 2013

Los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH) financian con 25 millones de dólares un programa para evaluar los beneficios de la secuenciación rutinaria del genoma de los recién nacidos

A finales de agosto Javier acudió de urgencias a un hospital de Washington DC quejándose de un intenso dolor en el costado. Tras varias pruebas los médicos detectaron un coágulo taponándole una vena del abdomen. La situación era inusual, podía ser grave, y requería tratamiento lo antes posible. Pero había diferentes incógnitas y para evaluar la terapia más acertada los médicos necesitaban hacer un análisis genético, que tardaría tres días. Lo hicieron, seleccionaron una intervención, y Javier se está recuperando favorablemente. Pero si hubiera tenido su genoma ya secuenciado y almacenado informáticamente, no habría necesitado esa arriesgada espera de tres días.

¿Formará el genoma parte de nuestro historial médico? No pienses en limitaciones económicas, más bien lo contrario. “Actualmente secuenciar el genoma completo cuesta unos $5000 y un máximo de 2 semanas, pero el abaratamiento continúa acelerándose, y dentro de relativamente poco será tan barato y rápido como hacer tests genéticos individuales” me explica Anastasia Wise, epidemióloga del Instituto Nacional de Genómica Humana de EEUU.

Es decir, que en un futuro próximo cuando alguien como Javier (pseudónimo pero caso real) necesite un análisis concreto de ADN, podría aprovechar para secuenciarse el genoma entero y tener la información disponible ante futuros diagnósticos genéticos.

Foto ADNY si vamos un poco más lejos ¿tendría sentido secuenciar de una vez y de manera rutinaria el genoma de los recién nacidos, para que los médicos pudieran aprovechar su información desde el principio? Justo esto es lo que evaluará el programa del NIH coordinado por Anastasia Wise, que financiará con $25 millones 4 proyectos para analizar los beneficios y limitaciones técnicas, clínicas y éticas de secuenciar el genoma de los acabados de nacer.

En uno de estos proyectos, por ejemplo, se seleccionarán 204 recién nacidos sanos y se dividirán en dos grupos. A unos les realizará la treintena de pruebas convencionales (análisis bioquímicos, genéticos, físicos…) que actualmente se hace a cualquier recién nacido, y a los otros también se les secuenciará el genoma y se pondrá a disposición de los médicos. El principal objetivo será comparar si la información genética realmente conduce a mejores diagnósticos o ofrece algún tipo de beneficio durante los primeros 5 años de vida.

Un experimento idéntico se hará con otros 204 bebés que nacen con algún problema y requieren unidades de curas intensivas, para evaluar si en estos casos, disponer de la información genética aporta ventajas o no.

La lógica dice que sí, pero también podría ser que los médicos no encontraran la información útil, o no supieran interpretarla, o que pasado un tiempo y frente a un problema determinado prefieran repetir un análisis genético concreto que recurrir al genoma secuenciado de manera genérica años atrás. Los investigadores de los 4 proyectos quieren comprobar qué impacto real tiene en la práctica secuenciar el genoma, ver si algunos diagnósticos genéticos son más precisos que las pruebas bioquímicas, construir herramientas de análisis rápido que permitan tener diagnósticos en 50 horas, analizar qué tipo de asesoramiento resulta más útil para los médicos y padres, descubrir limitaciones, y desde luego analizar aspectos éticos, legales y sociales, así como la reacción de los padres a esta información.

Mucha gente dice que prefiere no conocer la información genética. Pero no está claro que en realidad sea así. En los proyectos se comprobará si los padres desean conocer más información de la inmediatamente relevante desde el punto de vista médico, se comparará cómo reaccionan a los datos genéticos vs bioquímicos de significado parecido, se verá si disponer del genoma les genera estrés o se sienten satisfechos pensando que es algo positivo para sus hijos, y al mismo tiempo se comprobará si la percepción de la información genética se asimila o cambia con el tiempo. 

El programa es completísimo analizando todo tipo de factores clínicos y éticos, y su objetivo final es tener información sólida para recomendar o no incluir la secuenciación del genoma entre las pruebas rutinarias que se realizan a los recién nacidos. “Son preguntas y situaciones que nos estábamos planteando de manera teórica, pero que empiezan a ser realistas, y debemos tener datos para poder tomar decisiones”, añade Anastasia Wise.

Los resultados tardarán unos años en llegar, y no se sabe qué conclusiones se sacarán. Pero considero que es una noticia tremendamente representativa del avance en medicina genómica y un paso muy significativo hacia la posibilidad de tener nuestro genoma secuenciado.

La semana que viene imparto una clase en Barcelona en el programa d-health, sobre temas candentes de la biomedicina y futuras oportunidades para emprendedores. Estoy convencido que la gestión personalizada de la información genética –y todo lo que lleva a su alrededor- será sin duda una de estas grandes oportunidades.

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Fantasías sexuales con osos blancos

Por: | 14 de septiembre de 2013


Laura
Un estudio de la sexóloga e investigadora de la Universidad de Almería Laura C. Sánchez-Sánchez concluye que el esfuerzo por suprimir fantasías prohibidas genera un efecto rebote que las hace más frecuentes e intensas. (foto P. Estupinyà; Granada, Mayo 2013)

 

A mediados de los años 80 el psicólogo de Harvard Daniel Wegner realizó un experimento que tuvo gran impacto en el estudio de la relación entre nuestra mente consciente e inconsciente.

Wegner pidió a un grupo de voluntarios que durante 5 minutos fueran expresando en voz alta cualquier cosa que pasara por sus cabezas, pero evitando con todas sus fuerzas pensar en un oso blanco. Durante la prueba, cada vez que en su mente apareciera un oso blanco, debían tocar una campanilla situada frente a ellos. 

Terminada la prueba les pidió que se relajaran, que se distrajeran, hablaron de diferentes temas… y al cabo de un rato les dijo: “ahora vamos a repetir el mismo proceso, pero sin necesidad de inhibir el oso blanco. Id diciendo lo que de manera libre pase por vuestra mente, y si por lo que sea aparece un oso blanco, simplemente tocad la campanilla”. 

Screen Shot 2013-09-13 at 7.29.56 PMA continuación Wegner reclutó un grupo equivalente de voluntarios y repitió el experimento, pero invirtiendo el orden de instrucciones. Primero se les dijo “vais a pasar 5 minutos explicando lo primero que pase por vuestras cabezas, y tocaréis esta campanilla cada vez que penséis en un oso blanco. Pero no os preocupéis por inhibirlo ni fomentarlo, dejad fluir vuestra mente en lo que queráis”. Después les pidió repetir la prueba, pero esforzándose en no pensar en el oso.

Los resultados fueron muy significativos: Cuando al primer grupo de voluntarios se les pidió pensar libremente tras haber hecho el esfuerzo de suprimir al oso blanco, el oso apareció de manera muchísimo más frecuente que en el segundo grupo cuando pensó sin haber inhibido antes al oso. 

La conclusión fue obvia: el esfuerzo por intentar suprimir un pensamiento determinado hace que vaya reapareciendo con más fuerza y frecuencia.

El experimento de Wegner tenía limitaciones metodológicas, pero se ha replicado varias veces en diferentes contextos y siempre se observa el mismo efecto: esforzarse en evitar pensar en algo que nos preocupa, disgusta o incomoda, no suele hacerlo desaparecer sino todo lo contrario; lo hace más recurrente.

Se ha visto que en momentos de estrés o depresión el efecto es todavía mayor, y algunos piensan que puede ser uno de los mecanismos involucrados en las obsesiones.

Las implicaciones son muy interesantes pues podrían sugerir que estando a dieta o queriendo dejar de fumar –por ejemplo-, evitar a toda costa pensar en cigarrillos o en ese postre prohibido que tanto nos gusta, puede ser peor que simplemente permitir que llegue, fluya y se vaya de nuestra cabeza. ¿Ocurre lo mismo con los pensamientos sexuales?

Si quieres olvidar una fantasía sexual, piensa en ella

La sexóloga e investigadora Laura Sánchez-Sánchez de la Universidad de Almería ha realizado varios experimentos para su tesis sobre formación de fantasías sexuales.

Screen Shot 2013-09-13 at 5.59.50 PMEn un primer estudio tomó a 80 voluntarios y pidió a la mitad de ellos que eligieran una palabra asociada a una práctica sexual que consideraran “adecuada” (eso depende de cada uno, pero ejemplos podrían ser “coito” o “felación”)  y a la otra mitad que eligieran una “inadecuada” (como “incesto” o “exhibicionismo”).

Entonces les pidió a todos que elaboraran mentalmente una fantasía sexual a partir de esa palabra durante un par de minutos. Pasado este tiempo les distrajo con juegos de asociar palabras en parejas tipo “león-domador”, y a continuación, la mitad de cada uno de los dos grupos recibió la instrucción de suprimir cualquier pensamiento relacionado con la fantasía sexual y la otra mitad de concentrarse en ella.

Después de ello Laura les pasó un test de asociación de palabras para detectar cuán presente estaban esas fantasías en sus mentes y observó que, efectivamente, tras intentar inhibir la fantasía aparecía un “efecto rebote” que la hacía mucho más frecuente, y que dicho efecto rebote era más persistente en las fantasías “inadecuadas” que las “adecuadas”.

Laura matiza que términos como “anal”, “masoquismo” o “orgía” pueden ser inadecuadas para algunos y adecuadas para otros, pero asegura que intentar evitar un pensamiento sexual inadecuado lo hace más presente que pasar un rato pensando en él.

Shirtless-man-handcuffsDe hecho, Laura comparó el efecto de palabras sexuales y no sexuales (como “viajar”, “pelear”, “reír” o “traicionar”), y vio que el efecto rebote era muchísimo mayor en las sexuales. Es decir, intentar suprimir un deseo sexual nos genera más obsesión que intentar inhibir otros placeres, como por ejemplo una comida determinada.

Conocí a Laura durante el Congreso Europeo de Sexología celebrado en septiembre de 2012 en Madrid, cuando estaba presentado sus resultados preliminares con escáneres de fMRI para analizar la activación de áreas cerebrales involucradas en la supresión de fantasías.

Consultada hace escasos días, Laura explica que uno de los responsables del efecto rebote de los pensamientos suprimidos es el área prefrontal dorsolateral, cuya función -entre otras- es la atención ejecutiva (buscar y atender aquello que se le pide). Esta área se activó mucho más durante el intento de suprimir la fantasía sexual prohibida que al concentrarse en ella, sugiriendo que quizás para eliminarla el cerebro primero tiene que buscarla y eso la estaría trayendo a nuestra mente una y otra vez.

Conclusión: si pasas unos minutos esforzándote en suprimir una fantasía sexual aparecerá después más a menudo en tu mente que si pasas esos minutos concentrado en ella. 

Laura cree que este exacerbado efecto rebote de las fantasías sexuales “no permitidas” puede estar detrás del origen de fetichismos, obsesiones e incluso parafilias. Y no es un tema baladí, pues la mayoría de terapias dirigidas a corregirlas se basan justo en luchar por quitarlas de la cabeza, cuando quizás es mejor permitir que aparezcan y se vayan libremente. 

Para poner a prueba esta hipótesis, en otra de sus investigaciones Laura Sánchez seleccionó a 134 personas que participaban en un taller de educación sobre fantasías sexuales, e intentó aportarles una visión menos patologizante de la vivencia de sus fantasías, desmitificándolas, dejando claro que no son más que pensamientos, y aclarando que el hecho de tenerlas no implica que se quieran llevar a cabo en la realidad. En un seguimiento posterior se vio que el taller produjo cambios positivos en la actitud hacia las mismas, y la investigación fue premiada en un congreso.

Controlar nuestros pensamientos es mucho más difícil que nuestros actos, y quizás deberíamos ser más condescendientes con nuestro judeocristiano “no pecarás de pensamiento, palabra, obra y omisión”, dejando al menos tranquila a nuestra mente si no queremos que coja un “efecto rebote” y ponga en riesgo la palabra y la obra.

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¿Psicoterapia o fármacos ante la depresión? Observa el cerebro

Por: | 11 de septiembre de 2013

Un estudio sugiere que los pacientes depresivos con menor actividad cerebral en la ínsula responden mejor a las terapias cognitivas, y quienes tienen mayor actividad de lo normal a las farmacológicas

El siguiente estudio publicado en JAMA y citado por Eric Kandel en el NYT tiene una carga conceptual enorme. 

En la introducción los autores explican que sólo el 40% de los pacientes con trastorno depresivo consiguen una mejora inicial con el primer tratamiento que se prueba, observando a posteriori que en algunos casos funciona mejor la psicoterapia y en otros los antidepresivos. ¿Por qué? ¿habría manera de asegurarnos a priori cual será la terapia más eficiente?

Screen Shot 2013-09-10 at 5.56.35 PMLos neurocientíficos conocen cada vez mejor los circuitos y regiones cerebrales involucrados en la depresión. Una de las áreas más importantes es la ínsula anterior derecha, que está involucrada en la conciencia de los estados internos (self-awareness), y conectada con la amígdala sede de las emociones y con áreas del hipocampo asociadas al sueño, el hambre y la libido.

Sospechando que la actividad de la ínsula podía estar relacionada con diferentes tipologías de depresión, la investigadora Helen Mayberg de la Emory University condujo el siguiente experimento: reclutó a 65 pacientes con depresión mayor, les midió con escáneres cerebrales la actividad metabólica de la insula anterior derecha, y trató durante 12 semanas a unos con el antidepresivo escitalopram y a otros con terapia cognitiva. 

Los resultados indicaron que los pacientes con una actividad reducida de la amígdala respondían mejor a la psicoterapia, mientras que quienes tenían un metabolismo mayor de lo normal mejoraban más con los fármacos.

La conclusión en el abstract del artículo es muy clara: “Si los resultados se confirman en experimentos independientes y más amplios, la actividad metabólica de la ínsula podría ser el primer biomarcador que exista para guiar la selección de tratamiento inicial contra la depresión”.

Obvio que esto tendría una relevancia médica enorme, y como dice la propia Helen Mayberg en un video de la Emory University “nadie quiere tomar antidepresivos si no son necesarios, ni acudir sólo a psicoterapia sabiendo que hay alternativas más efectivas”.

Pere kandel
Estupinyà con Eric Kandel en Columbia University, Abril 2012
Pero como explica el estimadísimo premio Nobel Eric Kandel en su artículo del NYT, este estudio es conceptualmente muy significativo porque nos demuestra una vez más que mente y cerebro son inseparables, que la psicoterapia es un tratamiento biológico que produce cambios físicos perdurables y detectables en el cerebro, y sobre todo, que por imposible que parezca el sueño de comprender los detalles más íntimos del funcionamiento del cerebro humano no es un reto inalcanzable.

“Estamos lejísimos de entender el funcionamiento del cerebro como lo hacemos del corazón o del hígado”, dice Kandel. “Pero esto está empezando a cambiar”, añade.

El avance científico es lento pero fabulosamente sólido y creciente. Décadas atrás nos maravillábamos por descubrir la estructura del ADN humano y ahora ya sabemos leerlo para entre otras cosas predecir qué fármaco será más eficiente ante una patología determinada. De la misma manera, tras interminables discusiones sobre si la psicoterapia o los fármacos son más eficientes ante la depresión, quizás descubramos que los diferentes casos personales corresponden a diferentes subtipos biológicos que podamos llegar a distinguir y sobre los que priorizar una alternativa a otra. La ciencia es la fuente de conocimiento más sólida y revolucionaria de que disponemos.

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Los insultos en segunda lengua ofenden menos

Por: | 07 de agosto de 2013


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Albert Costa & son
Universitat Pompeu Fabra (julio 2013)
Si tu lengua materna es el español y alguien te grita “you’re an asshole!” te ofenderá menos que si la misma persona te insulta diciendo “eres un capullo!”. 

Y no porque que tardes un poco más a procesar la información en inglés. Aún entendiendo perfectamente y a la primera lo que te están diciendo, nuestra carga emocional asociada a una segunda lengua es mucho menor que a la nativa.

Las variadas implicaciones de esto tan interesantísimo es lo que estudia Albert Costa, director del grupo de Producción del Habla y Bilingüismo de la Universidad Pompeu Fabra en Barcelona.

Por ejemplo Albert sospecha que si te pillan tras una fechoría y decides inventarte una excusa, aunque domines más el español quizás te será más fácil mentir en inglés. O mejor dicho, emocionalmente te importará menos hacerlo.


Ésta es justo la hipótesis que está investigando con Jon Andoni Duñabeltia del Basque Center on Cognition, Brain and Language, realizando pupilometrías de voluntarios a quienes se les pide mentir en su primera lengua o en otra.

Pupilometria
Pupilometria para medir reacción emocional mientras se miente.
 (Imagen cedida por Jon A. Duñabeltia, BCBL)
El estudio todavía está en marcha y comprobará si las pupilas se dilatan un poquito más (muestra de mayor impacto emocional) cuando mientes en tu lengua materna que en otra. Novios y novias en relaciones bilingües, tomad nota. Vendedores y compradores, también.

 

Efectos cognitivos del bilingüismo

Hablando con Albert deduzco que las ventajas o desventajas cognitivas del bilingüismo –que también estudia- le interesan menos y anda un poco harto de que en ciertas regiones sólo le pregunten por ventajas y en otras por desventajas.

Va bastante al grano y concluye que “el hecho de intercalar dos idiomas a diario sí parece fortalecer la capacidad atencional de manera genérica, y hemos visto tanto que contribuye un poco al multitasking como que hay ligeramente más neuronas y conexiones en el cortex cingulado anterior de los bilingües (área del cerebro involucrada en muchas funciones de control de tareas cerebrales, no sólo lenguaje). Pero también hemos visto que los bilingües suelen cometer más pequeños errores de dicción, tienen de media un vocabulario más pobre en cada lengua (en global mucho mayor, desde luego) y la rapidez y domino final es ligeramente menor. Pero son efectos muy pequeños y sujetos a gran diversidad individual”.

Preguntado por si el efecto es el mismo siendo bilingüe catalán-castellano que castellano-inglés, explica que las mejoras en capacidad atencional no dependen tanto de lo cercanas que sean dos lenguas. De hecho catalán y castellano son muy parecidas, lo cual las hace más fáciles de aprender, sin embargo el esfuerzo por discernirlas puede ser mayor que entre alemán y chino. En lenguas similares es más fácil mezclar palabras, y el esfuerzo en no hacerlo puede contribuir más al supuesto fortalecimiento neuronal del control de tareas.

Más interesante todavía es el efecto protector que el bilingüismo puede tener contra la demencia o el Alzheimer. El mensaje es claro: ni aprender varias lenguas ni ejercitar mucho el cerebro previenen la enfermedad. Pero sí se ha observado que a igualdad de daño cerebral, los síntomas son menores en quienes han ejercitado mucho su cerebro. Y estudiar/practicar otra lengua es un ejercicio importante.


Decisiones más lógicas y utilitarias en tu segunda lengua

Pero volvamos a la diferente carga emocional entre las lenguas nativas y las aprendidas de adultos, porque es realmente lo más novedoso científicamente. De hecho Albert Costa tiene unos resultados espectaculares no publicados todavía, que cuando lo haga serán noticia en medios de todo el mundo.

Trolley+problem1Quizás ya conozcáis el siguiente dilema moral, utilizado en muchos experimentos de psicología: Ves un tren sin frenos que se dirige a atropellar a 5 personas dormidas en la vía. Está frente a una palanca que te permite redirigir el tren hacia una nueva vía donde “sólo” hay una persona dormida. ¿accionas la palanca o no? Más del 90% de vosotros decide cambiar para atropellar una persona en lugar de 5.

Trolley-Problem-BAhora estás sobre un puente y ves el mismo tren sin frenos camino a atropellar a 5 personas dormidas. Tienes frente a ti un hombre obeso que empujado a la vía morirá pero su cuerpo frenará el tren. ¿Lo empujas o no? Aunque el desenlace numérico es exactamente el mismo, el 80% de personas deciden no empujar a nadie a las vías. Emocional y moralmente no es el mismo juicio.

Interesantísimo: Albert ha realizado este dilema moral con más de 700 personas en su lengua materna o en su segunda lengua (tanto españoles que saben inglés como ingleses viviendo en Andalucía), y ha observado que un porcentaje mucho mayor de personas decide empujar al hombre obeso cuando la situación se les plantea en su segunda lengua. Los porcentajes exactos y detalles del estudio aún no se pueden explicar (el artículo científico está enviado pero no publicado todavía), pero es un resultado muy significativo e impactante. Somos más utilitarios con nuestra segunda lengua.

Y por extraño que parezca, también más difíciles de ser engañados por trampas de la intuición. Albert está también utilizando trucos clásicos de behavioral economics en dos lenguas diferentes, para ver si somos más racionales o intuitivos en una lengua u otra.

Te plantean por ejemplo estas dos situaciones: a) Vas a una tienda a comprar una chaqueta que cuesta $125 y una calculadora que cuesta $15 y un cliente te dice “oye, que hay una tienda a 20 minutos caminando donde la misma calculadora cuesta $10 menos”. ¿Irías a comprarla en la otra tienda o no?. b) Vas a una tienda a comprar una chaqueta que cuesta $125 y una calculadora que cuesta $15 y un cliente te dice “oye, que hay una tienda a 20 minutos caminando donde la misma chaqueta cuesta $10 menos”. ¿Irías a comprarla en la otra tienda o no?

En ambas situaciones ahorras lo mismo, pero de media muchas más personas van a la segunda tienda para comprar una calculadora por $5 en lugar de $15, que una chaqueta por $115 en lugar de $125. El pensamiento intuitivo nos hace creer que el ahorro es mayor en el primer caso que el segundo.

Pues bien; Albert explica que este test se ha realizado a personas en diferentes lenguas, y comprobado que el engaño intuitivo es menor en la segunda lengua. 

De hecho el efecto desaparece cuando es un cálculo exclusivamente matemático. Ejemplo típico: Si una bola y un bate de beisbol cuestan juntos 1.10 dólares, y el bate de beisbol vale un dólar más que la pelota… ¿Cuánto cuesta la pelota? Va, piénsalo rápido antes de mirar a la siguiente línea…. ¿lo tienes?

La mayoría de personas responden que la pelota cuesta 10 céntimos. Pero no, la pelota vale 5 céntimos: $0.05 (pelota)+ $1.05 (bate)= $1.10. No es una decisión emocional sino un caso clásico de trampa exclusivamente matemática, y cuando lo realizan en lenguas materna o aprendida, los resultados de quienes aciertan o no son idénticos.

Un último ejemplo relacionado con la “aversión a las pérdidas” (loss aversion): Si a varios voluntarios en un estudio les ofrecen apostar 50 euros a doble o nada con una posibilidad del 60% de ganar, más personas apostarán que si ofreces lo mismo a una posibilidad del 40% de perder.

Las palabras “ganar” y “perder” contienen carga emocional y condicionan tu respuesta. En experimentos de “aversión a las pérdidas” más elaborados en los que numéricamente el resultado final siempre es el mismo, se observa claramente que el miedo a perder paraliza más que la opción de ganar. Pero si el experimento se realiza en una segunda lengua, el efecto se reduce y se responde de manera más lógica. Y esto ya ha sido publicado por Keysar et al. “The Foreign Language Effect: thinking in foreign tongue reduces decision biases”. Psychol Sciences, 2012

Ya sabes, pensar en una segunda lengua tiene menos carga emocional que en tu nativa, te hace más utilitarista, y menos proclive a engaños de la intuición. En algunas circunstancias y profesiones puede ser una ventaja, en otras un inconveniente. 

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¿Por qué las aves no tienen pene?

Por: | 01 de agosto de 2013

 

Pene patos2
(votación del concurso cientificosexual de libros y camisetas de S=EX2)

Si en el post anterior hablábamos el enigma evolutivo de la monogamia, existe otro todavía más intrigante: ¿Por qué en la mayoría de las aves (el 97% de especies) los machos no tienen pene?

Screen Shot 2013-08-01 at 9.56.53 AMLos gallos por ejemplo no tienen ningún apéndice que introduzcan en el aparato reproductor de la gallina. Machos y hembras tienen un conducto llamado cloaca que sirve tanto como aparato reproductor y excretor (de hecho los embriones humanos durante las primeras semanas también tienen cloaca hasta que ano, uretra y conductos genitales se separan -figura lateral-).

Screen Shot 2013-08-01 at 11.06.42 AMCuando el gallo quiere fertilizar a la hembra se sitúa encima de ella, espera a que la hembra levante y abra su cloaca (pista importante para acorralar el enigma de la desaparición del pene), y deja caer unas gotitas de semen almacenado en unas glándulas de su propia cloaca. Es lo que se llama el cloacal kiss. La hembra cerrará la cloaca, guardará el semen en sus oviductos, e irá fertilizando huevos durante varios días.

Pero esto no parece muy práctico. De hecho la selección natural creó los penes para facilitar la fecundación interna (en tierra firme más eficiente que la externa de los peces que lo esparcen todo por ahí), y todos los antepasados reptiles de las aves sí tenían. Así que si en algún momento del proceso evolutivo los penes desaparecieron de la mayoría de las aves (no en todas, los patos sí tienen) algún motivo importante debió haber.

Precisamente el pene de los patos y su extraña forma de tirabuzón es lo que investiga la bióloga de origen colombiano Patricia Brennan en la University of Massachusetts. Entrevisté a Patricia durante la escritura de S=EX2 con una primera pregunta muy directa en mente: ¿Por qué el 97% de especies aves no tienen pene? Había buscado antes en internet y nada.

Patricia me dijo que “hay 4 hipótesis”, las cuales corresponden a las opciones a) b) c) y d) de la imagen inicial de este post, extraída de un concurso cientificosexual al cual os invito a participar. Estas son las posibilidades:


A) Reducir peso a la hora de volar. La más votada de momento en el concurso. Tiene sentido porque les haría más ligeros, pero Patricia la rechaza porque justo los patos son aves migratorias que vuelan larguísimas distancias y tienen largos, curvados y pesados penes.

B) Lo perdieron por casualidad durante el proceso evolutivo. Esto ocurre a menudo. Puede ser que por un accidente evolutivo el pene desapareciera de un antepasado común y así se quedara, manteniéndose en especies acuáticas como los patos en quienes sería útil para no esparcir el semen. Patricia observa que el avestruz es terrestre y también tiene pene, y que la desaparición de penes ha sucedido varias veces durante la evolución de las aves y en varios linajes diferentes. Así que debía haber un motivo sólido por el que es realmente mejor no tener pene.

C) Evitar infecciones. Esta opción tiene una lógica muy fuerte. Si la cloaca es aparato reproductor y ano a la vez , quizás la fertilización “a distancia” es más conveniente pues minimizaría el riesgo de infecciones. Patricia dice que “podría ser cierta”, pero le escama que justo los patos en ambientes húmedos tengan penes (de hecho está investigando si la longitud del pene de los patos está correlacionada con el número de infecciones). Ella prefiere apostar por la 4ª opción:

Duck penis
Pene de pato
D) Para las hembras poder evitar ser forzadas y tener pleno control sobre con quien reproducirse. En el reino de las aves las hembras invierten muchos recursos en cuidar huevos y polluelos, y quieren seleccionar muy bien con qué macho aparearse. Sin pene ningún pajarraco puede fertilizarlas sin su permiso, y esta característica termina representando una ventaja evolutiva. De hecho se sabe que el pene desapareció de manera independiente en diferentes grupos de aves, y Patricia explica que la forma en sacacorchos del pene y la cloaca de los patos macho y hembra responde a una coevolución en el que las hembras dificultaban la entrada “vaginal” y los machos desarrollaban penes que una vez dentro introducidos fueran más difíciles de escapar. Guerra de sexos, vaya.  

 

En resumen, la hipótesis más aceptada en la actualidad para explicar por qué las aves no tienen pene es la d) “Para que las hembras puedan evitar ser forzadas”, que sólo ha “acertado” un 17% de participantes del concurso cientificosexual.

Screen Shot 2013-08-01 at 11.26.38 AMQuizás no debería haberos dado la respuesta para mantener intacto el estímulo de participar (además del sorteo de 10 camisetas y 10 libros de S=EX2).

Pero por si os pica la curiosidad os dejo con los resultados temporales de las 4 otras preguntas, avisando que hay dos que van muuuuy mal encaminadas. Ánimo! ;) 

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Sobre el autor

Pere Estupinya

. Soy químico, bioquímico, y un omnívoro de la ciencia, que ya lleva cierto tiempo contándola como excusa para poder aprenderla.
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