Miguel Mora

Amargo retrato francés de la monarquía española

Por: | 20 de noviembre de 2013

El programa El crepúsculo de un rey, que se emitió el día 18 dentro de la serie Investigación Especial de Canal + Francia, ha ofrecido a los franceses una imagen cruda y decadente de la monarquía española. El reportaje, de 44 minutos, obra de la reportera Caroline du Saint y de Ibar Abai, arranca en el palacio de Marivent, en el verano de 2007, con la tradicional foto de familia. “Una familia ideal, tres generaciones en torno al Rey, el símbolo de la democracia española”, afirma la voz en off. “Es la última foto que se harán juntos. En ese momento, la familia estalla, y la monarquía se verá golpeada por una serie de escándalos. Un rey que mata elefantes en safaris carísimos. Una reina humillada por las supuestas infidelidades de su marido. Y un yerno que arriesga 10 años de cárcel por desviar millones de fondos públicos”.

Famille

El reportaje afirma que España está asistiendo a “la caída de una familia que se creía invulnerable”, y subraya los problemas físicos de Juan Carlos I: “Con sus muletas, el Rey ya no es la sombra de lo que fue. El jefe de los Ejércitos desde hace 30 años empieza a vacilar. A menudo hospitalizado, sus apariciones ya solo atraen a un puñado de periodistas y de irreductibles, y no duran nunca más de diez minutos”.

Sobre la reina Sofía, se dice que “es una aristócrata profesional, nacida para el oficio”. Y sobre los príncipes de Asturias, Felipe y Letizia, “jóvenes y guapos”, que “son los maniquíes reales, el escaparate de la monarquía”, y que la princesa es “una exestrella de la televisión convertida en icono de la moda”.

Roberto Smith, un fotógrafo de agencia que cubre la Casa Real, explica que la familia está obsesionada con la imagen: “Si no cumples las normas, te echan. Controlan tu aspecto y también tu comportamiento. No te puedes dirigir a ellos y menos preguntarles nada”.

El reportaje asegura que la prensa española solo publica fotos favorables a la familia real. Y lo ilustra con un ejemplo: Smith tomó hace un par de años tres imágenes del brazo delgadísimo de la princesa. “Las fotos mostraban que, más que flaca, Letizia tiene un problema con la alimentación, y está claramente obsesionada por el gimnasio", dice el fotógrafo. "Las imágenes no se publicaron en España, sino en Alemania. Eso indica lo que se puede contar y lo que no. No se puede hablar de la anorexia de la princesa”.

Sin embargo, la foto ante un elefante muerto del rey Juan Carlos, “en un safari cinco estrellas, de 45.000 euros por semana, fue portada de todos los periódicos”, continúa Caroline du Saint, que apostilla: “Un hobby raro para el rey de un país en bancarrota”.

SI05-300x168La periodista entrevista luego a un parado, y recuerda que España roza el 27% de desempleo y que muchos desempleados viven sin ayuda del Estado y dependen de sus padres o abuelos, o de los supermercados que regalan los alimentos que no venden.

Sobre la Historia, el programa recurre al trazo grueso y rápido, y recuerda que la llegada al trono del actual rey fue decidida por Francisco Franco. El hispanista Paul Preston cuenta desde Londres que, “siendo un niño, el rey fue secuestrado por Franco, fue como si sus padres lo hubieran vendido. Franco dijo: ‘O me lo envían para que le eduquemos, o nunca será Rey”.

El relato se detiene el 4 abril de 1956, el día del “accidente” en la casa familiar de Estoril, cuando Juan Carlos de Borbón disparó en la cabeza a su hermano Alfonso, que murió en el acto. Según Preston, “no está claro si el tiro fue desviado por una puerta que se abrió. Una vez le pregunté al Rey si ocurrió así, y él me dijo que sí”.

La emisión explica que don Juan Carlos siempre mantuvo una relación de subordinación con Franco; en una entrevista televisiva de 1970, se ve al futuro monarca declarar “su admiración y afecto” por el dictador. “Será su sucesor”, afirma el reportaje. “En 1976, la monarquía regresa a España, y el Rey jura fidelidad al Movimiento Nacional. La Constitución le convertiría en un jefe del Estado, inviolable e irresponsable (ante la ley)”.

El golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 es glosado a través del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, que tenía entonces 18 años: “Estudiaba derecho, y al día siguiente tenía examen de Finanza Pública. Pasamos mucho miedo hasta que vimos al Rey en televisión. Jugó un papel fundamental”.

Gilles Tremet, veterano corresponsal de The Guardian en Madrid, afirma a continuación que hubo un “pacto entre la prensa, la política y la Corona para construir la imagen del Rey como el salvador de la patria y un hombre casi perfecto”.

La periodista visita una escuela de Valladolid para contar cómo son los concursos nacionales de los colegios públicos sobre el tema ‘Qué es un rey para ti’, apadrinados desde hace 30 años por el Ministerio de Cultura. Y da algunos ejemplos: un alumno dibuja a un superhéroe que termina con el paro y la crisis, y otro cuenta que los profesores cultivan el culto a la personalidad real: “Los profesores nos dicen que es campechano, modesto y que está disponible para ayudar a la gente”.

“Y de repente, Corinna”. Este titular de una revista sirve a Caroline du Saint para hablar de “una de las amantes” del Rey. Cuenta que vive a pocos kilómetros de la Zarzuela, en el Monte del Pardo, en una propiedad real “gestionada en secreto por Patrimonio Nacional”. La reportera intenta visitar la casa, pero un guardián le dice que Corinna no vive ahí, que la finca es “una zona reservada para animales”.

La periodista añade que “los reyes llevan separados varios años”, y da pábulo a las sospechas de que el Rey tiene hijos ilegítimos. Alberto Solá, un hombre de La Bisbal, explica a la cámara cómo su petición de someter al Rey a una prueba de paternidad fue rechazada por la jueza invocando “la inviolabilidad de la persona real”.

Otro asunto polémico es el dinero de la Casa Real, cuánto cuesta exactamente al erario público la institución, aparte de las asignaciones y los cinco palacios que el Estado pone a  disposición de la familia. El reportaje informa de que Marivent cuesta dos millones anuales, con 23 personas empleadas fijas. Y que el yate Fortuna, valorado en 21 millones, está guardado en un garaje desde hace dos años. También que el presupuesto dejó de ser secreto en 2012, tras el safari del Rey en Botswana, y que se eleva a ocho millones de euros, frente a los 39 millones que cuesta la casa real británica.

Luego, la reportera da la versión de Joan Tardà, un diputado de ERC que asegura que el presupuesto real es “diez veces mayor de lo publicado porque no se han sumado las partidas de Patrimonio Nacional, Seguridad, Defensa, Interior, transportes y logística”.

El reportaje dedica amplio espacio a los trasiegos dinerarios de Iñaki Urangarín, Duque de Palma, “el yerno ideal”. Cuenta la historia del Instituto Nóos, y su estructura de sociedades pantalla, encabezada por Aizoon, “propiedad de la infanta Cristina”. Tras visitar el palacete de Pedralbes, la abogada de la asociación ultraderechista Manos Limpias, Virginia López, asegura que “la Infanta lo sabía todo” sobre los negocios de su marido. Y el juez José Castro, cazado en un aparcamiento, declara que “no es fácil” investigar a la Infanta, aunque desmiente haber recibido presiones.

Una de las escenas más impactantes sucede cuando la reportera francesa intenta hacer dos preguntas al Príncipe Felipe durante un acto público: “¿Qué sabía de los negocios de su cuñado? ¿Por qué no se expresa nunca sobre el caso?”. En ese instante, el Príncipe es apartado del lugar por su escolta, mientras los periodistas son desalojados. Uno de los escoltas recrimina a Du Saint su actitud, y le dice que “la Constitución prohíbe a los periodistas preguntar a la familia real y que estos hagan declaraciones”.

La conclusión del amargo reportaje es que “España ha redescubierto las banderas republicanas”, y que, “para muchos españoles, Juan Carlos ya no es el padre de la nación, sino el padrino de una monarquía mafiosa”. Según Du Saint, “más de la mitad de los españoles reclama una nueva Constitución, sin Rey”.

Pero la clase política sigue defendiendo que el monarca es una referencia indispensable, añade. Zapatero afirma: “Con el Rey ahí no corremos riesgos. La democracia española se identifica con la monarquía, más allá de los vaivenes que sufre la institución, que espero podremos superar pronto”.

La abdicación, sin embargo, no parece cercana. “¿Salvará el príncipe, seductor y moderno, a la monarquía?", se pregunta la periodista. “No es seguro”, se contesta. Las últimas imágenes recogen la pitada de la “buena sociedad” catalana a los príncipes en el Liceu. Y las miradas perplejas del heredero y su esposa.

 

Hay 77 Comentarios

Pues yo prefiero monarquías europeas como la sueca, la noruega, la holandesa o la belga, con todos sus problemas, que repúblicas como la cubana, la coreana o tantas otras. Saludos.

No puedo entender que los países de Europa "modernos del siglo XXI" continuen una tradición obsoleta, cara y vergonzosa como es la monarquía. La clase política española de hoy está en un punto aún más bajo que la clase política latinoamericana.

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Sobre el autor

es corresponsal en París, antes en Roma y Lisboa, fue redactor en la sección de Cultura y la Edición Internacional. Trabaja en EL PAÍS desde 1992, y es autor del libro ‘La voz de los flamencos’ (Siruela, 2008).

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