Joaquin Roy

Vigencia del modelo de la Unión Europea

Por: | 08 de marzo de 2014

En la búsqueda de explicaciones de la crisis de Ucrania y el reparto de acusaciones, se han destacado varios aspectos. En primer lugar, se ha enfatizado en la estrategia de Rusia, liderada por Vladimir Putin, al no permitir que su proyecto de una Unión Euroasiática, señalada por muchos como una resurrección de una “nueva Unión Soviética”, fuera amenazada. También se ha aludido a la distracción de Estados Unidos, con Obama más preocupado en otros escenarios (Siria, Irán), insistiendo en no liderar en otros teatros y esperar influirlos “desde atrás”. Putin

             Paradójicamente (o significativamente, según se mire), la crisis de Ucrania revela que la explicación puede centrarse en la culpabilidad de un protagonista que apenas es mencionado de forma frontal en los análisis: la Unión Europea. Resultaría curioso comprobar que en el desarrollo de la búsqueda de una solución, el papel de la propia UE resulte evidente. Una revisión rigurosa de la historia descubre simultáneamente la doble dimensión de la UE, como modelo activo de integración, por activa y por pasiva, y al mismo tiempo como débil protagonista de iniciativa en política internacional. Desde la fundación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero en 1951, como resultado de la llamada de la Declaración Schuman de mayo de 1950, la motivación de la integración ha sido la seguridad, propulsada por mecanismos económicos.

            El origen de la presente crisis se debe, fundamentalmente, a la atracción de la UE como zona de paz, estabilidad, progreso, protección de derechos básicos y prospectos de futuro.         Sin embargo, en el desarrollo de la búsqueda de una solución se ha mostrado, colectivamente, una vez más carente de iniciativa y mecanismos convincentes de liderazgo. Frente a la contundencia de las acciones rusas, al otro lado del drama ha sido Estados Unidos el protagonista que ha enderezado la situación, acompañado con cierta prudencia de algunos estados miembros de la UE, como el caso obvio de Alemania. Eu leaders

            No se olvide que las motivaciones iniciales de Ucrania, entonces todavía liderada por el gobierno (corrupto y autoritario) que luego sería destituido, estuvieron basadas en las expectativas de lograr un acuerdo sólido de asociación con la UE. En los planes de Kiev, alentados desde Bruselas, destacaba un triunfo espectacular de lo que se ha llamado el tradicional “poder de reclutamiento” de la UE. El modelo de integración funcionó a cabalidad. Este primer paso le hubiera dado el estatus prioritario para conseguir los beneficios reforzados de la “política de vecindad” de la UE, extendida a otros estados limítrofes. Para algunos de ellos, como es el caso claro de Ucrania, le concedería una ventaja considerable para optar, algún día (aunque fuera lejano) a la condición de candidato para una completa membresía.

            Esta expectativa siempre ha estado detrás de las motivaciones y estrategia de numerosos países que, en diferentes épocas, han tenido en el centro de su agenda el formar parte de la UE. España y Portugal, por ejemplo, procedieron a un estricto ejercicio de transformación y actualización de sus estructuras económicas, con grandes sacrificios, para insertarse en la entonces todavía llamada Comunidad Europea de mitad de la década de los ’80. Al final de la Guerra Fría tuvo lugar una carrera frenética para la incorporación de los países del este, anteriormente, bajo la órbita soviética. El núcleo duro de la UE consideró desde la caída del Muro de Berlín que la división artificial de Europa durante cuatro ha sido injusta y debía aplicarse una corrección. Los anteriormente presos en la órbita soviética procedieron a una transformación drástica para hacerse merecedores del ingreso en la EU.

Igual puede decirse de los antiguos miembros de Yugoslavia. Uno a uno, todos se han esmerado en conseguir unas credenciales mínimas para imitar el éxito inicial de Eslovenia. Lo mismo puede aludirse sobre el todavía frustrado camino de Turquía hacia la UE, proyecto que ha estado obstaculizado por carencias internas y oposición externa (sobre todo en la propia Europa), pero en nada ha afectado al poder de atracción de la UE. Incluso en la eventualidad de que el ingreso turco en la UE no se cumpla, las mínimas reformas que el sistema político y económico han sufrido se deberán a la presión de las condiciones de ingreso impuestas por Bruselas.

En suma, a pesar de todas las dificultades y la carencia de operaciones de gran impacto mediático, lo cierto es que el poder de atracción de la UE no cesa. Baste el caso del sistemático intento de inmigrantes de llegar al territorio comunitario. Los imparables repetitivos incidentes en Lampedusa lo demuestran. Las tensiones en la frontera de las ciudades españolas en el Norte de Africa revelan la misma presión.

En conclusión, para bien y para mal, la sola existencia de la UE seguirá ejerciendo protagonismo, más allá de la resolución del problema de Ucrania. Por mucha que sea la agresiva política de Rusia,  Moscu la presencia de una alternativa de estabilidad justamente al otro lado de la frontera seguirá pesando con fuerza. Este hecho debiera seguir instalado en los análisis que se hagan desde Washington, al menos al tener en cuenta que la ayuda económica de Europa a Ucrania puede ser diez veces superior a la norteamericana.

Hay 4 Comentarios

a bajo el kzar Putin

La Unión Planetaria sería lo ideal. Ningún lugar es mejor ni peor que el otro, todos tienen su pro (la solidaridad) y también su contra (la avaricia de mas riqueza y mas poder). La Unión Europea está anclada en el bla bla y en un burocratismo que le ha hecho perder el rumbo social. ¿Por qué no establece las reglas que impidan funcionar a corruptos y corruptores? y por qué no impide la existencia de los paraísos fiscales que sirven de tapadera a la corrupción? La respuesta es clara, a nadie engañan con su hipocresía.

Fui fui

Que pena que para paises como Bulgaria y Rumania, por no mencionar Grecia, Italia o España, el atractivo de la Union Europea se queda en eso, atractivo y poco mas en estos paises, dadas las situaciones de corrupcion generalizada que por poco se lleva el euro por delante. Algo falla. Y no es ni Bankia ni Barcenas.

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Sobre el autor

Joaquín Roy es Catedrático Jean Monnet “ad personam” de Integración Europea y Director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami. Es Licenciado en Derecho (Universidad de Barcelona) y Doctor por la Georgetown University (Washington DC). Nacido en Barcelona, reside en Estados Unidos desde la administración Johnson.

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