Autopsia

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El blog “Autopsia” es una mirada. Sólo una mirada y las palabras que deja como rastro para volver.
No creo en la inocencia de la casualidad. Hoy es más fácil crear una nueva realidad a la que mirar que enfrentarse a la existente, por eso tenemos que “ver por los propios ojos”, aportar nuestra mirada y compartirla.

La violencia no tiene género. El género sí tiene violencia

Por: | 12 de enero de 2014

GENERO - VIOLENCIAQuien no quiere cambiar una realidad ventajosa utiliza una doble estrategia de efecto exponencial, por una parte la niega y por otra la difumina... y entre lo que borra y lo que emborrona permite que la vida continúe en la zona gris y sombría del desconocimiento, para así mantener sus privilegios.

Es la forma de no posicionarse frente a una realidad concreta con la apariencia de que se está en contra de ella… Imaginen las siguientes respuestas ante las preguntas que se hacen: ¿Qué le parece la guerra de Siria?... Todas las guerras son malas. ¿Qué le parece el problema del SIDA?... Todas las enfermedades son terribles. ¿Qué le parecen las muertes por accidente de tráfico?. Todas las muertes accidentales son tristes… Sería absurdo intentar ocultar una realidad concreta, con sus causas y sus características específicas, en una generalidad con la que comparte el resultado y el marco conceptual, pero que es completamente diferente en sus circunstancias, pues aparte de esconderla no se resolvería jamás…

Pues bien, ante la situación de la violencia de género, con más de 700 mujeres asesinadas por los hombres con quienes compartían su relación en los últimos diez años, y con 600.000 casos de maltrato al año, el posmachismo responde que “todas las violencias son malas”.  Algo obvio, y lo hacen porque lo que busca es que no se haga nada contra la violencia que sufren las mujeres, y no al contrario. Pretender presentar sus ataques a las medidas dirigidas a erradicar la violencia de género como una reivindicación para que se adopten medidas contra todas las demás violencias, al tiempo de insinuar que no las hay, es una falacia. Y lo es, primero, porque para hacer algo contra otras violencias no exige dejar de hacer contra la violencia que sufren las mujeres, y segundo, porque no proponen nada, sólo que se acabe con la Ley Integral.

Ahora bien, no todo puede beneficiarse de esta estrategia del “borrar y emborronar”. Está claro que si alguien intentara negar hoy, por ejemplo, los accidentes de tráfico, los problemas de la situación económica, el envejecimiento de la población… no lo iba a tener fácil, aunque lo intentara. La “estrategia de la negación y confusión” funciona con situaciones estructurales que han formado parte de la “normalidad” histórica de la sociedad, de aquello que se entendía propio de determinadas circunstancias habituales y promovidas desde la misma organización social, y además, funciona cuando a través de esa estrategia se defienden y reivindican determinados valores, no cuando se busca reordenar u organizar de otra manera determinadas cuestiones formales.

Por eso desde las posiciones clásicas de una sociedad desigual estructurada sobre las referencias masculinas, y asignando a los hombres esa capacidad de interpretar y dar significado a la realidad, y de manera muy especial a la posición, comportamiento, conductas y actitudes de las mujeres, o lo que es lo mismo, desde la desigualdad y el machismo, cuando se habla de violencia de género lo que se pretende es buscar esa confusión esencial para que no haya reacción social ni respuesta institucional ante ella, y así permanecer en esa desigualdad que tanto bien les ha hecho a algunos hombres y tantos privilegios les ha dado a todos.

“La violencia no tiene género” dicen, y es cierto, lo hemos comentado, repetido y escrito multitud de veces (http://blogs.elpais.com/autopsia/2013/04/mujeres-asesinas.html), aunque el posmachismo no le interesa mostrar cómo desde la igualdad se rechaza y condena todo tipo de violencias. Algo muy diferente y, precisamente, lo que quieren borrar y emborronar es que “el género sí tiene violencia”. 

La construcción cultural de lo que significa ser hombre y mujer en cada contexto social, es decir, lo que se espera de cada hombre en cada lugar a través de su comportamiento y actitud, y de cada mujer en esos mismos términos, aquello por lo que los hombres son reconocidos o cuestionados como hombres y las mujeres como mujeres, que es lo que conforma el “género”, es lo que ha atribuido una serie de funciones a los hombres que llevan a decidir qué es lo correcto dentro de sus relaciones de pareja y familia, y a corregirlo cuando se desvía o no se cumple, recurriendo incluso a la violencia, es decir, a la violencia de género. Esta construcción cultural aplicada a la sociedad es la que permite decir a las mujeres que sufren la violencia aquello de “mi marido me pega lo normal”, a un arzobispo lo de “cásate y se sumisa”, al Tribunal Supremo sentenciar que “si una violación es habitual, no es violación” (http://blogs.elpais.com/etiqueta-roja/2013/05/violacion.htmlo a un grupo musical hacer una canción y un video banalizando el femicidio (http://blogs.elpais.com/autopsia/2014/01/los-tres-errores-a-propósito-de-hey-hey-hey-del-grupo-chileno-los-tres.html).

Y todo ello, en lugar de dar lugar a una revolución y a la insumisión ciudadana, lo que hace es reforzar esa normalidad construida sobre las referencias de lo que significa ser hombre y ser mujer. Es decir, la construcción de los géneros desde la visión androcéntrica de una cultura desigual basada en la imagen de los hombres.

Estas circunstancias y características son las que dan lugar la violencia que sufren las mujeres a manos de los hombres en la sociedad y dentro de las relaciones de pareja o familia, o sea, la violencia de género. No a otras violencias, y mucho menos la violencia que sufren los hombres a manos de las mujeres, ni las que padecen los niños y niñas o los ancianos a manos de hombres y  mujeres. Nadie dice “mi mujer me pega lo normal”, ni se escriben libros dirigidos a los hombres titulados “cásate y sé sumiso”. 

Al posmachismo no le interesa nada de esto, como no lo ha interesado nunca al machismo las violencias que sufrían menores, ancianos y hombres, puesto que respondían a un criterio de “ordeno y mando” impuesto desde su modelo basado en una estructura jerarquizada sobre el poder.

Nunca han propuesto nada para acabar con las otras violencias, y tampoco con la violencia que sufren los hombres,  que  es producida mayoritariamente por otros hombres, no por las mujeres. Lo único que plantean es acabar con los instrumentos e iniciativas que la sociedad española se ha dado para acabar con la violencia que sufren las mujeres, especialmente con la llamada Ley Integral contra la Violencia de Género, que recordemos fue aprobada por unanimidad en el Parlamento, lugar donde reside la soberanía popular.

A ellos les da igual, dicen que es inconstitucional, aunque el Tribunal Constitucional ha dicho que es constitucional, dicen que produce el 90% de denuncias falsas, cuando la Fiscalía General del Estado establece que representan el 0’01%, dicen que detienen a los hombres injustamente, cuando en ninguno de sus artículos habla de detenciones tras las denuncia… Y callan que el 80% de las mujeres que sufren violencia por sus parejas no denuncia, y que el 80% de las mujeres asesinadas tampoco había denunciado a pesar de que la violencia era tan grave que terminó en el homicidio de la mujer, y que el 20% de las mujeres asesinadas, a pesar de denunciar (algunas hasta 11 veces) no obtuvo una protección suficiente y también fue asesinada.

¿Ustedes creen que todo eso va contra los hombres en general, o lo hace contra los hombres violentos? ¿Ustedes creen que callar ante esta violencia, mirar para otro lado o mezclar todas las violencias para que no ser resuelva ninguna es querer a los hombres? ¿Ustedes creen que establecer medidas para que los hombres violentos no puedan someter, maltratar y poder llegar a matar a las mujeres con las que conviven, y en ocasiones a sus hijos e hijas, es odiar a los hombres?... 

Yo sinceramente creo que no. Creo que acabar con la violencia de género y con las circunstancias que llevan a los hombres a entender que su uso está justificado  es querer a los hombres y querer una sociedad donde la convivencia se base en la paz y en el respeto, o lo que es lo mismo, en la Igualdad.

Y todo ello es compatible con el resto de medidas dirigidas a cada violencia, como lo es realizar campañas contra el cáncer de pulmón y otras contra el infarto de miocardio, sin que nadie se sienta discriminado; o como lo es realizar campañas contra los accidentes de tráfico y otras contra la siniestralidad laboral….

Nadie se queja de esas iniciativas, el posmachismo, es decir, la visión camuflada del machismo, sólo se queja cuando las medidas se dirigen a las mujeres, aunque el problema les afecte a ellas. Su visión de la posición que ocupan las mujeres no sólo refleja que no les importan mucho como personas, sino que no las ven como parte de la sociedad, puesto que si se resuelve un problema grave que afecta al 50% de la sociedad, es la propia sociedad la que mejora y gana. 

Pero ellos como siempre a lo suyo, es decir, sólo a lo suyo…

Hay 34 Comentarios

juntos podemos prevenir todo tipo de violencia

si un hombre roba un banco o si una mujer lo hace la pena es la misma en ambos casos
¿porque en violencia domestica no es la ley igual? seguirian protegiendo a las mujeres (que supuestamente es lo que quieren) y tambien a los hombres ¿o es que no quereis proteger a la otra mitad de la poblacion?

¿Querrían darme la palabra para contar la historia de la incomunicación con mi hijo?

He recurrido hasta al Tribunal Europeo de Justicia. En los documentos adjuntos, se resume la historia...

Estoy exiliado forzosamente cinco años ya, a 14.000 Km de España, para no vivir permanentemente en la cárcel, por las falsas denuncias y el perjurio de mi ex-esposa, y la prevaricación de la justicia española, dictando sentencias injustas a sabiendas...

Decía, que estoy exiliado en la Argentina, habiendo sido tan duro mi exilio, que llegué inclusive, a ser mendigo... Pero aún así, no me rendí, y escribí tres libros contando la historia a mi hijo, que se pueden leer gratis online, para que aunque fuera póstumamente, supiera porqué se quedó sin un padre...

Francisco Antonio Cerón García
DNI 27.478.316-D
fcerong@gmail.com
Salta (Argentina)

Ladran, luego cabalgamos. Gracias por su paciencia y su infatigable labor docente señor Lorente. Algo irá calando... espero!

Y todo ello, como es patente, genera nueva violencia, la institucional hacía el varón, es incompatible con el principio de igualdad de trato, cuya ruptura es en sí misma violencia, y, en la práctica, eclipsa el resto de medidas dirigidas a todas las demás violencias, pues ningún presupuesto es ilimitado y, en buena medida, su gestión es suma 0. Algo así como que en una determinada área de salud gerencia decidiera reducir hasta la mínima expresión consultas de medicina del trabajo para dedicarlas al seguimiento puntero de los accidentes de tráfico, con la consiguiente pérdida del derecho a la accesibilidad al cuidado de la salud por los siniestrados laboralmente. De forma análoga, la implementación de la LIVG dificulta que los hombres puedan acceder a su derecho individual a la presunción de inocencia, a la custodia de sus hijos, a la igualdad de trato, a la libertad de tránsito y a la protección de su honor, entre otras cosas. Algo así como si cuando recabo el consentimiento informado para decidir el tratamiento en una fractura del tercio medio de la clavícula, no ofreciera el quirúrgico a los jóvenes de etnia gitana prejuzgando su intención de no dedicarse a la alta competición porque su ambiente cultural “anormaliza”, también hablando estadísticamente, ese planteamiento vital, soslayando el respeto debido a las posibilidades de su libertad individual. Claro que posteriormente me podría poner una reclamación. Algo así como si para la investigación en el tratamiento del cáncer de pulmón se dedicara una porción desproporcionada de la asignación presupuestaria, necesariamente limitada, para investigación biomédica, de acuerdo a su morbilidad y mortalidad relativa y a la eficiencia esperada. Los infartados de miocardio podrían sentirse, con razón, agraviados.
Como se quejan los enfermos dentales de tener que pagar abortos sin tener cobertura gratuita de su problema, como se quejan los enfermos de FM. Fibromialgia / SFC. Fatiga Crónica / SSQM. Síndrome Sensibilidad Química Múltiple, dolencias que afectan a muchísimos ciudadanos, de la aplicación discriminadora de la dependencia respecto a otros enfermos aquejados de distintas entidades patológicas, como se quejan los pacientes oncológicos de determinadas autonomías, y un largo etcétera. Crear agravios comparativos es lo que tiene.
Claro que hay quién se queja de algunas de esas iniciativas desequilibradas. El neohembrismo, es decir, la visión camuflada del hembrismo, siempre se queja excepto cuando las medidas se dirigen desequilibradamente a favor de las mujeres respecto a los hombres, a los que imputan una deuda histórica y un pecado original, aunque el problema les afecte a ambos. Su visión de la posición que ocupan los hombres no sólo refleja que no les importan mucho como personas, sino que no les ven como parte de pleno derecho de la sociedad, puesto que sus derechos y sus problemas pueden ser soslayados si con ello se resuelve un problema que afecta a un pequeño porcentaje de las mujeres. Son, en pequeña medida, éstas últimas, y en mayor medida las que se aprovechan de la ley para obtener prebendas, las que mejoran. Muchos hombres, y la propia sociedad en conjunto, empeoran, y se ésta se hace menos decente.
Pero ellas, como siempre, a lo suyo, es decir, sólo a lo suyo…

Yo, sinceramente, creo que no… Y que sí los dos últimos ítems. Creo que luchar contra la violencia que algunos hombres ejercen contra algunas mujeres, imbuida dentro de circunstancias diversas, no puede suponer supracriminalizar al varón con la presunción de que desea dominar y entiende justificado el uso de la violencia en todos y cada uno de los casos, haciendo saltar por los aires su derecho individual a la presunción de inocencia. Primero se inventan circunstancias singulares, luego se generalizan y, por último, se magnifican, dando como resultado la discriminación y la desprotección del varón por el hecho de serlo. Eso no es querer a los hombres, eso es querer que paguen viejas culpas heredadas sin haber firmado declaración de herederos alguna. Es querer una sociedad cuya convivencia se base en una pseudopaz injusta y en la falta de respeto a los hombres, como grupo y en su individualidad, o lo que es lo mismo, en la Igualdá.

¿Ustedes creen que todo eso va únicamente contra los hombres violentos, o lo hace contra los hombres en general?¿No son concernidos todos los hombres en general por el prejuicio según el cual si deciden amenazar o coaccionar a una mujer con la que compartan alguna relación sentimental será siempre por ánimo de dominio y merecerá un mayor reproche penal?, ¿no limita sus posibilidades en mayor medida que a sus análogas?¿Por qué no ofrecer a un colega varón el mismo castigo de reducir su salario básico al mínimo, como hizo Oppenheimer Europe con Sitz, fue considerado por el tribunal laboral discriminación sexual a secas y no sólo a las merecedoras de castigo?¿Por qué castigar el aborto va contra la mujer y no sólo contra las abortistas? ¿Ustedes creen que callar ante esta discriminación, violencia en definitiva, mirar para otro lado o simplificar el algoritmo de búsqueda etiológica para encuadrar todas las violencias posibles desde un hombre a una mujer con la que comparte o ha compartido una relación sentimental dentro de un taxón en el que ser incluida previamente se ha hecho reporte ventajas desmedidas a costa de los hombres, es querer a éstos últimos? ¿Ustedes creen que separar injustificadamente por razón de sexo para pedir mayor rancho aparte y tratar como ganga a los hombres es quererlos? ¿Ustedes creen que acaparar el presupuesto, destinándoles muchos menos recursos per cápita a pesar de sufrir globalmente muchas más muertes violentas, dificultando que pueda ser resuelta alguna de las violencias que sufren, es querer a los hombres?¿No levantar la voz cuando, desde el feminismo, se les acusa de maltratadores si pretenden reivindicar la custodia de sus hijos, es quererles?¿Que elogiar películas donde se banaliza los tortazos a los hombres tan impertinentes como para rehusar una oferta para follar, eso demuestra amar a los hombres?¿Que subvencionar miles de asociaciones dedicadas, básicamente, a echar basura sobre ellos en forma de comunicaciones, estudios, trípticos o jornadas, que eso es amar a los hombres? ¿Ustedes creen que establecer medidas con las que los hombres pacíficos puedan ser sometidos a un maltrato institucional no es odiar a los hombres? ¿Creen ustedes que enmudecer cuando se habla de mili refleja gran cariño por ellos? ¿Qué no proteger en igualdad a los hombres en los casos en los que una mujer le somete, maltrata y puede llegar a matarlo, y en ocasiones a sus hijos e hijas, no es odiar a los hombres?...Yo sinceramente creo que no.

La realidad se empeña en llevarle la contraria, Sr Lorente. Si hacen esto en público, qué no harán en sus hogares... http://www.abc.es/estilo/gente/20140114/abci-karmele-golpe-matamoros-201401140912.html
Espero su artículo condenatorio al respecto.

Callan que Doña Emilia Casas Bahamonde, ex presidenta del Tribunal Constitucional, pasó sin sanción alguna después de verse involucrada en la trama del asesinato de Salgado Pimentel, cuando en las escuchas realizadas por la Policía se demostró que aconsejó a la principal imputada por el asesinato, su ex mujer, orientándola hacia dos abogadas de la asociación de mujeres juristas Themis, una de las más influyentes organizaciones feministas de nuestro país, impulsora entre otras de la propia LIVG, y le ofreció que la llamase a ella en persona en caso de que llegase a apelar hasta el Tribunal Constitucional. Por estos hechos Mª Emilia Casas Bahamonde desobedeció el artículo 389 de la Ley Orgánica del Poder Judicial, que prohíbe expresamente el que un juez o magistrado dé cualquier tipo de asesoramiento jurídico, sea o no retribuido. En caso de que un juez así lo haga se considera como una falta muy grave, en base al artículo 417.6 de la Ley Orgánica del Poder Judicial. Pero aquí no pidieron ninguna dimisión y pasaron por alto el asunto, lo mismo que curiosamente hizo el propio Tribunal Constitucional que mantuvo a María Emilia Casas Bahamonde en su puesto de presidenta al archivar el procedimiento en el que se investigaban estos hechos bajo el pretexto de que no hubo asesoramiento.

A ellos les da igual, dicen que no se puede discrepar del Tribunal Constitucional, aunque ell@s lo hayan hecho muchas veces, dicen que la Fiscalía General del Estado establece que las denuncias falsas representan el 0’01%, aunque lo que realmente dice es que existe un 0,01% de denuncias demostradas falsas o en tramitación, y callan que denunciar por denuncia falsa no lleva aparejada ni la gratuidad ni los incentivos de hacerlo por VG. Callan que las, al menos, 14 denuncias falsas demostradas por la benemérita en el transcurso de la operación Pomelo no habían generado ni deducción de testimonio ni persecución fiscal de oficio, echan balones fuera cuando se les interpela sobre el injusto automatismo viciado en la detención a que la alarma social generada ha conducido, afirman sin base alguna que el 80% de las mujeres que sufren violencia por sus parejas no denuncia, callan que si un padre pide la custodia compartida, como haya una denuncia admitida de maltrato no se le da, aunque después sea archivada, callan que sólo el 20 % de las denuncias por VG termina en condena, callan las circunstancias y los estímulos para la conformidad, callan sobre la variación en la tasa de suicidios masculinos asociados a los procesos de separación y divorcio operada por las leyes de género, callan que el 100% de los hombres asesinados por sus parejas o ex (En 2011 siete hombres según los datos del informe sobre violencia doméstica del Consejo General del Poder Judicial. Los agresores fueron cinco mujeres y dos hombres) ni habían denunciado ni habían disfrutado de protección alguna, y callan que la violencia de género tiene una pena superior a la violencia doméstica, con lo que las amenazas y coacciones en caso de que la víctima sea mujer son delito y si la víctima es un hombre se trata de una falta, lo que supone solo una multa.

"Prone to violence", Sr Lorente, escrito por Erin Pizzey. Sabe usted quién es, ¿verdad? ¿La fundadora de los primeros hogares para mujeres maltratadas? ¿Y que se dio cuenta de que muchas - la mayoría - de las mujeres a las que atendía tenían "inclinación a la violencia" -prone to violence - en sus relaciones? ¿Sabe cómo las definía? Como víctimas involuntarias de su propia violencia. Hoy en día Erin Pizzey pertenece a numerosas organizaciones de hombres maltratados y a grupos en defensa de los derechos de los hombres. Muchos de nosotros hemos sufrido las relaciones con ese tipo de mujeres a las que jamás hemos devuelto ni uno solo de sus insultos, humillaciones y violencias.

Bravo Mr LLorente, gracias por estar ahí. Viendo los comentarios una se asusta pero sabe que rabian porque les duele.

Nunca han propuesto nada para acabar con las otras violencias, siempre han querido mayor rancho aparte, y menos aún con la violencia que sufren los hombres, que es producida mayoritariamente por otros hombres, con lo que los varones sufren por partida doble el azote del software social impuesto, algo que el mismo neohembrismo progre entiende muy bien cuando de la minoría afroamericana estadounidense se refiere. Lo único que plantean es mantener instrumentos e iniciativas que la sociedad española ha dado por buenas precisamente porque, en contra de lo que el neohembrismo asegura, no tiene nada de machista, todo lo contrario, está infiltrada por los dogmas que el feminismo radical ha conseguido poner en circulación en su seno, y que suponen una flagrante discriminación para los hombres, especialmente la llamada ley integral contra la violencia de género, que, de facto, instaura un derecho penal de autor. Merece recordarse que el Reichstag, allá por el 35, sancionó también por unanimidad, sí, por unanimidad, y también con la excusa de proteger la sangre de un colectivo, también acompañada de una gran campaña de prensa oficial, unas leyes que también suponían la incorporación al corpus legislativo alemán del derecho penal del enemigo. No deja de ser de chirigota negra que el neohembrismo, que ha puesto, y sigue poniendo, en solfa a sociedades democráticas enteras acusándolas de machistas, que seguiría considerando un ataque a la mujer el borrador de la ley Gallardón aunque fuera refrendado mayoritariamente en el parlamento, que se permite criticar al Tribunal supremo por sentencias que no ha dictado y a pesar de que también se trata de un instrumento del que la sociedad española se ha dotado desde su soberanía popular, se esconda detrás del parlamento para reivindicar su indiscutibilidad. De traca.

Al neohembrismo no le interesa nada de esto, como no le han interesado nunca al hembrismo las violencias que sufrían fetos, menores, ancianos y hombres, puesto que respondían a un criterio de “ordeno y mando” impuesto desde su modelo basado en una estructura jerarquizada sobre el poder, de alergia a todo tipo de custodias compartidas. ¿Alguien recuerda algún día en el que no se pudiera entrar en un centro de reclutamiento obligatorio militar exclusivamente masculino por la oposición vociferante de feministas en topless? ¿O estaban a lo suyo, aprovechándose de ello en la universidad?

Teniendo en cuenta que controlar el móvil de la pareja se considera violencia de género, y que el bofetón sigue siendo considerado por un alto porcentaje de féminas como una opción dentro de la relación de pareja, lamento decirle que SI hay hombres que consideran que su mujer les maltrata y les pega lo normal.

En muchos aspectos, vive usted en el siglo XIX. En otros, es sencillamente un fem¡naz¡.

El neohembrismo establece falazmente una causalidad homogénea en todos los casos en los que un hombre, con sus características y circunstancias concretas, ejerce violencia sobre una mujer en la sociedad y dentro de las relaciones de pareja o familia. En nada les incomoda el “privilegio de género “que hace que el conjunto del resto de causas de violencia, y el conjunto total de ellas, incluyendo la primera, cause muchísimas más muertes masculinas que femeninas, de lo que se podría deducir, efectivamente, que el género sí tiene violencia, aunque justamente la contraria de la que suponen los imanes del neohembrismo. No tienen empacho en echar la culpa al software social de que las mujeres sean supuestamente sumisas, al tiempo que descargan la responsabilidad de ser violentos, en las expresiones consideradas, especialmente en los hombres, en los que pasa a ser un agravante ejercerla mediatizados, inducidos. Generalizan actitudes ampliamente minoritarias para poderlas considerar causa omnipresente y olvidan aptitudes mayoritarias, como el desequilibrio en la fuerza física, para que no hagan sombra a sus falacias. Inventan circunstancias y características, en fin, y las generalizan para endilgar a todos y cada uno de los hombres un sentimiento de culpa que después utilizan para hacer pasar por aceptables para todos ellos todo tipo de discriminaciones negativas y prebendas femeninas. Violencia de algunos hombres, inmensa minoría, sobre algunas mujeres, que comparte circunstancias y características con otras violencias, también con la violencia que sufren hombres a manos de mujeres, las que padecen los niños y niñas o los ancianos a manos de hombres y mujeres. Claro que hay quién dice “los hijos son de la madre” o “sólo pego a mis hijos lo normal”, claro que se escriben libros dirigidos a los hombres titulados “cásate y da la vida por ella”, y a mujeres titulados “Hombres: modo de empleo”, y claro que hay quién expone en una charla que la custodia compartida es otra forma de maltrato a la mujer o expresa su odio a los hombres y propone su exterminio en manifiestos SCUM. La diferencia es la respuesta social e institucional, espoleadas hasta la paranoia por quiénes después las instrumentalizan para obtener un género masculino socialmente sumiso y uno femenino con todo tipo de beneficios.

Todos los 8 de Marzo se sigue difundiendo la falacia de que la mujer sigue cobrando más de un 20% menos que los hombres en trabajos iguales. Luego, cuando uno va más allá del titular, esos mismos artículos reconocen que la diferencia se debe a que los hombres reciben más complementos salariales —por disponibilidad total, responsabilidad, horas extraordinarias— que las mujeres.¡ Acabáramos¡ Es noticia que cobra más el que más guardias y peonadas hace de mi servicio. El título es un absurdo económico, los empresarios tienen como principal objetivo ganar dinero. Incluso si un empresario se resiste a hacerlo por prejuicios... se verá obligado a cambiar de actitud, so pena de caer bajo la presión de la competencia, que podrá explotar esta ventaja contratando a los trabajadores que él rechace. En 2009 el Ministerio de Igualdad de Bibiana Aído (¡como para fiarse¡ ¿Alguien se imagina un informe del Instituto de la Mujer diciendo que ya no existe brecha salarial y, por lo tanto, hay que cerrar el Instituto de la Mujer?) realizó 46.239 inspecciones en 241 empresas para comprobar si los trabajadores españoles sufrían algún tipo de discriminación. Pues bien, sólo encontró 590 supuestos casos (un 1,28%), y en 245 la discriminación la padecían... ¡hombres! Lo primero que a cualquiera se le ocurre es que una de las explicaciones puede ser histórica. El mercado laboral español no se formó ayer, sino que se ha ido moldeando a lo largo de los años. Los sueldos más altos y los cargos directivos los ocupan personas que comenzaron su carrera profesional en las décadas de los 60 y 70(La edad media en los consejos de administración es de 59 años). En aquellos años, el número de hombres que iba a la universidad era muy superior al de mujeres. Según un informe del Censo norteamericano, las mujeres solteras de entre 22 y 30 años ganan un 8% más que los hombres solteros de la misma edad. Al mismo tiempo, un estudio del año 2005 mostraba que también las mujeres solteras de entre 35 y 43 años ganaban algo más que sus colegas masculinos. Women ages 22 to 30 with no husband and no kids earn a median $27,000 a year, 8% more than comparable men in the top 366 metropolitan areas, according to 2008 U.S. Census Bureau data crunched by the New York research firm Reach Advisors and released Wednesday. The women out-earn men in 39 of the 50 biggest cities and match them in another eight. The disparity is greatest in Atlanta, where young, childless single women earn 21% more than male counterparts. Instead the gender gap largely stems from choices made by women and men concerning the amount of time and energy devoted to a career, as reflected in years of work experience, utilization of part-time work, and other workplace and job characteristics. Si los empresarios odian a las mujeres trabajadoras, ¿por qué no se ceban también con las solteras jóvenes? ¿Es el suyo un machismo selectivo? Y las diferencias aumentan porque suele recaer en ellas la conciliación vida laboral y familiar. Claro, porque la maternidad es más cardinal para la vida de la mujer. Si yo conciliara como es mi deseo las diferencias en mi contra serían mucho mayores. En definitiva, la mujer desea que se page su conciliación preferente y seguir siendo las dueñas de los hijos. Según una encuesta publicada por El País el 8 de marzo de 2012, a la pregunta de si aceptarían un puesto de más responsabilidad y más sueldo a cambio de más horas de trabajo, un 67% de los hombres decía que sí, por sólo un 58% de las mujeres. La edad de jubilación en Argentina es de 65 años para los hombres y de 60 años para mujeres. ¿No nos encontramos ante un caso de discriminación de género hacia el hombre?¿No se predica acaso la igualdad entre los dos sexos en la actualidad?

Y todo ello, en lugar de dar lugar a una revolución y a la insumisión ciudadana, lo que hace es reforzar esa normalidad construida sobre las referencias de lo que significa ser hombre y ser mujer. Es decir, la construcción de los géneros desde la visión ginocéntrica misándrica de una cultura desigual basada en la mala imagen de los hombres. En estos casos no se queja la gente por las redes sociales, no son objeto de queja por los múltiples observatorios que velan por la ausencia de desvalorizaciones de la mujer en la publicidad y lo que no lo es y a nadie se le ocurre que están haciendo apología de la violencia. Pegar a un hombre no implica ningún problema de fondo como lo hace en el caso de pegar a una mujer;www.youtube.com/watch?v=Hzns0CE1u7s. Tremenda bofetada. La violación es un delito y cuando por error por un algoritmo de un programa de computadoras genera eslóganes ofensivos contra las mujeres el sitio de ventas por internet recibe una ola inmediata de críticas de clientes indignad@s y la presión institucional, la empresa vendedora de las prendas las retira inmediatamente del mercado y pide disculpas y, aun así, recibe amenazas de muerte. Por su parte, la encargada de asuntos culturales del opositor partido laborista, Harriet Harman, insta al sitio a hacer una "donación sustancial" a una casa de refugio para mujeres como una disculpa por la venta de las camiseta. Contestación social a años luz de la recibida por la campaña intencionada que afirma que los hombres son estúpidos y deben ser lapidadoshttp://www.spreadshirt.es/roze-boys-are-stupid-throw-rocks-at-them-t-shirts-C4408A10345990 La revista People publicó una historia de la camiseta, iniciando con una cita de una niña de diez años diciendo "Quiero hacer sentir mal a los niños porque es gracioso". Todo lo anterior no impresiona de apología de la violencia ni justifica un día anual de reivindicación

Ayer en la radio emitieron un lacrimógeno especial sobre una red en Mallorca que captaba chicas menores a las que prostituía a cambio de cocaina. Es decir, las chicas eran adictas y para obtener dinero con el que pagar su vicio, se prostituían. Nadie discute su estatus de víctima. Lo que nadie se pregunta es qué pasa con los chicos que son adictos. ¿Cómo se pagan el vicio? ¿Prostituyéndose? No. No existe demanda para ellos. No pueden usar el sexo para costearse la droga. ¿Qué opción les queda, pues? La delincuencia, naturalmente. Así que le pregunto, Sr Lorente: ¿Son estos menores delincuentes menos víctimas que las chicas que se prostituyen? Replantéese la violencia que usted atribuye al hombre (la que ejerce y la que sufre por parte de otros hombres) desde este punto de vista y quizás se de cuenta de por qué rechazamos su discurso.

No cabe ninguna duda de que la confusión de la que habla el sr. Lorente es la que ha conseguido imbuir en la

mentalidad de las mujeres que le adoran por sus comentarios neohembristas. Estoy seguro que el sr. Lorente

adora este neologismo tanto como los que él utiliza constantemente.
No obstante no todas las mujeres (la mayoría) están exentas de inteligencia ni lobotomizadas y cuando se

defiende lo indefendible (discriminación positiva, beneficios por pertenecer a un sexo sin tener en cuenta las

capacidades) dan un paso atrás antes de sumarse a una corriente que apoyada desde el principio en falsos

valores va a provocar efectos perniciosos en vez de supuestos beneficios o correcciones de la conducta de

algunos hombres.
De hecho en la mayor parte de sus comentarios Sr. Lorente se entiende que usted asume la posición inferior de

las mujeres en su conjunto lo cual es rechazado sobre todo por aquellas que han logrado hacerse una voz y son

respetadas por sus homólogos hombres.
Volver a su interpretación, claramente sesgada pues no lo oculta, de las cifras que le interesan como ese

0,01% de denuncias falsas para mantener sus beneficios económicos escribiendo estos comentarios de bar que no

pueden ser llamados periodismo es un ejercicio de paroxismo sin sentido.
Entender que lo que el Tribunal Constitucional falla es verdad absoluta, es confundir que la

constitucionalidad de la LIVG es la misma que cuando argumenta que "la no aplicación del principio de

igualdad a la institución
nobiliaria, con que va a concluir qué no resulta discriminatoria la preferencia del hombre sobre la mujer en

igualdad de línea y grado en materia sucesoria" .
Entonces cuál es el motivo de la renuencia a aplicar el principio de igualdad si los crímenes similares son

cometidos por un hombre o una mujer. Sin duda alguna, me quedo con las palabras de B-ana en cuanto que aún

cuando reconociendo que el porcentaje de maltrato físico (pues psicológico es evidente que es superiro)

femenino fuese ínfimo "sería el coste para la mujer y el Estado de las medidas de todo tipo emprendidas a

partir de las denuncias no demostradas verdaderas no demostradas falsas".
Pues aún demostrando a veces una falsa ignorancia al tratar determinados temas conocen que al igual que a la

mujer actualmente, si se le pone al alcance del hombre un arma como es la LIVG esto devendrá en un mal uso en

el caso de tener significación en cuanto a los bienes materiales, tutela de los hijos o simplemente y

llanamente la posibilidad de inflingir dolor. Un hombre con duelo patológico no dudará en utilizar la ley

abyectamente con fines espurios para inflingir daño en la pareja perdida. Exactamente igual que una mujer.
Caer repetidamente en el error de que el sometimiento punitivo cambia la sociedad sin intervenir en la

¨educación¨ que provoca esos comportamientos violentos de los hombres es simplemente cuestión de números,

las de las mujeres asesinadas cuyos guarismos no dejan de ser una curva sin demasiado cambio en su tendencia.

Y que hasta usted sr. Lorente no se atreverá a contradecir y tendrá que reconocer que esa maravillosa ley que

usted venera se ha revelado completamente ineficaz y ha servido más bien a otros fines a los que quizá no

estuviese destinada en un principio.

“La violencia no tiene género” dicen los neohembristas, obligados a mantener la corrección política al ser interpelados y, es cierto, lo han comentado, con la boca pequeña, repetido y escrito, a regañadientes y en contadas ocasiones, al tiempo que escondido, minusvalorado, ninguneado y encubierto las más de las veces. Todo lo contrario de lo hecho desde la Igualdá con la falacia de que desde el masculinismo no se rechaza y condena todo tipo de violencias. Algo muy diferente y, precisamente, lo que quieren borrar, emborronar y configurar de acuerdo a lo necesario de cara a su objetivo de preeminencia femenina es que “los géneros sí tienen y sí sufren violencia, inclusive contra sí mismos” y que, además, el ser humano, tanto hombre como mujer, adolece de una pulsión perspectivista egotónica que los constructos sociales sólo pueden aspirar a vehicular.La construcción cultural de lo que significa ser hombre y mujer en cada contexto social, es decir, lo que se espera de cada hombre en cada lugar a través de su comportamiento y actitud, y de cada mujer en esos mismos términos, aquello por lo que los hombres son reconocidos o cuestionados como hombres y las mujeres como mujeres, que es lo que conforma el “género”, no atribuye en el nuevo régimen a los hombres la decisión de qué es lo correcto dentro de sus relaciones de pareja y familia, en absoluto. Si fuera así, un autodenominado feminista radical no habría llegado a ser el peor presidente de la democracia y un hembrista no hubiera podido dedicarse a echar basura sobre los hombres desde una delegación de un gobierno votado mayoritariamente desde esos mismos géneros. Lo que no quita que no pueda haber grupúsculos nostálgicos como había recalcitrantes zaristas en la Rusia comunista. Más bien ocurre lo contrario, pues el prejuicio por el que la madre no tiene que justificar ser buena madre y el padre sí, que reseña Laura Guede, magistrada del Juzgado de Primera Instancia número 6 de Ourense, concede a la fémina el poder implícito en la custodia, pudiendo convertir al padre que se desvié de lo que ella considere correcto en un paganini de fin de semana alienado del corazón de sus hijos. Recurso que es sin duda maltrato y violencia, tanto para el niño como para el padre, ¿violencia de género? Esta construcción cultural aplicada a la sociedad es la que permite pensar a los hombres que sufren la violencia aquello de “los hombres no lloran” y callar, a dar por bueno lo de "si tu mujer te pide que te tires por un tajo, pídele a Dios que sea bajo", a un arzobispo lo de “cásate y da la vida por ella”, a un exdelegado del gobierno mentir sobre lo sentenciado por el Tribunal Supremo, a los medios linchar públicamente a Diego, un joven padre canario, al cine banalizar constantemente la muerte violenta de los hombres, ¿masculinicidio?, o a Russell plantear en “Silver Linings Playbook” (El lado bueno de las cosas) la violencia del personaje de Tiffany como natural tras ser contrariada en su oferta de follar. Así, no es de extrañar la sucesión de “joyas de la jurisprudencia”: “Los hechos han quedado acreditados por la declaración de la denunciante, por lo que a pesar de las manifestaciones que hace el denunciado, de no encontrarse en Valencia cuando ocurrieron los hechos, resulta más convincente la declaración de la denunciante, la cual es totalmente coherente con la declaración en el Juzgado y en la Comisaría. Así mismo, no existe razón para interponer la denuncia si los hechos no hubieran ocurrido”. Sentencia del Juzgado de Violencia sobre la Mujer, número 3 de Valencia, de 11 de febrero de 2013, mediante la cual se condena al denunciado a cuatro días de arresto domiciliario (cuatro días de “localización permanente”, según la jerga judicial) como autor de “una falta de vejaciones injustas” (hemos de suponer que al entender de la magistrada-juez, existen “vejaciones justas”)

¿Que el problema de la violencia doméstica solo afecta a las mujeres? Ese es el punto de partida en que se equivoca de pleno y, por eso, cualquier desarrollo que haga a partir del error solo puede ser otro tremendo y enorme error.

Por eso, desde las posiciones típicas de una sociedad desigual estructurada sobre las referencias femeninas, y asignando a las mujeres esa capacidad de interpretar y dar significado a la realidad, y de manera muy especial a la posición, comportamiento, conductas y actitudes de los hombres, o lo que es lo mismo, desde la desigualdad matriarcal y el hembrismo, cuando se habla de violencia de género lo que se pretende es buscar esa confusión esencial para que no exista posible crítica al consuelo de la luz de sus dogmas y para que se mantenga ante la primera una reacción social paranoica y una respuesta institucional violenta general contra los hombres, y así permanecer en esa desigualdad que tanto bien les ha hecho a algunas mujeres y tantos privilegios les ha dado a muchas. Por ello, y a pesar de que el neohembrismo afirma sin rubor que todos los hombres han sido privilegiados, cuando se le plantea, verbi gratia, a las jóvenes universitarias blancas de clase media alta, de las que habla Camille Paglia, la realidad concreta del privilegio de no haber hecho la mili (cohorte eraria 1973), entre otras muchas, con todo lo arrastrado que conlleva, se esconden en confusos balbuceos sobre míticos techos y repugnantes tacones que son libres de no utilizar para obtener lo que es sin duda un tipo de poder.

Ahora bien, no todo puede beneficiarse de esta estrategia del “borrar y emborronar”. Está claro que si alguien intentara negar hoy, por ejemplo, los cambios estructurales operados respecto a los accidentes de tráfico, los problemas de la situación económica, el envejecimiento de la población… no lo iba a tener fácil, aunque lo intentara. Del mismo modo, a un hijo de Krestinski o cualquiera de los demás miembros del Politburó o el Presidium supremo de la URSS, le iba a ser difícil justificar sus prebendas en la continuidad del régimen zarista en modo usos sociales estructurales. Lo intentaban jugando a la ceremonia de la confusión mentando otras sociedades a años luz de la Stalinista, de forma análoga a como hace actualmente el neohembrismo. La “estrategia de la negación y confusión” funciona con situaciones estructurales que han pasado a formar parte de la “normalidad” social desde la marginalidad histórica de la sociedad, de aquello que se entiende como propio de determinadas circunstancias habituales, bulas temporales o brumosas deudas históricas sin declaración de herederos y promovidas desde la misma organización social, y además, funciona cuando a través de esa estrategia se defienden y reivindican determinados valores, y también cuando se busca reordenar u organizar de otra manera determinadas cuestiones formales a la luz de los mismos.

Pretender presentar sus discriminatorias medidas dirigidas a erradicar la mal llamada violencia de género como una reivindicación para que se adopten medidas contra todas las demás violencias, al tiempo de insinuar que no las hay, y negarse a extender la cobertura legal, y de todo tipo, brindada a las mujeres para los hombres maltratados en el ámbito doméstico es una falacia. Y lo es, primero, porque para hacer algo contra la mal llamada violencia de género no hace falta, ni es legítimo, violentar el derecho individual básico a la igualdad y la presunción de inocencia (a todo varón se le supone el inicuo agravante de afán de dominio), segundo porque emplear instrumentos semejantes contra otras violencias no exige dejar de hacer contra la violencia que sufren las mujeres, y, tercero, porque no aceptan ni proponen nada que sustituya a la desastrosa Ley integral. Y, ¿por qué entonces el neohembrismo, que se declara cínicamente rendido amante de los hombres, no consiente en extender las ventajas de la ley? Veamos: según sus propios cálculos, la incidencia agregada sería despreciable, como lo son los casos de maltrato al varón. Los casos en los que el hombre denunciara falsamente, el propio sistema de justicia se encargaría de depurarlos, como infiere en el caso de las mujeres. El problema, como todos sabemos, el neohembrismo también, sería el coste para la mujer y el Estado de las medidas de todo tipo emprendidas a partir de las denuncias no demostradas verdaderas no demostradas falsas. Ese coste para el varón y El Estado que no quiere reconocer en el caso de las mujeres, porque le importa un pimiento lo que los hombres tengan que pagar. Según el neohembrismo no están legitimados para defender sus intereses. Eso es egoísta. La mujer, en cambio, defiende siempre el bien común. Viva el vino.

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Sobre el autor

Miguel Lorente

Miguel Lorente Acosta . Aunque parezca extraño, soy Médico Forense, también Profesor de Medicina Legal de la Universidad de Granada, Especialista en Medicina Legal y Forense, y Máster en Bioética y Derecho Médico.
He trabajado en el análisis del ADN en identificación humana, el análisis forense de la Sábana Santa, y en el estudio de la violencia, de manera muy especial de la violencia de género, circunstancia que llevó a que me nombraran Delegado del Gobierno para la Violencia de Género en el Ministerio de Igualdad.

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