Autopsia

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El blog “Autopsia” es una mirada. Sólo una mirada y las palabras que deja como rastro para volver.
No creo en la inocencia de la casualidad. Hoy es más fácil crear una nueva realidad a la que mirar que enfrentarse a la existente, por eso tenemos que “ver por los propios ojos”, aportar nuestra mirada y compartirla.

La violencia no tiene género. El género sí tiene violencia

Por: | 12 de enero de 2014

GENERO - VIOLENCIAQuien no quiere cambiar una realidad ventajosa utiliza una doble estrategia de efecto exponencial, por una parte la niega y por otra la difumina... y entre lo que borra y lo que emborrona permite que la vida continúe en la zona gris y sombría del desconocimiento, para así mantener sus privilegios.

Es la forma de no posicionarse frente a una realidad concreta con la apariencia de que se está en contra de ella… Imaginen las siguientes respuestas ante las preguntas que se hacen: ¿Qué le parece la guerra de Siria?... Todas las guerras son malas. ¿Qué le parece el problema del SIDA?... Todas las enfermedades son terribles. ¿Qué le parecen las muertes por accidente de tráfico?. Todas las muertes accidentales son tristes… Sería absurdo intentar ocultar una realidad concreta, con sus causas y sus características específicas, en una generalidad con la que comparte el resultado y el marco conceptual, pero que es completamente diferente en sus circunstancias, pues aparte de esconderla no se resolvería jamás…

Pues bien, ante la situación de la violencia de género, con más de 700 mujeres asesinadas por los hombres con quienes compartían su relación en los últimos diez años, y con 600.000 casos de maltrato al año, el posmachismo responde que “todas las violencias son malas”.  Algo obvio, y lo hacen porque lo que busca es que no se haga nada contra la violencia que sufren las mujeres, y no al contrario. Pretender presentar sus ataques a las medidas dirigidas a erradicar la violencia de género como una reivindicación para que se adopten medidas contra todas las demás violencias, al tiempo de insinuar que no las hay, es una falacia. Y lo es, primero, porque para hacer algo contra otras violencias no exige dejar de hacer contra la violencia que sufren las mujeres, y segundo, porque no proponen nada, sólo que se acabe con la Ley Integral.

Ahora bien, no todo puede beneficiarse de esta estrategia del “borrar y emborronar”. Está claro que si alguien intentara negar hoy, por ejemplo, los accidentes de tráfico, los problemas de la situación económica, el envejecimiento de la población… no lo iba a tener fácil, aunque lo intentara. La “estrategia de la negación y confusión” funciona con situaciones estructurales que han formado parte de la “normalidad” histórica de la sociedad, de aquello que se entendía propio de determinadas circunstancias habituales y promovidas desde la misma organización social, y además, funciona cuando a través de esa estrategia se defienden y reivindican determinados valores, no cuando se busca reordenar u organizar de otra manera determinadas cuestiones formales.

Por eso desde las posiciones clásicas de una sociedad desigual estructurada sobre las referencias masculinas, y asignando a los hombres esa capacidad de interpretar y dar significado a la realidad, y de manera muy especial a la posición, comportamiento, conductas y actitudes de las mujeres, o lo que es lo mismo, desde la desigualdad y el machismo, cuando se habla de violencia de género lo que se pretende es buscar esa confusión esencial para que no haya reacción social ni respuesta institucional ante ella, y así permanecer en esa desigualdad que tanto bien les ha hecho a algunos hombres y tantos privilegios les ha dado a todos.

“La violencia no tiene género” dicen, y es cierto, lo hemos comentado, repetido y escrito multitud de veces (http://blogs.elpais.com/autopsia/2013/04/mujeres-asesinas.html), aunque el posmachismo no le interesa mostrar cómo desde la igualdad se rechaza y condena todo tipo de violencias. Algo muy diferente y, precisamente, lo que quieren borrar y emborronar es que “el género sí tiene violencia”. 

La construcción cultural de lo que significa ser hombre y mujer en cada contexto social, es decir, lo que se espera de cada hombre en cada lugar a través de su comportamiento y actitud, y de cada mujer en esos mismos términos, aquello por lo que los hombres son reconocidos o cuestionados como hombres y las mujeres como mujeres, que es lo que conforma el “género”, es lo que ha atribuido una serie de funciones a los hombres que llevan a decidir qué es lo correcto dentro de sus relaciones de pareja y familia, y a corregirlo cuando se desvía o no se cumple, recurriendo incluso a la violencia, es decir, a la violencia de género. Esta construcción cultural aplicada a la sociedad es la que permite decir a las mujeres que sufren la violencia aquello de “mi marido me pega lo normal”, a un arzobispo lo de “cásate y se sumisa”, al Tribunal Supremo sentenciar que “si una violación es habitual, no es violación” (http://blogs.elpais.com/etiqueta-roja/2013/05/violacion.htmlo a un grupo musical hacer una canción y un video banalizando el femicidio (http://blogs.elpais.com/autopsia/2014/01/los-tres-errores-a-propósito-de-hey-hey-hey-del-grupo-chileno-los-tres.html).

Y todo ello, en lugar de dar lugar a una revolución y a la insumisión ciudadana, lo que hace es reforzar esa normalidad construida sobre las referencias de lo que significa ser hombre y ser mujer. Es decir, la construcción de los géneros desde la visión androcéntrica de una cultura desigual basada en la imagen de los hombres.

Estas circunstancias y características son las que dan lugar la violencia que sufren las mujeres a manos de los hombres en la sociedad y dentro de las relaciones de pareja o familia, o sea, la violencia de género. No a otras violencias, y mucho menos la violencia que sufren los hombres a manos de las mujeres, ni las que padecen los niños y niñas o los ancianos a manos de hombres y  mujeres. Nadie dice “mi mujer me pega lo normal”, ni se escriben libros dirigidos a los hombres titulados “cásate y sé sumiso”. 

Al posmachismo no le interesa nada de esto, como no lo ha interesado nunca al machismo las violencias que sufrían menores, ancianos y hombres, puesto que respondían a un criterio de “ordeno y mando” impuesto desde su modelo basado en una estructura jerarquizada sobre el poder.

Nunca han propuesto nada para acabar con las otras violencias, y tampoco con la violencia que sufren los hombres,  que  es producida mayoritariamente por otros hombres, no por las mujeres. Lo único que plantean es acabar con los instrumentos e iniciativas que la sociedad española se ha dado para acabar con la violencia que sufren las mujeres, especialmente con la llamada Ley Integral contra la Violencia de Género, que recordemos fue aprobada por unanimidad en el Parlamento, lugar donde reside la soberanía popular.

A ellos les da igual, dicen que es inconstitucional, aunque el Tribunal Constitucional ha dicho que es constitucional, dicen que produce el 90% de denuncias falsas, cuando la Fiscalía General del Estado establece que representan el 0’01%, dicen que detienen a los hombres injustamente, cuando en ninguno de sus artículos habla de detenciones tras las denuncia… Y callan que el 80% de las mujeres que sufren violencia por sus parejas no denuncia, y que el 80% de las mujeres asesinadas tampoco había denunciado a pesar de que la violencia era tan grave que terminó en el homicidio de la mujer, y que el 20% de las mujeres asesinadas, a pesar de denunciar (algunas hasta 11 veces) no obtuvo una protección suficiente y también fue asesinada.

¿Ustedes creen que todo eso va contra los hombres en general, o lo hace contra los hombres violentos? ¿Ustedes creen que callar ante esta violencia, mirar para otro lado o mezclar todas las violencias para que no ser resuelva ninguna es querer a los hombres? ¿Ustedes creen que establecer medidas para que los hombres violentos no puedan someter, maltratar y poder llegar a matar a las mujeres con las que conviven, y en ocasiones a sus hijos e hijas, es odiar a los hombres?... 

Yo sinceramente creo que no. Creo que acabar con la violencia de género y con las circunstancias que llevan a los hombres a entender que su uso está justificado  es querer a los hombres y querer una sociedad donde la convivencia se base en la paz y en el respeto, o lo que es lo mismo, en la Igualdad.

Y todo ello es compatible con el resto de medidas dirigidas a cada violencia, como lo es realizar campañas contra el cáncer de pulmón y otras contra el infarto de miocardio, sin que nadie se sienta discriminado; o como lo es realizar campañas contra los accidentes de tráfico y otras contra la siniestralidad laboral….

Nadie se queja de esas iniciativas, el posmachismo, es decir, la visión camuflada del machismo, sólo se queja cuando las medidas se dirigen a las mujeres, aunque el problema les afecte a ellas. Su visión de la posición que ocupan las mujeres no sólo refleja que no les importan mucho como personas, sino que no las ven como parte de la sociedad, puesto que si se resuelve un problema grave que afecta al 50% de la sociedad, es la propia sociedad la que mejora y gana. 

Pero ellos como siempre a lo suyo, es decir, sólo a lo suyo…

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Pues bien, ante las situaciones de más de 700 mujeres asesinadas por los hombres con quienes compartían su relación en los últimos diez años, y las existentes aunque minoritarias de hombres asesinados por las mujeres con quienes compartían su relación (sí, el género femenino tiene violencia, y mayoritaria cuando tiene más fuerza, como en el caso del maltrato infantil) , el neohembrismo inventa la cifra de 600.000 casos de maltrato femenino al año tras encuestas/paripé unidireccionales ad hoc (aunque para otras cosas exige sentencias), y afirma que las situaciones de violencia que compartan resultado y circunstancias determinados deben ser delito en caso de sufrirlas una mujer y falta en caso de hacerlo un hombre, que la violencia contra la mujer es cualitativamente más mala y que el conjunto de aquéllas de las que deriva una cifra global de asesinatos de hombres muy superior al de mujeres, arbitrariamente, no merece una atención per cápita análoga por los poderes públicos. Algo obviamente injusto, como obvio es que lo hacen buscando que se haga de todo contra la violencia que sufren las mujeres, aunque ello implique secundariamente una violencia institucional contra el varón y no les importa un bledo la que sufren ellos.

“Millones de mujeres siguen sufriendo injusticias, violencia y desigualdad en el hogar, el trabajo y la vida pública”, advierte la ONU basándose en el informe El progreso de las mujeres en el mundo: en busca de la justicia. Estos son algunos ejemplos: en Afganistán, un 85% de las mujeres da a luz sin asistencia médica; en Yemen no existen leyes contra la violencia doméstica, y en la República Democrática del Congo, más de mil mujeres son violadas cada día.

La mujer como sostén de la familia
Cuando la mujer ocupa un puesto de trabajo remunerado, por el solo hecho de ser mujer su sueldo suele ser inferior al del hombre. Tal discriminación es un trago particularmente amargo para las madres que constituyen el único sostén económico de su familia, situación que cada vez es más común. Un informe de las Naciones Unidas calcula que entre el 30 y el 50% de las familias de África, el Caribe y Latinoamérica, dependen principalmente de los ingresos de una mujer. E incluso en los países más desarrollados, cada vez son más las mujeres que mantienen a su familia. La pobreza que reina en las zonas rurales de gran parte del mundo en desarrollo acelera dicha tendencia. El marido que tiene que luchar afanosamente para alimentar a su familia tal vez decida buscar empleo en una ciudad próxima o incluso en otro país. Deja a su esposa al cargo de la familia. Si tiene la fortuna de colocarse, envía dinero a casa. Pero a pesar de sus buenas intenciones, muchas veces deja de hacerlo. La familia se sume cada vez más en la pobreza, y pasa a depender de la madre para subsistir. Este círculo vicioso, denominado acertadamente como la “feminización de la pobreza”, coloca una enorme carga sobre millones de mujeres. “Las familias que tienen a una mujer por cabeza —alrededor de una tercera parte de las familias del mundo— cuentan con muchas más probabilidades de ser pobres que las que tienen a un hombre por cabeza, y la cantidad de esas familias va en aumento”, explica el libro Women and Health (La mujer y la salud).
http://download.jw.org/files/media_magazines/82/wp_S_20120901.pdf

La mujer como sostén de la familia
Hoy día, más mujeres que nunca tienen que trabajar fuera de casa para ayudar a mantener a su familia, o constituyen la única fuente de ingresos. El libro Women and the World Economic Crisis (La mujer y la crisis económica del mundo) cita estas palabras de un informe: “Las labores domésticas no son el único trabajo que desempeña la mujer. En todo el mundo hay relativamente pocas mujeres que puedan decir que ‘solo son amas de casa’”. Y raras veces realizan un trabajo fascinante. Aunque las revistas o las telenovelas presenten a ejecutivas en oficinas lujosas, la realidad suele ser muy distinta. La inmensa mayoría de las mujeres del mundo trabajan muchas horas sin descanso por una escasa remuneración económica. Centenares de millones de mujeres trabajan en el campo, cultivando plantaciones, ocupándose de pequeños huertos familiares o cuidando ganado. Sus labores —generalmente mal pagadas o no retribuidas— alimentan a la mitad de la población mundial. “En África, el 70% del alimento lo cultiva la mujer; en Asia, entre el 50 y el 60%, y en Latinoamérica, el 30%”, dice el libro Women and the Environment (La mujer y el medio ambiente).
http://download.jw.org/files/media_magazines/6e/g_S_201208.pdf

Setenta y nueve millones de “desaparecidas”
Un comunicado de la agencia Reuters indica que la ONU patrocinó un estudio en “la India, Paquistán, Bangladesh, Nepal, Sri Lanka, Bután y las Maldivas, según el cual hay unos setenta y nueve millones de ‘desaparecidas en el sur de Asia’ a consecuencia de la discriminación contra la mujer antes y después del nacimiento”. Las bajas se deben al aborto, al “infanticidio y a la práctica habitual en la zona de alimentar mejor a los varones”, costumbre que se prolonga hasta la edad adulta y ocasiona a la población femenina enfermedades crónicas relacionadas con la desnutrición. El comunicado agrega que “los índices de mortalidad son elevados entre las niñas y las mujeres en edad fértil”. La cifra de 79.000.000 se obtuvo al comparar la proporción local, de solo 94 mujeres por cada 100 hombres, con la mundial, de 106 por cada 100.
http://download.jw.org/files/media_magazines/70/g_S_201304.pdf

¿Quién tiene la culpa de la prostitución infantil?
Se calcula que, cada año, un millón de menores —mayormente niñas— son obligados a prostituirse o vendidos para ejercer la prostitución. “La industria del sexo es un enorme mercado que se mantiene con su propio impulso —se lamenta Wassyla Tamzali, de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura)—. Vender a una muchacha de 14 años ha llegado a ser algo tan común, que resulta banal.” Y una vez vendidas como esclavas sexuales, a las jóvenes les resulta casi imposible redimir su precio de compra. Librarse del sida puede ser tan difícil para las muchachas como librarse de los proxenetas que las esclavizan. Una encuesta realizada en el sudeste asiático indicó que el 33% de las prostitutas menores de edad estaban infectadas con el virus del sida. Mientras prospere la industria de la prostitución —que mueve US$108.000 millones de dólares—, estas muchachas seguirán sufriendo.
¿Quién tiene la culpa de algo tan horrendo? Obviamente, gran parte de la culpa recae en aquellos que compran o venden niñas para prostituirlas. Pero también son censurables los individuos despreciables que las utilizan para satisfacer su lascivia. Sin ellos, no existiría la prostitución infantil. http://www.americaeconomia.com/economia-mercados/finanzas/conozca-las-industrias-que-mas-dinero-mueven-nivel-global

Es la forma de no posicionarse frente a unas realidades concretas con la apariencia de que se está en contra de ellas… Imaginen las siguientes respuestas ante las preguntas que se hacen: ¿Qué le parece la guerra de Siria?...La peor guerra es la que se libra contra el imperialismo norteamericano en todo el mundo. ¿Qué le parece el problema del SIDA?... Más muertes ha provocado el capitalismo salvaje fruto del colonialismo cultural americano. ¿Qué le parecen las muertes por accidente de tráfico? Las muertes falsamente accidentales causadas por el consumismo inoculado por el Satán americano son singularmente tristes… ¿Y la bota que China impone sobre su área de influencia?...No significa lo mismo, la violencia americana está normalizada y la china sólo es reactiva. Además, EEUU ha sido amo mucho tiempo y en muchos sitios, siéndolo China sólo últimamente y en menor área. Deben emplearse la inmensa mayoría de los recursos disponibles y sacrificar los derechos individuales de sirios, enfermos de SIDA, accidentados de tráfico, tibetanos y americanos para resarcir a los que se cree damnificados y distintos.
Sería absurdo intentar ocultar unas realidades individuales concretas, con sus causas y sus características específicas, simplificándolas con el lecho de Procusto urdido por una ideología concreta en torno a dos categorías genéricas conceptuales (xx víctima inocente y xy culpable beneficiado) dentro de las cuales subsume todas las diferentes circunstancias individuales. Aparte de esconderlas, se mal resolverían siempre, generando disfunciones y agravios mil …

Quien quiere obtener una realidad ventajosa utiliza, entre otras, una doble estrategia de efecto exponencial, por una parte afirma hasta la saciedad que es necesaria para restablecer el equilibrio y, por otra, difumina el desequilibrio previo, que dice percibir en todas partes, a todas horas y en todos los sujetos respecto a los que se buscan privilegios... y entre lo que repite y lo que emborrona, consigue que la vida se instale en la zona gris y sombría del desconocimiento, para así obtener prebendas de todo tipo, desde miles de euros en subvenciones hasta satisfacción del rencor que los anida, pasando por todo tipo de discriminaciones positivas. Otra de las estrategias empleadas es la de interpretar una realidad concreta como parte de una ensoñación concreta, pretendida radicalmente singular, de una ideología concreta que, con ello, al modo religioso, se introduce a martillazos en la realidad. Y que reivindica que la realidad del ser humano concreto, éste sí en puridad, perteneciente al grupo respecto al que se desean prebendas, es sacrificable en pos de su Arcadia. El derecho individual de cada hombre debe arrumbarse debido al pecado original grupal.

Haztelo mirar eh!!!

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Sobre el autor

Miguel Lorente

Miguel Lorente Acosta . Aunque parezca extraño, soy Médico Forense, también Profesor de Medicina Legal de la Universidad de Granada, Especialista en Medicina Legal y Forense, y Máster en Bioética y Derecho Médico.
He trabajado en el análisis del ADN en identificación humana, el análisis forense de la Sábana Santa, y en el estudio de la violencia, de manera muy especial de la violencia de género, circunstancia que llevó a que me nombraran Delegado del Gobierno para la Violencia de Género en el Ministerio de Igualdad.

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