Ayuda al Estudiante

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El ecosistema educativo tiene un triángulo esencial: estudiantes, padres y profesores. Lo demás es contexto. Si este se sitúa en el centro de gravedad, algo va mal. Los análisis sobre educación tienen un peligro casi invisible: la paralización fascinada por lo mal que estamos. Descalificar sin analizar es injusto y analizar sin proponer alternativas, estéril. Así que el propósito de este blog es claro: ayudar a estudiantes, padres y profesores a encontrar alternativas de mejora.

La procrastinación está en el cerebro

Por: | 12 de marzo de 2013

Estresada
Uno de los principales problemas de la procrastinación para nuestros hijos es su práctica invisibilidad en el momento en que está ocurriendo. Suele estar camuflada bajo un montón de malas excusas. Y lo cierto es que, para combatirla, el primer paso es evidente: reconocerla. Pero hay procrastinadores que no lo reconocerían ni a rastras. Prefieren refugiarse en la cantilena de problemas e inconvenientes de todo tipo, y luego buscar pseudoargumentos que enmascaren su problema. Veamos algunos de los más frecuentes:

  1. “Soy más creativo bajo presión y así me va bien”. Es indudable que toda la creatividad que surja en estas personas será bajo presión, porque no tienen alternativa. Esta creatividad podrá consolar, pero, en términos generales, no aguanta la comparación con la que nace libre de coacción temporal. Las buenas ideas necesitan reflexión, preparación e incluso su largo periodo de incubación, y eso no suele ocurrir bajo presión.
  2. “Soy más eficiente en el último minuto y así me va bien”. ¿Qué alternativa queda? ¿Optimizar esa supuesta eficiencia apurando plazos, pero arriesgándose a no llegar a tiempo? ¿Cuál es el límite: el último día, la última hora, el último minuto? ¿Es esa una opción o habría que convenir en que la acumulación gradual y temprana de trabajo ofrece una seguridad que jamás podrá ofrecer el último minuto?
  3. “Soy muy perfeccionista, por eso tardo en acabar, y así me va bien”. Los estudios han demostrado que el perfeccionismo apenas produce una dosis significativa de procrastinación. Por el contrario, los auténticos perfeccionistas, esmerados, ordenados y eficientes, no tienden a desviarse de sus objetivos ni a distraerse así como así. Es decir, la mayoría de las veces esa es una mentira piadosa.

 

No cabe duda de que quienes así hablan suelen ser grandes aficionados al último minuto, y encuentran estímulos y alicientes en ello, no son simples masoquistas. Quizá sienten algo parecido al vértigo y la emoción del directo de los periodistas audiovisuales. Ahora bien, esa defensa del último minuto suena generalmente muy lastrada por sus propias inclinaciones personales, no está basada precisamente en razones objetivas.

Pero además de prever estos argumentos defensivos, para entender mejor a los jóvenes procrastinadores es muy importante analizar las causas del problema. La procrastinación tiene un origen genético y evolutivo. La evolución es descendencia con cambios. Las modificaciones de mayor éxito adaptativo prosperan y prevalecen. Entonces se produce un desfase, porque la adaptación se ciñe a lo que existía antes. Ni anticipa ni predice, sino que mira al pasado. Es decir, la pautas adaptativas que triunfan, lo hacen con un desfase temporal.

Pues bien, la procrastinación es una pauta comportamental anclada en un pasado inmemorial, cuando el ser humano aún no se procuraba el sustento con la agricultura y la ganadería. El medio o largo plazo eran entelequias sin sentido. Todo era aquí y ahora. El ser humano necesitaba impulsos primarios para sobrevivir, la planificación era inútil. La procrastinación es la expresión de nuestro desfase genético respecto al entorno actual. En definitiva, la procrastinación es la expresión organizativa de nuestra impulsividad atávica.

 

Estres

 

Nuestro entorno ha cambiado. Si la impulsividad era entonces un salvavidas, ahora ya no lo es tanto, porque la vida, los planes y los proyectos son más a largo plazo. Para añadir complicaciones, la vida moderna dificulta la lucha contra la procrastinación, con su enorme cantidad de estímulos, y su tendencia al individualismo, al hedonismo y al deseo inmediato y consumista.

¿Dónde está la sede biológica de la procrastinación? En el cerebro, por supuesto. Perfilemos los dos sistemas cerebrales que están en lucha permanente dentro de nosotros. Es como si hablaran distinto idioma, nunca van al unísono, sino siempre el uno contra el otro. Según el equilibrio de poder que se establezca, actuaremos de manera más impulsiva y visceral, o más planificada y racional. O con determinada combinación de pautas.

El sistema límbico es el evolutivamente anterior o, si se quiere, inferior. Es una zona del cerebro que regula emociones, instintos, impulsos, automatismos y conductas intuitivas y viscerales. Toma decisiones rápidas, casi instantáneas, incita a la acción. No reacciona ante el medio plazo, solo lo hace ante lo inmediato. Es nuestro cerebro animal. Está condicionado por factores ambientales y sensoriales. Carece de poder de abstracción y nos predispone a lo que sea sin que nos demos cuenta. Genera la personalidad básica. Es la parte del cerebro que nos lanza hacia la procrastinación.

La corteza prefrontal es evolutivamente posterior o, si se quiere, superior. En ella radica la percepción sensorial, la capacidad racional, la cognición, la reflexión, el control, la atención, la planificación, la secuenciación y la reorientación de la conducta. Es la única zona cerebral capaz de manejar ideas a largo plazo, más lenta en la toma de decisiones, pero mucho más flexible. Gestiona bien las visiones generales, los conceptos abstractos, las metas distantes. Es la parte del cerebro que se opone a la procrastinación. Es la directora de orquesta, la que armoniza racionalmente nuestras decisiones. Sin ella, el cerebro sería una orquesta cuyo director dejara la batuta en manos de una persona del público sin conocimientos musicales: el concierto sería un desconcierto.

El sistema límbico se impone a la corteza prefrontal con más frecuencia en los impulsivos que en aquellos que no lo son. El sistema límbico consigue vetar, demorar o condicionar los planes a largo plazo de la corteza prefrontal y se inclina por lo inmediato, por la tentación del momento.

Para entender bien la situación de nuestros hijos adolescentes, hay que tener en cuenta que aún están recibiendo retoques a su corteza prefrontal, por lo que están muy expuestos a la procrastinación, aunque eso no quiere decir que no puedan hacer nada para reconducirla.

Lo veremos mañana.

 

 

Mañana más (y en días sucesivos)

El control de la procrastinación es muy importante para los estudiantes (y para quienes no lo son). Mi consejo a padres y profesores (y no lo limitaría a ellos) es que se tomen en serio el asunto. Excepcionalmente le estoy dedicando cuatro posts en días sucesivos:

Ayer traté de dibujar el perfil del procrastinador en ¡Tu hijo está procrastinando!

Hoy hemos visto las causas biológicas de esta conducta.

Mañana, en El antídoto de la procrastinación, veremos cuáles son las bases para su control.

Y cerraremos el jueves con 10 formas de luchar contra la procrastinación.

 

 

Hay 8 Comentarios

Muchas gracias por tomarte el tiempo de escribir estos artículos, la procrastinación es un problema que condena a muchos seres humanos a no hacer uso de todo su potencial.

Sin embargo, estoy de acuerdo con Josefa Isnar en cuanto a la posible confusión entre cerebro límbico y neocortical (o corteza prefrontal). El cerebro límbico lleva más tiempo con nosotros, pero esto no lo hace "inferior"... todo lo contrario, de hecho es él el director de la orquesta y no el neocortex como tú lo planteas. Es tanto así, que la motivación tiene que ver directamente con el cerebro límbico y nada con el neocortex. No voy a regarme aquí en un discurso científico, pero si investigas un poco más, encontrarás que es "inferior" el neocortex a la hora de luchar con patrones de conducta.

Un saludo desde Colombia.

Le habla un procrastinador y perfeccionista.No estoy de acuerdo en lo que dice al separar ambos ámbitos.Una de las caracteristicas de los perfeccionista es la de posponer eternamente alguna actividad por temor a no hacerla de manera perfecta.Prefiere no hacer la tarea a hacerla por debajo de sus expectativas de perfeccionismo, a pesar de la ansiedad que sufre por la continua portergación.

No procrastines y publica ya los siguientes artículos.

Excelente articulo. Sugiero que profundices con las ideas de Kahneman y ademas intentes una explicacion de porque el sistema limbico sobrepasa al cortex en lo que ha conducta se refiere. Es buena una racionalidad entendida como la primacia del cortex profrontal? que impacto tendria un ser humano que pensara lento, analizara, y gestionara sus emociones sobre la economia? que efecto tendria en la sociedad un ciudadano racional? que harian los politicos para llegar a un ciudadano que es inmune a los trucos emocionales y cognitivos que tan bien funcionan cuando dejamos al sistema limbico conducir la conducta...

Las procastinación está en la redes sociales, en internet, en la mensajería instantanea , etc, etc.

Lo que llamamos razón o razonar consiste en el desarrollo de una conversación, habitualmente con nosotros mismos, en la que se intenta seguir las reglas de la lógica; por ejemplo, cuando algo es verdadero su opuesto es falso, algo no puede ser verdadero y falso al mismo tiempo, etcétera. Es un tipo de pensamiento binario o dual en el que continuamente hay que elegir entre dos opciones, descartando una, hasta llegar a una conclusión.

Lo consideramos el rasgo distintivo de la especie humana y creemos que es lo que nos permite elegir y obrar de un modo inteligente. Pero es bien sabido que muchos de nuestros actos y de las decisiones que tomamos son inmediatos, están determinados por causas desconocidas y responden a motivos más poderosos que los que pueda dictar nuestro intelecto.

Es otra forma de pensamiento, sin palabras ni razonamientos, en la que intervienen emociones, intuiciones y sensaciones de las que ni siquiera somos conscientes, pero que muchas veces nos proporcionan la certeza o seguridad de que estamos haciendo lo adecuado; lo cual no siempre implica que lo sea.
http://www.otraspoliticas.com/educacion/educar-para-la-belleza

Una pequeña puntualización: nuestro "cerebro animal" es... todo el cerebro. La corteza prefrontal es una parte más del cerebro del animal llamado ser humano.

Muy interesante.
Seguiré leyendo y tengo 40 y estudiando...

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Sobre el autor

Carlos Arroyo

ha navegado profesionalmente entre las cuatro paredes de un aula, la redacción de EL PAÍS y la dirección del Instituto Universitario de Posgrado. Esa travesía le ha convencido de que educar bien a los hijos es saldar buena parte de la deuda con la vida. Es autor de Libro de Estilo Universitario y diversos libros de ayuda al estudiante.

Web: www.ayudaalestudiante.com
Correo: arroyocarlos@ayudaalestudiante.com

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