Ayuda al Estudiante

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El ecosistema educativo tiene un triángulo esencial: estudiantes, padres y profesores. Lo demás es contexto. Si este se sitúa en el centro de gravedad, algo va mal. Los análisis sobre educación tienen un peligro casi invisible: la paralización fascinada por lo mal que estamos. Descalificar sin analizar es injusto y analizar sin proponer alternativas, estéril. Así que el propósito de este blog es claro: ayudar a estudiantes, padres y profesores a encontrar alternativas de mejora.

¡Tu hijo está procrastinando!

Por: | 11 de marzo de 2013

Dilema resuelto. ¡Ahora!
“¿Pro… proqué? Oye tú, a mí no me sueltes esas cosas así como así. Mi hijo es un chico estupendo y estoy seguro de que nunca haría eso, que no sé lo que es, pero me suena fatal”.

Bueno, mantengamos la calma. Estamos ante un problemón de campeonato, pero no hay que alarmarse. Lo que hay que hacer es actuar para mejorar. Porque procrastinar, lo que se dice procrastinar, alguna vez lo hacemos todos: tú, yo, él, ella y ese de al lado. Eso sí, unos bastante más que otros, y algunos, con una dedicación digna de mejor causa. Los jóvenes lo hacen más que los mayores, y las personas impulsivas o muy emocionales más que las racionales. De donde se desprende que los jóvenes muy emocionales son maestros entre los maestros en esa conducta. Ver a algunos de ellos procrastinando a lo loco hasta podría producir gracia, si no causara preocupación.

Pero aclaremos, antes de profundizar en ella, que la palabra procrastinación no es demasiado empleada en español (de hecho, la definición que hace la Real Academia es totalmente insuficiente), pero su equivalente es bastante común en inglés (procastination). Es un término que proviene del latín (pro, hacia, y cras, mañana, por oposición a hoy) y es realmente un concepto con historia: Cicerón dejó dicho que "in rebus gerendis tarditas et procrastinatio odiosae sunt" (“En la ejecución de los asuntos, la lentitud y la procrastinación son odiosas”).

Y ahora ya, bajo el amparo de esa luminaria del Imperio Romano, podemos sumergirnos en el gran problema de la procrastinación, una de las principales causas de ineficiencia en el trabajo del género humano, lo que incluye, obviamente, a estudiantes y a quienes no lo son, al margen de que se dediquen a la política, la literatura, la educación, las energías renovables o la industria pesquera. E incluso a la consultoría sobre procrastinación.

 

Procrastinar es retrasar irracionalmente. Es dejar de hacer lo que realmente tenemos que hacer y, en su lugar, hacer lo que no habría por qué hacer precisamente ahora. Es decir, es dedicarnos a lo secundario, a lo irrelevante o a pasar el rato, rompiendo así, a sabiendas, el orden de nuestras prioridades reales. Y, de camino, causándonos a nosotros mismos perjuicios evidentes: retrasos, incumplimientos, agobios, estrés, oportunidades perdidas, metas no alcanzadas, etc.

Evitemos confusiones recalcando que no es sinónimo perfecto de diferir o aplazar como indica el Diccionario de la Real Academia. Si lo fuera, retrasar algo por causas razonables sería procrastinar, y lo cierto es que no lo es. Tampoco es sinónimo de incumplir, porque algunos incumplimientos pueden tener una causa objetiva y bien razonable. Se refiere a la demora o postergación, pero solo cuando es irracional o injustificada.

Como en tantas otras cosas, en la procrastinación hay grados y ámbitos. Hay procrastinadores extremos o graduales, y los hay generales o limitados a ciertos ámbitos de la vida (pero no en otros, según los intereses).

¿Cuál es la principal causa de procrastinación? Respuesta simple y directa, en dos palabras: la impulsividad. Los impulsivos extremos son aquellos que se dejan arrastrar por el deseo inmediato, lo quieren todo cuanto antes y no controlan sus impulsos. Por así decir, solo viven el momento. Rara vez se muestran metódicos, ordenados y concienzudos, aunque, como dilatan tanto las tareas, y a veces saben disimular, parezca justo lo contrario. Les cuesta esforzarse a corto plazo en pos de un beneficio a largo plazo; es decir, se conforman con recibir menos ahora que más después. En general son distraídos, poco previsores y no autocontrolados.

Pero los procrastinadores no tienen por qué ser vagos que no quieran hacer nada. Los hay vagos y los hay que no lo son en absoluto. En el fondo, a estos últimos les gustaría hacer lo que deben, pero no lo hacen en el momento adecuado: alteran sus órdenes de prioridad y se desvían con minucias, porque cualquier cosa es una poderosa tentación. Dejan que el entorno, y no ellos, marque su ritmo personal y altere sus metas.

Uno de sus principales problemas operativos es que carecen de tracción de arranque. Cuando empiezan a trabajar, experimentan el síndrome del sacapuntas. Se ponen a sacarle punta al lápiz, y a veinte lápices que tuvieran, antes de entrar en faena. Si intentan empezar algo no demasiado motivante sienten ansiedad, como si buscaran desesperadamente que algo les desvíe de sus débiles intentos de actuar. El reloj avanza, el tiempo se agota y el agobio hace aún más duro arrancar, por lo que alivian la presión haciendo como que hacen, ocupándose de cosas insignificantes o refugiándose en el entretenimiento para anestesiar su malestar difuso, siempre con la promesa ficticia de que “en cuanto acabe esto, ya me pongo en serio”.

El trabajo espera al procrastinador
¿Os suena de algo? El autoengaño justificativo es habitual en los procrastinadores, especialistas en echarle la culpa al calendario, a la complejidad o mala definición de la tarea, y a cualquier tipo de incidente sobrevenido. Y es que nadie sufre más imprevistos que los procrastinadores. Son los reyes de los imprevistos. Si vuestros hijos son propensos a este tipo de excusas, son claros candidatos. Cualquier justificación cabe en la ambigua zona de sombras entre no querer y no poder. Los hay incluso que se convencen de que, si no han hecho algo, es solo porque no era conveniente: disfrazan la procrastinación de decisión positiva.

Los procrastinadores son vulnerables y se meten frecuentemente en situaciones complicadas, porque dejar todo para más adelante reduce dramáticamente el margen de error (por ejemplo, al estimar el tiempo necesario o la dificultad de la tarea) y anula la capacidad de torear los incidentes sobrevenidos. Con tiempo, cualquier problema es abordable; sin él, cualquier minucia es una catástrofe potencial. Que dejen las cosas para más adelante puede interpretarse erróneamente como un exceso de confianza, cuando en el fondo lo que les sucede es exactamente lo contrario.

El rendimiento promedio de los procrastinadores extremos es inferior al de los no procrastinadores por dos motivos: porque reducen su tiempo de trabajo efectivo y porque ese tiempo es bastante menos productivo y más expuesto a nervios, incidentes o retrasos.

Al final, suelen acabar reduciendo la tarea a su esqueleto, a lo básico, y se convencen de que solo hacen progresos fabulosos en el mismísimo borde de la línea roja. También son los reyes de la deadline. Por lo general no es así, pero se sienten compensados por el gran alivio de haber cumplido, mal que bien, cuando ya habían perdido las esperanzas. Ese último respiro les genera su pizca de orgullo y una frecuente sobrevaloración de la calidad de su trabajo.

Pero muchos procrastinadores extremos se ven sometidos a frecuentes episodios de fuerte estrés, como consecuencia de las dificultades para llevar adelante sus tareas, y también por los sentimientos de culpa que generan las continuas dilaciones. De hecho, como dicen los expertos, el miedo a hacer una tarea les consume más energía que hacerla. Una de las consecuencias de esta situación es que, a menudo, tienden a concebir de una manera agónica sus responsabilidades y, además, a exagerar artificialmente la magnitud de sus tareas.

Como ha quedado dicho, hay procrastinadores extremos, medianos y ocasionales, y también es perfectamente posible que una persona sea procrastinadora en general, o en determinados ámbitos que no le atraigan, y no lo sea en otros en los que se sienta motivada. La motivación y la procrastinación son inversamente proporcionales, por lo que, depende del ámbito en cuestión, una persona puede ser a la vez procrastinadora en esto y previsora, cumplidora y eficiente en aquello otro.

 

 

Mañana más (y en días sucesivos)

El control de la procrastinación es muy importante para los estudiantes (y para quienes no lo son). Mi consejo a padres y profesores (y no lo limitaría a ellos) es que se tomen en serio el asunto. Excepcionalmente le dedicaré cuatro posts en días sucesivos:

Hoy he tratado de dibujar el perfil del procrastinador.

Mañana, en La procrastinación está en el cerebro, profundizaremos en las causas de esta conducta.

Pasado mañana, en El antídoto de la procrastinación, veremos cuáles son las bases para su control.

Y cerraremos el jueves con 10 formas de luchar contra la procrastinación.

Para todos aquellos que estén interesados, recomiendo el muy clarificador libro de Piers Steel, profesor de la Universidad de Calgary (Canadá), Procrastinación : Por qué dejamos para mañana lo que podemos hacer hoy. Barcelona : Grijalbo, 2011). 

 

Hay 20 Comentarios

Muy buen artículo Carlos, me identifico si más bien no totalmente, parcialmente, y me preocupa.

Por cierto, ¡acabo de enterarme de que la RAE es ahora la fuente de conocimiento universal, que bajo ningún concepto puede ser cuestionada! Hay cada payaso suelto...

La procrastinación es un problema cada vez más común... Estoy escribiendo una guía sobre el tema basado en varios estudios y libros que he leído y recopilado.

http://BryantHernandez.com

ESO ES MUY LARGO

ESO ES MUY LARGO

Hola Carlos, muchas gracias y felicidades por la gran labor que ejerces.
Comparto contigo y con los demás lectores de forma resumida sobre mi historia personal y a lo que me dedico actualmente.

Yo durante muchos años he sufrido este mal y caro hábito de posponer las cosas una y otra vez y todo comenzó en mis años de estudiante. Por entonces no sabía ni le ponía un término a lo que me estaba sucediendo, ahora ya se le conoce y le han denominado procrastinación. Así que puedo decirte que durante muchos años dedique mi vida a la procrastinación.

Sinceramente no me sentía motivada ni ilusionada cuando estudiaba. Lo hacía porque yo creía que era lo que tenía que hacer, mi obligación. Para mí era lo que tenía que hacer en ese momento.
Estudié Pedagogía y a pesar de lograr terminar la carrera, yo seguía sintiéndome mal por casi todo. MI PROBLEMA era: que NO había aún descubierto con claridad cuál era mi pasión, mi vocación, a lo que yo realmente quería dedicarme profesionalmente donde yo pudiera sentirme realizada, plena y bien conmigo misma con lo que hacía. Esto me hacía sentir un malestar interior generalizado.

Pero decidí tomar una nueva dirección en mi vida cuando llegó el día en el que ocurrieron una serie de situaciones inesperadas y difíciles en mi vida laboral que yo no pude controlar en ese momento, y me pregunté: ¿Y ahora qué? Fue desde ese instante cuando tomé la firme decisión de volver a empezar, pero esta vez sí iba a ser diferente.

Y fue a partir de ahí cómo me reinventé de nuevo, mis hábitos cambiaron por completo, y como consecuencia puedo decirte que se produjo en mí lo más importante de todo: mi transformación interna personal independientemente de las circunstancias y situaciones externas que me rodeaban y que vivía en esos momentos.
Ahora me doy cuenta de que todo tuvo que suceder y no fue casualidad, para yo encontrarme ahora haciendo lo que más amo. Por fin hice realidad mi sueño, que por muchos años siempre había estado en mi mente, y era tener mi propio negocio por mí misma, pero que por circunstancias había dejado a un lado pero siempre estuvo ahí.

Y ahora estoy dedicada y totalmente entregada y comprometida a ayudar a personas que sufren este enemigo hábito improductivo de la postergación como forma de vida y que al igual que yo en su día, te encuentras batallando con esta lucha interna de posponer, para que por fin puedas también romper esa lucha para siempre y puedas vivir la libertad basada en el estilo de vida que tú elijas crear y disfrutar y que tanto te mereces.
Es por esa razón que he creado un programa que verdaderamente ayuda a destruir por fin y para siempre este enemigo hábito y se llama: "Destruye La Postergación AHORA...!.

Os invito a visitar mi blog y podréis descargaros gratis mi audio donde explico cuál es el enfoque válido que me ha ayudado a mi y desde mi experiencia tanto personal como profesional y que os ayudará a destruirlo de una vez por todas además de mis artículos y boletin semanal que entrego que os dará información muy valiosa acerca de cómo desaprender este caro hábito y crear en su lugar los hábitos positivos y ganadores que te ayuden a lograr tu éxito en todas las áreas de tu vida.

Mi blog es: www.NoeliaDuran.com

Os deseo a todos todo lo mejor.
Muchas gracias por vuestro tiempo y atención.
Un saludo cariñoso a todos!.

Noelia.

Ok tengo ese problema, necesito leer los proximos posts para saber como salir de esto...

Esa parte de se refugia en el entretenimiento me describe totalmente, a veces pienso que lo hago porque la realidad me parece aburrida y poco satisfactoria, soy ya una persona incapaz de sentir inspiración por algo y entre más conosco la sociedad y nuestro sistema económico más me asquea, creo que es por eso que me refugio en el entretenimiento. En el fondo quisiera cambiar de verdad espero con ansias tus siguientes artículos para ver si veo manera de hacerlo.

Este artículo me hace pensar en Mi hijo y en Mi, que tenemos Tdah

Imagino que un procastinador extremo tendría dificultades para leer el post completo.

tanta negrita...

Claro... ahora entiendo lo del despido procastrinado de Barcenas...

Yo soy una procrastinadora nata. De hecho, mientras leo y escribo esto estoy procrastinando...

¿Cómo va a estar mal la RAE? esto es alucinante. ¿Ahora corregimos a la RAE?

Muchas gracias por el artículo. Me interesa mucho leer los otros.

...desde la frase "son los reyes del deadline" me describe como si me conocieran, hasta colorada me he puesto...pero quien no lo "sufre" no lo entiende. Yo entiendo a los que no me entienden y no me tienen paciencia. A veces siento que hago esfuerzos sobrehumanos para cumplir cosas que son relativamente "faciles". No es algo que afecte a todos los ambitos de mi vida ni mucho menos, de hecho me organizo bastante bien. Pero cuando tengo que hacer algo que no tengo ganas, es horroroso: stress, nervios, mal humor. Mis hijas me han hecho ponerme las pilas: cuando un bebe tiene hambre, o necesita cambio de pañales, no hay tu tia: mueves el culo...Pero esto de "pfff luego lo acabo", a veces es como si no pudiera hacer nada para cambiarlo. Como si fuera genetico. Gracias por el articulo, me lo guardo.

Conocía el término y me lo aplico porque me identifico con esa descripción, pero nunca habia leído un artículo tan interesante en torno al tema ( sería que estaba practicando dicha "afición" je je ). salu2.

Gracias, Carlos, por tu artículo y por tu claridad de exposición. Seguiré con interés los tres siguientes.

De donde te sacas que sea irracionalmente, yo nunca lo he entendido con ese significado, y la RAE creo que tampoco.

Qué interesante, muchas gracias, leeré con atención los próximos. Sí, bueno, entre párrafo y párrafo pienso en otra cosa y me distraigo pero ya intentaré concentrarme más...

Jamás había oido esa palabra. Muy interesante!!

http://areaestudiantis.com

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Sobre el autor

Carlos Arroyo

ha navegado profesionalmente entre las cuatro paredes de un aula, la redacción de EL PAÍS y la dirección del Instituto Universitario de Posgrado. Esa travesía le ha convencido de que educar bien a los hijos es saldar buena parte de la deuda con la vida. Es autor de Libro de Estilo Universitario y diversos libros de ayuda al estudiante.

Web: www.ayudaalestudiante.com
Correo: arroyocarlos@ayudaalestudiante.com

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