Ayuda al Estudiante

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El ecosistema educativo tiene un triángulo esencial: estudiantes, padres y profesores. Lo demás es contexto. Si este se sitúa en el centro de gravedad, algo va mal. Los análisis sobre educación tienen un peligro casi invisible: la paralización fascinada por lo mal que estamos. Descalificar sin analizar es injusto y analizar sin proponer alternativas, estéril. Así que el propósito de este blog es claro: ayudar a estudiantes, padres y profesores a encontrar alternativas de mejora.

Anonimato y debate educativo

Por: | 11 de abril de 2013

Anónimos 1
En sus dos meses de vida, este blog ha establecido una relación gratísima con los lectores. Unos estaban de acuerdo, otros disentían con matices, había quienes echaban de menos este o aquel enfoque y también los que mostraban un desacuerdo absoluto. Creo que, en estos momentos de extraordinaria vulnerabilidad en el ámbito educativo, ha sido una reacción incluso demasiado acogedora por parte de los lectores, padres y ciudadanos en general (muchos de ellos profesores, pero no solo, porque este no es un blog profesional, sino educativo en un sentido muy amplio).

Los acuerdos son satisfactorios (y algunos, muy emotivos), pero debo reconocer que lo más enriquecedor intelectualmente son las divergencias. Esas son las que aún hacen replantearte ideas que a veces te acompañan casi de toda la vida.

Con muchos comentaristas, críticos y no tan críticos, he cruzado mensajes privados y ello me ha encantado. De hecho, he invitado a alguno de los más rotundos críticos a participar con un post y espero que pronto acepte mi invitación. A todos ellos les doy las gracias de manera sincera, lo mismo que a quienes simplemente han leído, twiteado o pulsado la tecla de Facebook. Sentir al otro lado de la pantalla la presencia de estas personas que viven así la educación es una gran experiencia que merece ser agradecida de verdad.

Pero estas semanas también me han proporcionado la muy curiosa experiencia de conocer a alguien de cuyos textos se ha dicho lo siguiente:

“Este artículo es un buen resumen del tipo de pensamiento que ha destruido la educación”.

“La idiotez más grande que he leído en los últimos años. (…) Las afirmaciones sin ningún valor de este señor…”.

“Parece usted un pedagogo de salón, un adalid de la vagancia, un promotor de la indisciplina y un profeta de la desidia. ¿Sigue usted en un aula? Si su respuesta es sí, su opinión merece ser tenida en cuenta. Si su respuesta es no... su opinión es spam”.

“Efectivamente, lo suyo es no vivir la realidad y sí, es un usted otro pedagogo de salón y lo peor, sobráis. (…) Por favor, dejen de echarnos tierra. Toda la sociedad nos ha quitado la dignidad. ¡No venga a rematar al casi muerto!”.

“Es como una liquadora de esas Somela antiguas, donde parece que el autor hubiese vaciado palabras y las hubiese escupido”.

“Por favor, cambie su blog a la sección Humor”.

“Como siempre, mucho rollo muy bien envuelto en palabrería seudocientífica. [A los profesores les saldrá un] sarpullido cada vez que lea artículos como este llenos de palabras sin sentido y tan alejados de la realidad del aula”.

“¿Un vano ejercicio de auto escándalo autocreado para la propia y onanista autosatisfacción?”.

“Patético alegato por la digitalización”.

“¿Y este señor por qué escribe que es un sistema de comunicación tan antiguo?”

“¿Alguna vez ha trabajado (del verbo haber, con hache [paréntesis del lector])?”.

También ha habido otros mensajes no menos críticos, aunque con un tono perfectísimamente respetuoso, y adecuadamente firmados, como el siguiente: “Tras un número innecesario de palabras llega usted a unas conclusiones palmarias y para llegar a ellas no hacía falta el resto del artículo. (…) Infórmese mejor al respecto. (…) Lo que me indigna es que, empleando unos cuantos tópicos, usted sirve la polémica, el rifirrafe, cuestionando el desempeño de muchos docentes en una época en la dignidad y el buen hacer de esos muchos está en cuestión y eso (…) es indigante y reprobable. (…) Piense en términos éticos la próxima vez que vaya a escribir”.

De todos estos párrafos la pregunta surge solita: ¿Quién será ese personaje que tan de los nervios pone a algunos comentaristas? ¿Rasputin? ¿El Estrangulador del Estudiante? ¿O quizá peor aún: el diseñador de la web de Renfe?

Pues no. Es justamente el que suscribe, el autor del blog. Y lo cierto es que, al leer de una tacada todos esos párrafos, extraídos de mensajes de profesores anónimos en su mayoría, uno no tiene más remedio que mirarse al espejo para tratar de reconocerse. Cuesta lo suyo, especialmente a alguien que ha vivido siempre en relación permanente con la educación.

Anonimato 2
Soslayaré mi propia peripecia personal y profesional, porque aquí no pretendo plantear, ni muchísimo menos, si tengo razón o no en mis planteamientos. Eso queda al libérrimo criterio de cada lector de cada uno de los textos. Lejos también de cualquier victimismo de pacotilla, solo me anima la intención de dejar sentado que aceptar lecciones o reprimendas en materia de respeto por la profesión de profesor me costaría un poquito, por decirlo sutilmente.

Por si a estos anónimos profesores le sirve de algo, cosa que dudo, les confesaré que soy nieto de profesor, hijo de profesora, hermano de dos profesores (con dos cuñadas profesoras), sobrino de dos profesores y primo de dos profesores. Mi mejor amigo de infancia y su mujer son profesores. Mi mejor amigo de madurez es profesor, como su mujer y sus tres hijos. Y me da la impresión de que mi familia llegará felizmente a la cuarta generación de profesores, al menos con una de mis sobrinas.

Soy consciente de que a quienes, quizá movidos por la irritación generada por alguna de mis ideas en el contexto de una situación extremadamente complicada para la educación, prefieren descalificar antes que discutir, disentir o criticar, todo eso no les dirá nada de nada. Y está claro que venir de una familia de profesores no impregna de verdad las propias ideas, pero solo lo he dejado dicho por lo del respeto a la profesión y a la educación.

Lo que sí me parece bastante más importante es insistir en algo que ya han dicho personas más relevantes que yo (recuerdo a varias, pero no quisiera equivocarme ni comprometer a nadie).

El anonimato es un ecosistema letal para el debate. Genera un entorno dialéctico metafóricamente equiparable al de las aguas de Río Tinto, con su sopa de algas extremófilas, las únicas capaces de sobrevivir en condiciones hostiles. En esas condiciones dialécticas de acidez (o alcalinidad), nivel salino o temperatura extrema, es muy complicado el intercambio y la difusión de ideas, opiniones o conocimiento. Yo diría que ese intercambio es imposible.

A cualquiera se le ocurren mil consideraciones sobre el ecosistema digital, sobre las redes y sobre lo que debe hacerse para facilitar la activa y creciente participación de los usuarios, pero lo cierto es que cada vez es más evidente el riesgo de la degradación formal de la discusión (no me refiero a que se tenga razón o no en los argumentos, obviamente) y de la pura y simple comunicación, como consecuencia de esa deletérea impunidad que permite la ocultación.

Lo que sí me gustaría pedir a los lectores que deseen expresar sus descuerdos (naturalmente en los términos que ellos consideren adecuados) es que, cuando se trate de "descalificaciones de alta intensidad", lo hagan identificándose. Nada les obliga y nadie les censurará ningún mensaje, pero creo que el nivel del debate mejoraría sustancialmente. Y también su poder de persuasión, no tengan la menor duda.

Una última preocupación me asalta. Aunque sea en tan pocos casos, ¿este es el estilo de debate que enseñan algunos profesores a sus estudiantes? ¿Aplican un doble baremo?

¿O enseñan directamente un debate sin formas?

Porque todo ello tiene un nombre, pero por ahora es mejor mantenerlo en la penumbra.

 

 

Nota

He recibido numerosos mensajes privados que me han animado a abordar el próximo jueves, 18 de abril, el tema de la identidad del profesor. Dicho de manera más simple, La doble imagen de los profesores (ante sí mismos y ante la sociedad). Es un asunto muy analizado en términos científicos y académicos, pero yo obviaré ese enfoque y me limitaré a hacerlo de forma mucho más genérica, casi callejera.

De nuevo soy consciente de los riesgos de rechazo y descalificación en los que se incurre al tratar un tema tan delicado, pero estoy convencido de que la construcción de tabúes genera distancia, incomprensión y, a la larga, enquistamiento de las situaciones. Creo que la situación de los profesores necesita mucho respeto y algunas explicaciones, pero no la condescendencia ni la protección del silencio. Y estoy convencido de que la mayoría de ellos piensa algo similar.

Como podréis comprobar el jueves, también os haré una propuesta de participación que espero que dé para mucho. Me encantará que os animéis a enviar vuestros textos. Guardaré la sorpresa hasta el jueves.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hay 10 Comentarios

Como bien dice, uno de los mayores problemas de Internet es el anonimato. Puede que tenga cosas buenas, pero normalmente sólo sirven para intentar dañar a otros. Es una lástima dar un uso tan indigno a uno de los inventos más importantes del siglo pasado.
https://www.matesfacil.com/

Salutem plurimam.

La educación ya no es lo que era, en estos tiempo la educación esta fatal, debido a la falta de motivación de los maestros y de tantos recortes. Al final los que sufrimos las consecuencias somos los estdiantes!

Tienes toda la razón en lo del anonimato a la hora de comentar. Te sigo desde que iniciaste este blog. En alguna parte del artículo me he dado por aludido ;)
Un abrazo

¡Buen artículo!

Hola Carlos,

Ya sabes que disfruto leyendo y aprendiendo de vuestras opiniones. Este blog se acabará guiándose ,como la casa de los Medicci, por una extraordinaria buena gestión de la diversidad. Y es, efectivamente esa diversidad la que permitirá que evolucionemos y mejoremos -entre todos- el sistema educativo español.

Saludos...con mucha curiosidad por descubrir tu sorpresa.

Blanca

Soy estudiante de ingeniería industrial.(5 curso)Eso no aportaría nada a mi comentario de no ser porque, refleja una cierta permanencia en el sistema educativo que me permite la formación de una opinión propia.
Creo firmemente que el desencanto de ciertos colectivos de profesores (afortunadamente no todos) ha conllevado una actitud de desidia en ciertos casos, de creerse que sus asignaturas (contenidos o su propia metodología) son
aburridos y que por ello no merece la pena el esfuerzo de intentar mejorar.
El problema es que esto a su vez trae consigo una actitud "pasota" hacia los contenidos expuestos que no hace sino acrecentar este efecto.
PE: pido disculpas por posibles faltas dado que escribo desde mi móvil.

Cuando en vez de contraargumentar se descalifica, el debate deja automáticamente de serlo, y se convierte en otra cosa. Probablemente en frustración mal canalizada. Si la mayoría de estos comentaristas son profesores, deberían tener la ética profesional de razonar sus críticas. Se lo deben a sus alumnos.

Muy buen articulo sobre la educación en España.

pues esperamos la sorpresa :)) en cuanto la idea de doble imagen del profesor ...hmmmm, no lose :))
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Sobre el autor

Carlos Arroyo

ha navegado profesionalmente entre las cuatro paredes de un aula, la redacción de EL PAÍS y la dirección del Instituto Universitario de Posgrado. Esa travesía le ha convencido de que educar bien a los hijos es saldar buena parte de la deuda con la vida. Es autor de Libro de Estilo Universitario y diversos libros de ayuda al estudiante.

Web: www.ayudaalestudiante.com
Correo: arroyocarlos@ayudaalestudiante.com

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