Ayuda al Estudiante

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El ecosistema educativo tiene un triángulo esencial: estudiantes, padres y profesores. Lo demás es contexto. Si este se sitúa en el centro de gravedad, algo va mal. Los análisis sobre educación tienen un peligro casi invisible: la paralización fascinada por lo mal que estamos. Descalificar sin analizar es injusto y analizar sin proponer alternativas, estéril. Así que el propósito de este blog es claro: ayudar a estudiantes, padres y profesores a encontrar alternativas de mejora.

La primera pregunta del examen es...

Por: | 30 de abril de 2013

Examen 2
La primera pregunta del examen es... ¿cuál es tu objetivo en este examen?

¿Salir del paso? ¿Sentarte a ver si suena la flauta? ¿Pasar el mal trago cuanto antes? ¿Aprobar por los pelos? Son opciones que en algún caso podrían llegar a ser comprensibles, pero que, en general, demostrarían un erróneo enfoque de tu responsabilidad como estudiante. 

En el anterior post, Tormenta de exámenes, resumimos cuál debería ser el sentido de los exámenes dentro de la evaluación del aprendizaje. Una vez establecida la gran importancia de los exámenes en nuestro sistema educativo, creo que sería bueno contestar por derecho a la pregunta con la que comenzaba esta entrada.

Tu objetivo debería ser obvio, pero es frecuentemente olvidado: rentabilizar al máximo, en términos de puntuación, tus conocimientos y tus habilidades. Es decir, aprovechar lo que sabes para sacar la mejor puntuación posible, si fuera posible por encima incluso de tu auténtico nivel de conocimientos (excluyo las trampas, por supuesto; solo me refiero a maneras de aprovechar de forma óptima tus conocimientos).

Aunque muchos estudiantes creen que no necesitan consejos sobre cómo realizar exámenes porque ya han hecho muchos, la experiencia demuestra que algunos malos hábitos permanecen, al margen de cuán largo sea el historial estudiantil. Por eso es interesante recordar pautas como las que siguen, siempre inspiradas en la necesidad de optimizar los resultados.

1. Puntualidad. Es una virtud general que se convierte un importante factor de serenidad y presintonía psicológica en los exámenes. En este caso, llegar a tiempo significa llegar antes de tiempo, porque entrar a las 09.59.59 cuando el examen es a las 10.00 es jugar a la ruleta. 

2. Relajación. Llegar con margen suficiente permite ubicarse con tranquilidad, respirar, relajarse en la silla y sacar el material necesario. Si se tiene tiempo de hablar con los compañeros, mejor relajadamente y evitando conversaciones que provoquen dudas, tensión o incertidumbre.

3. Reparto. Cuando el profesor reparta las hojas, no puedes estar sacando o colocando tus cosas: a partir de ahí, tu cerebro debe pasar de 0 a 100 a la velocidad de un fórmula 1.

4. Comprobación. Comprueba que tienes el examen completo y en condiciones.

5. Aclaraciones. Escucha las explicaciones o aclaraciones del profesor. Los nervios impiden a veces captar aclaraciones importantes sobre la forma de contestar o incluso sobre eventuales errores de enunciado.

6. Puntuación y penalizaciones. Antes de empezar debes saber si las preguntas puntúan por igual y sin hay algún tipo de penalizaciones.

7. Tiempo. Antes de empezar ya debes saber el tiempo disponible. 

8. Identificación. Identifica adecuadamente, desde el primer momento, todas las hojas que vayas a usar (entregadas por el profesor o tuyas). 

9. Primera ojeada. Es bueno echar una mirada rápida a todos los enunciados. El objetivo es triple: comprobar que conoces las respuestas y descartar preguntas que te resultarían imposibles; calibrar inicialmente la dificultad y el tiempo necesario, y, lo más importante, empujar al cerebro a focalizarse en las preguntas reales y pasar a plano remoto aquello que ya no va a ser materia de examen. 

10. Cálculos temporales. Haz una estimación de tiempos. La distribución incluye exploración, respuestas y seguridad. Sobre un ejemplo de una hora, dedica 5 minutos a la exploración inicial y rodaje tras los primeros nervios (si es menos, mejor). Guarda 10 minutos finales de seguridad para las preguntas que necesitas revisar y el último repaso de comprobación (si es menos, mejor). Te quedarían 45 minutos para el cuerpo del examen. Si son 10 preguntas, ya sabes: algo más de cuatro minutos por pregunta. Así vas estimando tu consumo de tiempo y autorregulándote. Si el examen tiene otra duración, haz la correspondiente traducción.

 

Examen 3

11. Orden de respuesta. Una vez estimado el ritmo temporal, empieza a contestar. Pero antes, párate unos segundos. ¿En qué orden? ¿En el de la numeración del profesor? No necesariamente. Tu único criterio debe ser el de rentabilidad de puntos y de tiempo. Empieza por las que más puntúen y domines. A continuación, las que más puntúen y medio domines, o bien las que puntúen menos, pero domines. Finalmente, inténtalo con las que desconoces. No cometas el error de intentar conseguir un punto antes que tres, solo porque la pregunta esté antes o resulte más facilona.

12. Relectura. Antes de contestar, lee y relee el enunciado. La tensión genera multitud de malas interpretaciones. Fíjate en los detalles. A veces, sobre todo en estas situaciones, entendemos lo que queremos entender, no lo que está escrito. Si no comprendes la pregunta, no te cortes: pídele aclaraciones al profesor. 

13. Siguiente pregunta. Si te atascas en una pregunta que creías dominar, no te detengas. Pasa a la siguiente, y deja a tu cerebro trabajando en segundo plano. Ya volverás a ella. No malgastes mucho tiempo buscando inspiración si estás a la mitad del examen.

14. Pensamientos negativos. Es imprescindible expulsar de la mente cualquier pensamiento negativo, de temor o de incertidumbre. Caer en ellos sería como para un gimnasta vacilar justo cuando está encima de las paralelas.

15. Relax. Si te desbordan los nervios, para en seco. Levanta el bolígrafo del papel y emplea dos minutos en respirar, relajarte y darte ánimos. No te dejes bloquear. No te preocupes por tener que gastar unos minutos en recuperarte. Es tiempo ganado.

16. Nunca el primero. La prisa es, junto con los nervios, la enemiga número uno. Jamás entregues el primero. No te van a evaluar por lo rápido que seas, sino por cómo contestes. Entrega de los últimos, aprovechando todo el tiempo para repasar las respuestas. Entregar antes de lo obligado es malgastar posibilidades de perfeccionar o comprobar las respuestas.

17. Revisión a fondo. Los últimos minutos deberían ser para dos fines: terminar las preguntas atascadas y revisar todas las respuestas. Pero revisar no es recrearte en lo bien que lo has hecho: es buscar errores y mejoras. Una revisión a fondo podría valerte un punto (o evitar su pérdida, que viene a ser lo mismo).

18. Fórmulas. En materias científicas, como Matemáticas, Física o Química, es inexcusable revisar fórmulas, cálculos y unidades. 

19. Ortografía y gramática. En idiomas extranjeros (y también en el propio) la revisión ortográfica y gramatical es imprescindible.

20. Imprudencias. Hablar con compañeros durante la realización del examen es jugar a la ruleta rusa. Por otro lado, copiar podría ser un truco de listos si es algo ocasional para solventar un lapsus, pero se convierte en un vicio de listillos cuando se convierte en habitual. Creer que los profesores no notan nada al corregir o que no hay riesgo de ser pillado in fraganti es una perfecta ingenuidad.

 

EVALUANDO LA EVALUACIÓN

El examen no acaba ni mucho menos cuando entregas los folios, y tampoco cuando recibes la nota. Si a los profesores debería exigírseles que el examen no lo sea todo, deberías aplicarte el cuento y tomar cada examen corregido como algo que te da buenas pistas para mejorar.

1. Revisa la corrección. En primer lugar, para ver si hay errores de valoración de preguntas o de suma de puntuaciones. Si fuera el caso, pide la revisión de forma correcta. Hacerlo de forma inadecuada solo juega en tu contra a corto o medio plazo.

2. Aclara dudas. Si hay algún criterio de corrección que no entiendes, pregunta. Aparte de sacarte de dudas sobre el caso, te servirá para futuros exámenes.

3. Aprende de los errores. Toma nota de los errores que has cometido. Si son de contenido, para reaprender. Si son de procedimiento, para mejorar tu forma de trabajar.

4. Saca conclusiones. A tenor de la corrección del profesor, capta sus preferencias, sus tendencias, su manera de entender la materia. Una corrección dice mucho no solo del corregido, sino también del corrector.

 

 

Nota

He desarrollado el tema de los exámenes de forma sintética en Tormenta de exámenes y en este post. Queda comprometido para más adelante el análisis de un tema tan esencial como el del método de estudio. Sin él, hablar de cómo abordar los exámenes puede ser para algunos estudiantes una especie de abstracción. En el libro Soy estudiante y necesito ayuda le dedico numerosas páginas. Volveremos a ello.

Hay 5 Comentarios

Muy buenos consejos para los alumnos, quienes muchas veces se paralizan cuando tienen delante el examen y olvidan la materia. Les pasaré a mis alumnos una hoja con estos consejos.

En los exámenes de matemáticas, los alumnos cometen muchos errores tontos por culpa de los nervios. Por eso, siempre les recuerdo que repasen el examen antes de entregarlo.

Sin entrar a cuestionar la necesidad o no de los exámenes, lo cierto es que se utilizan en exceso y se utilizan mal, causando más perjuicios que beneficios. Porque no es lo mismo estudiar para aprobar un examen que estudiar para aprender; las intenciones, las actitudes y los métodos empleados son muy distintos en uno y otro caso, y lo que se consigue también.
http://www.otraspoliticas.com/educacion/examenes

Pues si sigues todos estos pasos y te lo tomas con tranquilidad y has estudiado apruebas.

Pues si sigues todos estos pasos y te lo tomas con tranquilidad y has estudiado apruebas.

Yo añadiría relativizar los comentarios de los compañeros antes de empezar el examen. Siempre alguno hace un comentario poco oportuno. Muy buenos consejos!!

http://areaestudiantis.com/

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Sobre el autor

Carlos Arroyo

ha navegado profesionalmente entre las cuatro paredes de un aula, la redacción de EL PAÍS y la dirección del Instituto Universitario de Posgrado. Esa travesía le ha convencido de que educar bien a los hijos es saldar buena parte de la deuda con la vida. Es autor de Libro de Estilo Universitario y diversos libros de ayuda al estudiante.

Web: www.ayudaalestudiante.com
Correo: arroyocarlos@ayudaalestudiante.com

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