Ayuda al Estudiante

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El ecosistema educativo tiene un triángulo esencial: estudiantes, padres y profesores. Lo demás es contexto. Si este se sitúa en el centro de gravedad, algo va mal. Los análisis sobre educación tienen un peligro casi invisible: la paralización fascinada por lo mal que estamos. Descalificar sin analizar es injusto y analizar sin proponer alternativas, estéril. Así que el propósito de este blog es claro: ayudar a estudiantes, padres y profesores a encontrar alternativas de mejora.

Cuantas más horas practico más suerte tengo

Por: | 13 de mayo de 2013

Time to learn
Hay tres formas de estudiar en época de exámenes. La inevitable, la infrecuente y la inencontrable.

La inevitable es cuando ya no tienes más remedio que estudiar: malamente, bajo la presión del último minuto. Esa línea roja te deja hecho unos zorros con su engañosa dosis de adrenalina. Te llegas a creer que has cumplido, pero es una alternativa engañosa y desaconsejable, como hemos desarrollado ampliamente al hablar de la procrastinación.

La infrecuente consiste en hacerlo con una planificación tan precisa como perseverante en acumulación de horas y esfuerzo. Se trata de trabajar con un horario de estudio y, aunque es estadísticamente más bien rara, sus resultados son incomparablemente mejores que los de cualquier alternativa se mire por donde se mire.

La inencontrable es la que se basa en la promesa de estudiar más adelante, bajo el influjo irresistible de la inspiración del momento, esa que nunca asoma si no demuestras que ya no la necesitas (precisamente porque estás trabajando duramente). Es una promesa envuelta en celofán y rellena de aire: nada. 

La mayoría de los estudiantes (¿solo los estudiantes?) suelen cometer el error de agarrarse a la primera opción mientras sueñan con la tercera, con lo que desatienden la única que de verdad garantiza un éxito académico estable, que es la segunda: la planificación, o dicho de forma más simple, el horario de estudio. Este es el único que permite una acumulación eficiente de esfuerzo.

Veamos tres ilustres ejemplos:

“Yo sé cuando estoy un día sin ensayar. Cuando son dos días, los críticos lo notan. Y si dejara de ensayar tres días, sería la platea la que notara la diferencia”. Niccolò Paganini (1782-1840).

“He practicado 14 horas diarias durante 37 años y ahora me llaman genio”. Pablo Sarasate (1844-1908).

Larry Bird encestó en el último segundo de una final y su equipo ganó el partido. Un periodista le preguntó: “¿Qué se siente al tener tanta suerte?”. Su respuesta fue: “Curiosamente, cuantas más horas practico este tipo de canastas, más suerte tengo”.

De estos tres ejemplos (se podrían poner por decenas) se desprende que el último minuto no existe en la mente de quienes realmente brillan en su actividad. Y, en cuanto a la inspiración, quizá venga a la fiesta, pero lo inteligente es empezar sin ella. Cuando llegue, que se sume.

Esta línea de pensamiento nos lleva al horario de estudio como la mejor opción para nuestros jóvenes. Nos costará que lo asuman, pero merece la pena que intentemos persuadirles de sus ventajas, aunque solo sea para que no caigan en penosos pensamientos del estilo de:

1. No avanzo, paso el tiempo como si estudiara (pero no lo aprovecho).

2. Decidir ponerme (o no) a estudiar me supone tantas energías que luego me cuesta alcanzar el ritmo. 

3. Pierdo demasiado tiempo yendo y viniendo (de una materia a otra, de una actividad a otra).

4. No ajusto el tiempo a la dificultad de las materias, me dejo llevar por lo que más me gusta (o menos me desagrada).

5. Pienso frecuentemente en lo que podría estar haciendo (en lugar de estudiar).

6. Me desconcentran mis ganas de acabar (o de abandonar).

 

Deberes, estudiar, leer

 

¿Cuál es el antídoto adecuado para esas situaciones? Todos lo conocemos: se llama horario. Porque no se trata de estudiar cuando a uno le apetece (¿nunca?), cuando se le acumulen las cosas, cuando tenga encargos importantes, cuando los padres se enfaden o cuando no haya nada mejor que hacer. Se trata de adquirir el hábito y el nivel de entrenamiento que solo proporciona un buen horario, y entre cuyos beneficios encadenados destacan: 

1. Generar el hábito de estudio.

2. Acumular esfuerzos.

3. Acumular conocimientos (gracias a la acumulación de esfuerzos).

4. Asociar ideas orientadas a nuevos aprendizajes (gracias a la acumulación de conocimientos).

5. Mejorar las técnicas de estudio y adaptarlas a uno mismo (gracias al entrenamiento y al método de ensayo y error).

6. Aumentar la capacidad de concentración (gracias al hábito).

7. Mejorar  la capacidad organizativa (gracias el entrenamiento).

8. Mejorar la capacidad de previsión, anticipación y autogestión.

9. Incrementar la agilidad y capacidad de trabajo (por el hábito y la mejora de las técnicas).

10. Fortalecer el autoconcepto y el nivel de satisfacción con uno mismo.

Calendario

Y ahora, a lo práctico: ¿Cuáles son las pautas para elaborar un horario de estudio? Aquí están las esenciales:

1. El tiempo semanal oscila entre las 15 y las 18 horas (en 6 días), pero eso solo lo puedes ajustar uno. Lo que no cabe es improvisarlo.

2. La sesión diaria debe oscilar entre 2 y 3,5 horas (descansos incluidos). 

3. Cada sesión diaria contiene varias unidades de estudio y sus pausas, y termina con una breve organización final. Posibles modelos que cada uno debe adaptar: 2 horas disponibles (60 m + 5 m de pausa + 55 m); 2,5 horas (50 m + 5 m de pausa + 45 m + 10 m de pausa + 40 m); 3 horas (60 m + 10 m de pausa + 50 m + 10 m de pausa + 50 m); 3,5 horas (50 m + 10 m de pausa + 50 m + 10 m de pausa + 45 m + 15 m de pausa + 30 m).

4. El horario es personal y se ajusta a las circunstancias propias.

5. Si no es diario, no es horario (con la excepción de un día de descanso a la semana). 

6. El horario es una parrilla con casillas vacías que uno debe rellenar cada día. 

7. El horario recoge las circunstancias generales a lo largo del año o del trimestre, pero cada fin de semana se necesitan 5 minutos para la adaptación específica de la semana siguiente, con sus posibles alteraciones ocasionales ya previstas.

8. Cualquier día perdido por imprevistos se debe recuperar en el día libre.

9. Romper el horario acaba rompiendo el hábito. Es necesario ceñirse a él en su comienzo, en sus pausas y en su final. Algún día puede alargarse, pero nunca acortarlo: hacerlo hoy es arriesgarse a acortarlo mañana.

10. Sobrevaloramos el tiempo de trabajo y subestimamos el tiempo perdido: media hora de estudio parecen 45 minutos; media hora delante de la televisión, cinco minutos.

11. El horario exige un trabajo ágil e intenso. No se trata de estar infinidad de horas, sino cumplir las previstas con efectividad. 

12. No hay que desaprovechar los tiempos cortos a la espera de grandísimos periodos que nunca llegan. Mejor hacer tres ejercicios de Física en esa media hora disponible, que dejar que se acumulen para el día siguiente.

13. En general, es muy mala idea estudiar al borde de la media noche o en horas intempestivas de la madrugada. Si no hay alternativa, casi siempre es por una mala organización: no es un plan sostenible a largo plazo.

14. En el primer mes de un nuevo horario, el control debe ser permanente. Cualquier incumplimiento debe hacer saltar la señal de alarma.

15. El horario debe ser realista y revisable. No puede ser papel mojado: o se cumple o se cambia. Pero no sobre la marcha, por la apetencia del momento, sino solo por causa mayor.

16. El horario es sagrado para la familia y los amigos. Deben entender que el horario suspende la interacción con ellos, salvo excepciones. 

17. El horario (pausas incluidas) es incompatible con el teléfono, la música, el ordenador y la televisión. 

18. En las pausas es mejor cambiar de aires y salir del lugar de estudio.

19. Las pausas se pueden retrasar si se está a punto de terminar algo, pero nunca se deben alargar. 

20. En las pausas no conviene hacer nada particularmente absorbente, porque pasará media hora y parecerán cinco minutos.

Debo reconocer que me he encontrado diversas y extravagantes objeciones para eludir los horarios de estudio, pero la que se lleva la palma es esta: “Estoy demasiado ocupado para seguir un horario”.

La respuesta es que si la buena organización es en general aconsejable, cuando la agenda se complica ya no es solo aconsejable: es vital. Así que, en casos como ese, necesitamos convertir ese “estoy demasiado ocupado para seguir un horario” en un “necesito urgentemente un horario porque estoy muy ocupado”.

 

Hay 6 Comentarios

Todos sabemos que estudiar a última hora no tiene buenos resultados, al menos a largo plazo.

En el caso de las matemáticas (esta es mi materia) , realizar algunos ejercicios y problemas cada día es la clave para superar el curso. Afortunadamente, las matemáticas son sencillas si se trabajan poco a poco y con tiempo.

Seguramente, ocurre lo mismo con todas las otras materias.

A los jóvenes les resulta extremadamente complicado adquirir el hábito de estudio. Es algo que profesores y padres deben intentar inculcarles desde pequeños.
Sin duda, la forma "infrecuente" es la que mejor resultados proporciona a corto y a largo plazo.

En los colegios, antes de enseñar lengua, matemáticas, historia o lo que sea, deberían enseñar a los estudiantes a planificarse y organizarse.

Que post más extraordinario, Carlos, gracias. Es de un sentido común aplastante. Esto nos lo deberían enseñar en el colegio: es una de las herramientas más utiles que se pueden tener, para la vida de estudiante y para la profesional. Me parece que los mas jovenes tienen sus problemas (redes y demas) pero los adultos no estamos libres. Una buena planificacion es la clave de la productividad. Gracias.

Realmente creo que lo más importante es una disciplina desde pequeños y la responsabilidad es de los padres,un artículo interesante y lo más curioso es que es para todos ya que nunca se deja de aprender y estudiar en nuestras vidas.

El problema para ajustarse a una planificación hoy en día es que los estudiantes pecan por lo general de una preocupante inmadurez y, a la vez que estudian están atendiendo el facebook, el twenty y el wassap ese, y además están escuchando música y lo que de verdad si que es sagrado son los descansos, da igual que no se haya aprovechado el tiempo de estudio...

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Sobre el autor

Carlos Arroyo

ha navegado profesionalmente entre las cuatro paredes de un aula, la redacción de EL PAÍS y la dirección del Instituto Universitario de Posgrado. Esa travesía le ha convencido de que educar bien a los hijos es saldar buena parte de la deuda con la vida. Es autor de Libro de Estilo Universitario y diversos libros de ayuda al estudiante.

Web: www.ayudaalestudiante.com
Correo: arroyocarlos@ayudaalestudiante.com

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