Ayuda al Estudiante

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El ecosistema educativo tiene un triángulo esencial: estudiantes, padres y profesores. Lo demás es contexto. Si este se sitúa en el centro de gravedad, algo va mal. Los análisis sobre educación tienen un peligro casi invisible: la paralización fascinada por lo mal que estamos. Descalificar sin analizar es injusto y analizar sin proponer alternativas, estéril. Así que el propósito de este blog es claro: ayudar a estudiantes, padres y profesores a encontrar alternativas de mejora.

¡No pises mis círculos!

Por: | 06 de junio de 2013

Arquímedes

Autor invitado: JUAN JOSÉ GÓMEZ CADENAS, profesor de Investigación del CSIC, director del grupo de Física de Neutrinos del Instituto de Física Corpuscular (IFIC, CSIC-U. Valencia) y del experimento internacional NEXT, que investiga la naturaleza del neutrino.

 

En su maravillosa introducción a los sonetos de Orfeo, Stephen Mitchell, el mejor traductor de Rainer María Rilke a la lengua inglesa, declara que el poeta no es otra cosa que un vehículo que escoge el Dios para manifestarse. Esa presencia, asegura, transfigura al hombre, que se convierte en un simple médium cuya misión es transmitir la palabra del ente superior que lo habita. "Cuando eso ocurre", afirma Mitchell, "un final feliz no parece necesario".

Cierto es que ni todos los poetas son Rilke ni todos los físicos Einstein (la mayoría no les llegamos, ni al uno ni al otro, a la suela del zapato), pero, tras muchas décadas como investigador en física de partículas (un campo en el que, como en todos los de la ciencia, no faltan memos, trepas, envidiosos, meapilas e incompetentes), sigue asombrándome comprobar cómo ese reflejo de la divinidad apunta entre nosotros de vez en cuando.

Hay momentos en la vida de un científico, en que, frente a las notas de la teoría que está pergeñando, o los datos de su experimento, también él siente, aunque sea muy fugazmente, los pasos del Dios a su espalda. Algo que no entendíamos un momento atrás se nos revela de repente, en toda su magnífica claridad. La mayoría de las veces, esa revelación es modesta, casi insignificante. En otras, contadas ocasiones a lo largo de toda una carrera, damos con algo realmente profundo. Unos pocos entre nosotros tienen la suerte o la desdicha de ser escogidos como médiums por la naturaleza para transmitir un descubrimiento fundamental. Pero en todos los casos, el hombre siente esa brizna de trascendencia que le permite aceptar la ausencia de finales felices cuando cae el telón. 

Arquímedes de Siracusa fue uno de los científicos más importantes de la antigüedad clásica. Su célebre principio, que asegura que un cuerpo sumergido en un líquido recibe un empuje igual al volumen del fluido que desaloja, es tan célebre como la anécdota que lo dibuja corriendo, desnudo, por las calles de Siracusa, gritando "¡Eureka!" ("Lo he encontrado"), cuando da con la solución al problema que le agobia. 

Entre sus avances en física se encuentran sus fundamentos en hidrostática, de los cuales su famoso principio es la pieza más conocida, así como fundamentos de mecánica, tales como el principio de funcionamiento de la palanca. Fue muy famoso en su tiempo por sus innovadoras máquinas, muchas de ellas con aplicaciones militares. Por si esto fuera poco, Arquímedes puede contarse entre los matemáticos más grandes de la historia. 

 

Evariste Galois

 

Veinte siglos más tarde, nos encontramos con otro matemático, esta vez en la Francia ilustrada de principios del siglo XIX. Se trata de Évariste Galois, genio precoz y desafortunado donde los hubiere. Nacido en 1811, había ya realizado aportaciones fundamentales a la teoría de polinomios bastante antes de acabar el bachillerato. Poco tiempo más tarde, sentaría las bases fundamentales de la teoría de grupos, una de las ramas principales del álgebra moderna.  

Pero a diferencia de Arquímedes, Évariste no llegaría a viejo. Su historia es la historia de un muchacho rebelde e insensato, demasiado apasionado e inteligente para su propio bien. Su talento extraordinario le habría permitido brillar en la academia, si se hubiera limitado a hacer lo que se esperaba de él. No fue así. Galois parecía tan bien dotado para tomar siempre la decisión errónea, o militar en el bando equivocado, como para abrir nuevas fronteras en el continente de las matemáticas. Algunas de esas decisiones equivocadas afectaron a su carrera (por ejemplo, la de presentarse antes de tiempo al examen de ingreso de École Polytechnique, cuyos examinadores no tuvieron problema alguno en suspender a la mente matemática más original de su tiempo). Otras acabarían por truncar prematuramente su vida.  

Évariste era un republicano convencido. Con diecinueve años participó en las revueltas de julio de 1830, que obligaron a exiliarse al rey Carlos X. El triunfo de los rebeldes, no obstante, fue efímero. Poco después, un nuevo monarca, Luis Felipe de Orleans se hacía con el poder. Galois, militante de los que se la juegan, respondón y bocazas, fue expulsado de la École Normale, donde estudiaba (después de no haber sido admitido en la Polytechnique), y poco más tarde fue encarcelado, pasándose la mayor parte del año entre rejas.  

Cuando Évariste no estaba buscándose problemas, trabajaba en su teoría de grupos. La cárcel no le vino mal para desarrollar sus ideas, pero, desafortunado hasta el final, sus teoremas eran demasiado avanzados incluso para las mejores mentes del momento, que no acertaron a valorar su importancia. Galois recibió en prisión la carta de la Academia francesa rechazando su trabajo. 

Un mes antes de su muerte, el 29 de abril de 1832, Galois fue liberado del calabozo. Los detalles que condujeron al duelo que acabaría con su vida (supuestamente a causa de un lío de faldas) no están claros. Lo que queda para la historia es la noche anterior al evento. Évariste Galois estaba tan convencido de la inminencia de su muerte que la pasó en escribiendo cartas a sus amigos republicanos y componiendo lo que se convertiría en su testamento matemático. En estos últimos papeles describió someramente las implicaciones del trabajo que había desarrollado en detalle y anotó una copia del manuscrito que había remitido a la academia junto con otros artículos.

El 30 de mayo de 1832, a primera hora de la mañana, Galois fue mal herido, en un duelo a espada contra el campeón de esgrima del ejército francés, falleciendo al día siguiente a las diez de la mañana (probablemente de peritonitis) en el hospital Cochin, después de rehusar los servicios de un sacerdote. Sus últimas palabras a su hermano Alfredo fueron: "¡No llores! Necesito todo mi coraje para morir a los veinte años".

 

Gaulois 2

Al igual que nada nos cuesta imaginar a Rainer María Rilke como la quintaesencia del poeta cuya misión es actuar como vehículo del Dios, Évariste Galois sería el médium que la naturaleza utiliza para explicarnos sus leyes, para dibujar una filigrana que capture su delicada estructura. En ambos casos, después de la visita del Dios, está de más pretender un final feliz. 

 

Nube Arquímedes

Siracusa fue sitiada por la armada Romana en el  214 a.C. La ciudad resistió durante dos años, gracias, en gran medida, a las máquinas de guerra diseñadas por el mismísimo Arquímedes. Cuando por fin la plaza sucumbió, los generales dieron órdenes de que no se le hiciera daño alguno al sabio. 

Pero tampoco esa historia tendría final feliz. Imagine el lector la escena. Arquímedes trabaja en su torre, absorto en sus cálculos, poseído por la divinidad. Un soldado romano entra en la estancia, espada en mano. Arquímedes, sin mirarlo, ordena: "¡No pises mis círculos!".

 

 

Nota sobre el autor

Juan José Gómez Cadenas es profesor de Investigación del CSIC y director del grupo de Física de Neutrinos del Instituto de Física Corpuscular (IFIC, CSIC-U. de Valencia). Se formó en la Universidad de Valencia y en la de Stanford (California), y ha ejercido sus tareas científicas en el CERN y en las Universidades de Harvard y Massachussets. 

En el experimento NEXT, que dirige en el Laboratorio de Canfranc, 80 científicos de seis países tratan de verificar la hipótesis de que el neutrino es su propia antipartícula, lo que habría generado una asimetría básica para explicar por qué el universo se compone de materia y no de antimateria.

Este físico de partículas es también escritor. Pero eso no es lo más relevante. Lo singular es que es muy bueno, también escribiendo, como habréis apreciado en este post sobre cómo la ciencia trasciende a los científicos y cómo la búsqueda del conocimiento llega a gobernar su vida.

Es una persona muy interesante. Podéis leer una entrevista con él aquí, en Jot Down.

Ha publicado El ecologista nuclear (Espasa), en el que argumenta que se necesita un mix equilibrado entre energía nuclear y renovables, porque estas por sí mismas son tan poco viables como la nuclear en solitario. Sin oponerse en absoluto a las renovables, llama la atención sobre la necesidad de hacer las cuentas.

También ha publicado un libro de relatos, La agonía de las libélulas, y una novela, Materia extraña (Espasa), que me aportó la primera noticia que tuve de él. 

Materia extraña es una novela en la que, una vez que abres la primera página, quedas secuestrado hasta el final. Como decía Julian Barnes de Conan Doyle, Gómez Cadenas “tiene muy claras las responsabilidades de un autor: primero, ser inteligible; segundo, ser interesante; tercero, ser inteligente”. Pues eso: es una novela que está muy bien escrita, es muy interesante, y cuyo autor sabe de qué habla como muy pocos escritores podrían saberlo. Rara simultaneidad de acontecimientos.

Además tiene un interesantísimo blog de divulgación científica en Jot Down.

Y añadiré una confidencia: tiene entre manos otra novela. No debería habérmelo confesado todavía, porque ya estoy impaciente por leerla.

Con todo este historial y este nivel de ocupaciones, debo reconocer que convencerlo para que escribiera en Ayuda al Estudiante me costó exactamente nada de nada. La educación le interesa y le preocupa muchísimo.

Así que su amabilísimo  me llegó a la velocidad de la luz. 


 

Hay 1 Comentarios

Como matemático, disfruté enormemente cuando tuve que estudiar la teoría de Galois. Es una teoría muy bonita.
https://www.matesfacil.com/

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Sobre el autor

Carlos Arroyo

ha navegado profesionalmente entre las cuatro paredes de un aula, la redacción de EL PAÍS y la dirección del Instituto Universitario de Posgrado. Esa travesía le ha convencido de que educar bien a los hijos es saldar buena parte de la deuda con la vida. Es autor de Libro de Estilo Universitario y diversos libros de ayuda al estudiante.

Web: www.ayudaalestudiante.com
Correo: arroyocarlos@ayudaalestudiante.com

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